LA LECTURA COMO CARICIA

Gabriela Borrelli pasó por Rosario como participante del creciente Festival GRL PWR.
En una entrevista exclusiva con Rapto, la periodista, locutora y escritora, se refirió a los consumos culturales de un presente de construcción colectiva.

 

El Festival GRL PWR llegó a Rosario en plena Semana Santa. Las letras estuvieron presentes durante toda la jornada mediante lecturas de poesía, libros y charlas dedicadas a diversas formas de producción cultural. En los stands de la femiferia se podían encontrar los libros de la editorial Danke y de La Ciudad de las Mujeres, además de todos los números de la publicación Femiñetas, que se produce colaborativamente entre España y Rosario. La música en vivo fue intercalándose con las voces de las poetas que leyeron: Dalia Desamor, Alejandra Benz, Marianela Luna, Anabel Martín, Valentina Lopiccolo, Rocio Muñoz Vergara, Martina Sierra y Julia Enríquez.
Gabriela Borrelli y Barbi Recanati participaron en la edición rosarina del festival con una charla que abrió preguntas y reflexiones. Gabriela es periodista, escritora y conductora de radio. Estudió Letras en Buenos Aires, y se especializó en crítica literaria. Ahora trabaja en el programa ‘Total Interferencia’ junto a Pedro Rosemblat en la radio online Futuröck. Participó en los programas ‘El pez náufrago’ (con Tom Lupo en Radio del Plata), ‘En mi propia lengua’ (en Radio Nacional de nuevo con Lupo), ‘Burundanga’ (con Gillespi y Malena Pichot en Radio Nacional Rock), ‘Segurola y Habana’ (junto a Julia Mengolini en Radio Nacional Rock), y ‘Una vuelta nacional’ (con Héctor Larrea FM Nacional Folklórica), además de su participación en  diferentes medios gráficos.

Feminismos populares

En la charla que duró más de media hora, Borrelli aportó ideas claras para la construcción colectiva de un feminismo popular. “El movimiento feminista actúa y piensa a la vez, es decir, estamos viviendo un festival de estas características y al mismo tiempo reflexionamos. Creo que es una característica del feminismo. Por supuesto que nos equivocamos, claro, porque estamos revisando nuestras prácticas todo el tiempo. Estos festivales son herramientas de lucha, son instrumentos, como el cupo, por ejemplo. No son estados permanentes de las cosas, porque queremos que las cosas realmente cambien, es decir, son herramientas para visibilizar, para que realmente después haya una verdadera paridad de nuestros consumos culturales, de nuestra visión del mundo. Reconocer que hubo una historia no silenciosa, sino silenciada. Y tiene que ver con la estética. La contraestética es ver gordas arriba del escenario porque no hay feminismo si hay gordofobia. En ese sentido, es una revolución estética. Sabemos que la salida es colectiva, luchar por los derechos colectivos y no individuales. El feminismo es un empoderamiento personal pero eso debería llevar a algo colectivo”.
En relación al contexto de retracción de derechos, la periodista piensa que el mejor aliado de los movimientos feministas son los gobiernos nacionales y populares.“Es una época muy difícil. Lo conservador, lo binario, lo biologicista, está del otro lado. La construcción es colectiva, esto que las feministas venimos diciendo desde los setenta, que lo personal es político, es decir, una existencia en el mundo. Nuestra existencia es acá y es ahora, y queremos cambiar las condiciones para que todo cambie. En este tipo de festivales militamos la alegría, que definitivamente creo que es revolucionaria. La alegría siempre rompe, y cuando el mundo se rompe, se abre más. Esa es la idea que el feminismo pone en cuestión, el cruce entre el yo y lo colectivo, cómo me construyo en un ‘yo’ pero con una mirada colectiva”.

Lecturas feministas

El año pasado, Gabriela publicó el libro ‘Lecturas feministas’ con la editorial Futuröck. ¿Quiénes fueron las primeras que se animaron a escribir que el mundo era injusto y debía cambiar? ¿Quiénes tomaron la palabra y corrieron el límite de lo que parecía posible en cada etapa histórica? ‘Lecturas feministas’ es un libro en principio necesario, un manual que viene a visibilizar treinta autoras claves y que fueron olvidadas. Un manual sobre escritoras feministas del mundo, de nuestra región y de Argentina, que nos trae además una buena noticia: hay presente y futuro porque hay un pasado luminoso para descubrir.
Según la autora, es un homenaje a aquellas que con su palabra y su valentía cambiaron el mundo. Actualmente está trabajando en el tomo dos que tiene una mirada más latinoamericana. Después de su publicación, al libro le llegaron algunas críticas por cierta mirada europeizante. “A las críticas las vivo bien, pienso que leyeron el libro, lo único que piensa un escritor o una escritora cuando le llegan críticas es que el libro se leyó. El libro no es de una académica, sino que es de una lectora, que por mi trabajo en los medios visibilizó un recorrido lector. No tiene ninguna ambición académica, para leer académicas hay que leer a Rita Segato o a otras autoras. Este es un libro de manual para las pibas que se acercaban a preguntarme qué podían leer, y es una lista ampliada, una recopilación. También tiene mucho del tono de mis columnas radiales, eso está buscado. Las historias que cuento tienen un tono de leyenda porque tienen el tono de mis lecturas. Fue un libro para mis oyentas, así lo pensé, para quienes me escuchan en radio.  Los últimos capítulos del primer tomo se me había ido en la investigación de teoría latinoamericana, porque soy latinoamericana y a mi me interesa pensar el feminismo popular desde acá”.

Mujeres y disidencias en la literatura contemporánea

Hoy mujeres y disidencias de Argentina escriben, publican libros, ganan premios y es indudable que son reconocidas internacionalmente, solo por nombrar algunas de ellas: Claudia Piñeiro, Samanta Schweblin, Mariana Enríquez, Gabriela Cabezón Cámara, entre otras. De todos modos, sabemos que las mujeres escriben desde siempre. “La literatura argentina tiene una larga tradición de escritoras mujeres. Estoy pensando en la fundación, en Eduarda Mansilla o Juana Manuela Gorriti, estoy pensando en Juana Manso que en 1854 sacó el primer Álbum de figuritas. Es decir, que no es que las mujeres con el acceso que tenían a la escritura no escribieran sino que hay un canon que establece. ¿Y qué es el canon? Es una construcción de bien cultural que toma a tales escritos como literatura o no”, contó la escritora.
Y agregó: “Diferentes actividades poéticas villeras tampoco forman parte del canon. Pienso en Camilo Blajaquis o en otras escritoras pobres, que seguramente tienen historias y ficciones en la cabeza. Hay un canon que se establece que siempre deja afuera, suele ser clasista sobretodo pero también lo vemos ahora en esta nueva ola del feminismo, y en cómo empezamos a reconstruir la historia de los escritos hechos por mujeres. Esa historia necesariamente, necesita de ciertas vitalidades. Por ejemplo, creo que la literatura de Gabriela Cabezón Cámara es una literatura muy ligada a la gauchesca o la de Piñeiro al policial que tiene una larga tradición, igual que la de Mariana Enriquez, literatura de terror escrita por mujeres en Argentina. Pienso en algunas latinoamericanas también del siglo diecinueve que escribían, digo, es lo que el canon expulsa y lo que a veces apropia para continuar siendo canon. No tengo una conclusión, sino una descripción de los hechos. Me parece que el canon se revitaliza a fuerza de luchas pero siempre permanece siendo canon. Una posibilidad podría ser romperlo para siempre y que las literaturas sean diversas así como lo militamos en otros lugares. Yo también quiero leer autores villeros, en mi caso que vivo en Capital Federal, literaturas del conurbano que son tantas. También en Argentina pasa esto de la ‘literatura rosarina’ o la literatura tal. Me parece que el canon se va conformando en todas esas cosas que nos atraviesan”.
Por otro lado, suele suceder que las mujeres son incluidas en paneles en Ferias o Festivales de literatura para hablar de “literatura femenina” o  “mujeres y literatura”. Sobre eso, Gabriela comentó: “Para mí son herramientas. Este año soy la curadora del espacio de ‘Orgullo y Diversidad’ de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires y también el año pasado conduje una mesa de mujeres en la que estuvieron Cynthia Rimsky, una autora chilena que la súper recomiendo, Natalia Maderno, escritora uruguaya y Gabriela Cabezón Cámara, y también se debatió sobre este tema. Porque además éramos todas lesbianas y nos preguntamos,:¿por qué tenemos esta mesa acá? Creo que siempre son instrumentos, que antes que negarme de estar en esa mesa, estoy; que antes de negarme que haya un espacio de LGBTQ en la Feria del Libro prefiero que esté y romperla desde ahí. Es el espíritu de estos Festivales (como el GRL PWR), creo que son herramientas de visibilización para jugar en canchas más grandes y para disputar el canon del que hablábamos. En este momento, la novela más grande que leí se llama “Las malas” de Camila Sosa Villada, que la presenta especialmente en la Feria. Y no me parece que sea una literatura reducida para la comunidad LGBTQ sino que nace desde ahí, escribe desde ahí pero escribe al mundo. Me parece que es una de las mayores escritoras del país y que sea una escritora trans también habla de lo que está sucediendo y como el canon se puede romper desde adentro”.
La Gabriela que editó el libro de poesía ‘Océano’ en 2015 es diferente a la del 2019 luego de la escritura de ‘Lecturas feministas’, dos libros diversos y distintos. “Ahora viene uno más diferente todavía. Estoy trabajando en una novela policial, en realidad le digo ‘policiala’ porque son todas asesinas. La verdad que tengo un culo muy inquieto conmigo misma, y era algo que quería trabajar. También sale un libro con poemas que se llama ‘Hamaca paraguaya’. Creo que en todos lados trabajo un estilo muy diferente porque es lo que me interesa. Me interesa la investigación como proceso creativo, no reforzar una voz, me interesa cambiarla. La Gabriela del 2015 es diferente a la de hoy, la única convicción que tenía la de ese año con la de este es que este año ganamos. Me equivoqué en el 2015, espero no equivocarme este año también”.

Una caricia

Nació en una casa donde se leía mucho. En la casa de su familia materna se vivía como un orgullo el ser lector o lectora. No había escritores en su familia, salvo un tío abuelo, Julián Polito que fue discípulo de Antonio Porchia y quien era una leyenda para su familia. Aún así no hubo grandes escritores, pero sí grandes lectores. De más chica, era un orgullo decir que había leído tal o cual cosa, y siempre hubo, aunque sea un poco, cierta competencia de quién leía más o menos. “Un poco de jactancia burguesa, sin lugar a dudas, pero a mí eso me provocó un orgullo lector que me permitió practicar otros orgullos, como el de gorda, el de lesbiana. Un lugar de empoderamiento. Me la pasé leyendo poesía a las cuatro de la mañana para tres personas, o sea que la poesía nunca era disputar poder sino estar en el mundo, habitándolo poéticamente. Para mí la poesía era una forma de estar en el mundo. Y parte de mi diversión. Me iba los fines de semana a leer poesía, a ver eventos y a emborracharme en eventos de poesía y después tuve la posibilidad y el privilegio de poder trabajar de eso. De leer poesía en radio con Tom Lupo, con Larrea, pero me parece que llegó familiarmente”.
Para ella la lectura es como una caricia, porque en un momento de soledad, cuando ninguna palabra cercana puede hacer nada, una persona lee un poema y puede llegar a ‘sentirse’ en ese poema. Es una caricia única que no es del cuerpo. “Esa caricia de encontrar escrito lo que a una le pasa en una persona que no conociste, es lo más amoroso y el gesto más humano, que convierte a la literatura no en un artefacto sino en en algo más humano. Que puedas decir con tus palabras algo que me pasa a mí. Me parece que ese encuentro es muy poderoso”.

Futuröck

Borrelli trabaja en una radio online que es una de las más escuchadas en la actualidad. Con miles de oyentes, Futuröck produce contenidos que se consumen en redes sociales. En relación a lo digital, la literatura va encontrando distintos soportes donde leer pero también existe la difusión de libros a través de las redes, o distintos podcasts donde se habla y se discute sobre la temática, videos en YouTube o la radio misma, aunque sea tal vez el medio más tradicional de los nombrados. La autora cuando tenía quince años, en el ‘95, iba a los primeros encuentros de poesía. En ese momento estaban recién naciendo los blogs y también el fanzine. “Vengo de la poesía y estoy muy acostumbrada al intercambio, no a partir del libro sino por otro formatos: escuchar a un poeta en un ciclo o un fanzine que alguien te había dado, incluso fotocopias, o en soportes que no eran necesariamente el libro porque era muy difícil editar. Creo que ahora es un poco más fácil editar un libro porque hay editoriales independientes, o distintas maneras de financiarse. Sigo a todas las cuentas que me interesan, que hacen poesía por Facebook por ejemplo. Me interesa seguir a las personas que postean poesía, yo también lo hago y es un intercambio maravilloso, una herramienta que está buenísima. Y siempre me pregunto lo mismo: ¿por qué en los programas de radio hay un periodista deportivo y no uno literario? También es loco que ponen a uno de tecnología pero nunca uno sobre literatura. Creo que fue la apuesta que hizo conmigo Héctor Larrea con el que siempre le voy a estar agradecida por la confianza. Empecé yendo una vez por semana a hacer una columna y un día me preguntó si me podía quedar todos los días y realmente creo que fue una universidad tremenda. Así que festejo y celebro que la poesía se difunda en otros soportes”.

 

Txt – Pau Turina
Ph – Renzo Leonard

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