
El callejón de artistas de Crack Bang Boom se transformó en un remanso de expectación ante la figura de David Lloyd. Niños, adultos y lectores veteranos aguardaron en fila con viejas ediciones de V de Vendetta y rarezas casi imposibles de conseguir en Argentina, en busca de una firma y un instante de conversación con el ilustrador británico. Con la calma de un caballero y la lucidez de quien sabe que su obra lo desbordó hace tiempo, Lloyd habló sobre las lecciones de una carrera marcada por contrastes y sobre cómo aquella creación junto a Alan Moore, concebida en la época de Thatcher y Reagan, todavía se proyecta sobre un presente atravesado por gobiernos autoritarios, corporaciones globales y resistencias fragmentadas.
Aeropuertos, pasaportes, lenguas desconocidas, traductores, agregados culturales, check-in en hoteles, comidas exóticas, vinos por descubrir, dibujar, firmar, dedicar, tomarse fotos, recibir cariño del fandom, ser objeto del afecto de colegas, responder preguntas de periodistas, estrechar manos de representantes editoriales, reconocer tu trabajo traducido a decenas de idiomas. La cotidianidad de David Lloyd no suele mantener semejante ritmo. Sin embargo, en los últimos días fue así, aunque de manera desordenada y con una velocidad impredecible. Él mismo sonríe con cierta perspicacia antes de observar: “Parece que lo logré, eh: estoy hecho”. Su tono es seco, pausado. “Pero que esté viajando por el mundo, ahora acá con vos, no significa que esté realizado ni satisfecho. Todavía hay curiosidad, pero, sobre todo, preocupaciones”.
¿Qué preocupa particularmente a David en esta tarde soleada, en Rosario, Argentina, en medio de Crack Bang Boom, mientras su fandom espera la hora señalada para poder tenerlo cara a cara? “Hablando de V —porque seamos sinceros, es por ese trabajo que hoy me encuentro acá— creo que cuando una obra trasciende su tiempo y se vuelve culturalmente relevante es porque había una verdad inherente a lo humano en sus contenidos. V sigue teniendo una relevancia espantosa, te diría. Así como la novela negra sigue siendo material de inspiración un siglo después de su aparición como género popular, gracias a que captura nuestra naturaleza corrupta, Alan (Moore) logró convertir la amenaza totalitaria de (Margaret) Thatcher y (Ronald) Reagan en una obra que ilumina nuestro presente. Por eso estoy aquí ahora: logramos una obra que todavía tiene mucho para decir. La gente le teme a sus gobiernos, como también a las corporaciones y a los charlatanes con ínfulas de poder. Vos sabés a quién me refiero. Yo sé a quién me refiero. Por eso estamos acá”.
Es sábado 16 de agosto de 2025, minutos después de las cuatro de la tarde. David responde preguntas con calma, en la previa a firmar ejemplares y revisar carpetas de artistas de todo el país.
Ante todo, es un señor británico: correcto, amable, seco cuando tiene que serlo, cálido desde la ironía. Sabe callar y jugar con el silencio. Con todo, es el primero en resaltar las lecciones que siguen llegando a sus 75 años.
Según sus propias palabras, mantiene la curiosidad por ver qué se está produciendo en el mundo de las historietas. Le gusta observar el trabajo de sus colegas. Será por eso mismo que, cuando encuentra dibujando a Macarena García Cuerva en el muro de invitados del living del Tren Moebia-RAPTO, se queda mirando en detalle. “That’s quite nice”, comenta, de manera discreta. Luego se acerca a la ilustradora y la saluda.
Se detecta un tono de fastidio en Lloyd cuando vuelve sobre V for Vendetta. Sería comprensible que estuviera hastiado de responder una y otra vez las mismas preguntas. No obstante, todavía no nos metimos directamente en el tema. Se adivina algo detrás de ese hastío: no es un dibujante cansado de contar siempre la misma historia, en todo caso, es un hombre común de 75 años harto de que la historia siga siendo siempre la misma.
“Quisiera decir que aprendimos de nuestros errores como humanidad, que la historia sería suficiente para habilitar nuevos procesos políticos, pero no es así, tristemente. Por eso el arte se mantiene imperecedero. Volvemos a ciertos clásicos porque encontramos verdades. Creo que me sentiría un poco mejor si V no tuviera tanta correspondencia con nuestro presente global. Aquí estamos, no obstante”.
Lloyd marca el tono para un encuentro distinto. No hay cassette automático. Eso vendrá después, seguramente: ante el público, ante las cámaras. Ahora, entre los dos, las palabras fluyen hacia desvíos menos transitados. Aparecen las falencias de una vida de aprendizajes. Lecciones valiosas que llegaron, en ocasiones, llegaron demasiado tarde.
La sinceridad sin tapujos es, paradójicamente, lo que menos se espera de una figura consagrada a nivel mundial. En una contemporaneidad dominada por el cálculo, la corrección política y la necesidad de complacer a públicos masivos, la voz auténtica suele diluirse en fórmulas seguras. Por eso, cuando un artista se atreve a hablar con crudeza, sin filtros ni concesiones, el gesto se vuelve disruptivo: rompe la máscara de la celebridad para recordarnos que el éxito, está lejos de tranquilizar, quizás hasta avivando aquello que preferimos no mirar.
Lloyd se pone dubitativo, por momentos, pero intenta no escaparle a las preguntas directas. Prefiere responder con honestidad brutal, aun cuando se vea obligado a admitir errores. La suya es una presencia atípica en un contexto más bien triunfalista: cuando podría estar de repleto indulgencia y auto celebración, ante cientos de fans que lo aguardan en la convención, el ilustrador británico prefiere hablar desde un lugar más sentido.
“Creo que hay mucho de mi trabajo que quedó atrás. Ahora estoy más en un rol de editor. Extraño dibujar con frecuencia. Me pregunto, de todos modos, si podría cumplir con los deadlines como solía hacer antes. El trabajo es trabajo, en definitiva. Eso se disfruta”, confiesa.
Aunque ahora dedica gran parte de su tiempo a viajar y a su rol de publisher en Aces Weekly, su trayectoria se extiende por décadas, con un antes y un después marcado por su obra más célebre en sociedad con Alan Moore.
Un resumen fugaz de su vida debería apuntar que David Lloyd es un dibujante de cómics británico, conocido por ilustrar V de Vendetta, escrita por Alan Moore. Diseñó al protagonista anarquista V y la icónica máscara de Guy Fawkes, que posteriormente se convirtió en un símbolo de protesta mundial.
Lloyd comenzó su carrera a finales de los setenta, colaborando con revistas como Halls of Horror y TV Comics, así como con varios títulos de Marvel UK. En colaboración con el escritor Steve Parkhouse, desarrolló el personaje de aventuras pulp Night Raven. Entre sus influencias artísticas se encuentran John Burns, Steve Ditko, Ronald Embleton, Jack Kirby y Tony Weare. Su diverso portafolio incluye una adaptación al cómic de 1982 de la película Time Bandits, así como trabajos en series como Wasteland, Espers, Hellblazer y Global Frequency. También ilustró obras con licencia que presentaban a Aliens y James Bond. En 2006, Lloyd creó de manera integral la novela gráfica Kickback. Seis años después, en 2012, lanzó Aces Weekly, una antología de cómics en línea.
Nació en Enfield, al norte de Londres, en 1950. Se formó como artista comercial en un estudio de arte publicitario antes de convertirse en dibujante de tiras cómicas en 1977. El estudio en el que se formó era un lugar perfecto para aprender cómo atraer a los lectores de cómics, porque allí se enseñaba a los artistas a dibujar de manera que la gente quisiera comprar lo que veía. Sin embargo, casi todo era trabajo de naturaleza muerta: tostadoras, lámparas de escritorio y juegos de té.
Aprendió por sí mismo a dibujar personas y tiras cómicas. Practicaba sin cesar, y lo disfrutaba. Dibujó epopeyas. Hojas que nunca llegaron a ver la luz. Eran sus propias historias, solo para él.
Su gran oportunidad llegó con un encargo para ilustrar un libro de historias y tiras de la serie de televisión Logan’s Run. Más tarde Night Raven y varias historias con los numerosos villanos de Doctor Who.
Ahora, en el invierno austral de 2025, Lloyd está en Argentina para presentarse en Crack Bang Boom (Rosario) y en una serie de actividades en Espacio Moebius (Ciudad de Buenos Aires). Su visita es posible gracias al programa Cultura Circular del British Council.

En el callejón de artistas de Crack Bang Boom, el fandom se convoca en cada aparición de Lloyd. Llegan desde niños que le piden fotos —con padres orgullosos de que su hijo conozca a su ídolo de la historieta— hasta señores que superan los cincuenta. En sus manos llevan diversas ediciones de V, algunos ejemplares de Hellblazer, afiches varios y más. Aunque V ejerce una clara supremacía, aparecen publicaciones raras jamás editadas en Argentina, lo que evidencia un esmerado trabajo de rastreo por parte de los lectores presentes.
La carrera de Lloyd se extiende mucho más allá de su éxito en los ochenta y noventa, algo que queda claro en el material que firma y dedica con oficio.
Como artista, Lloyd privilegia la atmósfera, la emoción y el estado de ánimo antes que una narrativa típica y mecánica. Propone más en términos de caracterización y en un lenguaje corporal cargado de significado. Su manejo de los negros en el formato en blanco y negro también es distintivo, una diferencia notoria en los ochenta.
Al hablar de sus influencias artísticas, menciona en primer lugar a Turner. Su encuentro con la obra del pintor se remonta a una Navidad en la que recibió como regalo The Observer’s Book of Painting, un libro con reproducciones de grandes maestros. Entre ellas descubrió Ulises burlándose de Polifemo, de Turner, cuya imagen colgó durante años en la pared de su dormitorio. Lo que más lo cautivaba era la atmósfera construida a partir de la luz, un recurso que también reconocía en Rembrandt. Más tarde sumó a Millais, admirado por la precisión fotográfica de su realismo y sus sorprendentes efectos lumínicos.
“Cuando dibujaba en mi casa, intentaba lograr algo similar. No estoy seguro de haberme acercado jamás”, confía, mirando hacia atrás.
En 1980 comenzó su colaboración con Alan Moore en la serie V de Vendetta, que se convirtió en la columna vertebral de la revista mensual británica Warrior. Sin embargo, la publicación cerró antes de que la historia pudiera completarse. Eventualmente, la serie fue reeditada y finalizada por DC Comics en 1988, esta vez a color, y publicada como novela gráfica en 1990.
Aclamada por la crítica, V de Vendetta fue editada en muchos países y adaptada al cine en 2005 en una película exitosa, dirigida por James McTeigue.
Lloyd también trabajó en títulos como Slaine, War Stories, Global Frequency, Marlowe: The Graphic Novel y en muchas historietas cortas de diversa índole para múltiples editoriales. Dondequiera que aparezca, su obra se distingue por un estilo y unas técnicas inconfundibles.
Kickback es un libro en el que Lloyd asumió la aventura de ser responsable integral: escribió y dibujó, capitaneando el proyecto más allá de las editoriales. El tono es de literatura noir, oscuro y denso. La obra no alcanzó tanta visibilidad como sus otros trabajos. En la fila hay un fan que tiene un Kickback esperando ser firmado.
“La historia de Kickback, en un nivel más profundo, trata sobre la corrupción que todos llevamos dentro. Todos somos corruptibles, lamento decirlo. Es nuestro mayor problema”, apunta.
“Lo escribí cuando terminé un trabajo y el teléfono no sonaba con nuevas propuestas. Terminé el primer borrador y lo guardé en secreto. Recién en 2003 logré interesar a alguien en el proyecto, pero elegí Francia en lugar de Estados Unidos, porque pensé que ese era el mercado que lo acogería con mayor rapidez”.
“Jerome Martineau, de Éditions Carabas en Francia, lo publicó en dos álbumes, con una edición recopilatoria en marzo de este año, coincidiendo con el estreno de la película V de Vendetta”.
“Qué extraño encontrar que alguien lo tenga en Argentina, ¿no? Me siento agradecido”.
Amén de las reseñas tibias, la experiencia de Kickback fue enriquecedora para Lloyd. La acción de escribir representó una aventura en sí misma. Por eso, cuando vuelve sobre sus referencias e influencias tempranas, cita a H. G. Wells, Ian Fleming, Richard Matheson, H. P. Lovecraft. “Fueron liberadores de estructuras, entre aventuras y mitología”, observa.
Consultado acerca de cómo influyó su propia experiencia como guionista en sus procesos creativos junto a otros escritores, Lloyd se toma una pausa antes de responder de manera detallada. Algo lo incomoda, pero no lo suficiente como para optar por el silencio. Hay una espina entre volver a intentarlo para hacerlo mejor y la necesidad de superarse.
“Creo que para mí esa experiencia llegó demasiado tarde, como tantos otros aprendizajes de mi carrera. No quiero aburrirte con los detalles. En principio, diría que la profundidad psicológica de una trama con personajes valiosos no debería ser subestimada”.
“Cualquiera que piense que el escritor es el rey, es un idiota. Y cualquiera que piense que el dibujante es el rey, también es un idiota. Es, completa y absolutamente, lo contrario de lo que debería ser la producción creativa: no hay individualidad en esto. Todos los cómics son el trabajo de dos personas. Si algún escritor quiere describir cada punto específico en el arte, no está haciendo una colaboración. En casos así te convertís en un monstruo, en una especie de máquina de copia humana. No es bueno para la integridad del proyecto creativo en el que estás trabajando. Porque no es el trabajo de dos personas”.
“Trabajé con escritores que solo quieren darte un escrito completo, con todo señalado. Y también trabajé con otros, con Jamie Delano, por ejemplo, bajo una especie de método Marvel, donde él suministra el guión y los desplazamientos, y luego yo lo convierto en diseños, y después él vuelve y escribe los diálogos. Por supuesto, es un poco más complicado que el método Marvel, pero así trabajábamos. Cada vez que colaboramos con Jamie fue así. Una vez le sugerí a Garth Ennis que lo hiciéramos de ese modo, pero Garth no podía, o no quería, porque cuando lo hacés perdés algo de control como escritor y tenés que confiar en tu artista implícitamente. A veces, sencillamente, no resulta. Así que varía. Cuando trabajé con Alan fue sobre una base simple. Fue algo armónico. Sucedió porque Alan todavía no tenía todo cerrado. Debería ser un asunto consensuado de antemano. Pero no es infalible. No siempre hay garantías. Creo que es fundamental que ambas partes compartan la mirada, más allá de sus diferencias creativas. Eso hicimos con Alan: desarrollamos la historia a la par, en un proceso en el que nos complementamos bien”.

Jamás los héroes de historieta habían ocupado un lugar tan central en la cultura popular como hoy. Sus figuras se repiten en marquesinas, consolas, juguetes y pantallas, aunque rara vez llegan a decir algo verdaderamente significativo sobre nuestra vida cotidiana o sobre los poderes que nos condicionan. Marvel (Disney) y DC (Warner) encontraron una fórmula impecable para el espectáculo, pero difícilmente para la incomodidad o la reflexión.
En 1982, cuando el cómic era todavía un universo limitado al papel y sin ambiciones de conquista fílmica, Alan Moore y David Lloyd imaginaron una obra conjunta. V de Vendetta surgió entonces como una fisura en el muro discursivo del neoliberalismo thatcherista: un relato feroz y perturbador que ponía a un hombre en guerra contra un Estado fascista británico.
En un Reino Unido atravesado por el desempleo, la represión y la privatización, la historieta se atrevió a poner en escena los miedos colectivos de una sociedad vigilada y sometida. Lo que comenzó como una fábula distópica terminó creciendo en algo inesperado: un espejo oscuro donde los lectores podían reconocer tanto la opresión de su tiempo como la posibilidad de imaginar otro futuro.
Esa obra, que en principio parecía destinada a un público reducido, terminó convirtiéndose en un símbolo político y cultural. Su máscara, tomada luego por movimientos sociales y protestas alrededor del mundo, revela que incluso en un medio pensado para entretener pueden nacer imágenes capaces de atravesar décadas y convertirse en emblemas de resistencia.
De aquella historia quedó una máscara: la de Guy Fawkes. Una máscara que atravesó las viñetas y, más tarde, la pantalla, hasta transformarse en un signo de nuestro tiempo. Un símbolo de resistencia que Anonymous y el movimiento Occupy adoptaron como bandera, multiplicando su poder más allá de lo que Moore o Lloyd habrían imaginado.
La paradoja es amarga: cada máscara vendida engrosa las arcas de Warner Media, una de esas mismas corporaciones contra las que Occupy levantaba su voz. La rebeldía estampada con copyright.
Y, sin embargo, Lloyd no ve contradicción en su orgullo. “Puede sonar como si dijera lo obvio, pero V todavía significa algo, ¿sabés? No muchos cómics significan maldita cosa alguna”, confiesa. Moore y Lloyd encontraron entonces la rara posibilidad de decir algo en una época en la que la sociedad callaba su incomodidad. “Funcionó, llegó a la gente, luego se volvió más grande e hizo más impresiones en más personas”.
El éxito de V de Vendetta transformó a sus propios creadores. Para Alan Moore fue la confirmación —una vez más— de que la historieta podía ser un vehículo de pensamiento político radical, un espacio para cuestionar gobiernos y corporaciones con la misma fuerza que la literatura o el cine. Para Lloyd significó descubrir que la potencia de una imagen podía trascender al propio autor, convertirse en emblema colectivo, ser usada en calles y plazas mucho después de haber salido de la mesa de dibujo. Ambos encontraron no solo reconocimiento mundial, sino también la certeza de haber dado forma a un símbolo que los excedía.
Para V, Lloyd usó tonos oscuros, sombras marcadas y un ambiente opresivo que transmitía la atmósfera de vigilancia, represión y miedo del régimen fascista imaginado por Moore.
Su decisión de utilizar encuadres con fuerte influencia del cine negro, aportaron un ritmo pausado, cargado de silencios y miradas, que intensificaba la tensión dramática y la crudeza del relato.
Los escenarios diseñados por Lloyd no eran futuristas en exceso, sino una proyección hiperrealista de la Inglaterra de los años ochenta, lo que aumentaba el efecto inquietante de la obra.
Lloyd dio cuerpo a la visión política y filosófica de Moore, creando la iconografía que transformó a V de Vendetta en un símbolo cultural mucho más allá del cómic. Desde entonces David quedó inmortalizado en un libro de alcance mundial que siempre está logrando nuevas ediciones y llegando a nuevas generaciones. La sombra de V, como obra, crece más allá de David, algo que, según dice, lo pone contento.
Con el paso de los años, la vigencia política y social de V ha sido puesta en cuestión más de una vez. Se ha señalado que su fuerza simbólica resulta tan actual hoy como lo fue en tiempos de Thatcher y Reagan. Frente a esa lectura, Lloyd responde sin titubeos: “¿Me sorprende la popularidad de V? Claro que no. ¿Me sorprende la enormidad de su sombra? Tampoco. Estamos hablando de mí en un nivel muy pequeño, porque he hecho muchas cosas que la gente, los lectores, siempre me recuerdan y me cuentan historias sobre el libro. Me siento parte de algo enorme. Hace tiempo que no se trata únicamente de Alan y de mí. No me sorprende que siga siendo popular, porque todavía es relevante. Fue relevante cuando lo hicimos por primera vez y sigue siéndolo en el modo cultural y político del mundo, lo cual es muy triste. Lo que temíamos que sucediera en un plano político terminó sucediendo, y a un nivel aún peor del que hubiéramos imaginado. La gente todavía le teme a los gobiernos. Sin embargo, también hay gente unida, construyendo. Imagino que debe suceder aquí en Argentina, como en Estados Unidos o en distintas partes del Reino Unido. Creo que la relevancia del libro es absoluta, aun cuando haya activistas que no lo hayan leído. Es algo mayor que V, que Alan, que yo, que nosotros”.
“Tenés razón cuando decís que el libro nos superó a los dos. El alcance de V se ha convertido en la piedra angular de mi carrera, y si la gente no me conoce por mucho más, es culpa mía por no haber mantenido una presencia constante en el mercado con los proyectos que elegí desarrollar desde entonces. Pero casi no me dedico a trabajos de superhéroes, y solo hago lo que me interesa en lugar de aceptar algo que me permita pagar las cuentas regularmente. También descuidé la importancia de construir una marca con mi nombre. Eso es algo que necesito subsanar”.
Texto por Lucas Canalda – Fotografías por Renzo Leonard
¿QUERÉS MÁS CRACK BANG BOOM? ESCUCHÁ EL LIVING DE TREN MOEBIA-RAPTO