TODAS LAS PIBAS AL FRENTE

En el marco de la primera edición rosarina del Festival GRL PWR, Barbi Recanati se adentró en un presente de ruptura estética, musical y colectiva protagonizado por las mujeres.

 

El festival que aúna parte considerable del soundtrack de una revolución en movimiento llegó a Rosario el pasado viernes 19 de abril. Por primera vez en una de las ciudades protagonistas de un movimiento nacional histórico, el arranque del GRL PWR dejó sentadas las bases de lo que probablemente será una extensa relación entre ciudad y festival.
En una calurosa jornada que alcanzó los 30º, que relegó al otoño por unas cuantas horas, el río Paraná resultó la compañía ideal para que unas 1.500 asistentes pudieran respirar algo de frescura ante la condensación de temperatura en el interior del Galpón de la Música.
El público se acercó desde temprano aprovechando las distintas propuestas del festi: talleres, charlas, recitales, feria, y especialmente, a encontrarse entre amigas, compañerxs y hermanxs dentro de un contexto diferente creado, desarrollado y gestionado por/para mujeres y disidencias.
Entre los principales aciertos de las productoras asociadas  (Agua de Río + Club Paraguay + BigMama bandcare + Festival GRL PWR) para organizar la gira de conciertos en Rosario, se cuenta la idea de modificar la dinámica interior y exterior del tradicional espacio recitalero. Mientras que el escenario principal mantuvo su ubicación clásica (con sus respectivas gradas al fondo y a la izquierda de la sala) el ingreso se realizó sobre la entrada que enfrenta al galpón 10, logrando la posibilidad de circulación libre entre feria, stand de comidas, escenario, y el gran éxito de día: un balcón al río paraná que fue copado tarde y noche como EL lugar para respirar, relajarse, beber, fumar, conversar entre shows.
Sobre el sector de ingreso había una importante femiferia de emprendedoras independientes con stands de tatuajes, ropa, styling, y una potente mesa de literatura repleta de fanzines, historietas, poesía, narrativa, filosofía e historia. A cargo de semejante despliegue estaban tres agitadoras feministas de la cultura local: la periodista Virginia Giacosa, la pata local de la publicación Femiñetas; Julia Enriquez, escritora y responsable de editorial Danke, siempre hermanando libros, zines y música; y Victoria Lucero (AKA Laura Remix) representante de la editorial La Ciudad de las Mujeres y cantante de Densha Gogó.
La poesía tuvo un protagonismo sustancial en el GRL PWR Rosario, apareciendo de manera intermitente bajo diferentes abordajes y estéticas. Dalia Desamor, Alejandra Benz, Marianela Luna, Anabel Martín, Valentina Lopiccolo, Rocio Muñoz Vergara, Martina Sierra y Enriquez fueron las poetas que tomaron el micrófono poblando al galpón con sus palabras.
Además, alternando sus sets entre los recitales y las lecturas de poesía, las DJ Wayra y Trigga Nigga, tiraron magia desde las bandejas, imponiendo su ritmo a una jornada de plena heterogeneidad sónica.

II

Un rato después de las cuatro de la tarde, la música e impulsora del sello Goza Records, Barbi Recanati y la escritora, locutora y crítica literaria, Gabriela Borrelli, inauguraron el escenario principal con una charla que encendió las primeras ovaciones del día.
“Acérquense, vengan hacia nosotras, feministas”, “Acérquense, feministas, lesbianas y chicos confundidos”, fue la invitación que las compañeras lanzaron frente al micrófono desde el tablado principal.
Sentadas enfrentando al público y franqueadas por dos identificaciones luminosas de Futuröck y Goza Records, ambas le dieron rienda suelta a una verborragia contagiosa que interactuó con un público muy atento.
Durante los cuarenta minutos que duró la charla los tópicos se entrelazaron, entrando y saliendo según la espontaneidad de las oradoras. El empoderamiento de la historia de la mujer y sus circuitos de producción cultural; el abrazo a la diversidad de cuerpos y disidencias; la caída del patriarcado, fueron los temas con mayor eco entre el público. Atravesando un año de macrisis aguda y elecciones, la cita de octubre no pasó desapercibida entre guiños de Borelli (nota a publicarse 29/4) y aplausos rabiosos de las presentes.
Antes de llegar a Rosario, Borelli y Recanati habían compartido una charla en La Docta, la primera parada del GRL PWR durante el fin de semana XXL. Podrá ser ciudad de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza o Rosario: ambas coinciden en que las mujeres están siendo parte de la revolución más importante del país de los últimos cincuenta años. Salir de gira con el festival refuerza el sentimiento del ahora; las hace vivir con mayor intensidad el encuentro de generaciones que luchan en las calles por cambios sustanciales en una sociedad desigual, violenta y heteropatriarcal.
Las compañeras de ruta se refirieron, desde sus perspectivas, al  histórico periódico protagonizan las mujeres argentinas. “Lo importante es aprender la significancia de lo que estamos viviendo y lo que está pasando en este momento. Estoy muy agradecida de formar parte de todo esto”, arrancó Recanati, dibujando, con manos y brazos, un abarcativo todo que incluía al público y toda la estructura que rato después daría sonido a Evelina Sanzo, AGUAVIVA, Fémina, Alto Guiso, Ana tijoux, Marilina Bertoldi y Sara Hebe.
“Que todas ustedes estén acá; que tengan ganas de que todo lo que pasa alrededor cambie para siempre; eso no pasó nunca en ningún festival que yo haya estado”, agregó Recanati.
Cantante, guitarrista, compositora y ahora directora de un sello, Barbi tomó la posta sobre el significado de una movida como GRL PWR: “Entre los años 40 y los 80, la música siempre fue una manera de revelarse contra el status quo y el sistema. Desde la época del jazz, luego del rock & roll, del punk en los 70; cuando estaba Woodstock o estaba el Festival de Monterrey, o los mismos Pistols sobre un barco para burlarse de la reina. El público que asistía no estaba mirando la guitarra que se compró tal o cómo se suena el ampli o aquel acople. Todo eso sucedía una vez que la industria absorbía esa música para comercializarla y venderla. El último movimiento masivo nuevo fue el punk rock. Después estuvo el hardcore en Washington, pequeños guetos contraculturales que se fueron generando. El movimiento Riot Grrrl donde las pibas nos pudimos levantar y empezar a hacer música en un grupo. Fueron movimientos intensos, pero muy chicos. Ayer el GRL PWR fue uno de esos festivales. Me tocó participar en todos los festivales grandes que hubo en la Argentina en los últimos quince años. Tuve la suerte, el culo, de tocar. Ayer, que no toqué, fue la primera vez que fui parte de un festival en que sentí que no era todo de nuevo algo comercial que el sistema decidió revender después de un mensaje. Lo de ayer era una revolución sucediendo. Era nuestro propio Woodstock, un montón de pibas, pibis, y un par de pibes, hacían fila para asistir a una charla. Estaban en tetas golpeando sus cuerpos alucinando con una banda que nunca habían visto en su vida. Estaban siendo parte de una revolución. No estaban siendo parte de toda esa mierda que te masticó el sistema y te la volvió a revender”.

En los últimos años los festivales fueron ganando terreno preciso en el circuito de la música nacional. De menor escala en infraestructura (y frivolidad eventera) que Lollapalooza, bien corridos de definirse bajo un estilo que ate, y lejos de la sucesión de lugares comunes que propone Cosquín Rock, por las provincias argentinas fueron proliferando iniciativas como Otro Río, La Nueva Generación y Festival Buena Vibra, entre otros. Son movidas que marcan una renovación de propuestas sonoras y de diversidad que van a la par de los tiempos en que los paradigmas contrastan y la información fluye de manera orgánica catalizando expresiones urgentes imposibles de clasificar.
Por cada acción hay una reacción, por cada estética conservadora estirada por décadas como chicle rancio, un millar de microexpresiones forman una contraestética que surge rugiendo desde el underground y otros ámbitos más visibilizados, pero que no encuentran espacios de integración en la masividad.
El acierto de GRL PWR es posibilitar un punto de encuentro de disfrute y goce, pero también un hervidero donde las expresiones dialoguen y se potencien buscando derribar un sistema de medios conservadores y dinosaurios sagrados que prueban su oxidación mediante declaraciones poco afortunadas. Detrás de esa provocación pseudo inocente con intenciones de humorada se esconde un inmensos terror al cambio; un temor a que lo establecido tome un giro dramático que los encuentre sin la comodidad de idolatrías y medios replicadores del mensaje eternizado por algo más de tres décadas.
Liderando Utopians, su antigua banda, Recanati supo conocer el paño festivalero y de mega conciertos desde adentro. De Lollapalooza a Cosquín o tocando como acto de apertura en River Plate para The Cure, el cuarteto estuvo allí. Ya para la última etapa del grupo Recanati, como su portavoz, hacía públicos los aprendizajes y las frustraciones que devienen de apostar fuerte a esos circuitos de la industria musical. Por eso, antes del final abrupto, el grupo había bajado la velocidad, queriendo evitar golpearse contra la pared por un vértigo inherente a fantasías de competencia.
Barbi es genuina y espontánea. Comparte experiencias que ahora son lecciones aprendidas, pero que antes fueron frustraciones y decepciones. Con sinceridad, muestra ambas caras de una moneda. No lo hace repitiendo un manual estudiado bajo los preceptos eficaces del coaching; todo forma parte de sus propias vivencias: “Está bueno saber que si las invitan a tocar en Cosquín, si tu teléfono suena y te dicen que tu banda es increíble, que realmente te quieren en el festival, vayan. Lo más probable es que puedan entrar por una puerta re piola como la de Eruca Sativa y se puedan subir arriba del escenario para hacer mierda todo. Así van a tener un montón de público, un montón de banca y van a poder hacer eso. Pero, si el teléfono no suena y ustedes lo que quieren hacer es mandar un montón de mails y buscar un montón de contactos y rogarle por favor a algún empresario que las ubique en el festival, no lo hagan porque ese lugar es feo, feo, feo. Les dan comida fea, de verdad. Te dan un voucher para un choripan y vos sos vegetariana. El sonido es malo, los instrumentos no se cuidan. Gasten esa energía en construir su propio espacio o en ayudar a los espacios inclusivos que se están generando a su alrededor. Lo que necesitan los espacios como los nuestros, o todo el arte que estamos tratando de generar entre nosotres, es nuestro apoyo. El apoyo no llega desde afuera. Va a llegar cuando lo vean comercial. A nosotres no nos importa que sea comercial, a nosotres lo que nos importa es nuestra revolución. Entonces no gasten energía en querer participar en festivales con cimientos misóginos y machistas, construyan su propio festival, hagan su propia movida. Eventualmente las van a llamar para ese festival y cuando vayan, rompan todo. Pero si insisten, y piden por favor para entrar, no van para poder romper nada. Yo entré a todos lados por la puerta de atrás y no pude romper nada. Pude romper todo cuando me fui. Hagamos nuestro propio mundo. Hagamos nuestra movida. Cuando esas movidas estén alineadas se van a juntar”.
Cuando Gabi Borelli recuerda una escena del GRL PWR cordobés en la que, junto a las Kumbia Queers y otras compañeras periodistas, se quedaron bailando todo el recital de Sara Hebe o disfrutando cada segundo del set de Bertoldi, Recanati toma el pie para describir el ambiente de sororidad que flota en el circuito musical feminista en los últimos años. Describe cómo por años sintió a otras bandas de mujeres como la competencia. Desde allí interpela al público, sabiendo que hay muchas músicas presentes con proyectos en marcha o por venir. “¿Qué pasa cuando nos comemos el cuento que hay una sola mujer para cada género?”, se pregunta, reflexiva.
“Hay una mujer para el rockabilly, una mujer para el pop, una mujer para el punk. Cuando llegás a ese lugar, por puta suerte y carga de privilegios, querés matar al resto de las mujeres para que no te roben tu lugar. Porque realmente te comiste ese cuento y porque ese cuento no es tan cuento. La industria tiene un plan totalmente orquestado para la mujer. Es real. Que no te digan que sos una exagerada, una paranoica, una feminazi. Es real y planificado”.
Recanati, entonces, se remite a la cantante y guitarrista Sister Rosetta Tharpe, una de las protagonistas de su podcast Mostras del rock: “Si vos hablás del principio del rock & roll decís Little Richard, Jerry Lee Lewis y Chuck Berry, los tres fanáticos y super influenciados por Rosetta Tharpe. Si en su lugar hubiera sido José Carlos el que las influenció, hoy estaríamos hablando de José Carlos. Siempre nace con el primer hombre. Si hay una mujer detrás, no te vas a enterar nunca. La historia siempre la escribe un hombre y la continúa un hombre. Hay un punto donde, de verdad, decís que no es para mí todo esto. O que pensás que claramente las mujeres no están hechas para esto, si no una lo hubiera hecho. Sí lo hizo, simplemente es que hay un sistema alrededor, hay una decisión que vos no sepas sobre esa historia y que vos no te empoderes con esa historia. Conocer esa historia es empoderarte de manera colectiva”.

III

Finalizada la charla, Recanati se toma un respiro en los camarines ubicados en el subsuelo del Galpón de la música, unas catacumbas geométricas y laberínticas iluminadas por la luz natural que se filtra por un techo semi transparente. Tranqui, sobre un puff, sigue conversando con Borrelli, riendo a carcajadas con un vaso gigante de gaseosa de por medio.
Respondiendo algunas preguntas de la prensa, también posa hasta que, entre risas, grita un “¡No!” y se da cuenta que tiene los lentes puestos. Divertida, se estira para dejarlos en la mesa. “Ahora, sí”, avisa a les fotógrafes.
Se nota en la música/gestora/podcaster una tranquilidad por disfrutar de una conversación en pos de un ida y vuelta. Escuchar y ser escuchada. Responder y repreguntar. Con los dedos de las manos entrelazados, conversa en calma. Ante la oportunidad de un chiste, quiebra su postura riendo con todo el cuerpo.
En los últimos quince meses Recanati tomó dos pasos significativos en el circuito musical que la vio crecer, tocar y laburar por casi quince años: presentó un puñado de nuevas canciones con el EP Teoría espacial y lanzó oficialmente el sello Goza Records, una aventura en sociedad con Futuröck.
Desde entonces va alternando su tiempo entre tocar sus nuevas canciones y llevar adelante la temeraria apuesta del sello: una novedad mensual, doce discos por año. Hasta ahora el sello presentó lanzamientos de Las Vin Up, Melanie Williams & El Cabloide, Anhedonia, Las Ex, Playa Nudista, Luz Pereyra, Olympia y Piba.
Parte de la aventura de Goza es correr la voz adonde se presente la oportunidad. De allí nace una serie de encuentros respaldados por Futurock y el British Council nombrado como el “Goza Tour”.
El tour de charlas ya pasó por Mendoza, Córdoba y Mar del Plata. Rosario tiene su cita el próximo jueves 25, desde las 16 horas, en Casa Brava (Pichincha 120). Allí Patricia Pietrafesa (She Devils, Kumbia Queers, Alcohol & Fotocopias) y Ani Books (Alto Guiso, Chokenbici, Ex Empleados de la Nasa) dialogarán con Recanati sobre la posibilidad de nuevos caminos en la industria musical.
“Creo que el punto número uno para iniciar un sello es que no sea lucrativo” señala Barbi sobre la creación de Goza.
Siguiendo el sendero de la construcción colectiva, el sello, al igual que Futuröck es comunidad; marcando un compromiso concreto con el cambio de paradigma de consumos culturales así como también en los nuevos caminos que el feminismo está trazando al repensar una industria musical diferente.
Si vas a hacer canciones para ganar dinero, al igual que abrir un sello, es igual de irresponsable”, subraya, la cantante y guitarrista, con decisión. “La palabra justa es esa: irresponsabilidad. Además de iluso es irresponsable. Ese fin de lucro que tenés puede generar mucha destrucción. Hay que saber cuidarse uno mismo, y más importante, ser consciente de la responsabilidad sobre el laburo de los demás”, agrega.

– Desde hace tres años tomaste un rol activo en la divulgación de un legado invisibilizado. ¿Cómo te sentís entre charlas, talleres y viajes?

Por un lado, me pasa que trato de no pensar mucho en eso. Algo que adopté es tratar de militar la pluralidad de espacio. Creo que no está bueno el tema de ser referente o liderar o monopolizar un espacio. Construyo desde mi lugar y me gusta contagiar para que se construyan otros espacios. Trato de no pensar mucho en un rol que tenga ciertas responsabilidades, pero entiendo que las hay, que existen, a veces te caés un poco. Cuando ves con claridad no podés nunca dejar de ver. Eso, a veces, duele. Tengo personas alrededor que me ayudan colectivamente. Nos ayudamos mutuamente en esos momentos de dolor y así nos hacemos más fuertes.

– ¿Qué pasa cuando un fenómeno viral como tu podcast se ve regurgitado por los mismos medios de comunicación que fueron puntales de reforzar del heteropatriarcado?

Que los procesos de invisibilización de la mujer se viralicen me parece bárbaro. Que el feminismo y el empoderamiento se visibilice me parece positivo. Veo negativo, a veces, el mal uso del discurso. Es re positivo lo que sucede alrededor, lo que se armando. De nuevo me parece importante pluralizar los espacios.  Por momentos aparecen cuestiones puntuales sobre lo que genera el podcast, siempre respondo atenta a todo eso, pero también siento que es importante que no siempre se repitan las mismas personas en los espacios.

– En las últimas épocas de Utopians hacías hincapié en el agotamiento que significa estar enchufada al trescientos por ciento para estar en el circuito de festivales y conciertos de gran escala. Observabas que era agotador, además de frustrante, ese juego.

Sí, era algo que venía arrastrando. O internalizando. Creo que ese hartazgo estaba en mi. Ya estaba un poco hastiada. Lo hacía público y lo hablaba, pero creo que no entendía del todo el porqué de toda esa situación. Terminé de entender toda la cosa un tiempo después cuando la velocidad bajó por todo lo que pasó. Fue aprendizaje. Fue poder ver las cosas desde otro lado. Hoy se disfruta desde otro lado. Poder participar de algo así me parece alucinante. Siento que somos parte de una revolución con movidas así. Vienen pibas tempranito a llenar el lugar escuchar una charla. El GRL PWR nos hace sentir parte. Creo que nunca en todos los años de estar incluida en grillas de festivales me sentí parte, realmente. En Córdoba y ahora en Rosario esto es espacio para encontrarnos, para debatir ideas y disfrutar.

– ¿Cómo ves los discos que hicieron con la banda? ¿Podés volver a esas canciones?

La verdad que mi vida en los últimos dos años fue tan abrupta que no tuve tanto tiempo de ponerme melancólica. No es que pasaron veinte años. No sé cómo envejecerá todo es en mi vida. Me pasa que hoy me siento muy lejos de poder tocar esa discografía en vivo, pero porque no me dan ganas y porque deseo de encarar otras cosas, de tocar otras cosas. Además todavía me pesa mucho más otras situaciones que opacan lo musical. Calculó que podré hablar de eso en, no sé, quince años.

 

Txt – Lucas Canalda
Ph – Renzo Leonard

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