INDIE PUESTA EN BRODA – EXCLUSIVO DE RAPTO

El estreno este domingo a las 22hs por YouTube.
A continuación una entrevista + un preview exclusivo.

Indie Puesta, Indie J, Julieta o Jule, llamalx como quieras. En los últimos años viene capturando la atención de un pequeño pero atento público que encuentra en su música una frescura que sintoniza con una era de diversidad en que los paradigmas estáticos vienen tambaleando, dando paso a libertades sin necesidad de clasificaciones e identidades que indagan en la espontaneidad y la sensibilidad. Por supuesto, su propuesta incluye importantes dosis de adrenalina, proponiendo movimiento, agite y diversión.
La sesión BRODA que estrena este domingo tiene especial relevancia por tres puntos específicos:
1- Es la primera grabación de un artista de Buenos Aires que llega al ciclo producido por Nymbus, Fango Films y Mariscal Media.
2- Hace su presentación oficial la nueva house band integrada por Sofía Pasquinelli en guitarra, Martín Valci en bajo, Jair Antonelli en batería y Coti Sheridan en teclados.
3- Indie J presenta un repertorio que tiene significado especial; una música que ayudó a reparar parte del malestar del tiempo que atravesamos.
La verdad es que la experiencia BRODA me devolvió un poco la confianza en el amor y el arte”, cuenta Jule. “Me sentí muy cuidada por la producción. En estos momentos de tanta incertidumbre que alguien venga con un plan tan hermoso y te haga parte de esa energía me hizo bien”, señala.
En su opinión, la química lograda desde BRODA es “un claro ejemplo de que unirse con personas para crear sana el corazón”.
La buena onda y profesionalismo entre Jule y la house band se manifestó desde el primer ensayo. “Llegué a Rosario sin entender nada. Al toque sentía que era donde tenía que estar y que estaba acompañada por la gente que necesitaba sin saberlo” comenta en la previa al estreno de su sesión.
“Lo escribo y me emociono de verdad que la pase excelente. Con respecto a lo audiovisual estoy impresionada, manejan la calidad con la que se sueña, esos sueños que son lúcidos”, comparte la protagonista del tercer episodio de la cuarta temporada.

Al momento de referirse a la música que preparó especialmente para BRODA, echa luz sobre una situación personal que atravesó recientemente. “Preparé tres canciones para sanar el maltrato que recibí a fines de 2020” confía a RAPTO.
“Fue muy fuerte llevar a cabo todo eso, fue un proceso de mucha incertidumbre antes de empezar a tocar. Después entendí que era una buena manera de seguir adelante, enfrentando los sentimientos en compañía”.
“Antes de empezar el primer ensayo le comenté a la banda lo que me pasó”, cuenta con sinceridad. “Es re loco entrar en ese campo de emociones con gente tan grosa y con tanto amor”. 

NUNCA QUIETA
SIEMPRE INQUIETA

Al repasar la trayectoria de Jule en los últimos años es imposible encontrar una línea trazada por la obviedad de un movimiento predecible. Tanto estética como espiritualmente, su movimiento es un zigzagueo constante, el camino propio de una persona que se brinda sus inquietudes, probando sin temerle a casi nada. Ese movimiento sincopado está fortalecido por la perseverancia personal, pero también con buena gente que supo acompañar, estimulando, potenciando y, muy importante, conteniendo.
La formalidad de una carrera previsible nunca fue prioridad para Indie J. De haberse avocado a pensar una serie de movimientos llenos de golpes de efecto probablemente su visibilidad sería otra, estando en otro nivel de la industria musical (o de entretenimiento). Sin embargo, intentar algo así sobre una identidad tan curiosa sería casi como condenarla a una muerte lenta.
Al revisar su perfil en Spotify se encuentra con tres palabras que son un manifiesto más que una descripción: MÚSICA SIN GÉNERO. Si algo caracteriza cada iniciativa que se conozca del proyecto Indie J es que nunca jamás quiso quedar quedar pegada a nada que la pueda etiquetar o definir de manera sencilla.
Musicalmente, siempre se decanta por aquello que la entusiasma, lo que estimula su curiosidad.  Estéticamente, siempre gambetea lo obvio, entre algo que se ubica entre lo performático y un fuck off, no voy a ser tu muñeca cantante.
En sociedad con el productor Joa Wav, Indie J se adentró en sonoridades de trap, urbano, electropop y cierto influjo minimal. Sin tiempo que perder, cada vez que encontraba cierta seguridad, se movía hacia otro lado. Esa gambeta constante se transformaría en su mayor característica con el paso de los años.
La pregunta es: ¿Correrse de lo esperado es una decisión consciente o se trata, simplemente, de hacer sin pensar demasiado?
“Siempre fui muy disruptive, cuando empecé a adolecer mis viejes no me podían poner un límite”, recuerda. “En parte, creo que esa personalidad late fuerte en todo mi arte. De niña nunca pude encajar. En ningún grupo del primario, siempre fui como sapo de otro pozo y me relacionaba con apenas dos o tres niñes más. Me divertía mucho armando historias y jugando sola”, comparte con RAPTO.  “Creo que eso me dio cierta soltura para crear otra dimensión, algo de donde sí me sintiera parte”.
“Musicalmente sale inconsciente. Ya que es parte de quien soy y cómo fluyo cuando creo”, observa sobre su proceso creativo.
“No pienso mucho lo que estoy haciendo, la verdad. Dejo que el canal me traiga las ideas y después me voy dando cuenta de que todo tiene una correlatividad. Cada melodía, cada frase, a veces se antepone a lo que va a pasar, a veces está bueno y otras es como una maldición”, cuenta.
Finalmente, reflexiona: “Hoy por hoy, con mi personalidad ya reconocida, admito que siempre  voy a intentar hacer algo diferente”.

En cualquiera de los frentes expresivos que maneja Indie J queda claro algo desde el vamos: no le caben las definiciones; rehúsa todo tipo de etiquetas; rechaza todo tipo de géneros. Eso se aplica a su producción artística así como también en el resto de la vida.
Desde hace tiempo que su búsqueda intenta correrse del manual de instrucciones básico que propone el sistema CIS desde la cuna.
“No me van los géneros porque el sistema binario se cae de maduro”, dispara. “Siempre me di cuenta de lo enferma que está la sociedad y cómo nos amasan la cabeza con la cultura”, señala.
“Desde que sos chiquite hay un mandato de cómo ser” observa. “A veces pienso que hay mucha gente que lee un manual y repiten todes las mismas acciones. Yo también, no estoy exente de nada. Me asusta en parte también eso pero siempre está bueno mirar en retrospectiva para ver qué se puede mejorar”. 

NO SÓLO ES MÚSICA

Para Jule, el proyecto Indie J no se trata únicamente de música: la apuesta alcanza la performance, buscando expresar otros sentimientos que alberga en su entripado y que sí o sí tienen que salir. A veces salen canciones furiosas o la necesidad de un ritmo que baile hasta apagar los demonios; en ocasiones, no queda más que poner a gritar a todx el cuerpx.
Haber llegado a ese punto preciso donde Jule entiende su mecanismo interno (tanto el hacer como el sentir) viene de un proceso que demandó años y comprensión tanto interna como exterior.
“Indie J era yo, identifica una parte de mi vida, una vida llena de hombres que te dicen qué hacer y cómo hacerlo, y cómo fui logrando hacer lo que quería con toda esa expectativa aplastandome encima”.
¿Cómo logró sobrevivir a esa expectativa y salir airosa para contarla? Ella lo pone en detalles: “con mucha fuerza y compañía de Joa Wav. La performance soy yo, es mi personalidad, no puedo evitarlo, quizá suena un poco exagerado y obvio que quizás no estoy todo el día efervescente pero… siempre con mucha actitud hasta para lavar los platos. Para caminar en la calle cantando a los gritos. Cualquier lugar donde me pueda expresar sintiéndome libre voy a dar todo de mi”.
“No creo en el personaje austero y engreído, en que la perfo sea solo de gente antipática, creo en el amor y que expresándole a las personas les llega más profundo, quizás llega a menos personas, pero quienes logran verse fluir instantáneamente se genera un lazo”, comenta antes de pasar al siguiente tema.
Sobre su relación con Joa Wav, productor y colaborador cercano más fructífero, Jule cuenta que es su hermano de la vida. “Siempre me acompañó para seguir adelante frente a esas injusticias mencionadas”, confía.   

Jule dejó constancia de su perfil artístico desde temprano en su infancia. La inclinación natural por expresarse inundó el hogar familiar, a veces, sorprendiendo y dejando anécdotas que anunciaban el futuro por venir.
Un episodio en particular logró trascender del ámbito familiar: de acuerdo a una especie de CV extraoficial, su primer recital ocurrió cuando tenía apenas cinco años, haciendo canciones con un idioma inventado íntegramente por ella misma. “¡Ése recital de niña!”, exclama ahora, divertida. “Cómo me gustaría tener material fílmico de eso”, cuenta antes de adentrarse en los recuerdos que persisten: “tenía 5 años y mi papá iba a tocar en un museo hermoso con un piano de cola, yo le dije que quería cantar y me propuso inventar una canción. Me gustaban mucho las canciones en inglés y quería imitar sonoramente eso, así que practicamos un par de veces en casa. Me acuerdo que escribí algo como El diccionario de mi idioma. Cuando me subí al escenario la pasé re bien. Me sentía segura y confiada de que mi idioma se entendía”.
La relación musical de la niña Julieta empezó desde la cuna. Su padre, Pablo Sanguinetti, brilla desde el piano y la composición. “Para mí, el mejor pianista de jazz”, dice entusiasmada.
Todavía en la senda de los recuerdos, cuenta que siempre lo vio estudiante y creando cosas nuevas, buscando con minuciosidad aquello que identificaba sus emociones.
En ese sentido, señala que “siempre estuve sorprendida de mi padre como persona, también. Una sensibilidad desde el alma hasta el uso de la razón. Mi mamá, también”.
“Estoy muy agradecida de que me acepten como soy y todas las herramientas que me dieron para poder hacer lo que me gusta”, comparte con sinceridad.
La familia cumplió un rol fundamental en sus lazos íntimos con la música. Más tarde, ya casi en las puertas de la adolescencia, su relación con la música fue alcanzando otro nivel cuando, junto a su primo Tomas Sanguinetti, formaron su primera banda con solo 12 años. El grupo se llamaba Fluorescencia.
Repasando su camino musical, Jule también destaca a Fausto Aguirre. “Gran músico y compositor que con sus miles de canciones me impulsaba  a hacer las mías, a tener bandas, a que salga a tocar”, comenta. “Ver a alguien tan cercano hacer algo que te gusta, hace que actives”, agrega sobre esos tiempos formativos.

TRANSPARENCIA

Por encima de su constante estado evolutivo, las canciones de Indie J entrañan diferentes formas de sorprender. La sonoridad, en primer lugar. Prestando una atención especial a lo que presentan las palabras, en ocasiones, Jule evidencia una fragilidad muy a flor de piel. De eso se trata a veces: de poder curarse mediante la música. Algo de eso se encuentra en su sesión de BRODA.
Esas canciones de sensibilidad algo desnuda, son algo más que una exposición: pareciera que esa fragilidad la vuelve más fuerte a medida que logra sublimar la angustia.
¿Son las canciones la mejor forma de lidiar con el dolor? En ocasiones, sin dudas. Sin embargo, siempre hay excepciones: “el dolor es parte de un todo. Siempre compuse cuando estaba triste, es verdad. Quizás así es como fui llevando todo este tiempo las cosas que me pasaban, hasta que también pasaron mientras hacía música”.
“También es algo cultural”, comparte buscando una respuesta a la pregunta. “Solo poder escribir cuando estás triste y te pasaron cosas, o la necesidad de sufrimiento para poder expresar tu arte, es muy cliché”.
“Hoy por hoy creo que la felicidad también se puede expresar a flor de piel. Al ser tan fácil contagiar emociones, ¿por qué no contagiar amor y alegría? Siempre desde el lado de la conciencia, tampoco voy a decir que está todo bien cuando hay millones de cosas que tienen que cambiar”.

Por Lucas Canalda & Ph Ferarte

 

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