TODAS LAS ESCENAS DE OTROS COLORES

Sobre finales de octubre Otros Colores presentó Son Solo Vueltas, un disco de pop que condensa el crecimiento del primer capítulo de su historia como banda.
La banda está integrada por Federico Casazza (voz, guitarras eléctricas y acústicas), Catalina Druetta (guitarras eléctricas y acústica, voces), Bruno Ottaviano (batería) y Nazarena Priotto (bajos, voces).

Las ocho canciones que componen al trabajo producido por Fermín Sagarduy fueron elaboradas en plena pandemia, entre videollamadas y sesiones presenciales, buscando capturar la esencia del vivo de la banda.
Apostando a un esfuerzo orgánico sostenido por los elementos ya desarrollados en el núcleo de la banda, Otros Colores logró un nuevo espesor, sorprendiendo desde aspectos inesperados.
A continuación, una parte de esa historia.

2021 

Los primeros treinta segundos de «El Guardián», track que abre Son Solo Vueltas, nos deja en claro algo: emosido engañado. Tal como reza aquella pared sevillana que se convirtió en un meme furor por toda Iberoamérica, escuchar este primer LP de Otros Colores nos confirma que la banda que conocimos por años tenía muchísimo guardado adentro.
Lo que experimentamos por años fue solo la punta del iceberg. En las entrañas del grupo habitaba otra vitalidad, una criatura armónica con mucha sutileza para compartir y que ahora está aflorando.  Son Solo Vueltas es punto de partida, la medida justa para pensar, imaginar y analizar a Otros Colores desde el presente y hacía el futuro.
Por un lado, el cuarteto confirma lo que sabíamos: son embajadores del power pop más cancionero y sensible, con guitarras electrizantes al servicio de la melodía. Mientras que el indie pop es el norte de Otros Colores la decisión que los separa del resto de la manada es que, si bien estudiaron en detalle las lecciones de la cartografía indie argentina de los últimos 15 años, optan por buscar algo propio.
Otros Colores apostó a desarrollar una identidad propia y elaboró un LP donde se reimaginan. No son la versión mejorada por el estudio: se trata de otra banda, una unidad orgánica que toma consciencia de sus capacidades y decide ejercerlas.
¿Otros Colores el grupo vocal que nadie vio venir? Probablemente parte de la grata sorpresa venga por allí, aunque también deba destacarse que tuvimos algunas advertencias: durante el transcurso del confinamiento más estricto un 50% del grupo se entregó al estilo de barbas tupidas y pelos largos en clave Crosby, Stills & Nash. A propósito de aquella química a tres voces, se debe mencionar que las armonías vocales de «Acuarela» a cargo de Casazza, Druetta & Priotto se encuentran entre lo más delicioso que nos dio 2021. ¿La banda rosarina habrá escuchado Está naciendo el nuevo día, el regreso de Thes Siniestros editado el año pasado? Nadie lo sabe, pero este dedicado trabajo de voces no se escuchaba desde aquel disco. No sorprende, entonces, que Pablo Comas -otro trabajador armónico- vaya por los recitales comentando lo enamorado que está de Son Solo Vueltas.
Puede que la etérea «Casi todas las escenas» resuma todo lo mejor del disco, como un núcleo melódico que brinda equilibrio mientras arroja una sucesión de piezas que arman un imaginario poético-visual: verticalidad, profundidad, fuego, agua, concreto, imposibilidad. Las canciones tienen un tinte de romanticismo veinteañero colorido, un espíritu que alberga positivismo a pesar de algunos jirones.  

La llegada de Son Solo Vueltas confirma el lugar de Otros Colores como parte de la generación Sub 23 que está construyendo su espacio mediante música poderosa, gestión colectiva y conciertos magnéticos. 
Como jóvenes protagonistas del nuevo circuito rosarino, Otros Colores, junto a Los Cristales, Amelia y Fermín Sagarduy, crearon el sello colectivo Quema Discos, que edita su música y funciona como base de operaciones para organizar diversos ciclos y festivales como ARDE.
El disco se presentó a finales de noviembre en el Galpón de la Música, con Las Aventuras como banda invitada.
Aquella noche de convocatoria robusta Otros Colores celebró por partida doble puesto que el concierto fue tanto presentación formal del nuevo material como reencuentro con su público luego de diez meses de ausencia.
Probando que el silencio no es tiempo perdido, el grupo se mostró en gran forma al tocar de manera íntegra el disco, dejando saber que su historia apenas está comenzando. 

2017 

La génesis de Otros Colores carece de una épica digna de titulares rimbombantes. La creación del grupo se remonta, simplemente, al deseo de Federico de tocar. Sin mucho preámbulo se decidió a armar una banda contactando a gente que andaba en situación de instrumentos: así llegaron Bruno en la bata, Cata en la viola y Juli en el bajo. Fede, por su parte, cantaba y tocaba la guitarra.
Sin ninguna idea concreta, sencillamente se juntaron a tocar a mediados de 2017. Había canciones insípidas, había algunos covers. Partieron desde allí, eventualmente emergiendo hacia el escenario.
Cuando el grupo de adolescentes asomó con su propuesta precoz se encontraron que había espíritus receptivos al puñado de canciones que habían compuesto. Algo sucedía. Ya no tocaban para ellos mismos, algo sucedía.
Con el transcurso del tiempo, el sonido de Otros Colores probó ser transversal a una escena en ebullición. Eran nativos digitales saliendo a un paradigma que les resultaba propio: diversidad, multiplicación de lenguajes, data yendo y viniendo, tecnología amigable.
Por años habían sido espectadores cautivos de la estela protagónica de Mi Nave, Alucinaria, Usted Señálemelo e Indios, así como también de la escalada y posterior quiebre de Marilina Bertoldi
Aquí se condensan algunas ideas fundantes para Otros Colores: Usted Señálemelo y Bertoldi les dejaron saber sobre el poderío eléctrico desde el escenario mientras que Nicolás de Sanctis probó que la canción pop tan sencilla como contagiosa es imperecedera.
Con tanta información dando vueltas, Mi Nave y Alucinaria dejaban una enseñanza extra: es posible hacerlo de otra manera. Pero había más: ambos grupos rosarinos proponían una osadía épica con personalidades poéticas, narrativas y musicales únicas.
Discos como Estela, La última rotación del sol, Tristeza y Días de Fuerza adornaron con oro los sentidos de una generación que encontró un horizonte liberador en ambas bandas. No había que circunscribirse a un canon estético ajeno para lograr un proyecto sustentable a largo plazo. Se podía mutar sin culpa, era factible desaprender para aprender, fue posible escapar de la literalidad arraigada a la ciudad portuaria y cancionera.
Conformarse desde el deseo -de tocar, de imaginar, de probar- le otorgó al proyecto la posibilidad de imaginarse más allá de ideas concretas y preguntas cerradas. La principal lección que tomaron de sus referentes fue darse a la fluidez.
Otros Colores tiene melodías fuertes, voces claras y armonías vocales nítidas, arreglos de guitarra prominentes, una base dinámica, estribillos que pueden corearse a todo pulmón en canciones como «Astronauta» y «Rocas y Diamantes».
Desinteresados en clasificarse, siempre optaron por sumar aventuras, desligándose del gueto. En ese sentido, esa virtud complementaria los llevó a tocar ante públicos muy diferentes, rebasando el cerco inmediato y llevando la fortaleza de su vivo donde fuera posible. 
Los arreglos de Otros Colores supieron dialogar con las hibridaciones de BAD, Matienelinstante y Suave Lomito; sus guitarras lograron potenciarse con el rock de Gay Gay Guys, la psicodelia de Jimmy Club y con la adrenalina de Bubis Vayins; su pop sintonizó con Lichi, Los Cristales y Gladyson Panther. 

 2021. ACTO II

Son Solo Vueltas se grabó en La Fuente Estudio bajo la producción atenta de Fermín Sagarduy quien trabajó con dedicación junto al grupo a través de largos meses. 
Las circunstancias de trabajo fueron adaptándose a las correrías de un periodo pandémico siempre cambiante. Con sesiones presenciales, aportes a la distancia y transferencia de archivos, el tiempo se dilató más de lo imaginado.
“Siempre supimos para dónde queríamos ir, pero no sabíamos cómo lograrlo. Por eso fue fundamental la producción de Fermín”, recuerda Casazza sobre los procesos previos al LP.
La necesidad de ordenarse sobre tiempos ajenos – léase: lo que permitió el covid- puede haber jugado a favor del grupo. El periodo pandémico permitió al cuarteto a ordenarse bajo un régimen estricto. La agenda musical se asentó alrededor de la facultad, del trabajo, el estudio y los aspectos personales de cada integrante. 
Fueron largos meses donde hubo que estudiar, maquetar, grabar, arreglar, producir, gestionar aspectos de publicación, arte gráfico, lanzamiento y, por supuesto, llevar adelante una vida personal.
Ordenarse fue menester, siendo paciencia la palabra clave. Esa dosificación de los horarios ayudó a las canciones a encontrar su punto justo. La disciplina zen de grupo y productor se tradujo en un resultado bien pulido.
Las horas en el cotidiano de la vivencia pandémica resultaron en una banda segura de sí misma que fue tomando consciencia de sus capacidades y comprendiendo lo que ya estaba ahí, pero eludía su atención.
Sagarduy supo elevar al cuarteto trabajando a la par. Más allá de su capacidad para grabar, para lograr texturas, desarrollar arreglos, mezclar y otros tantos puntos valiosos, el gran acierto del productor fue haberle transmitido al cuarteto la capacidad de tomar perspectiva sobre sí mismo, dejándoles saber a Casazza, Druetta, Priotto y Ottaviano cuál era su potencial. En ese sentido, Sagarduy da un paso adelante, asumiendo el rol completo de productor al abrazar también el aspecto pedagógico, algo que muchas veces se deja de lado.
Grupo y productor tuvieron algo claro desde el principio: contaban con todos los elementos, no necesitaban sumar piezas externas. El plus tenía que salir de ellos mismos. Fue un acuerdo que sirvió para potenciarlo todo.
“El sonido del disco empezó a formarse tocando en vivo las canciones” señala Fermín. “Mucha gente viene siguiendo los recis desde hace tiempo. Ya saben cómo suena Otros Colores, no quería atentar contra ese formato. Quería respetar la concepción de la banda en vivo. Esa potencia tenía que trasladarse al disco”
Sagarduy encontró huecos, logrando un protagonismo para los coros. Ambas partes entendieron que había zonas que cubrir, frases y palabras para enfatizar. Renegaron de los teclados o sintes, recurriendo únicamente a los elementos disponibles. 
“Me encantaba la tímbrica de las chicas junto a la voz de Fede”, recuerda Fermín. “Teníamos todo. Fue darse cuenta y ponerse”, añade. 
La constancia de trabajo se mantuvo durante meses. Mayormente se logró una dinámica pareja con horarios coordinados y concentración aplicadas. En ocasiones, claro, ganaba el desequilibrio, erizando los pelos del productor. 

2017. Acto II

Mientras se escriben estas líneas, el que alguna vez fue el mítico Berlín Café se encuentra en un hiato indefinido debido a un contexto pandémico que pegó fuerte en todo el ámbito cultural. Aun cuando no existan indicios sobre su futuro inmediato o a largo plazo, se hace preciso volver a aquella cortada para repasar parte del proceso iniciático de varias expresiones que gozan de un presente de plena salud, entre ellas, Otros Colores.
En 2017, un año después de celebrar veinte años de actividad, el bar se concentraba en la difícil tarea de renovar su público manteniendo su identidad mientras alrededor todo se revolucionaba. Fueron épocas complejas.
Entre tanta prueba y error, hubo aciertos reales que ganaron brillo con el paso de los años y deben ser destacados: la apertura de los Bajos hacia la cultura de la música electrónica underground; la aceptación de una paleta de sonoridades de lo que años más tarde se conocería como música urbana; estrechar un vínculo primigenio con propuestas de funk, soul, indie pop y trap, expresiones que, eventualmente, tendrían una visibilidad rutilante en el circuito rosarino.
Entre la andanada de refuerzos que llegaron como intento de renovación para Berlín, durante unos diez meses se realizó Kreuz, ciclo mensual que se realizaba los viernes, en el horario del primer turno. Kreuz proponía bandas en vivo, algo de performance e intervención del espacio, y una fiesta post espectáculo que cerca de las tres de la madrugada se amalgamaba con la programación correspondiente en los Bajos.
El ciclo que hacía referencia al barrio berlinés tuvo un buen tirón convocando un público todavía adolescente que ya empezaba a buscar su propio espacio de expresión. Con cada edición de Kreuz el bar mostró sus entrañas repletas de gente joven. Se trató de una renovación generacional que, lamentablemente, no llegó a profundizarse por falta de decisión gerencial. Sin embargo, los destellos de la Kreuz permanecen intactos en la memoria de muchas personas, incluso aún de quienes no eran sus habitués. 
Con una curaduría que dio espacio a las inquietudes de una camada que tímidamente empezaba a dar sus primeros bosquejos -pintando, ilustrando, fanzineando, tocando y produciendo- Kreuz posibilitó lo que quizás haya sido el último aporte de relevancia cultural de Berlín a la ciudad.
Por Kreuz pasaron varios adolescentes que hoy son protagonistas de la movida sub 23 rosarina: Lumineida (Manu Piró), Barfeye, Jimmy Club, Cabeza de Tortuga (Gladyson Panther), Caliope, Cortito y Funky, BAD, Otros Colores y Retro, entre otras tantas apuestas.
Para Otros Colores, la presentación en Kreuz, significó el debut en vivo, acompañados por Jimmy Club, con quienes comparten una hermandad hasta el presente. 
Aquella noche de diciembre de 2017, el cuarteto estuvo integrado por su formación original: Casazza en guitarra y voz, Druetta en guitarra, Ottaviano en batería y Julián De Frenza en bajo. Esa primera salida al vivo demostraba algunos aciertos para tomar nota: la guitarra de Druetta, el timbre popero de Casazza, la muñeca jazz rock de Ottaviano.
Esa primera encarnación de Otros Colores salió a recorrer el circuito independiente rosarino buscando hacer sus primeras armas. Fue un tiempo fértil para la camaradería, pisando escenarios, produciendo fechas, cargando equipos, pero especialmente curtiéndose entre risas mientras se iba formando un nuevo frente. 

2018

Cuando Otros Colores logró una constancia en el circuito se generó cierta atención desde orillas inesperadas. Las invitaciones para participar en fechas y eventos de escala media llegaron como confirmación de que había oídos receptores.
La agenda se ocupó. La cosa marchaba. Pero el camino supo traer aprendizajes. Algunos, con desengaños considerables. Fueron cachetazos sutiles que, por encima de las decepciones, aportaron cierta luz sobre cómo se cocina buena parte del circuito local: condescendencia, destratos, mala comunicación y especulación.
Las pálidas, sin embargo, no fueron en vano. Desde entonces, de forma discreta, los chicos trataron de hacer las cosas bien. Cuando tuvieron la oportunidad de producir a mayor escala, articulando el ARDE Festival y AR7E, su ciclo derivado, decidieron gestionar de acuerdo con sus aprendizajes, evitando perpetuar un círculo vicioso de tratos desiguales, especulaciones y contratos verbales dudosos.
“Pasamos por muchas cosas en muy poco tiempo. Siempre aprendimos”, cuenta Cata. “Hemos tenido la suerte de trabajar con gente maravillosa, que ayudó mucho a llegar a este presente”.
“Estamos agradecidos porque, en sí, somos una banda con un camino corto. Creo que no hicimos nada, pero estamos bien acompañados por otras bandas que tienen las prioridades claras como nosotros”, reflexiona Druetta. “No se nos ocurriría cagar al que recién empieza”, añade rápidamente, la guitarrista.

Al conversar con Otros Colores, se siente su deseo por hacer las cosas bien para que otros no tengan que pasar por lo mismo.
Mientras que su accionar es noble, en un punto, también podemos observar un deber ser que puede terminar siendo una carga. 
Con 22 y 23 años, respectivamente, Druetta y Casazza reconocen ese deber ser. Aunque todavía no lo califican como un peso, sí admiten que se hace sentir.
“Tampoco somos la madre Teresa de Calcuta”, se ataja Druetta, riendo, sin desentenderse. “No es una cuestión de solidaridad para las nuevas generaciones: es para nosotros, para como nos manejamos siempre. Eso tiene pros y contras. Puede ser difícil. No siempre se puede manejar todo de forma ideal, recibiendo lo que uno da. Eso genera alto estrés. A veces tenemos que dar un paso al costado”.
“Hay una presión ahí”, reconoce Casazza. “Pero está bueno porque se nota en lo que vuelve, es algo maravilloso”, afirma.
“Siento que es algo más personal y que excede a la banda, nosotros en la vida tenemos que hacer todo bien, se traslada a todo lo que planifiquemos en la banda”, profundiza el cantante y guitarrista. “Con Cata siempre hablamos que es algo que nos quedó de la secundaria -ambos son exalumnos del Politécnico- quedamos chipeados así: tener que hacer todo de manera fría y calculadora, como corresponde”.

2022

Mientras diciembre se escurre paulatinamente entre fiestas y nuevas olas covidianas, Otros Colores piensa en el futuro. O algo así.
“Descansar” y “vacaciones” son los resultados que arroja la consulta obligada de “¿Y ahora qué?”. Con la publicación de Son Solo Vueltas, seguida de su correspondiente presentación, se cerró un ciclo.
Se trata de un primer capítulo que estiró su cierre debido a la pandemia. Esa situación jamás contemplada alteró los planes de todo el planeta. Otros Colores, por supuesto, no fue la excepción.

Tanto Casazza como Druetta hablan con cierto hastío sobre las canciones y el proceso de desarrollo del disco. Es entendible: se trata de canciones que vienen tocando en loop en los últimos tres años.
Sin embargo, su cansancio denota que pensaron, repensaron y dieron vuelta alrededor de las canciones revisando hasta su último átomo. La autoridad y seguridad que ahora ejercen sobre ellas deja al grupo listo para afrontar el siguiente capítulo con la suficiente experiencia para saber qué quieren y cómo lo quieren. 
Fueron dos años de intensidad considerable. Crecieron y se afirmaron. Ahora contemplan la idea de nuevas canciones. Según Casazza, siempre hay alguna dando vueltas.
“Con el disco y el reci, ya está. Se trató de cerrar una etapa”, señala el cantante. “Fueron años de leveleo. Ahora hay que mirar para delante. Las canciones están para seguir disfrutando”, afirma. 
Druetta dice que ahora van por más. Ocurrente, observa: “La vida es cuesta arriba, pero la vista es genial. Ojo, no lo digo yo, lo dice Hanna Montana”. 

Por Lucas Canalda y Flor Carrera

 

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