QUIZ RAPTILIANO #41: FLOPA LESTANI

Quiz >  Cuestionario raptiliano para indagar en figuras de la cultura desde una óptica diferente.
Diez preguntas universales sobre el tiempo que habitamos + un puñado de interrogantes extras sobre su campo de acción.
Ilustraciones > Sebastián Sala

Flopa Lestani es cantante, música y compositora. A los 15 años integró su primera banda llamada Su Real Orden, y luego el power trío Mata Violeta, como bajista. A mediados de los 90’ comienza a componer canciones y forma el grupo Barro.
A partir de 2000 comienza a presentarse como solista y en formato acústico. En solitario publicó los discos Dulce Fuerte Grave (2004), Emoción Homicida (2007) y 5 finales para el mismo cuento (2018).
Fue parte de las bandas de Pablo Krantz como bajista y de Francisco Bochatón como guitarrista. En 2002 conforma el trío Flopa Manza Minimal, junto con Ariel Minimal y Mariano “Manza” Esaín, editando el disco homónimo en 2003. Junto a Ariel Minimal en un disco conjunto llamado La piedra en el aire, en 2012.
En 2015 recibió el Premio Konex como Solista Femenina de Rock.


¿Cuál es tu humor por las mañanas?

En general, muy bueno. Pero hago todo lento cuando me despierto, no me pidas celeridad dentro de las dos primeras horas.

¿Cuál fue tu primer trabajo? ¿Aprendiste algo valioso?

El primero de todos fue de volantera, repartía horarios escolares para una librería a la salida de las escuelas. A los 18 empecé a trabajar en una oficina de PAMI, ocho horas de lunes a viernes. Ahí aprendí a valorar mi tiempo, la utilidad del dinero propio y la desidia que adquieren con el tiempo lxs empleadxs estatales.

¿Quién es tu héroe/heroína? ¿Por qué?

Mis hermanxs, sin duda. Han traído 7 hijxs al mundo y les han criado maravillosamente. Eso me parece heroico.

¿Qué experiencia fue decisiva para que decidieras dedicarte a la música?

La música siempre estuvo ahí para mí. Cuando era chica veía un instrumento y era magnetismo puro, tenía que hacerlo sonar aunque no tuviera idea de cómo se hacía. En algún momento de la infancia entendí que la música que escuchaba en casets o en la radio no era magia que salía del aparato sino que era hecha por alguien, lxs músicos. A partir de ahí la raqueta pasó a ser guitarra, y las paletas de madera que usábamos en la playa tenían dibujada una guitarra eléctrica con marcadores de colores, mientras que en la ducha cantaba a Nino Bravo a los gritos. Después empecé a escuchar a los Cure y a los Smiths y enloquecí, así que para la navidad del ’86 pedí un bajo, y vino. Nunca lo pensé como una carrera, simplemente hiciera lo que hiciera siempre le dediqué más a la música, no podía evitarlo. En 2002 me escapaba por horas de la empresa donde laburaba para ir a grabar el disco del trío Flopa Manza Minimal, y me angustiaba tanto cuando tenía que volver que no aguanté más. Antes de que me echen, agarré unos dineros que me ofrecieron y decidí nunca más laburar en una oficina. Ahí empecé mi carrera de pobre, jajaja.

¿En alguna ocasión te sentiste abrumadx por las redes sociales? ¿Por qué?

Sí, casi todo el tiempo. Me parece de las mejores herramientas peor utilizadas de la humanidad luego de la energía atómica.

¿Qué te preocupa acerca del futuro inmediato?

Pagar las cuentas, el precio del morfi… la sociedad polarizada y la proliferación de la derecha, acá y en el mundo.

¿Qué tipo de placer culposo disfrutás a escondidas?

Supongo que dormir. Y no es que me esconda, simplemente no me ando durmiendo por ahí.

¿Cuán importante es el ocio en tu vida cotidiana? ¿Es imprescindible?

El ocio tiene muy mala fama y para mí es lo más. Es un componente fundamental de la felicidad y a la vez es el amigo complementario de la concentración. El ritmo de vida actual nos lleva a estar todo el tiempo activos y produciendo, hasta alienarnos. ¿De qué sirve estar al palo todo el año y descansar sólo dos semanas en el verano? ¿Quién puede ser feliz así? Fijate los ánimos de la gente en noviembre/diciembre, no dan más. Los momentos de ocio siempre, tarde o temprano, decantan en alguna buena idea. Hay que dejar vagar un poco la mente.

¿Cuál es tu límite con el consumo irónico?

Es más bajo que el permitido para la alcoholemia. Para basura ya consumo coca-cola.

¿Cuáles fueron tus principales desafíos de composición y cómo fueron cambiando con el tiempo?

Yo soy autodidacta así que siempre mi desafío es manejarme dentro de mis propias limitaciones, y manejar la “frustración” de hacer lo que puedo y no lo que quiero, que es siempre un ideal inalcanzable en mi cabeza. Una vez que entendí ese mecanismo choto que tengo para la vida se me hizo más fácil componer.
Mis primeras canciones eran unas deformidades importantes porque buscaba ser original, sin saber un carajo de música, la verdad. No quería copiar ni parecerme a nada. Como concepto eso puede estar muy bien, como práctica es un gran error conceptual.
Con el tiempo de hacer y hacer y tocar con otra gente entendí que de algo hay que agarrarse: una idea, un sonido, una frase, un estilo, otra canción, algo. Luego en el tiempo probé básicamente dos modos: el de querer decir algo y buscar el cómo, y el de hacer sin saber qué quiero decir y ver a dónde me lleva, y así hasta el día de hoy. Yo sé que puedo armar una canción, así de puro oficio, juntar unos cuantos acordes y meterle una letra cualquiera. Hoy por hoy eso me aburre, y por eso compongo poco.

Para la mayoría de los artistas, desarrollar una voz propia va precedida primero de una fase de aprendizaje y, a menudo, de emular a otros. ¿Cómo fue esto para vos? ¿Cómo describirías tu propio desarrollo como artista y la transición hacia tu propia voz?

Empecé a lo punk, tocando cuatro notas con unas letras ho-rri-bles y muy mal cantadas. Hice fácil 30 o 40 canciones que nunca nadie escuchó hasta que me animé a mostrar una, que tampoco era gran cosa. Más de grande empecé a sacar temas de otros y jugarla un poco más de intérprete. Ahí me di cuenta de dos cosas: que musicalmente es súper enriquecedor porque pasas por tus manos esas estructuras, que luego podés seguir al pie o romperlas como quieras; y la otra es que no puedo interpretar cualquier cosa, necesito poder apropiarme lo que voy a cantar, pasarlo por el cuerpo.
Me pasó una vez que fui a una profesora de canto (no duré mucho) y de pronto me encontré cantando standards de jazz. Me llevaba un caset con la clase grabada a casa y cuando lo ponía… ¡cantaba otra persona! porque esa no era mi voz, podía ser la de cualquiera, yo misma no me reconocía. Me re sorprendió, pero no me cabió. Con las letras pasa un poco lo mismo. El decir se pule con tiempo y trabajo, pero sobre todo hay que tener algo para decir.

El arte puede ser un propósito en sí mismo, pero también puede influir directamente en nuestra vida cotidiana, asumir un papel social y político y generar un mayor compromiso. ¿En lo personal tuviste alguna influencia así?

Debo tener influencias muchas, de Morrissey a Silvio Rodríguez. No siento que algún artista me haya convencido alguna vez de dejar de comer asado o hacer la revolución por lo que profesaban sus letras, pero al menos me lo han hecho pensar y de alguna manera lograron emocionarme, y sigo sin saber bien por qué. ¿Afinidad estética? ¿Intuición? ¿Identificación? ¿Por qué me gusta Escher y no la pintura renacentista?
El arte para mí es un misterio. Cómo la expresión de alguien a través de su autorrealización es capaz de tocar fibras desconocidas en otras personas. Lo más maravilloso que tiene el arte es que es contagioso.

Durante 2020, el primer año de la pandemia que estamos atravesando, hiciste el ciclo Desconciertos de Domingo. Una maravilla que arrancó de manera tímida y lentamente fue convirtiéndose en un espacio de encuentro que permitía oxigenar tanta incertidumbre, tanto para el público como para vos.
En el ciclo siempre te comunicaste con franqueza sobre la situación que atravesaban lxs artistxs y también situaciones de complicidad (consejos sobre el plomero, etc). Lo que noté es que lograste un vínculo muy sincero y regular con el público, quizás hasta mostrándote de otra forma. Arriesgo a decir que quienes lo seguimos de cerca desarrollamos otra cercanía como vos. Siempre fuiste auténtica, pero dejaste ver algo más cada semana.
¿Cuánto de catártico tuvo ese ciclo?

La catársis es algo más bestial me parece, en el sentido de que te aflojas y sale todo de golpe. Esto de los desconciertos fue más bien a cuenta gotas, domingo a domingo, según el humor de la semana. Fueron 36 domingos consecutivos durante ocho meses, así que mi ánimo, al igual que el de les oyentes paseó por todos los estados posibles. El chiste comenzó porque desde 2019 venía haciendo un ciclo de conciertos acústicos en una sala totalmente a oscuras. Alucinante todo lo que pasó ahí, es una experiencia increíble tocar y cantar a oscuras. Al decretarse la cuarentena tuve que suspender un par de esos conciertos a principios de abril, así que se me ocurrió hacerlos por streaming, y como el ciclo se llamaba “nada que ver” encontré una plataforma para hacerlo sólo en formato audio de muy buena calidad. En principio eran dos emisiones, pero ya tenía pago todo el mes, así que hice un par más y como la gente seguía entrando y sumándose -y yo la verdad no tenía nada mejor que hacer- seguí todo el invierno y hasta noviembre. Y lo que se generó con el público fue algo hermoso e impensado para mí, lograr esa cercanía estando cada unx en su casa compartiendo esos momentos de incertidumbre y desconcierto generalizado. Y ni hablar que ese fue mi sustento económico el año pasado, cada unx colaborando con lo podía. Un acto de amor ida y vuelta.

¿Te gusta mostrarte de manera completa a través de tus canciones? Yo siento que siempre fuiste genuina y honesta en tus canciones, pero preferís ficcionalizar o ser una buena narradora para no caer en lo autorreferencial.

Aunque una quisiera brindarse completa no hay manera de hacer tal cosa, metafísicamente hablando. Genuina y honesta puede ser, pero completa, jamás. ¿Qué le queda por rumiar a quien escucha si no? Además, más allá de mis afectos ¿a quién carajo le importa lo que a mí me pasa, no? Lo lindo en las canciones es reconocer una huella por la que podés deambular como en un territorio semi-desconocido, donde hay un margen para el misterio y la curiosidad, y dé lugar a una apropiación de sentido por parte de quien escucha. Salvo que seas adolescente y necesites que una canción te diga cómo te sentís y qué te gusta y qué no… que todxs estuvimos ahí también.

Vos supiste alternar tiempos de discos acústicos con etapas de rock potente junto a una banda entregándolo todo en vivo. Manejando esos climas con comodidad, siempre volviste a tu faceta más tranka. ¿Por qué preferís mantenerte allí? ¿La entrega a ese rock intenso demanda mucha energía o es que, al final, son etapas que no pueden prolongarse porque termina perdiendo la intensidad y se vuelve un ejercicio de repetición?

La instrumentación depende de cómo querés vestir a las canciones, al igual que cómo elegís la ropa que te ponés, en mi caso es algo anímico y funcional. Algunas son para solerito y sandalias, otras visten de negro, otras son jean y borcegos. Algunas canciones se bancan cualquier prenda, otras no tanto.
El tema con lo acústico en vivo es que me siento más en control de la situación que con una aplanadora sonando detrás. Puedo gritar o soltar un hilo de voz, y manejar esa dinámica desde mi propio cuerpo como algo más orgánico. Un tema técnico nunca resuelto (porque no tengo “in ears”, que es el monitoreo por auriculares) es que con la voz grave que tengo en cuanto empieza a sonar el bajo en una banda la voz se me pierde groso, y no soy el viejo McCartney, si no me escucho no puedo cantar bien.

¿Cómo te llevás con el proceso y la necesidad de grabar? Siento que vos serías feliz tocando con regularidad, llevando adelante tu música a través de fechas, salir a la ruta y compartir esa experiencia de cerca con el público. En una época Neil Young no paraba de girar y sacaba los discos de lo grabado en directo. ¿Te gusta esa idea que quizás sea algo romántica para nuestro país?

Grabar me gusta, pero me estresa muchísimo. Y eso que hacía Neil sería hermoso, sí. Para salir de gira con una banda hay que tener una estructura que muy pocos pueden bancar hoy día. Incluso para rodar con la guitarra muchas veces se hace muy cuesta arriba.

En tu camino como música encontramos varias colaboraciones ¿Qué papel juegan en tu enfoque creativo? ¿Las colaboraciones te ayudaron a encontrar otras perspectivas?

Siempre la interacción con otrxs proporciona puntos de vista distintos. Es un juego de proposiciones, una especie de luchita por imponer la idea más bella, o lo que mejor funciona. Eso es divertido. Se te ocurre algo, al otrx mucho no le gusta: “bueno, si eso no te gusta proponé algo mejor”, y eso te desafía. Así que es una escalada de ideas que van y vienen hasta que llegás a algo impensado que a nadie por sí sólo se le hubiera ocurrido.

 

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