EL EJERCICIO DE MEMORIA DE FEDE BARONIO

Fede Baronio presenta Recordar mañana, un disco necesario para abrazar las múltiples facetas que lo definieron como compositor y productor a través de los últimos quince años. Editado por Plasma, su nuevo trabajo plantea interrogantes ante un futuro inminente e intimidante.

 

Recordar mañana es el cuarto disco de Fede Baronio, compositor y productor. El trabajo de ocho canciones llegó a finales de marzo a través del sello independiente Plasma y cuenta con participaciones estelares de Gabriel Schubert, Beresi, Tomás Boasso, Juliana Camelli (K-ME) y Jeremy Flagelo, entre otrxs. También se incluye la participación de Rita Baronio Santi, hija de Fede, en «Núcleo Accumbens», una canción de tintes dadaístas que se cuenta entre lo mejor de la novedad.
De acuerdo al comunicado que acompaña al lanzamiento, se trata de “un disco contra la desesperación, que intenta alivianar la oscuridad de estos tiempos (…) quiere imaginar futuro, una posteridad; hay una clara y sutil conciencia de la transitoriedad de la que estamos hechos y es esa conciencia, como un regalo, abre un canal creativo de manifestación”.
Recordar mañana fue producido por Baronio en el estudio Tres Cuartitos y grabado en La Siesta del Fauno (CABA) por Pablo Gil y Jeremy Flagelo. Las voces fueron registradas por Franco Mascotti, quien también estuvo a cargo del masterizado.

Antes de referirnos a Recordar mañana se hace necesario repasar el perfil de Baronio con el correr de los años.
Sus esfuerzos cohabitan una zona común entre las movidas del indie y la electrónica.  Conoce de cerca tanto la canción despojada como el poderío infinito de los sintetizadores. Una década atrás Baronio engendró proyectos como el electro pop de tintes oscuros de Shine y más tarde La Orquesta Infinita, una apuesta musical colectiva integrada por músicos de diversos estilos como el glam, folk, blues, pop o grunge.
Tiene publicados dos EP titulados Espejo (2018) y Vientre (2019), además de tres larga duración como Descompositor (2016), Perdido en el espacio interior (2022)  y Rey Viento (2013).
Baronio siempre fue una figura en las sombras; un hacedor bien corrido de las luces principales; produciendo de manera formal o no tanto, ayudando o metiendo mano solo por manija; siendo coautor inesperado, en circunstancias de espontaneidad que lo tenían involucrado sin ser demasiado consciente. Esos movimientos fueron la decisión de alguien desconfiado de los tiempos de producción que demanda el paradigma actual. Además, esa distancia expresaba, para quien quisiera notarlo, cierta reticencia para transitar de lleno el circuito independiente rosarino.
Más allá de su perfil bajo, con el correr de los años logró una influencia que puede hallarse en artistas como Tomás Boasso, Juan Manuel Robles (Gay Gay Guys, Los Robles), Martín Miguez (Jimmy Club, Imaginario) y también en proyectos de synthwave como Automatón y Kif 4 Kroker. Finalmente, es parte fundamental del desarrollo del sello Plasma y de la reinvención estética de su compañera creativa Mercedes Ianniello. Se trata de artistas de tres generaciones distintas, lo que ejemplifica la amplitud del rango de Baronio para conectarse con los demás, pero también para irradiar propuestas de diversidad estética.
Con el correr de los años cada proyecto de Baronio supo disfrutar de la virtud de ser diferente, gozando, para bien o para mal, de una búsqueda singular e inconformista. Obviando el facilismo y las campañas de popularidad de likes, conteo de reproducciones y efectismo baitero, supo sostener ideas e ideales sin ceder a la vanidad.
Con Recordar mañana Baronio da un paso al frente, presentando lo mejor de sí, decidiendo apropiarse de su trayectoria, su nombre y su amplitud como compositor, productor, cantante  y diseñador sonoro. Es un acá estoy tan sutil como valiente. Asimismo, es un gesto largamente esperado.
Del movimiento del otrora director de La Orquesta Infinita se debe destacar dos puntos:
-Su apuesta llega en una contemporaneidad caracterizada por una amnesia sintomática que ignora su pasado, ningunea los aprendizajes de la historia y hace caso omiso a las amenazas de un -inminente- futuro hostil. En ese sentido, podría afirmarse que Recordar mañana es un ejercicio de memoria en clave creativa y lúdica.
-Baronio presenta un disco donde demuestra que su vulnerabilidad lo vuelve poderoso. Recordar mañana es, ante todo, el diario de resiliencia de alguien que está de pie gracias los aprendizajes y las certezas cosechadas cuando la tormenta se terminó.

Durante 31 minutos queda claro que Baronio toma decisiones de su rumbo. Tiene la firmeza para mostrarse. Para comunicar lecciones y decepciones.
Su objetivo detrás de esas decisiones, es comprender el rol que le toca en el presente. Entiende que como artista crea significado. Su objetivo es darle significado a este presente. No es necesario que sea musicalmente perfecto para tener significado.
Hacer música es una de las formas primigenias en la creación de significado. Baronio, a su manera, vuelve a la raíz de todo. Entiende que, básicamente, es una criatura humana más. ¿Qué otra cosa puede hacer? La música lo espera. La música es su medio.
Recordar mañana debería llegar con una sugerencia de mayor disfrute cuando se escucha en buenos auriculares. Más que una cuestión de fidelidad (siempre bienvenida) se trata de un posible mapeo de apreciación de la construcción. Acá el equilibrio está dado entre el compositor de canciones y el productor que piensa en diseño de sonido y arreglos. Hay intros y outros a las que se debe volver; una buena cantidad de arreglos puente; un atrevimiento a jugarse por fuera del rol de cantante formal, entre estribillos, recitados y las ya mencionadas incursiones dada.
Con todo, de nuevo Baronio sale airoso con su humilde tradición: lograr otro disco con carácter propio; un trabajo diferente dentro del ecosistema de la ciudad y de la provincia. En un mundo que solo quiere encajar, lo suyo es meritorio.

Apenas pasaron veinte días desde la publicación del disco. Baronio, dado su estilo personal, se toma las cosas con calma. Al menos hacia afuera. En contacto con RAPTO, responde las preguntas en una jornada de contrastes: calma con tiempo para responder hasta que, finalmente, se activa la tarde en una sesión de trabajo que no parece final seguro. “Después le meto hasta tarde”, cuenta.

 -Considero que este disco, si bien el cuarto de tu carrera, es el primero donde das un paso al frente haciéndote cargo de todo lo que sos: compositor, productor, desarrollador de diseño de sonido, cantante.  Además, lo hiciste desde un lugar de mucha  vulnerabilidad, sin esconderte. 

Creo que hay mucho de lo que decís. Siento que este es mi primer disco real. Los anteriores fueron grandes aprendizajes. Desde ese lugar lo hice, quise escribir letras que hablen como yo hablo. No hay personaje. Soy yo diciendo esas cosas. Quiero poder cantarlas hasta que no pueda cantar más, y seguir sintiéndome representado. Quise poder llegar a otras personas con un mensaje, sin que suene como mesiánico. Ahí aparece la vulnerabilidad, allanando el espacio entre mí y el oyente. Somos iguales. Seas quien seas, somos iguales. Con matices, pero muy altamente similares. El mensaje contenido en este álbum me ayudó a mí a sobrellevar momentos de mucha angustia, soledad, enojo, y posterior recomposición de mi persona. Pienso que podría ser útil para quien esté ahí alguna vez.

– ¿Qué hay detrás de la decisión de mostrar una fortaleza desde la fragilidad? Pudiste haber elaborado una máscara, jugar a través de los personajes.  

Creo también que hay algo sanador en mostrarnos un poco más frágiles y vulnerables, en una era donde lxs artistas suelen proyectar mucha soberbia. Creo que no es un buen ejemplo mostrarse desde esa soberbia. Desconectarnos de nuestras emociones, fundamentalmente las tristezas o el enojo, nos está volviendo una sociedad sin apego y sin consideración por lxs demás. El arte tiene un poder muy grande, y creo que está bueno usarlo en positivo.

-Venís laburando desde hace unos veinte años, pero siempre mantuviste una presencia al lado del camino. Si bien activo, nunca te metiste de lleno en el torrente principal. Eso siempre lo percibí como que te gusta mantener un ritmo diferente para desarrollar, pero también porque sostenés cierta distancia de la escena en su conjunto.

Después de muchos años haciendo algo, terminás decantando en lo que podés y no podés hacer, y lo que querés y no querés hacer. No me considero un artista mainstream. Prefiero pensar que mi batalla es uno a uno. Me gusta no encajar, si eso significa hacerlo a mi manera o con mis ideales. Si hacerlo de ese modo deviene en algún tipo de éxito comercial, si existiera eso viviendo en Rosario 2024, entonces estoy listo para eso. Quiero conservar mi libertad de decir lo que quiero y como quiero.
También creo que el hecho de decidir no tocar mi repertorio en vivo me ha mantenido un poco lejos de la escena. Es por eso que tengo ganas de salir a tocar estos temas. Estoy ensayando para presentar el disco en vivo. Tocarlo un tiempo. Me gustaría compartir escenario con algunos colegas que respeto mucho, tener un contacto más directo con el público.

 –  Tenemos lecciones aprendidas, pero también interrogantes sobre  lo que habrá de venir. Ahí el padre y  el artista son uno solo. ¿Cómo funciona esa amalgama? 

Mi anhelo máximo en la vida es borrar todos los bordes que nos enclaustran. Me gusta pensar que el artista que vive en mí sale a diario a jugar cuando cocino, cuando tengo que resolver un problema, o cuando tengo que explicar la evolución a una niña de cinco años. Creo que el arte y la creatividad, el ingenio para llevar adelante los deseos, es lo mejor que puedo dejarle a mi hija como herencia. A lo que venga, me entrego con confianza, con certeza de que estoy dando todo de mi persona para que el futuro sea mejor.

– Si bien no estás chapeando con el calibre de las participaciones, es necesario destacar que hay tremendos talentos de varias ciudades.
¿Cómo fueron surgiendo alguna de esas colaboraciones?

En octubre de 2022 Juliana Camelli fue una de las personas que me activó al preguntarme si no pensaba volver a componer material propio. Hasta el momento, venía trabajando fuerte en músicas para otros proyectos. No es lo mismo cuando alguien te hace una pregunta que cuando vos mismo te lo preguntás. El otro que me hizo la misma pregunta fue David Bersany, con quien empecé a tener charlas cuasi terapéuticas de donde salió la letra de «Soez», y se gestaron otras ideas.
Tres meses después, con un puñado de midis y las letras, nos fuimos a grabar a La Siesta del Fauno. Pensé en Juliana y Brian Loughlin para que me acompañen a ese Disney de perillas que es dicho estudio. Ellos dos aportaron en varios temas líneas melódicas e ideas de cómo grabar los sintes que fueron fundamentales. En el estudio estaban trabajando -para nuestra fortuna- Jeremy Flagelo y Pablo Gil (Klauss), y un tercer operador llamado Billy. De forma colectiva improvisamos en dos pasadas sobre una secuencia de bajo, usando diez instrumentos. Eso es «Faro». Jeremy participó en varios temas tirando secuencias con sintes modulares, además de aportar data clave para los audios que grabamos.
Con Horacio Villa tuve la fortuna de mezclar su disco Ingenuo. Como pianista es excelso. Le mandé un demo de  «Vida nueva», me mandó teclas. Yo con todo eso hice una especie de collage.
Tomás (Boasso) me ayudó a editar las letras, desde una mirada poética y literaria. Yo quería que «Soez» comience con un recitado, por lo que automáticamente pensé en él para grabarlo.
Ale Beresi fue una persona que apareció fuertemente en mi espectro en estos últimos años. Nos conocimos tangiblemente cuando fuimos a Tucumán junto a Fede Leites en 2017. Desde ese momento, siento un gran respeto y admiración tanto por su trabajo como su sensibilidad artística. Lo invité a participar en «Núcleo Accumbens» en lo que le pinte. Su respuesta me sorprendió y me encantó: meter trompetas. Fue la primera vez que Rita, mi hija, grabó la voz de una canción. Y salió de una forma muy espontánea. Ella me pidió que le conectara un teclado y un micrófono para “hacer un tema”. La tiró de una, sin vacilar. La letra quedó grabada, solo tuve que insertarla.
Gabriel Schubert un día me dijo “quiero tocar en tu disco”. Le mandé el tema y le hizo unas magias cuyo método desconozco, pero aportaron textura y profundidad al tema.

Texto por Lucas Canalda / Fotografías por Andrés Defays

 

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