LA MAGIA DE LOS OBJETOS

Paula Galansky presentó Inventario, un libro donde los rastros de los objetos se convierten en piezas necesarias para imaginar historias y vínculos identitarios.

¿Qué historias narran los objetos que heredamos? ¿Qué historias transmiten y qué historias inventamos sobre esos objetos? Las personas viven y mueren, pero los objetos ahí quedan, en alhajeros, en cajas, en bolsas. ¿Qué pasa cuando nos encontramos con esos objetos que no conocemos del todo?
Paula Galansky escribió un libro breve y sensible que dispara todas estas preguntas. Inventario es la nueva publicación de la editorial rosarina Danke, en la serie “Plaquetas”, que narra a través de la relación con ciertos objetos, retazos de la vida de Sofía.

Paula nació en Concordia, Entre Ríos, en 1991. Al terminar la secundaria se vino a Rosario a estudiar Letras en la UNR y ahora trabaja como docente y correctora freelance. Siempre le gustó leer, incluso era una de las pocas cosas que sabía al empezar la carrera y que la llevó a estudiarla. Disfrutaba hablar de literatura y hablar de libros. Sabía que no había otras cosas que le gustaran tanto como eso. Y aunque tuvo momentos de crisis mientras cursaba, siempre confío en ese instinto por el amor a los libros y los cuadernos que mantiene desde chica.
Su acercamiento a la literatura comenzó de esa forma, a través del contacto con los cuadernos, con escribir, por el simple hecho de la escritura, de agarrar un lápiz o una birome y llenar esos cuadernos de palabras. En su casa había una biblioteca con libros, había enciclopedias con las que le gustaba mucho ir a jugar a que sabía leer. Su primera llegada a los libros fue como un juego, y como un objeto. Una vez que aprendió a leer, se encontró con novelas largas, incluso en la escuela, su materia preferida era Lengua. Se dio cuenta que las palabras la acompañaban y que lo disfrutaba. Aunque no recuerda puntualmente el momento en que aprendió a leer, pero sí que a los 11 o 12 años agarraba los libros de aventuras que heredó de su papá. Con el tiempo y la adolescencia llegó el momento de descubrir a Julio Cortázar y a Gabriel García Márquez.
En la actualidad Paula se dedica a la docencia en escuelas secundarias y a la corrección freelance. Además, el año que viene va a comenzar a dar talleres en la Biblioteca América Nelda Nancy, una biblioteca de archivo de arte. Los libros y la lectura siguen formando parte de su vida.
Hace aproximadamente seis años que Paula empezó a escribir cuentos. Al principio no se animaba a mostrar lo que escribía y por eso comenzó a participar de talleres de escritura, donde le permitiera tener un ida y vuelta con docentes y compañeros y compañeras, a hablar y corregir lo que escribía. Participó del taller de Agustín González y también del taller virtual con la escritora Selva Almada, en el que empezó a escribir el cuento que luego quedó seleccionado en la Bienal de Arte Joven de Buenos Aires. Cuando se animó a participar de la Bienal, ya había empezado otro taller virtual -del que asiste desde el 2018- con Alejandra Zina. Con ella hizo las últimas correcciones. Después de enviarlo, se arrepintió, por la vergüenza o el miedo, pero al tiempo, la llamaron para comunicarle que el cuento había quedado seleccionado para ser parte de una antología de escritores y escritoras jóvenes de Argentina. Divino tesoro es el libro que reúne los cuentos y entre los seleccionados se encuentran Manuel Adrián Lee y Tali Goldman de la Ciudad de Buenos Aires, Agustín Ducanto, Vicky García y Nicolás Teté de Córdoba, Gianina Covezzi de Tucumán, Julieta Blanco de La Pampa, Raúl Andrés Cuello de Mendoza, Chapi Barresi y Valentino Cappelloni de la provincia de Buenos Aires.
La Bienal significó una plataforma para nuevos proyectos. Obtuvo la Beca Elipsis del British Council Colombia, que le permitió viajar en febrero de este año (pre Covid en Latinoamérica) para participar de una clínica y de los paneles del Festival que se desarrollaba en ese país. La beca era uno de los premios que entregaba la Bienal. En Colombia participó cuatro días del Festival charlando con autores y autoras y presentando trabajos. Durante todo 2020 continuó trabajando un cuento con la escritora Inés Kreplak que se publicará en la antología que todos los años el programa de formación del Festival realiza. Saldrá el año que viene con una publicación bilingüe, en español y en inglés.
Después de ese viaje, cuando volvió a Rosario, a las pocas semanas se decretó el aislamiento social y obligatorio. Fue en esa cuarentena más estricta, en el mes de abril, que Paula empezó a escribir Inventario.

La idea surgió cuando el año pasado, la editora de Danke, Julia Enriquez la invitó a participar en la serie “Plaquetas”. Paula ya conocía la serie y la editorial, de la que se declara fan. “Es una editorial muy linda que viene construyendo hace mucho un trabajo editorial hermoso. Así que cuando lo escribí ya sabía que iba a ser parte de este proyecto. Y lo pensé sabiendo que se iba a publicar en ese formato de plaqueta. Creo que la brevedad estuvo vinculada a la hora de escribir”, cuenta.
La historia comienza en Viale, un pueblo en la provincia de Entre Ríos, en 1934. “Hay fronteras que cruzamos sin saberlo. La primera vez que soñamos, la primera vez que nos miramos en un espejo o la primera vez que probamos el chocolate, la leche o el pan. Sofía por ejemplo, aunque en adelante lo hará tantas veces que le parecerá que lo hace desde siempre, está a punto de descubrir la sensación de deambular por la casa mientras su familia duerme”, así comienza el primer relato de los nueve que componen el libro y que irá narrando toda la vida de Sofía a través de anécdotas, de retazos y objetos.
La historia de Sofía surgió a partir de ciertos objetos que Paula había encontrado de su abuela, aunque la idea inicial fue transformándose. “Los objetos que tenía eran de mi abuela y empecé a escribir sobre algunas cosas que sabía de su vida pero la verdad, tampoco sé tanto. De esa manera surgió el personaje de Sofía, el disparador fue el hallazgo de estos objetos, tampoco es que tengo todos los objetos de los que narro, sino que fue creciendo la ficción y el invento a través de ellos. Escribí muchos fragmentos que después descarté porque no sumaban. Fueron dos meses de encierro y escritura. Me entusiasmó mucho la historia”, dice.
El personaje de Sofía apareció con fuerza propia. Los objetos terminaron siendo el hilo conductor, la manera en la que funcionaban esos textos en su conjunto. La escritura de Paula hipnotiza desde ese primer párrafo, así, vamos saltando de lugares y de años, conociendo un poco más la vida de Sofía. Paula sabía que quería escribir sobre la vida de este personaje y por eso eligió hacerlo de manera cronológica. “Los hechos en contexto cobran otro espesor. Y me gustaba que se formen capas de sentido, que eso lo da el tiempo en la vida misma. Eso nos pasa. Se desprendió un poco de la idea de hacer un inventario ordenado cronológicamente, esa estructura me sirvió para moverme dentro del texto. Tengo una serie de objetos y partí de eso. Porque podría haber estado ordenado de otra manera, pero la vida se iba acumulando a través de ese orden”.
Además de ese orden cronológico, los textos se presentan fragmentados, con ese salto de tiempo y de unidad narrativa. ¿Cómo contar la vida de una persona que vivió gran parte del siglo XX? Los fragmentos posibilitaron ese salto de tiempo y espacios. “Soy muy lectora de cuentos, todo su funcionamiento interno, ese recorte, esa mirada, porque la mirada siempre es un recorte. Sobre todo para contar toda una vida, el mejor recurso sentí que era el fragmento. Después tiene que ver con un gusto de lectura, me gusta lo fragmentario y lo breve. Eso que queda en el medio, de todo lo que no se cuenta de este personaje, de los años que no se cuentan. Tenemos esos huecos que me parecen interesantes”.



Inventario está lleno de objetos de otras épocas, que fueron importantes en la vida de Sofía. Más allá de que la intención de Galansky nunca fue indagar específicamente en la vida de su abuela o en la historia de esos objetos, a través de ellos, logró la imaginación de la historia. Por supuesto que hay detalles que buscó para que no quedaran fuera del contexto histórico, para que no se perdiera su verosimilitud. “Los objetos que me llaman la atención tienen algo de una presencia totalmente cerrada, están ahí y una puede interactuar con esos objetos e imaginarse lo que una quiera con ellos pero a la vez no, porque directamente no te dicen nada, y están insinuando o transmitiendo huellas de cosas que pasaron a lo que una no tiene acceso y una lo inventa, eso es lo que hice con estos objetos. ¿Se tiran o no se tiran? ¿Sirven para algo? Los objetos tienen una presencia muy opaca, atractiva, magnética, que era un buen disparador para escribir”.
Como en la vida de toda persona, aparecen los vínculos con la familia, su hermano Boris, el marinero, amistades, personas que entran y se quedan en la vida de Sofía como personas que se van. “Las relaciones se van transformando, cambian por completo, algunas nos lastiman y otras se van construyendo muy lentamente a lo largo de la vida. Con Boris, su hermano, esa relación tiene distintos momentos, vive lejos, pero se acompañan mutuamente a través de los años. Con ese personaje puntualmente quería mostrar eso, un vínculo de mucho tiempo, de dos personas en la que cada una tiene su historia y se vinculan como pueden. Me gustaba pensar en ese vínculo, en el que pasan cuarenta años o la vida entera en el medio. A veces hay lejanías que son insalvables pero después hay mucha cercanía. Sobre todo cuando pasa tanto tiempo”.
Como lectorxs sentimos una cercanía con Sofía, esos huecos que la historia no nos proporciona, los vamos imaginando a través de estos retazos de historia que Paula nos narra. En definitiva, ¿cuáles son los momentos que se recuerdan luego de muchos años? A veces no son los grandes momentos, sino los cotidianos que iluminan el resto de la vida. Y eso lo sabe muy bien la autora. “Los hechos importantes son super personales, únicos, momentos en los que nos enteramos mucho después que fueron importantes. No sé si para Sofía fueron los momentos más importantes, son fragmentos donde uno puede acercarse a este personaje, hubo muchos más momentos importantes, estos son solo algunos, por ejemplo Sofía tiene hijos y no se menciona casi. Son acercamientos íntimos”.
Es de esta manera como se muestra la presencia del campo, de los caballos, de la vida de pueblo. En el último fragmento, “Talón de entrada al Parque Nacional Nahuel Huapi”, nos encontramos con Sofía siendo abuela. “Se me apareció ese contacto con la nieta aunque cuando lo empecé a escribir no sabía cuál iba a ser el final, tenía solo las imágenes, el de la nieve, de la montaña y después cuando apareció esta nena, me gustó pensar que el texto abría y cerraba con una niña, con Sofía de niña y luego la nieta, que ambas están explorando. Sentí que fue un hallazgo. Y pensar cómo terminarlo, porque si una cuenta la vida, entonces hay que escribir el momento de la muerte, y la verdad que no quería narrar eso”.

Inventario es un libro para leerlo detenidamente, de a poco, para disfrutar cada fragmento. Cuando Paula habla de las autoras que lee y a las que siempre vuelve menciona a Carson McCullers, a Claire Keegan, Alice Munro, autoras que admira y que regresa para intentar aprender de sus historias.
Escribir es lo que más le gusta hacer, algo que definitivamente quiere seguir haciendo, dedicarle tiempo en la vida cotidiana entre tantas obligaciones. Cuidar los tiempos de escritura y de lectura. “La literatura creo que va siendo distintas cosas a lo largo de mi vida. Antes cuando no escribía tanto era leer y leer mucho. Cuando empecé a escribir, la lectura comenzó a ser una guía para ver cómo escriben los demás, ahí establecés otro vínculo con la lectura. Hay una inocencia que se pierde, creo. Porque estás viendo cómo escribió lo que escribió. Creo que es un vínculo que se va transformando. También es charlar con amigas, amigos que escriben, es una forma en la que una va viviendo. La literatura es algo con lo que siempre quiero estar cerca. Es muy difícil separarla de la vida, la literatura es la vida. Es un vínculo muy emocionante y disfrutable”. 

Por  Pau Turina & Flor Carrera Ph

 

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