LOS ELEMENTOS NATURALES DE PAULA ROSAS

En tiempos de consumos culturales predecibles, la mendocina Paula Rosas desarrolla una obra sensible que invita a la imaginación poética. Como revelación del Festival Deforme, capturó la atención de público y jurados como pianista y cantante. Un vistazo hacia el mundo interior de una artista diferente.

¿Qué sentido tiene transitar los días sin que lo inefable llegue a nuestros oídos? Lo inesperado, al contrario de lo que supone nuestra contemporaneidad securitista, es una necesidad. La sorpresa o el estupor son elementos esenciales de nuestras vidas. Nos referimos, claro, al disfrute del descubrimiento imprevisible.
Afortunadamente, no todo está perdido. Por encima de todos los factores imperantes en una industria predecible, hay excepciones que capturan nuestra atención. 
Paula Rosas es pianista, compositora y docente. Nació hace 33 años en Las Heras, provincia de Mendoza. Luego de formar parte de diversas agrupaciones musicales, entre ellas el reconocido trío Té con King Kong, en el 2019 comenzó su carrera solista con Corazonada, álbum que reúne obras para piano de su autoría. Su más reciente trabajo es el EP Kinstugi, que desde el japonés se traduce como reparación con oro. 
Al aplicar la dedicación de la orfebrería en una composición certera, Rosas se deja conmover por lo posible de lo cotidiano.  El resultado se cristaliza en una música que produce paisajes etéreos inmersivos que conmueven.
Rosas tiene catorce canciones publicadas. En YouTube, además, hay algunas sesiones en vivo. «Estudio sobre mariposas», «Perla», «El fuego lo sabrá» y «Primavera, la garza» son algunos títulos de sus composiciones. Podrían destacarse varios, sin embargo, sería una tarea fútil, puesto que algo se entrelaza en su música. Pieza por pieza, se siente como una obra mayor en construcción paciente. Lo poético se eleva desde lo terrenal, para finalmente volver a caer, desde una necesidad física: aterrizar para permanecer en lo valioso. Rosas sublima porque celebra ser terrenal.
“Siempre que me siento a componer necesito tener lo más claro posible el concepto que quiero plasmar en la canción, mientras más definido lo tenga, mejor”, explica en diálogo con RAPTO. “Intento nombrar imágenes desde el piano y transmitir mi forma de sentirlo. Me conmueve mucho la naturaleza y la simpleza de un mundo posible”, comparte.
¿Hacia dónde nos moviliza la música de Paula? No hay una dirección asegurada. Tampoco un rumbo fijo. Lo cierto es que, entregados a la aventura de escucharla con la debida atención, lo inesperado puede aparecer en nuestros sentidos. En ese sentido, es justo recordar que Charles Baudelaire apuntaba a lo inesperado como uno de los elementos esenciales de la belleza. 
Clasificar la música en aplicaciones y plataformas es un requerimiento de una industria entregada a los algoritmos. La música de Rosas no se relega a ningún tag. Es demasiado libre para ser clasificada y archivada en el sistema. Ninguna serie de enfoques algorítmicos para la clasificación y recomendación de música podría rendirle justicia. Habita el jazz con la misma inspiración que lo clásico. Se suelta desde lo sutil del ambient permitiéndose flotar desde la canción surrealista. La música de Rosas exuda una voluptuosidad inclasificable.
“No siento presión por encajar en alguna industria porque creo que a la industria nunca le va a interesar tenerme”, sostiene Rosas. “Los límites que tengo por el momento son meramente personales”, agrega.
“Me siento más cómoda en ámbitos donde haya gente que ama lo que hace”, asegura. “Se nota mucho la diferencia y da gusto trabajar con gente así”. 

La transversalidad es una de las virtudes de Rosas. Tanto su dominio musical como su curiosidad atraviesan escenas y géneros. De la misma forma, su alcance trasciende edades. Su talento llega -y dialoga- con varias generaciones. Su canal de YouTube aglutina mensajes de admiración de diversas latitudes y tonos, desde adolescentes en clave informal hasta respetuosos enunciados de colegas de oficio, resaltando detalles académicos de su música.
“La transversalidad musical, quizás, es un resultado de mis influencias musicales”, indica. “Pianistas de jazz, impresionistas y Spinetta son grandes pilares de mi gusto musical”, agrega. 
Acerca de un hacer creativo libre de clasificaciones, sostiene que “mi música es un poco como cuando ves un hijo que es la mezcla de sus padres y no sabes realmente a cuál se parece más, o según la edad se parece más a uno que al otro”. 

Por estos días, mientras se acerca un 2024 que promete novedades, Rosas ocupa sus horas entre música para discos y plataformas, además de aprovechar para tocar en vivo. 
En septiembre, la mendocina fue parte de la primera edición del Festival Deforme, que tuvo lugar en La Tangente. Allí compartió cartel con Agustina Bécares, Tomates Asesinos y El Club del Gamelán. 
Rosas llegó al festival luego de una convocatoria de trascendencia federal enfocada en proyectos integrados por mujeres cisgénero, transgénero, no binaries y miembros del colectivo LGTBIQ+, elegida por un jurado compuesto por Paula Maffía, Victoria Ferreira (programadora de La Tangente) y Sebastián Ayala (director del sello discográfico Anomalía Ediciones).
“Cautivante, su voz junto con el piano y unos beats bolerísticos. Con mínimos elementos logra conmover”, expresó Ferreira sobre el descubrimiento de la mendocina. Maffia, por su parte, afirmó que “me sorprendió bellamente desde el primer play y no quise dejar de escuchar. Fue una sensación que realmente no sucede seguido. Muy agradecida”. 
Cuando estas líneas se cierran, Rosas se encuentra grabando en Capital Federal. De cara al año que viene, la nativa de Las Heras desarrolla algo más que novedades: apuesta fuerte por el instinto como motor creativo. 
“Estuve grabando en Altamar y Wetjer un nuevo single que estoy por sacar, retomando un estilo de hacer música sola, como en corazonada, pero intentando plantarme como cantante también”, explica Rosas. 
“Quería hacer algo solo piano y voz, aunque escucho una orquesta adentro mío, ojalá algún día pueda plasmarlo orquestalmente, a eso me refería con que los límites por el momento pasan por mí”, confía.  
“Me encantaría que el material nuevo que esté por venir pueda ser orquestado, pero mucho tengo que mover aún para poder llegar a ese punto, por lo pronto lo próximo es un single y un soundtrack para una App de realidad virtual llamada Virtual Pavilion”, comparte la mendocina. 

En La Tangente, abriendo el Festival Deforme, Rosas se presenta en clave de revelación. Toca frente a un público atento que sigue cada uno de sus fraseos, comentarios e introducciones. Es una instancia de conocimiento mutuo. La mendocina, no obstante, se fortalece cuando se suelta.
Paula toca acordes melancólicos con absoluta autoridad. El escenario es un hogar natural. Alterna entre la confesión cómplice y un despliegue musical efectivo que se sostiene desde la expresividad de gestos: los que pertenecen a su voz, a sus manos, a sus sonrisas tímidas, aunque seguras.
Con amabilidad explica que desea presentarse como corresponde, tocando composiciones de diferentes etapas. Lo comenta con ternura: algunas canciones le dan algo de pudor, ya que las siente adolescentes y demasiado lejanas. Sin embargo, presenta un retrato completo, sin titubeos. En esa entrega hay un entendimiento sobre los procesos personales y la evolución que la trajeron hasta el presente.
Al cantar, sus influencias jazzeras entran en juego. Cuando toca el piano se siente oriental, al igual que los conceptos que comparte con el público, a propósito del origen de sus canciones.
“Mi voz como cantante está en continuo proceso de desarrollo porque me concentro en el piano más que en alguna otra cosa. Me gustaría poder tener mayor comodidad y herramientas en el canto para poder profundizar en las dos cosas por igual”, confiesa.
Mientras se suceden las canciones, queda claro que Rosas siempre se está alejando de los entornos tradicionales hacia la creación de música que se enraíza en lo onírico. Impresionista. Spinetteana. Cinematográfica. Con todo, se presiente una tensión: vuela sin deshacerse de su peso, eligiendo trazar círculos. Toca dando forma a ciclos, sube y baja, evoluciona, volviendo a un punto de origen que nunca es el mismo.
En La Tangente, a medida que la música avanza, Paula se revela como estudiosa del diseño de sonido. Cada una de sus canciones puede considerarse como la declaración personal de una artista consagrada a las múltiples posibilidades del sonido. Desde su piano, esas posibilidades están llenas de texturas para flotar mientras que su voz, cuasi Bakeriana, funciona como conductor terrenal.
Algunas notas de Rosas suenan como la nobleza de la madera, tal vez una necesidad orgánica de lograr una perspectiva personal desde el llano. Luego, sin demasiados preámbulos, la mendocina se afirma sobre melodías que enfatizan fragilidad. De nuevo: lo terrenal como horizonte. Rosas parece encontrar elementos de belleza en aquello que damos por sentado. «Olor a lluvia» es una pista de la belleza que la intriga y la trasciende. 
Rosas celebra su humanidad. Terrenal, aspira continuamente a la trascendencia que es posible encontrar todos los días en la naturaleza, los seres vivos y las personas, pues la combinación de elementos con los que trabaja en su hacer musical está en constante movimiento. Como la existencia misma, nada está quieto. Paula retrata lo inesperado, haciendo desde la belleza. 

Texto de Lucas Canalda / Fotografía de Renzo Leonard 

 

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Festival Deforme fue posible gracias al programa Mecenazgo de la plataforma Impulso Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, de la Fundación Itaú Argentina y del Fondo Metropolitano de la Cultura, las Artes y las Ciencias. Además, contó con el apoyo de Selina Palermo y Striptiz Spritzer, marcas que se sumaron como sponsors, y la colaboración de Rapto y La Tangente que aportaron a la difusión del evento.

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