ROSARIO Y EL NUEVO DÍA: DOCUMENTAL SOBRE EL PASO DEL FESTIVAL EMERGENTE POR ROSARIO

Este jueves 9 de noviembre, desde las 19:00 hs, en el Centro de Expresiones Contemporáneas (Paseo de las Artes y el río Paraná Rosario), se presenta de manera formal el documental Rosario y el Nuevo Día, dirigido por Luca Varoli. Luego de la proyección habrá música en vivo, con Cundo y Mateo Fuertes, en clave acústica. La entrada es gratis, con horarios puntuales. 

 

Un gran documental musical trata de algo más que ver a una banda o artista en concierto. Por supuesto, la fusión cinematográfica de arte, sonido e interpretación, en el mejor de los casos, logra capturar la esencia y las personalidades de un acto musical y un momento (o movimiento). Sobran ejemplos de la excelencia que puede lograrse cuando se combinan cinematografía y música: Don´t look back (1967) de D.A. Pennebaker, acerca de un Bob Dylan anfetamínico, justo cuando se convertía en un ícono contracultural de transversalidad masiva; Stop Making Senses (1984) con Johnattan Demme capturando la música en toda su celebración performática con Talking Heads en estado de gracia; Meeting people is easy (1998) donde Grant Gee refleja el hastío de Radiohead en etapa imperial, conquistando el planeta con OK Computer, pero sufriendo el agotamiento posterior de lidiar con toda esa exposición.
En ocasiones, sin embargo, se trata acerca de lograr momentos enriquecedores en instancias detrás de escena o, inclusive, bien lejos de los flashes principales o del artista protagonista. No hace falta apuntar la cámara directamente sobre el objeto de estudio: los alrededores pueden hablar elocuentemente sobre el hecho artístico en cuestión, obviando lo fácil y predecible. Se trata de algo más que un artista o una banda: se intenta reflejar un circuito y la comunidad que lo sustenta, logrando un retrato identitario. En esa frecuencia distante del mainstream y la narrativa convencional, aparecen títulos como The Decline of Western Civilization (Penelope Spheeris, 1981) o Heavy Metal Parking Lot (Jeff Krulik y John Heyn, 1986), cuando el equipo responsable prefiere tomar una perspectiva más envolvente de los sucesos, englobando escenario, artistas y audiencia. No se trata del narcisismo del artista ni de lo rutilante de las marquesinas, en todo caso se intenta generar un marco de referencia y dejar saber que están pasando mucho más que lo evidente. 
Rosario y el Nuevo Día, dirigida por el joven Lucas Varoli, podría anotarse en la segunda lista de referencias puesto que genera una horizontalidad real entre protagonistas, público y otros actores involucrados en la escena. El festival es la excusa perfecta para referenciar al circuito desde un ángulo personal que tiene escapa tanto lo periodístico como lo realista, para inducir cierto vértigo del sinsentido valiéndose de disparadores de espontaneidad.
La producción se estrenó en YouTube a mediados de septiembre. El mediometraje de 40 minutos de extensión registra lo acontecido el sábado 5 de agosto en Galpón 11, Rosario, en ocasión de Festival Nuevo Día, que contó con un line up integrado por Bubis Vayins, Mujer Cebra, Gladyson Panther, Buenos Vampiros, Daddy Rocks, Dum Chica y Sakatumba. 
El documental fue realizado desde el más puro espíritu DIY, demandando varias semanas de postproducción y edición, además de una jornada completa el día del festival. Junto al director Luca Varoli, el equipo de filmación se completa con Sol Martínez, Luciana Vilte y Ailen Salvagiotti quienes posaron su mirada (y su cámara) en diversas instancias, incluso sumergiéndose entre la marea de gente saltando, gritando y agitando.
Fueron muchos desafíos que demandó el documental”, cuenta Varoli. “Primero, el tiempo de anticipación con el que contamos. De haber tenido otro margen, me hubiera gustado incluir más al público”, comparte el realizador, detallando que apenas tuvo una semana de anticipación para armar y pensar la propuesta. Afortunadamente, confiesa, tener un equipo de confianza bien ajustado resultó imprescindible para llevar el proyecto a buen puerto.
El acierto de Varoli y su equipo es apostar a un equilibrio entre lenguajes que conviven con armonía durante toda su extensión. Utilizar el dinamismo de TikTok como herramienta potenciadora de información y humor, también permite salidas con interrogantes reales hacia protagonistas del festival.
La espontaneidad de la gente se potencia con un metalenguaje agregado en postproducción. Entre tanto, las secuencias en vivo de las bandas y el público dejan saber todo lo ocurrido en una jornada de seis horas de música.
Además de los grupos que conformaron la grilla, desfilan otros actores fundamentales de la nueva escena, tal es el caso de Leo Di Cicco, histórico baterista de Attaque 77 y uno de los propietarios de Strummer Bar, espacio cultural fundamental en el mapeo emergente de Capital Federal. Di Cicco, además, es uno de los responsables de llevar el Festival Nuevo Día hacia apuestas superadoras como fue la fecha bisagra en el Teatro Vorterix, en abril de 2023. 

En el documental hay energía continua que refleja el espíritu del encuentro musical de una nueva escena, así como también la efervescencia curiosa de la juventud que lo lleva a cabo: la mirada desde el escenario registra un agite del disfrute; detrás de escena hay relajamiento, pero también nervios y, a veces, cierta incredulidad de que todo esté sucediendo; la gente asiste por las canciones que ya canta, además de mostrarse permeable a todo aquello que falta descubrir.
Con tanto sucediendo, el play se vuelve inevitable después de la primera pasada. Sobran los motivos, principalmente, porque es menester desdramatizar al indie. Se puede reír pudiendo comprender que hay detrás de ciertos testimonios. Otro acierto reside en la falta de bajada de línea, en la ausencia de prédica para el convertido: la burbuja se rompe, acercando a público neófito como a iniciados. 
“Mi sensación con el documental es que pasa muy rápido”, cuenta Varoli. “La devolución de la gente es la misma. Me interesa saber qué siente el público que pudo verlo. Son 40 minutos que vuelan. Todo el tiempo está pasando algo distinto. Encima estás escuchando bandas que el público del ámbito conoce y canta. Eso te entretiene”. 
Ya sea cortando del escenario al backstage o saltando del público enloquecido hacia una conversación amable afuera del Galpón, cercanía es palpable todo el tiempo: se desdibujan los roles obvios en pos de una horizontalidad que deja en claro que la escena se construye con todos y todas, sin importar donde estén ubicados en ese preciso momento. 

Varoli nació hace 22 años en Rafaela. Actualmente estudia realización audiovisual en Rosario, donde además trabaja en diferentes producciones. “Vengo de mucho tiempo de recitales”, explica el joven director.  “En Rafaela yo tocaba, no como ahora que estoy en otro plan. Creo que me hubiese gustado que en Rafaela hubiese alguien que documente la movida. Así, de grabar un festival entero, desde hasta la salida”.
Sobre su vínculo con la escena rosarina, Varoli señala que “no podría hablar de identificación o interpelación porque recién aparecí este año”. En ese sentido, agrega que “me siento bien recibido. Es re lindo estar adentro. Todos se apoyan entre todos”. Finalmente, Varoli apunta que “llevar el documental me llevó a escuchar más de la producción local y darle el respeto que se merece”.
Si bien la iniciativa de Rosario y el Nuevo Día sucedió de forma orgánica, entre ímpetu espontáneo y decisión temeraria, la ilusión se venía incubando desde hace rato en la cabeza de uno de sus protagonistas musicales. La idea llega desde Nineo Zoom (Nico) de Bubis Vayins. Nosotros veníamos en contacto, charlando”, declara Varoli a RAPTO, en la previa de la proyección. “Él andaba con la idea en la cabeza y me propuso. Si bien estábamos ajustados con los tiempos, yo armé inmediatamente un equipo. Con mis compañeras veníamos trabajando bien. Formamos un equipo de producción a partir de una primera reunión que mantuvimos entre Nico, Sol Martínez y yo”.
“Pensamos en hacer un documental evitando la formalidad: chistoso, relajado”, cuenta. “Además ideamos el video promocional de Bubis Vayins que lanzamos antes, donde hablamos con abuelitos en las plazas sobre música y las bandas de Rosario. Con una carpeta de producción desarrollada le metimos para adelante”. 

Más allá de su disponibilidad en YouTube, la proyección funciona como encuentro comunitario de la escena joven y del circuito independiente, otra chance de seguir visibilizando los esfuerzos conjuntos. En los tiempos complejos que habitamos se hace imprescindible establecer y mantener una comunicación afectiva con los grupos de interés y las comunidades artísticas que hacen a la cultura local. Si bien Rosario y el Nuevo Día apuesta a despojarse de solemnidades, la línea es marcada: la comunidad está ahí afuera, resistiendo para lograr que todo llegue a un nuevo espesor.   

 

 

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