CÓMO CAMBIAR TU VIDA CON ANI BOOKX

Ani Bookx sobre las peripecias de hacer música, repensar el sistema de gestión cultural independiente y construir cambios reales para habitar una ciudad más justa.

1- La salida es entre todxs 

“Es necesario repensar todo” dice Ani Bookx como introducción a un encuentro que depara vértigo desde el comienzo.
En un miércoles de verano, atardece luego de una jornada colmada de humedad. Con la caída del sol llegó una lluvia ligera, pero refrescante. En el frente de Bon Scott, las mesas están vacías, apenas ocupadas por las macetas del bar. Uno de los árboles de la vereda ofrece refugio, posibilitando una conversación al aire libre bajo un paraguas natural de follaje tupido.
En la mesa reposa un kit de utilidades para acompañar la charla: liyos, alcohol en gel, dos vasos y una cerveza semi congelada. Por último, hay un resaltador color violeta flúor que un vendedor le regaló porque le gustó su pelo violáceo.
Ani viene directa del parque Scalabrini Ortiz, donde estuvo con varias compañeras planeando una acción previa al 8M compuesta por música en vivo, DJs, poesía y tres puntales: encuentro, movimiento y horizontalidad. Se trata de un tridente clave que a partir de ahora se repetirá mucho.
“Se hace imprescindible permitirnos la oportunidad de pensarnos desde otra perspectiva. Así no podemos seguir. Nuestro trabajo vale. Buscamos herramientas y una normativa que acompañe”, comenta, refiriéndose a su campo de trabajo: la cultura autogestiva.
Con la pandemia golpeando fuerte sobre la alicaída movida rosarina, el contexto parece ideal para romper con pensamientos y hábitos continuistas. Es momento de cuestionarlo todo: atreverse a dejar años de hábitos perjudiciales que rinden frutos para unos pocos mientras el esfuerzo de miles de personas ni siquiera puede traducirse en una escena real.
Tras los golpes inesperados que llegaron con el COVID-19 en marzo de 2020, la modorra del Nocaut se despejó aguzando los sentidos. El sentimiento de ES AHORA que ardió durante 2019 está tomando forma otra vez.
El modelo eventista de los últimos cuatro años socialistas, al igual que el conservadurismo semi-privatizador que viene cultivando el intendente Pablo Javkin y el neoliberalismo cambiemita, tienen mucho en común. Principalmente la violencia colectiva que ejercieron/ejercen contra lxs trabajadorxs del circuito de cultura independiente que, históricamente, representan la verdadera usina artística de la que gobiernos de turno y campañas oficialistas buscan apropiarse: una fórmula marketinera de ciudad cultural y sus derivados.
2021 es un año para discutir posibilidades concretas de lograr cambios sustanciales que sean basamento para los años venideros. En el paquete de interrogantes y reflexiones que llegan con la idea de una convivencia rosarina post-Covid es necesario que cultura, nocturnidad y espacio público sean parte de la reconstrucción o planeamiento que implica la nueva etapa que transitamos. Se precisa una alternativa real que contemple una transformación de la gestión cultural rosarina, que las normativas se actualicen luego de 40 años, teniendo consciencia real de la ciudad que existe más allá del cordón conservador que constituye a los votantes de las últimas gestiones municipales.
Siempre encendida, Ani busca abrir la discusión y visibilizar alternativas reales. Junto a sus compañerxs del MUG, considera que hay una ausencia de espacios regulados por eso la ordenanza vigente tiene que tratarse en el Concejo municipal. Al mismo tiempo, es imprescindible lograr otro entendimiento sobre la nocturnidad y la música en vivo. Reglas claras, ordenanzas modernas y un modelo de trabajo que contemple a la autogestión como actor protagonista y no un simple complemento de lo establecido, ese devenir residual parte gastronómico, parte nocturnidad, parte bolichero.
“Venimos buscando una práctica consciente sobre cómo trabajar los espacios. Buscamos que las cosas sean equilibradas y justas”, cuenta sobre la producción autogestiva que el MUG viene llevando adelante en los últimos veinte meses.
“Nosotrxs estamxs en una barra, en una entrada, sobre el escenario y también en el sonido. Somos más que músicxs: trabajamos de manera colaborativa en todos los aspectos. Sabemos lo que produce nuestro trabajo. Esa es la consciencia que a nosotros nos permite, por un lado, plantarnos frente a arreglos injustos, por el otro, seguir apostando a construir esa alternativa porque vemos los frutos”, comparte.
La cantante insiste en que el circuito debe repensarse de acuerdo al valor del trabajo real que se realiza. Para Ani y sus compañerxs ese quiebre llegó hace algunos años atrás con una fecha ciento por ciento DIY donde encontraron local, lo acondicionaron, prepararon y vendieron la comida, cortaron las entradas, montaron y atendieron la barra, tocaron y, finalmente, limpiaron. A partir de ese momento visionaron otra cosa. Siendo conscientes del trabajo socialmente necesario para producir una fecha, ninguna negociación fue igual. Desde entonces, la idea fue clara: organización, autogestión y consciencia para lograr un cambio que perdure.
“Por mucho tiempo nos interpretamos como artistas de una manera que no es muy productiva, ni siquiera es artística: está más cerca del entretenimiento y del estrellato” reflexiona Bookx. “Ciertamente cuando encaramos los momentos más álgidos de cuestiones de gestión, nos alejamos de nuestro instrumento. Es un ejercicio consciente. Ahí llega la parte militante: correrte de tu lugar para acercarte al otrx y pensar cómo hacer sustentable y cómo ampliar esa oportunidad laboral”.

2 – Activar los días

Al igual que otrxs músicxs rosarixns como Barfeye, Gladyson Panther y Maia Basso, Ani desafía el espectro temporal necesario para armar una nota algo extendida. De manera discreta y constante están generando todo el tiempo. Enfocarse sobre una actividad puntual sería lo ideal, recortando lo suficiente para hacer una nota, pero, afortunadamente, nada es tan sencillo.
Ani siempre anda en alguna y se conjuga por tres: en clave solista, junto a Chokenbici o en viaje con Ex Empleades de la NASA. En los últimos cien días publicó el disco Cómo escuchar un disco online, tocó más de quince veces por diferentes puntos de la ciudad, se manifestó públicamente contra la gestión javkinista, tuvo reuniones con algunxs funcionarixs en la Secretaría de Cultura, afirmó su solidaridad con lxs trabajadorxs de Hey Latam tocando en más de una ocasión para visibilizar la situación de despido y vaciamiento. ¿Algo más? Sí, produce música nueva para proyectos (no tan) solistas y colaboraciones varias. Además, el MUG junto a Micelio y Planeta Cabezón cranearon el video conocido como “Rosario, ¿ciudad cultural?”, que se viralizó agitando las aguas en las últimas semanas.
El viernes 19 de febrero el Movimiento Unión Groove llegó al Anfiteatro Humberto de Nito. Al igual que el doblete de FestiMUG que el colectivo realizó en mayo del 2019 en el Galpón de la Música, el AnfiMUG fue otra jornada histórica para el circuito musical independiente de la ciudad. En ambas ocasiones el logro fue posible gracias a un trabajo mancomunado y a un abrazo comunitario que entendió los eventos como algo propio.
La respuesta del público fue contundente: las entradas se vendieron muy bien, casi en su totalidad. Las burbujas de seis personas fueron las primeras en venderse, dejando en claro que del otro lado había un público organizado, que supo responder al llamado. Ese detalle no es menor: en lo que va del veranito recitalero las estadísticas financieras demuestran que las burbujas -o islas, como prefieran- de seis son lo más difícil de vender.
Sin ostentar preferencias por un grupo o segmento particular, la afluencia de la gente fue puntual, llegando temprano para disfrutar desde el primero hasta el último de los actos que sonaron desde el escenario. Con más de 30 artistas participando de la actividad, el AnfiMUG fue más allá del colectivo, atravesando a cada integrante y sumando talentos para la ocasión.
Puntualmente, los preparativos para el anfiteatro llevaron nueve días de preparación. La posibilidad surgió de manera inesperada luego de la posibilidad que extendió, desde adentro, la productora Agua de Río.
¿Nueve días para preparar un copamiento al anfi en medio de un contexto de pandemia y recesión? El desafío era enorme y no ofrecía ninguna red de seguridad. Aún así, la respuesta fue contundente: “vamos para delante”.
El salto fue inmediato, pero no improvisado. Detrás de esos nueve días residen tres años (y algo más) de compromiso constante y lecciones aprendidas.
A la par del cooperativismo del Colectivo MUG llegaron cursos varios: gestión, diseño, contabilidad, sonido, iluminación, soldadura de cables, cocina y hasta clínicas musicales. La burocracia, tan soporífera como quema pelos, fue parte de las lecciones. En ese sentido, para el MUG el goce artístico es tan fundamental como sentar el culo en la silla para completar planillas de Excel, manejar un Drive con decenas de usuarios y hacer trámites.
En 2020, la pandemia generó otro departamento de extrema necesidad dentro MUG: la comisión sanitaria, especializada en prevención, protocolos y procedimientos sanitarios. Capacitarse significa seguir creciendo. Instruirse equivale a estar preparadxs para las eventualidades que puedan aparecer.
Dividimos misiones. Pensamos cómo invertir lo que se genera. Sostener la constancia es lo que permite que las oportunidades puedan ser aprovechadas”, señala Bookx, puntualizando sobre la capacidad de respuesta que adquirió el MUG.
“Nos configuramos como colectivo en 2018, pero ya veníamos laburando”, aclara. “Son años de ponerle cráneo a las condiciones laborales. No solamente remarcamos lo que exigimos a otrxs, sino también lo hacemos con nuestra responsabilidad e idea de cómo proyectar esta profesión”, agrega Bookx.
Dentro del MUG hay un ejercicio consciente de la gestión. Cada movimiento se decide de manera colectiva. Hablan, debaten, piensan, discuten, sacan cuentas y todo de nuevo. Las alternativas y posibilidades se contemplan en asambleas relajadas pensando especialmente en el futuro. Allí radica uno de los aspectos más distintivos del MUG: el colectivo construye el ahora para disfrutar del mañana.
Marzo del 2021 encuentra al MUG en su mejor momento. El colectivo navega con fuerza y un deseo común de seguir construyendo. La idea de imaginar otras formas no parece tan lejana luego de una serie de objetivos cumplidos junto al fervoroso apoyo del público. La audiencia sigue sumando oídos atentos que no se limitan, necesariamente, a cultores de los géneros afines al groove. El trabajo del MUG rebasa lo estético, siendo un punto de encuentro ético para decenas de personas que producen en la ciudad.
Para el resto del año hay muchas ideas en camino. De hecho, las comisiones que componen al colectivo ya están abocadas en diversos proyectos que prometen mucho. Entre tanto, la idea del otrx es fundamental: la mayoría de los planes que contempla el MUG tienden puentes vitales con el resto de los colectivos locales. De nuevo: la construcción (y la salida) es entre todxs.

Desde hace más de una década que diferentes emprendimientos culturales buscan generar una comunidad alrededor del proyecto principal. La idea precisa es establecer un vínculo de cercanía con el público mediante la instantaneidad de la Internet, facilitando propuestas de suscripciones pagas a cambio de una interacción personalizada, descuentos, contenidos exclusivos y otras variantes que buscan enganchar/estimular para recibir un apoyo significativo regular que vaya más allá de la mercancía. De esa forma fueron sellos, editoriales, revistas, radios online, salas musicales y teatros que lograron crecer al vincularse con una audiencia que apoyó con fidelidad.
En nuestra ciudad existieron varias iniciativas similares. En los últimos años, entre zozobra financiera y patadas pandémicas, proliferaron por doquier los clubes de suscriptores, lxs socixs amigues y demás. Sin embargo, fueron muy pocas las iniciativas que lograron generar algo potable. Fueron aún menos las que lograron trascender hacia una comunidad real donde todas las partes se sientan como protagonistas de un viaje común. El MUG logró esa trascendencia real al punto en que al citar el nombre de tres siglas se debe considerar al colectivo al igual que a la comunidad de creyentes que acompaña.
Haber establecido un vínculo tan fuerte con el público hasta el punto mismo de lograr evolucionar hacia una comunidad nómade que acompaña cada movimiento es uno de los principales logros del MUG. Se trata de un público comprometido con algo más que la música. La vinculación, al final, toma una perspectiva antropológica: es una comunidad que hace del encuentro un aspecto fundamental. El cuerpo juega un papel predominante: el movimiento es esencial, tanto en la conexión rítmica entre lxs cuerpxs vibrantes y la música, al igual que el diálogo silente de lxs cuerpxs desconocidxs conectado en la misma frecuencia.
Como un pueblo dionisíaco nómade, lxs creyentes toman encuentro en diferentes partes de la ciudad para entregarse al goce. La comunión no puede ser transmitida por celulares o vía Streaming; la libido se enciende de manera presencial, siendo parte del ritual.
El cuerpo puesto en movimiento significa más que bailar: es ir a un lugar, comunicarse con otra persona, moverse para sostener una comunidad que identifica, interpela y que se considera necesaria para una mejor calidad de vida.
El reciente AnfiMUG resultó un batacazo por motivos varios. Probablemente, ninguno de esos motivos sean relevantes para las productoras únicamente interesadas en presumir de un cartel de SOLD OUT. Sin embargo, sobraron detalles para destacar: el público dijo presente comprando la mayor parte de los tickets disponibles; el respeto estuvo para todxs las bandas y ensambles, puesto que hubo gente desde el principio hasta el final de la jornada; además de comprar las entradas, la gente apoyó consciencia: primero comprando la bebida en el predio, un ingreso directo para el colectivo, por otro lado, con la circulación de la gorra en el transcurso del show se recaudaron $36.000,  otro ingreso considerable para seguir produciendo.
“El público se gestionó para ir. Entraron en contacto con otras personas para comprar las burbujas de forma anticipada o se pusieron de acuerdo entre desconocidxs. De alguna manera, la actitud que tuvimos nosotros para compartir el escenario, la gente la tuvo para compartir como público. Eso es lo más hermoso que hay”, cuenta Ani, repasando lo sucedido el mes pasado.
“Te transforma ver lo que siente la gente. Cuando vamos al parque, que llevamos hasta el velador, yo siempre voy preocupada por la GUM o la poli. Todo eso que te ocupa parte del cerebro y te angustia. Cuando llegás y ves todo lo que generamos, la repercusión neta palpable es muy reconfortante. Eso da fuerzas para todo. Es la posibilidad de una alternativa real”, comenta con una sonrisa enorme.

3 – Ocupar el espacio

Un considerable porcentaje de los toques de Ani (sola, con la Nasa o con Chokenbici) de los últimos seis meses toma lugar en plazas o parques ubicados por el centro, la zona sur o el norte de la ciudad.
Las iniciativas de la cantante o de las bandas pertenecientes al MUG no fueron las únicas que tomaron las calles, puesto que recientemente proliferaron los encuentros espontáneos por todos los distritos de Rosario, sean artistas con guitarras acústicas tocando para un puñado de personas o bandas montando sonidos y tocando por un rato. También debe mencionarse la aparición de las Postas Sanitarias Culturales, que replicaron en nuestra ciudad la iniciativa de Susy Shock de llevar música, poesía y reencuentro luego de meses de encapsulamiento.
Relevando ese tipo de acciones, es necesario hacer memoria: en épocas donde el control urbano arrasaba con cualquier iniciativa similar, fue el movimiento rapero quien mantuvo vivo el fuego, armando y desarmando encuentros con espontaneidad y dinamismo por diferentes rincones de la ciudad. Utilizando la agilidad de las redes y comunicándose sin hacer bulla, cada encuentro era efectivo, probando ser demasiado fugaz para que las camionetas de Control hicieran alarde de sus luces.
Entre desidia estatal, violencia y marginalidad engendrada por los cada día más obscenos contrastes de opulencia y hambre, la calle dejó de ser espacio de encuentro desde hace años en la ciudad de Rosario. ¿La respuesta de arriba ante la creciente gravedad de esas problemáticas? Más policía y la multiplicación de accionares de tintes dudosos justificando control y orden.
La urbe fue naturalizando violencia, degradación y el espacio público se fue replegando hacia el abandono. En ese panorama desierto, el concepto de “Orden” se fue expandiendo hasta apropiarse de todo, siendo celosamente custodiado por policía, guardia urbana municipal y vecinxs que ostentan mayor poder con una llamada que cientos de personas construyendo alternativas de expresión y de trabajo legítimo.
Con un territorio decididamente hostil, el constante flujo de la Internet y las comodidades que ofrece la tecnología, se generó un desapego con la calle que persiste hasta la actualidad. Sin embargo, desde eso parece ir cambiando gracias a la acción de diferentes colectivos.
Con el copamiento de plazas y parques por el MUG, Puerto de Ideas o multisectoriales ambientalistas, el territorio público muestra indicios de una posible resignificación. Freestyle, recitales, lecturas de poesía, entrevistas y charlas a micrófono abierto en parques como el Yrigoyen o Scalabrini Ortiz o en las escalinatas del Parque España son estimulantes muestras de la posibilidad de cambio que efectúa el poder ciudadano cuando tiene la consciencia y la decisión de hacerlo.
Mientras las semanas transcurren, somos testigos de una reapropiación del espacio público que, resignificado por sus habitantes, va tomando una dinámica amigable para con el resto de la ciudad.
En una coyuntura difícil, las acciones de artistas, activistas y la gente llegaron para quedarse marcando el pulso de lo que habrá de venir mientras dure la pandemia: el espacio público como lugar de encuentro, de celebración, de debate y visibilización de problemáticas que pesan como anclas desde hace años.
Dante Tarapelli, flamante Secretario de Cultura y Educación, expresó su intención de hacer de la ciudad una exposición, retomando el espacio público urbano. “La calle es maravillosa” declaró Taparelli a Beatriz Vignoli en Rosario/12, pocas horas después de su asunción. “La imaginación tiene que estar orientada a generar nuevos usos del espacio público….Muchos actores van a tener que empezar a usar el espacio público para desarrollarse”, afirmó en la misma nota.
Enhorabuena una diversidad de colectivos vienen proponiendo lo mismo en espacios tragados por la oscuridad desde hace cuatro meses, de forma independiente y con recursos propios. Quizás sea hora que el dialogo entre partes, finalmente, tenga intenciones genuinas de imaginar un ciudad en común.

4 – Sobre el deseo

Unos trece años atrás, Ani era una dedicada estudiante de Ciencias Políticas. Era habitual encontrarse con ella a través de los pasillos de la Siberia, llevando adelante una vida académica que parecía la continuación de su excelente desempeño como estudiante en la escuela secundaria.
Políglota desde su adolescencia y con una cabeza de cuidado, el estudio se le daba bien desde siempre. Al igual que ahora, poseía la disciplina y la entrega para zambullirse en el estudio de la temática que despertase su curiosidad. Parte de esa disciplina conquista metas llegaba por una faceta de atleta que mantenía a la par del estudio. Antes de poner en movimiento a cientos de almas en la pista de baile, Ani mostraba condiciones como estrella de la pista.
Luego de la secundaria, encarar una carrera universitaria fue una decisión consciente. Las cosas fluyeron bien por un tiempo hasta que algo empezó a resquebrajarse. No podía advertirlo con precisión, pero cierto ruido empezaba a manifestarse.
Conflictuada con su vida académica en la Facultad, la música llegó como un llamado irrevocable. Mientras cuestionaba su proyección de vida académica como investigadora la música la agarró y desde entonces no la soltó jamás.
El proceso que trasladó a Ani desde las comisiones de Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales es más complejo que la romantización del llamado irrefrenable del arte. La jovencita Ani tomó una decisión de cambiar el rumbo, abrazar una pasión que la conmovía y la prendía fuego, pero de la que, conscientemente, sabía poco y nada.
“Mi espacio favorito en la facultad fue un espacio comunitario de estudio, fue la primera experiencia colectiva, digamos. Eso fue zarpado, por siempre lo recordaré” comparte, repasando su trayecto intenso hacia el presente.
La música llegó cuando andaba en un momento de cuestionamiento sobre mi vida como investigadora. Empecé a revisar cuáles eran los límites, cuál era el tablero de ese juego, me sentía cada vez menos identificada para lo que yo quería transmitir, construir o flashear. La música me muestra otra cosa. Me vi remando en dulce de leche, como llevando una visión artística en un plano académico” recuerda. “La música me permitía llevar ese plano académico a un terreno popular, de práctica y a su vez, artístico”, agrega.
Con el cimbronazo de la música sintiéndose, la facultad se mantuvo aún cuando Ani no cursaba ni rendía. Tenía un plan que estaba evaporándose. Había que tomar una decisión que significaba más que un simple cambio de planes: era reformular casi toda su vida.
Abrazar la música fue clave para Ani. Con esa decisión llegó un manto de claridad sobre aspectos fundamentales. Empezó a entenderse mejor ella misma, logró conectar con lxs demás en una frecuencia más íntima. Además, pudo apreciar en otro nivel de madurez a quienes tenía a su lado desde siempre e iban acompañarla durante el proceso de cambios: “hay cosas que me ayudaron mucho a tomar la decisión de hacerme música, entre ellas, el aval de mis padres. No se trató de su aprobación de dejar de estudiar, me refiero a que yo esté tocando justo en el cumpleaños de alguno de ellxs y que en la mesa de la casa se diga que yo estaba trabajando, no viendo qué onda y que había dejado la facultad y cualquiera: yo estaba trabajando. Desde ahí tengo esa percepción de poder pensar la música a futuro. El tránsito de la vida, en cuanto uno se independiza, pone una presión sobre los medios económicos que uno puede producir. Siempre tuve el deseo de producir esos medios económicos a través del disfrute y no de la opresión. Tuve el privilegio de poder tener el tiempo para construirlo. Eso sí fue un privilegio que también heredé de mis padres. O ellos, me lo obsequiaron. Fue un regalo. Por eso la decisión y la responsabilidad de sostener ese ritmo en función del deseo”.
Sin demasiada noche durante su adolescencia de deportista y estudiante adelantada, las primeras incursiones de Ani en el mundo artístico sirvieron para desprejuiciarse y tomar una perspectiva más real sobre el oficio de la música.
Con el tiempo, hubo un encuentro que resultó una mixtura entre presagio de lo que habría de venir y epifanía de lo podría ser luego de haber abrazado la decisión de ser música: “conocer compinches como los Budajipis fue como guaaaaauuuu, se puede ser nerd y músicx, ¡qué bueno! ¡Entonces sí, esta es la mía! Fueron personas que me permitieron ver otra cosa, seguir persiguiendo ese deseo. El deseo no es algo que se alcanza en algún momento, es la práctica diaria de poder ejercer unx como artista, como lo que pinte”.

El viaje iniciático de Bookx fue paulatino. Poco después de las primeras presentaciones en vivo, llegaron los registros del periodo de Ani Books and the Freaking Nipples. Eran canciones en spanglish y castellano, algunas con guitarras, con batería otras, pero siempre rítmicas.
Desde el principio Ani mantuvo una cualidad orgánica en su producción. Eso permanece hasta el día de hoy, cuando su música está lejos de la clasificación fácil: repasar su catálogo -incluido ambos lanzamientos de Alto Guiso- evidencia una hibridación constante de lenguajes sonoros. El arranque jazzy con altas dosis de funk ahora mantiene la libertad constante del break mientras combina un flujo sintetizado que unifica al movimiento. El hardware es importante, sin embargo lo fundamental sigue siendo la garganta de Ani, entrenada como una herramienta más para entregar estribillos, rimas y guiños rápidos.
La evolución es constante y se demuestra con la incorporación/aprendizaje/experimentación que llega con las herramientas nuevas. Si quince años atrás Ani ñoñeaba de lo lindo en libros hoy se aplica de la misma forma sobre máquinas digitales, equipos analógicos y cualquier software que despierte su curiosidad en pos de crecer como música.
Al principio, Ani se adentró en la música con el deseo de descubrir y aprender. La seguridad fue llegando con cada toque, con cada canción grabada, más allá de los resultados. Se aprendió haciendo en comunidad y estudiando concentrada con sus instrumentos y su computadora. Las fechas en vivo dejaban en claro algo: lograba una química diferente con el público. Su seguridad fue creciendo a medida que se adueñaba del escenario, conociendo sus fortalezas y puntos álgidos.
Desde hace nueve años que Ani no detiene su motor. La intensidad siempre fue creciendo sin la necesidad de forzarse. Bookx aprendió cómo potenciar sus recursos, entendiendo que no se trata de un Sprint, sino de una carrera de larga distancia: “muchas veces irrumpe el auto boicot, la inseguridad: uhh, tengo tantos años, esto es cualquiera, empecé re grande, no estudio nada. Después unx va integrando esas dudas como partes conformantes de unx. Mientras unx se ponga en juego con humildad, con seriedad y con respeto, se aprende y se construye”. 


5 – Cómo compartir la aventura con Les super amis 

Entre toda la locura inesperada que trajo 2020, el gran año de la pandemia encontró a Ani lanzándose como artista solista con el simple Plutónico y con Futuridad, una colaboración con Juani Favre. Además, otras novedades fueron apareciendo como ejercicios de prueba y error.
Manteniendo su espíritu con humor, el encierro fue la oportunidad para que Ani se volcara de lleno a las maquinitas de su estudio. Durante la cuarentena reemplazó los saltos sobre el escenario con salvas musicales que fueron sonando vía redes.
Con el flujo de información agotando mentes y quemando retinas, Ani dosificó la información, distanciando lanzamientos y encontrando la manera animada de mantenerse activa mientras iba afirmando la idea de (no) ser (tan) solista.
Sobre finales de año apareció Como escuchar un disco online, disco (o tutorial) que cuenta con colaboraciones de un puñado de compinches estelares: Lola Sinasco (voz), Sofía Pasquinelli (guitarra), Paola Santi Kremer (poesía) y Lautaro Canals (batería).
A través de las canciones, Ani puede estar en todos lados o desaparecer sin dejar rastros. Sin embargo, se encuentra presente en cada detalle. El estudio se convierte en una extensión ideal de su mente ecléctica. En la comodidad de su casa, el laboratorio de grabación es un parque de diversiones sin límites.
Con el juego, la seguridad va en aumento. Junto a los toques, sumar iniciativas le permite seguir creciendo y ampliando los conocimientos. De cada compañerx, de cada show o proyecto, Ani aprende algo, se lo lleva, como una contrabandista de data que aplica aquí y allá, operando sobre nuevas criaturas musicales que vibran en distintas sintonías.
A finales de agosto BRODA estrenó la sesión que Bookx grabó junto a Dez Moabit (Martín Vacchiano), una aventura de pura veta electrónica. Desde entonces, el proyecto de lxs Amidis hizo otras apariciones en vivo, electrificando a la concurrencia presente.
De regreso en las calles, con las fases de prevención más relajadas, volvió la acción donde fuera posible.
Observando el despliegue de colaboraciones y los toques quincenales, un detalle no pasa desapercibido: a Ani Bookx no le gusta estar sola. Aún como solista, para ella el viaje cobra sentido cuando es compartido con otrx. En ese sentido, la constante es potenciarse con el otrx, multiplicando la energía, haciendo de la experiencia un goce mayor.
Bookx coincide con la observación. A la idea de ser solista le inserta unas comillas enormes ya que es una formalidad que no le interesa. Los toques solistas de los últimos meses la encontraron asociada con Lola (Dekadencia), una amiga de larga con quien quería armar algo desde hace algunos años.
Además de una colorida armonía complementaria de sus voces, ambas músicas despliegan una energía desbordante que desata de inmediato. Retroalimentándose de espontaneidad y frescura en tiempos donde estamos atravesadxs por protocolos hasta para la mera acción de gesticular, la dupla es más que simplemente música: es oxígeno.
En ese existir con un otrx es donde está la vida”, afirma Ani respecto a su predilección por la complicidad. “Creo que lo que más me convence es la música como lenguaje en diálogo con otrxs”, agrega sobre su afán por compartir el viaje.
Sobre el final, Bookx se refiere a su actualidad como solista. De nuevo, le quita formalidad a la palabra, afirmando mediante la acción que no hay demasiado interés en pisar escenarios sin compinches: “La intención de la experiencia solista se debe a mi voluntad de avanzar técnicamente en mi estudio y poder producir yo. Quiero sumar herramientas. La música es un lenguaje, me encanta poder explorarlo en la composición, entregarme en la intimidad, pero eso es solo un ejercicio para llevarle algo más a mis compañerxs. Potenciarse es muy hermoso. Compartirlo es ponerlo en vida. Siento que cuando me encuentro con otrxs, florezco”.

 

Por Lucas Canalda y Flor Carrera

 

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