BRUNELLA: LA MÚSICA COMO MEDIDA DE LA VIDA

Cerrando un año de intensidad Brunella siembra el futuro haciéndose fuerte desde su sensibilidad.
Mientras todo a su alrededor se mueve de manera vertiginosa, prefiere caminar en paz y seguir expresando su sentir en una escala humana y afectiva.

Brunella miente. Eso no la hace una mentirosa. Según sus palabras, se va a guardar un tiempo. Lo cuenta a mediados de septiembre, sobre calle Mendoza, en una noche invernal bastante cálida.
Dice que tiene una fecha a principios de octubre en Distrito 7 junto a Shanti y se termina ahí. Por supuesto, no le creo.
En todo caso, no está mintiendo: está en negación. Cuando sostiene que se va a guardar para quedarse tranqui unos meses, nadie que la conozca en persona o la haya experimentado en vivo puede creerse que toda esa energía vaya a quedarse quieta siquiera un minuto.
Después del D7, ya está, insiste.
Por supuesto, las semanas pasan, dándole la razón a la incredulidad. Inquieta por naturaleza Brunella anduvo a mil.
Estuvo presente en el estudio para maquetear cositas que se vienen; apareció como invitada sorpresa acá y allá; está craneando videos;  tocó el día de la primavera en el anfiteatro, donde se esguinzó el tobillo mientras agitaba pero siguió adelante como una jefa; grabó para un feat que sale antes de fin de año; fue a muchos recitales, para disfrutar, para agitar, para aprender.  Además, se sumó al inminente anfiMUG, como parte de la bandamug, un ensamble de 14 músicxs formado especialmente para la ocasión. Por último, es parte de El Goce en el Centro Cultural Güemes, junto a Cortito y Funky, Mutu y Sofía Casadey.
Avanzada la primavera, vuelve a la carga: se guarda. Cuando pase lo del Güemes va a estar más tranka. Después de eso, ya está, repite. Lo jura.
En mi cabeza resuena El Pity. Puede ser que otra vez no sea cierto lo que dice Brunella, pero entiendo que, por dentro, el fuego la quema. Ponerse a trabajar mantiene su cabeza enfocada. Menos tiempo para mambear. Necesita estar ocupada porque si no surgen sus problemas. Por eso: no es ninguna mentirosa.
Ya tiene un nuevo disco pensado. Algunas canciones están maqueteadas. Ahora necesita tomar algo distancia, encontrarse con ese material desde otra perspectiva. Para eso precisa bajar la velocidad.
2021 fue un año vertiginoso y todavía restan cincuenta días.  Se complica desacelerar la inercia que ella misma logró generar.
Desde hace algunos meses Brunella es su propia jefa. Está al comando de su carrera mientras todo se está encendiendo. La cabeza le hierve mientras maneja gestión, producción musical, agenda de recitales. Demasiados frentes para una sola cabeza. Sabe que puede hacerlo, pero no quiere porque le resta tiempo valioso para hacer música. No obstante, una cosa lleva a la otra. Además, trabajar con una productora no le interesa. Esa ya la pasó.
“Necesito guardarme para entrar en el proceso de materializar todo lo que tengo en la cabeza. Necesito no estar pendiente de preparar la fecha, de tocar, de la venta de entradas…consume energías”.
El cansancio no empaña su gran presente. Luego de batallar con varios episodios está firme en la suya. ”Después de mucho tiempo, solo tengo fe en mí misma”.  

Brunella Malvestiti Boffo nació en Rosario hace 25 años. Su familia completa partió a Bombal cuando ella era una niña. El regreso a  la ciudad ocurrió varios años más tarde, cuando agotada del pueblo se vino a terminar la secundaria.
Con sus viejes laburando todo el día, la niña Brunella pasaba mucho tiempo con su abuela. Siempre soñaba con bailar. Flasheaba Colón. Betina, su mamá le hacía la segunda, correspondiendo esos intereses. Pasada la pubertad, la pasión por la danza seguía firme, por eso hubo que destrabar un nuevo level. La Beta seguía acompañando: todos los días, cuando salía de trabajar del banco, manejaba los 87 km que separan Rosario de Bombal para traerla a la academia de danza de Flavio Mendoza.
El sueño de ser bailarina en el Colón quedó en el camino, sin embargo, Brunella incorporó para siempre la danza como reflejo expresivo ante cualquier circunstancia. Como escribió Goethe para la posteridad: “nuestras pasiones son los verdaderos Fénix de la vida; cuando una se quema, otra se levanta de sus cenizas”.
Pasada la adolescencia, ya independizada y viviendo en Rosario junto a su hermana, el sustento vendría como docente de zumba. En sus recitales, la primera demostración de una Brunella encendida a máxima capacidad se refleja en los movimientos de su cuerpo, ahí cuando la soltura se encuentra con la espontaneidad de moverse hacía donde la lleva la expresión. Dependiendo del tamaño del escenario, siempre pinta alguna: bailar, saltar, agitar…conectar con quien esté del otro lado.
Brunella es energía pura. Junto a su poderosa voz, la espontaneidad es su marca registrada. Virtud imposible de aprender o comprar, esa naturalidad rompe cualquier distancia con quien está del otro lado.

En los últimos seis meses Brunella prendió la mecha, avanzando sin detenerse. Llegó Salvarme seguido por el clip de «Requiem». Luego hizo aparición una seguidilla de movimientos: una rap session de Rancho con «Cuesta arriba»; la presentación oficial del disco en Plataforma Lavardén junto a su banda completa; tomar por asalto La Popular apenas con un piano; celebrar la primavera en el Anfiteatro junto a colegas que admira; subir como invitada explosiva de Muñecas en Galpón; copar Distrito 7 con un show expansivo que albergó más novedades; reencontrarse con sus cumpas de Cidernova en el Centro Cultural Güemes. Mientras todo este timeline se desarrollaba, en clave silenciosa, siguió concurriendo al estudio preparando material nuevo.
La entrega convive con una disciplina que se cumple a rajatabla a pesar de tanto vértigo: hay material que necesita terminarse, un equipo de producción apostando al futuro, ganas de seguir creciendo formando vínculos creativos-afectivos que rebasen lo meramente comercial de un contrato.
Brunella avanza segura. Lo que refuerza su caminar es estar bien contenida. Sola puede todo. Acompañada es una fuerza.
¿Qué pasa cuando las cosas empiezan a marchar bien? En principio, no todo es color de rosa. Hay mucha velocidad de por medio, casi alcanzando un estado abrumador. En el camino quedan desengaños de gestión y recursos. Pero no se trata de regodearse en el pasado: las lecciones se traducen en energía.
Mientras su GPS interior se enfoca en lo que habrá de venir, alrededor siguen apareciendo notas, reseñas, salutaciones varias. La visibilidad de Brunella se intensificó. Los medios se interesan en ella, demandando su parte. En redes, prima la velocidad, todo el mundo dice algo.
“Es un montón”, comenta, repasando el derrotero de 2021.
Entre cámaras, flashes, agite, invitaciones y propuestas Brunella prefiere apelar a la mesura: “Es de a poco”.
La concreción de sus proyectos depende de una energía saludable que esté canalizada en lo creativo. Es fundamental tener claro el norte.
“Los elogios me incomodan, tengo que aprender a recibirlos”, cuenta. “Me gustan, no te voy a decir que no. Significan que hay una buena recepción, pero también tengo que ser cuidadosa”.
En su prudencia Brunella necesita caminar paso a paso, sin saltar escalones que la depositen en instancias de incomodidad. Con la cabeza fértil y el corazón abierto, es permeable a las oportunidades que puedan llegar de manera inesperada. No obstante, los detalles siempre son importantes. A veces los movimientos grandes esconden letras chicas que son un grillete. Mejor no lamentarse. Ya lo canta en «Cuesta arriba»: “no gana el que corre, sino el que con paz camina”.

Detrás de los movimientos de los últimos tiempos se advierte una bajada explícita: no me encasilles. No tiene interés en ser un acto unidimensional que pueda ser taggeado fácilmente ante la demanda marketinera. Está aquí para hacer ella misma. No es la continuación de algún fuego pasado. Muchos menos la novedad de temporada de la tiendita de moda.
Durante mucho tiempo padeció mostrándose como realmente es. Ahora tiene en claro que ahí radica su fortaleza. Ya no tiene que darle explicaciones a nadie, excepto, quizás, a sus camaradas de banda y a su perra, La Mechi, para coordinar bien sus horarios para salir a pasear.
“Hoy soy yo misma. Transparente”, afirma.
En mi música proyecto lo que quiero ser, también lo que vivo”, confía. Esa declaración tiene dos partes para desgranar. Brunella ya está siendo lo que quiere ser, está bien encaminada. Por primera vez tiene un equipo que la abraza, con el que se siente segura de construir. Su proyección tiene un basamento real, se siente más tangible porque tiene una crew a la cual abrazar, con quien reírse, llorar o fumar. Lo que pinte.
El presente tiene una energía floreciente. El pasado dejó algunas lecciones considerables.
Salvarme es una bitácora de su caída en días oscuros. Años duros de depresión, soledad, fuego, resiliencia, resurgimiento y sublimación en partes iguales, pero dosificadas entre rimas, estribillos y cadencias.
La producción de Gonzalo Ferreyra de Cocodrilo P&B es astuta y contemplativa, logrando luminosidad en los remansos espirituales que transita Brunella en sus canciones. El rango vocal de la cantante es explotado con acierto, bajando lo suficiente para entregar jadeos rotos, soltarse en armonizaciones o fraseos cancheros y hasta subiendo hasta estallar en puro poder.
«Cuesta arriba», por su parte, ataca con rimas sobre amistad, familia y resistencia. Brunella abraza la inmersión en el rap con autoridad para luego meter un quiebre con un estribillo mellow donde, otra vez, vuelve a demostrar un rango vocal de cuidado.
El periodo 2020-21 estuvo plagado de sorpresas y producciones para la cantante. Entre tanto, hubo un aspecto fundamental: el año pasado empezó a demostrar un dominio sobre su voz, alcanzado otro plano.
En 2019 empezó a tomar clases de canto. Aprendió a respirar, descubrió su registro -una voz de 3 octavas-, entendió cada secreto de su herramienta natural. A partir de allí el panorama se abrió con mayor claridad, permitiéndole un campo expresivo lleno de matices.
Brunella tiene un pie en el neo soul y en la canción mientras maneja cadencias de R&B y puede mechar rimas. Definirse no le interesa. «High as fuck» es un rock de enraizado blusero muy lascivo donde cualquier cosa puede pasar de repente: rockear, coger, pudrirla. «La flor» es un sencillo radial para cantar.  «Requiem» es drama, intensidad épica.
Sobre el escenario, su actitud tan desinhibida como decidida, tiene una impronta energética envolvente. Con la banda a sus espaldas, puede darse a la espontaneidad, siempre están ahí armando y tirando paredes.
Si lo desea puede sostener un recital por sí sola con algún otro instrumento. Su paso por La Popular tuvo mucho de ese magnetismo intimista despojado. En D7, se tomó unos diez minutos con guitarra y voz, creando una burbuja púrpura expresiva. Otra gran instancia de sus recitales con la banda son las versiones de «En la nube» junto a Valentina Solé en guitarra: ambas hacen del susurro algo magnético. Aquí reside algo paradójico de Brunella: cuando más baja con su voz a los tonos graves más elevado se vuelve todo.

Brunella deseó por mucho tiempo un equipo de trabajo profesional y comprometido con su arte. Quería una junta buena, de amor sincero. No le interesan las compañías falsas. Quiere rodearse de gente genuina.
Cuando quiere que algo suceda, lo escribe. Puede ser en algún papel o en las notas del celular. Baja su deseo a palabras como atándolas hasta manifestarse en la realidad. Después ocurren.
Hoy su banda está integrada por Lautaro Suárez en bajo, Valen Solé en guitarra, Jonás Barros en batería y Juli Micheletti en teclados. En comunión vienen tocando con precisión, dejándose llevar por detalles frescos a medida que avanzan las fechas. Sin dormirse en los laureles, cada ocasión en vivo es diferente. Para la fecha en D7, por ejemplo, también fue de la partida la vocalista Victoria El Ritmo.
Puede delegar, dice. Ante una mirada que repregunta sin redundancia de palabras, aclara: “puedo delegar…si confío”. Esa nota es representativa del buen momento que atraviesa en la primavera de 2021. En su banda confía al ciento por ciento. En sus amichas confía al ciento por ciento, siempre estuvieron allí. Podemos afirmar que tiene confianza en el futuro porque cree en las personas que la rodean.
Actualmente está trabajando con tres amigos: el antes mencionado Suárez (Indicö) de Rosario y con dos productores de Buenos Aires, Jony AKA One Sound y Roger Delahaye AKA Poltamento.
Para 2022 hay planes que se irán revelando a su debido tiempo. Por lo pronto, el viernes 19 de noviembre se publica «Mi poción», sencillo cocinado por la dupla de productores que llega acompañado de un clip dirigido por Ariel Camuratti.

Inquieta, prueba cosas. No quiere aburrirse. Tiene claro que está tocando con un ritmo intenso en un periodo de tiempo relativamente corto para los parámetros de Rosario. Considerando el esfuerzo del público que la acompaña de manera fiel, siempre hay algún detalle que agregar, otra sorpresa para cultivar con reserva.
Tampoco se le escapa el privilegio de meter presentación tras presentación en un contexto espinoso donde la disponibilidad de salas es un privilegio reservado para pocos. Lo sabe porque observa, porque para la oreja, porque camina constantemente el circuito.
Habla con admiración sincera acerca de colegas de diferentes sonoridades. A Gladyson Panther lo destaca como performer. Ella es música, pero quiere ser performer, cuenta.
La música compleja le encanta. La música clásica le da placer. Amó a Prima Limón en Plataforma Lavardén, especialmente los pasajes instrumentales en los que Julia Capoduro se zambulló en su guitarra y arsenal de pedales para generar un microclima ambient de vuelo profundo. “Verla metida en su instrumento y haciendo algo re nerd fue re lindo. Es re ñoña y le chupa un huevo el otro, eso me encanta. Habría que potenciar más a la gente así”.
En la misma palestra estética, últimamente anda maravillada con Juana Molina. La estudia con fascinación, escuchando sus discos, observando cualquier cápsula audiovisual que se cruce en Internet. La semana pasada estuvo firme en la visita de Juana a nuestra ciudad. Como le pasó con Capoduro, salió emocionada.
“Es gente que tiene un potencial enorme. Las ves enfocadas en su nerdismo y sabés que puede explotar para cualquier lado. Son artistas que no tienen limitaciones. Eso me maravilla”, apunta. Lo que Brunella admira de espíritus como Capoduro y Molina es que están corridas del ego, del mercado, de la vanidad, para enfocarse en su exploración artística. Con esa admiración, entendiendo las diferencias, espera algún día poder entregarse de la misma manera.
“Yo no sé tocar nada, sé expresarme. Uso la guitarra, pero no sé tocarla. Nunca diría que estoy haciendo música, más bien, estoy expresando mi sentir”.
“Le agarré el gustito a expresarme mediante la música”. Más que una declaración es una forma de ubicarse -y encontrarse- en el mundo: La música como medida de todo.
“El verdadero poder de cualquier artista radica en poder expresar lo que siente”, comenta casi cerrando.
Tiene claro que a las fauces de la depresión no vuelve. “Antes de eso voy a vomitarlo todo en algún tema”, confía.
Brunella aprendió a bailar con sus demonios. Sabe medirlos, tiene la capacidad de reflejarlos.
La vida no ofrece ninguna seguridad, pero está preparada para lo que habrá de venir.
Al igual que el Fénix, ella también se levantó de las cenizas una vez y podrá volver a hacerlo. Vistiendo nada más que su fuerza, más jefa que nunca.

 

Por Lucas Canalda y Flor Carrera

 

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