FEMI: “LAS PALABRAS SON PARA SIEMPRE, PRECISAN UNA DEDICACIÓN ARTESANAL”

Entre beats urbanos, guitarras pesadas, y letras que muerden con ironía, Femi despliega un proyecto que es mucho más que ella sola: es un entramado de equipos, complicidades y aprendizajes. Cada show es un territorio compartido donde conviven lo contagioso de la perfo, la frescura del pop y la experimentación del hip hop y el trap. En el centro, su voz: crítica, socarrona, siempre en movimiento. Al mismo tiempo que se afirma en la escena, desarma la figura del ídolo intocable, humaniza a sus referentes y encuentra en la palabra su refugio más auténtico, un espacio donde construir su  identidad y desafiar los discursos odiantes. Entrevista antes de su llegada a Rosario.

 

Ella es Femi. Ella es Agnes. Es ambas y ninguna a la vez. Artista en movimiento, multiplica sus lenguajes: hace música, dibuja, se ríe, escribe. Se desplaza con naturalidad entre disciplinas que parecen dialogar dentro de un mismo pulso creativo. Durante la adolescencia sentía que la música no le pertenecía del todo, como si fuera un territorio ajeno, reservado para otros. Hoy, en cambio, pisa escenarios de todo el país con la confianza de quien encontró su lugar. Toca sus canciones, canta, salta, baila y, con letras cargadas de ironía, pone el dedo en la llaga. Su obra es un vehículo para un pensamiento crítico que se despliega con un sonido propio, en el que se cruzan el rock y el pop, pero también el jazz, el hip hop y el trap.
Espontánea y divertida, mantiene un permanente asombro ante el crecimiento de su proyecto. A medida que las cosas escalan, nunca termina de creérselo: todo parece demasiado enorme como para sentirse del todo capaz, y juega la carta del impostor con naturalidad.
El público de Rosario tendrá la posibilidad de verla en vivo el próximo 6 de septiembre a las 21 horas en Distrito 7 (Av. Ovidio Lagos 790), en el marco del Antro Tour. Además de Rosario, la gira la llevará por distintas provincias y el conurbano bonaerense: el 5 de septiembre en la Sala Formosa de Córdoba, el 13 de septiembre en La Padilla de Temperley y el 20 de septiembre en La Cúpula de San Justo. En octubre se presentará el 11 en Mutar Bar de Avellaneda, el 17 en Muddys Bar de Ituzaingó, el 18 en Guajira de La Plata y el 24 en el club Tri de Mar del Plata. En sus redes, Femi irá comunicando nuevas fechas y lugares que se sumarán al Antro Tour.

La gira que se avecina aparece como un desafío cotidiano, un tema que se conversa todos los días. La dificultad de llenar salas en un contexto donde el bolsillo de la gente apenas alcanza es algo que Femi describe con sinceridad y detalle: “recién vengo de comer con unos amigos y estábamos hablando de eso. La verdad es que en un principio uno cae, incurre en el error de tomárselo personal. Onda, che, nadie quiere venir a verme, les chupa un huevo el show y caés en esa crisis. Después te das cuenta, mirando hacia los costados, hablando con colegas, amigos y un poco haciendo la matemática del contexto social. Y es que la gente no tiene un mango. Tiene un valor inmenso la gente que hace el sacrificio de comprar su entrada. Trato de hacer las paces con el hecho de que quizás esta va a ser una gira un poco más sacrificada que otras.”
Salir de la Capital para recorrer distintas provincias no aparece como un capricho, sino como una apuesta costosa y cuidadosamente planificada. Femi descarta la imagen del músico cómodo que se queda en Palermo; lo que pesa son los gastos de producción y la logística, hoy cubiertos gracias al respaldo de la productora Fénix:  “capaz que desde afuera se ve como que uno es un porteño cómodo que solo quiere tocar en Palermo. Pero ni en pedo.  La única razón por la cual uno termina no moviéndose es por una cuestión de costos. Hace poquito veía el video de esta banda Rayos Láser, ellos contando que estaban suspendiendo fechas por los costos, por esto, por lo otro. Medio que estamos todos en esa. Ahora tengo el privilegio y el acompañamiento de Fénix como productora por primera vez en mi vida, porque a mí nunca me puso un peso encima una productora, ni un sello, ni nada. Siempre fue todo como muy a pulmón o con caja del proyecto, con ahorros, qué sé yo. Y ahora, ganemos o perdamos, vamos a ir acompañados en cuanto a los gastos de la gira de transporte y tal, y de estadía y todo. Entonces eso tenemos cubiertos y uno puede cinturear un poco más. Pero bueno, esto es una apuesta y es muy difícil.  Estoy muy acostumbrada, porque elegí el camino artístico, a laburar casi gratis en la mayoría de las instancias, porque es mi proyecto y es para mí, y soy la última en cobrar., ¿entendés? Y quizás a veces ni cobro, porque es mi trabajo y mi sacrificio y bárbaro. Pero después está lo de la gente que vos tenés a tu alrededor, tu equipo, bueno, no puede no cobrar. Ahí es donde uno tiene que ponerse a cortar los tickets y elegir un precio como el que elegimos nosotros ahora, que tratamos de que sea siempre escalonado y amigo y cada vez que se pueda meter ese dos por uno, ¿viste? Que también nos ayuda a nosotros, obvio”.

En febrero, Femi publicó el sencillo de Civil, una canción directo a la mandíbula de una primavera libertaria con clara fecha de vencimiento. La canción funciona como una crítica satírica y descarnada a la política y la sociedad contemporánea, mostrando un país atrapado en la corrupción, la incompetencia de sus líderes y la dependencia económica de instituciones internacionales como el FMI. Desde la primera línea, “Se necesita más que plata para este país / Hay que sacar problemas de raíz”, el tema central queda claro: el dinero no alcanza para resolver los problemas estructurales; es necesaria una transformación profunda de la sociedad y sus instituciones.
La letra combina referencias políticas y económicas con elementos de la cultura pop y la vida cotidiana, creando un efecto de parodia contemporánea. Por ejemplo, menciones a Britney Spears, Elon Musk y Johnny Cash conviven con críticas directas a líderes políticos y a figuras financieras, mostrando cómo la política se ha convertido en un espectáculo mediático, donde el poder y la fama se entremezclan con la absurdidad y la teatralidad. Esto se refuerza con comparaciones a series como House of Cards, que simbolizan corrupción, maquiavelismo y un futuro sombrío, anticipando un escenario de crisis constante.
Los símbolos y metáforas de la letra son particularmente potentes. La “mesa en casa” y el “beef” funcionan como metáforas de los conflictos cotidianos y la tensión social que atraviesa la vida doméstica; la cripto y el FMI representan, respectivamente, la especulación financiera y la dependencia externa; y figuras como Trump o “el hombre gris” muestran la decepción recurrente frente a líderes que prometen cambios pero reproducen la mediocridad y la desigualdad. La ironía de líneas como “Voté un fascista a ver qué pasa y se está haciendo pis” o “El presidente va a pelear con Britney Spears” refleja la frustración del ciudadano común frente a decisiones políticas absurdas y líderes que actúan más como personajes de espectáculo que como gobernantes responsables.
El tono de la canción alterna entre desilusión y humor negro, mostrando la mezcla de tristeza e incredulidad que provoca la situación política y social. La risa irónica funciona como una forma de resistencia: aunque el panorama es sombrío, la sátira permite observar la realidad con distancia crítica y mantener cierta lucidez frente al absurdo.
En conjunto, la letra transmite que los problemas del país no se solucionan con dinero ni promesas vacías, sino enfrentando las raíces de la corrupción, la teatralización del poder y la mediocridad institucional. La obra invita a reflexionar sobre la absurdidad del presente, mientras denuncia la manera en que el poder y la cultura mediática se entrelazan, afectando tanto la política como la vida cotidiana de los ciudadanos.
En cuanto a su música y el trabajo con la palabra, Femi tiene claridad sobre su propósito artístico y el valor de la ironía. Nada está de más en sus canciones. Punto por punto, desgrana escenas que son tanto adrenalina de fiesta como de desesperación por patear culos:  “mi mayor trabajo y lo más lúdico de lo que yo hago es el trabajo con la palabra. A mí es lo que me interesa. Obvio que me encanta cantar y me encanta rapear y me encanta hacer música, pero mi trabajo en la vida, creo yo, a lo que he venido a este mundo, es a trabajar con la palabra, el uso de la palabra. Tanto a nivel humano, como aprender a no decir todo el tiempo y aprender que las palabras son para siempre, como esto del uso del valor y la importancia de la palabra. Y después a nivel artístico, elegir el mensaje y elegir la narrativa cuidadosamente, ir puliendo eso. Es algo que queda para siempre, entonces demanda atención, como un trabajo artesanal, diría el Pity. Creo que es por eso que la gente me elige, porque yo no sé ni bailar, no soy la cantante más afinada, no soy la más linda tampoco, no tengo ninguna de estas cosas que tienen las grandes artistas, quizás mainstream, que son como reinas escénicas”.

Vivimos en una época donde la metáfora parece haber muerto: el lenguaje simbólico se desgasta en un océano de literalidad que domina las redes sociales. Las imágenes, las frases con doble filo o los juegos poéticos, en lugar de abrir sentidos, son leídos como declaraciones frontales y sin matices. La figuración ya no encuentra espacio en un ecosistema donde prima la urgencia de la respuesta inmediata y la interpretación plana, desprovista de vuelo. Todo se reduce a lo explícito, como si la ironía, la sugerencia o la exageración no pudieran existir, borrando la posibilidad de imaginar más allá de lo evidente.
¿Qué hace Femi con sus ocurrencias, entre rimas y disparos de ironía en este tiempo?
“La muerte de la metáfora, ¡qué gracioso!  Todo se volvió demasiado agresivo. Dejé de temer hace mucho tiempo al qué dirán.  Cuando se fue cerrando mi etapa de los 20 años, yo ahora estoy en los 31, muchas cosas se fueron acomodando, moderando mucho y la importancia que yo le puedo llegar a dar el día de hoy a lo que pienso a un nicho de Twitter es realmente muy poca y de nuevo esto de estar de gira, para mí el estar de gira también es un contacto con la realidad. No puedo estar pensando en lecturas que no me pertenecen”. 
“Tengo mi dosis de realidad de lo que pasa con la gente real en la calle.  Me importa tres carajos el vuelo de las redes:  ya dejé de adjudicarle un valor a las palabras de personas con las cuales no podría ni sentarme a tomar un café”.
“Ya no le doy tanto peso a lo que digan personas que no admiro o que no me interesan. Me preocuparía si alguien que yo tengo como un norte o como una persona que realmente valoro, alguien que admiro. A los 20 años sí me pesaba, porque tenía una forma tan complaciente de ver las cosas y me hería tan profundamente que no me entendieran o no supieran de dónde proviene lo que yo quiero proponer o decir”. 

En el escenario, Femi se presenta como una artista que no se queda quieta: canta, baila, improvisa y juega con un sonido que cruza géneros, desde el rock hasta el trap. Pero detrás de ese despliegue vital, hay algo que ella no deja de subrayar: la importancia del equipo que la acompaña. “Me parece lo más importante a destacar en esta charla y en cualquier otra: poco lugar se le da a hablar de los equipos”, dice con entusiasmo, y enseguida comienza a enumerar nombres, trayectorias y aprendizajes.
Desde sus primeras experiencias con Ferla —baterista de Silvestre y La Naranja— y Oniria Tomás —productor de ICA y durante mucho tiempo de Duki— hasta su presente junto a Fernán Mareque, Femi reconoce que cada paso fue forjando un lenguaje musical propio. “Hoy me siento de otra manera a producir mi material. Ya no me siento como alguien que no sabe pedir lo que quiere”, confiesa. La lista de cómplices es larga: el guitarrista que impregna sus shows con un audio metalero singular, las baterías que marcan carácter, el mastering analógico de Carlos Lorenz y la experiencia de Maru, sonidista de grandes ligas (Miranda, Wos, Catriel y Paco), que pasa de estadios para sonorizar sus recitales en pequeños clubes. “Son lujos inmensos. Grandes personas con grandes trayectorias que hacen un espacio para un proyecto chico como el mío. Eso sube la vara y mejora sustancialmente lo que puedo dar, tanto en vivo como en el estudio.
Ese recorrido también transformó su manera de ver la música y, sobre todo, a sus referentes. Femi recuerda un tiempo en el que los ídolos parecían figuras lejanas, casi inaccesibles: “Antes uno pensaba que eran los selectos. No sabíamos nada de las personas que admirábamos, salvo alguna columna perdida en una revista. Hoy hay mucha más exposición y acceso a entrevistas. A mí me encanta ver entrevistas de Tyler, The Creator, porque me doy cuenta de que el más groso de los más grosos también tiene inseguridades, miedos y falencias como cualquiera”.
Ese descubrimiento fue un punto de inflexión: los ídolos se convirtieron en seres humanos, e incluso en colegas. “Compartí escenario con algunos de ellos y ahí te sentís un poco más cerca. Humanizar al otro también me dio más autoestima a la hora de componer y valorar mis canciones”, reconoce. Y aunque asegura que no tiene “ni la voz más afinada ni el mejor baile”, resalta que su búsqueda está en otro lado: en el trabajo con la palabra, en la ironía como recurso y en un nivel de escritura que siente cada vez más sólido. “Eso me entusiasma y me da ganas de seguir avanzando y creciendo en el arte”, dice, con la convicción de alguien que sabe que no camina sola.

 

Entrevista por Lucas Canalda

 

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