UN POLVO MÁS DE LO HABITUAL

El sello Polvo Bureau y la celebración de sus seis años

Al referirse al aniversario de Polvo Bureau, son muchas las palabras que pueden llegar a apuntarse: esfuerzo, crecimiento, diferencias, virtudes, errores, aciertos, aprendizajes​, sonrisas, birra, amistades, distancias, enfrentamientos, conquistas, logros, respeto, constancia, trabajo. En definitiva, no parece ser muy diferente de cualquier épica, porque, siempre hablamos de personas, con sus falencias y grandezas. En fin, humanos. La diferencia de otras épicas cotidianas radica en que luego de seis años tenemos horas y horas de música. Tenemos casi treinta discos. Cientos de canciones. Miles de emociones.

Hasta el día de la fecha Polvo Bureau ha engendrado un catálogo de amplia sonoridad con discos de psicodelia, low fi, dream pop, electro rock, metal litoraleño, canción de cantautor, garage, mashups, electrónica, y mucho más. Casi treinta discos que no detienen su continuidad. El de los rosarinos es un catálogo que goza de una sana robustez y que desde hace cuatro convive con Otro Río, festival de música independiente, fuente y oportunidad de encontrarse con propuestas de toda la argentina, así como también de países limítrofes.

La creación del sello responde a necesidades, urgencias y deseos de muchos, por lo que es preciso hablar de una gesta colectiva que involucra a compañeros, amigos y hasta desconocidos que eventualmente se transformarán en hermanos creativos. Asimismo, muchos de los actores de la historia de Polvo han tomado otros caminos sin que esa ausencia o distancia logre deshacer el gran trabajo realizado u olvidar los logros alcanzados.

Para el cumpleaños de Polvo Bureau se propone un acompañamiento por sus intensas actividades estivales, con dos festivales, recitales y mucha música por la ciudad. A través de algo más de tres meses de encuentros viajamos a la prehistoria del sello, buscando los momentos claves en estos seis años, el crecimiento, la identidad musical, la producción de un catálogo, los procesos comunicacionales de un colectivo naciente. El recorrido también propone adentrarse en el contexto social y cultural donde el sello nace, se desarrolla hasta fortalecer su identidad y capacidad de gestión. Por último, sería imposible dejar de lado el Festival Otro Río, una criatura nacida de las entrañas de Polvo Bureau y que desde hace tiempo tiene una relevancia capaz de ubicar a Rosario como parada innegable del mapa de la música independiente argentina.

Enero

“Este jueves regresa Encuentros del Otro Río, el ciclo hermano del Festival Otro Río. En esta ocasión los invitados vienen de más lejos aún: Walter tv, la ex banda de Mac DeMarco, directo desde Vancouver. Tall Juan viene desde Nueva York. Se suma Ignacio del Pórtico, en su segunda visita a la ciudad y hacen de locales Mi Nave ,Helena Nav y Víctima del Vaciamiento. Todo esto a las 19 horas del jueves 16 de febrero, en el teatro Plataforma Lavardén. ¿Imperdible, o qué?” así anunciaba Polvo Bureau a “Encuentros del Otro Río: Verano internacional”. La apuesta a un continuado de bandas en pleno enero dejaba en claro que el sello rosarino comenzaba el 2017, el año de su sexto cumpleaños, con fuerzas completas. Nada de ir tomando envión de poco hasta arrancar recién cuando el verano se termina y la actividad vuelva a su movimiento habitual. 2017 a plena marcha desde el principio.

Cuando llega el jueves en cuestión, el calor es digno de representante de su estación promediando unos 30° durante la mayor parte de la jornada. Minutos antes de las 20hs Víctima del Vaciamiento se apodera del escenario de Lavardén ante unas cincuenta personas que lo esperan expectantes. Varios de los presentes destacan lo importante de que Zulo participe en un evento así y además resaltan la oportunidad de poder escucharlo en un lugar que suene bien. “Siempre toca tarde, no puedo quedarme en sus recis, tengo que laburar”, comenta un espectador. Entre la audiencia temprana se destacan muchos jóvenes que no aparentan más de 22 años. Además hay varios músicos en el público, algo que no suele ser una postal regular de la ciudad. Zulo y su combustión sónica es la razón por la que están aquí y el tipo no decepciona. La entrega es rápida, sin palabras de por medio; pura descarga de un imaginario transcurrido entre psico killers, desajustados sociales y guitarras despiadadas. El hombre de gruesos lentes y sus cómplices se despiden con pedidos por más canciones.
Entre bandas, mientras DJ Tau Ceti matiza la espera, el verano demanda escapadas a los kioskos cercanos por cerveza fría. En la vereda la refrescada se esfuma entre breves charlas y comentarios sobre lo que ocurre arriba del escenario.
La segunda visita a Rosario del misionero Ignacio del Pórtico lo encuentra con varixs fans que cantan sus canciones y gritan sus pedidos; instantánea de un romance que tendrá continuidad. Helena Nav reniega con algunos pormenores de sonido pero bancan la parada con oficio. Antes de retirarse del escenario, Kia San, su vocalista y bajista comenta, “Nos vamos yendo porque algunos quieren tocar más que otros. Gracias”.
Entre cervezas y charlas en la puerta, el nombre que más se repite es el de Tall Juan. El compatriota ramonizado por los distritos neoyorquinos genera una expectativa diferente en la audiencia. Desde el hardcore, al blues y al indie omnipresente, son varios los palos que esperan por un cancionero muy joven pero que promete ser un gran representante de la vieja escuela.  Sobre el escenario el poderío contagia desde el vamos. Tall Juan serpentea generaciones y latitudes con canciones de rockabilly urgente y sus versiones de “Chinese Rocks” de Dee Dee y Thunders, “I wanna be your dog” de The Stooges y el irresistible “Rompan todo” de Los Shakers. En medio del set dos pibes suben poseídos por el espíritu ramonero para ponerse a saltar alrededor del interminable cantante. Entre saltos y abrazos sobre el escenario, un seguridad no entiende el momento de comunión y quiere bajarlos de malos modos. La audiencia responde con un abucheo hasta que el argentino-norteamericano interviene para calmar las cosas. Tall Juan se despide con la mayor ovación del día dejando a los presentes con picos de adrenalina que estimulan un plenario de sonrisas en la calle, siempre con latas de cervezas nacionales y regionales en la mano.

Mi Nave, el grupo más convocante de la escena indie local, también arranca hoy su 2017. El quinteto nunca parece detener la mutación de su sonoridad y siempre es atractivo disfrutarlos en vivo. “Trinchera”, “Cereza” y otras pistas del todavía joven “Tristeza” ya están en otra parte. Cada recital del grupo es una confirmación que el devenir es la única constante de sus canciones. Mi Nave cierra su set con una versión “Himno de mi corazón” de Los Abuelos de la Nada. La adaptación lacónica y lisérgica parece elevarse como un mantra cuando Pablo Feli incorpora lánguidamente el “Heroin” de Sumo.
Cerca de la 1AM la esquina de Mendoza y Sarmiento sigue con sus luces encendidas pero no hay nadie en la puerta. El público por completo está disfrutando de Walter TV y la esquina parece abandonada a la noche, con las canciones que se filtran a la calle,  incitando a los curiosos a que se adentren a la sala. Sobre el escenario Pierce McGarry, cantante de Walter TV, cita a Batman y explica la filosofía vegana del joven maravilla.
En la madrugada húmeda de un viernes  se cierra la primera jornada festivalera para Polvo Bureau, que con propuestas internacionales ya en las tempranas semanas del 2017, arranca el año con la vara alta. El almanaque de actividades del sello había comenzado cinco días antes, unos pisos más arriba, con el doblete entre Queridas y Camperas en el gran San Salón. La combinación dream pop de tintes oscuros más la contextura rockera de estallidos comprimidos probó ser una fórmula atractiva. Esa noche Valentín Prieto, multi instrumentista y uno de los corazones de Polvo, comenta los planes para el aniversario que se viene en algunas semanas. También confiesa la frustración que sintió por no poder haber sumado a Mueran Humanos a la grilla. “Para mi es la fecha del año”, confía sobre la visita del dúo post-punk.
De esta manera, entre planes, trabajo y música, el camino hacia los seis años comienza a desandarse.

Más allá de la gacetilla

Tres semanas antes del cumpleaños comienza  la promoción vía gacetilla para los principales medios de comunicación. Si bien el agite principal está en las redes sociales, los esfuerzos tradicionales siguen la inercia habitual. Mientras las gacetillas se disparan por correo electrónico, Prieto responde sobre lo aprendido desde los primeros tiempos hasta la celebración que lentamente se aproxima.

– ¿Cuál fue el momento en que se deciden a formar el sello?

Durante el año 2010 nos dimos cuenta que nos gustaba trabajar juntos. Cuando volvimos de vacaciones a principios de 2011 nos dijimos que la mejor manera de asegurarnos seguir trabajando era formando un sello. Era lo que más nos parecía que podía reunirnos a nosotros con todas nuestras aptitudes.

– Todo nace de esfuerzos combinados con gente de palos diferentes, con inquietudes en común y también diferencias que potenciaron el proyecto. ¿Esa combinación la conversaron o fue algo natural, más espontáneo?

El germen de polvo se da combinando entre el diseño gráfico y la música. Emiliano (Ponzelli) y yo venimos del palo musical. El Gran Diamante fue eso, un experimento re bueno. Ellos tenían canciones que estaban buenísimas pero no sabían qué hacer con ellas entonces con Emiliano nos metimos para tratar de organizar ese desastre (risas) y darle una orden. Ellos al mismo tiempo se metieron a pleno a colaborar con Vuelven de la Derrota, Los Codos, Nausicaa. Así nos dimos cuenta que algo estaba surgiendo. Algo estaba pasando.

– Para el cumpleaños vienen los 107 Faunos que estuvieron en la primera fecha no oficial del sello, algo así como el punto de arranque, el minuto cero.

La primera fecha que produjimos entre todos fue en noviembre de 2010 en la casa de Planeta X con Vuelven de la Derrota y 107 Faunos. Esa fue la primera vez que trajimos una banda de afuera. Los chicos del Gran Diamante hicieron una muestra, otros pasaron música y otros armaron los flyers. Nos dimos cuenta que había un potencial. Un valor humano fuerte. Esa fecha nació de la inconsciencia total y armar el sello fue de alguna manera asegurarnos que íbamos a seguir.

– Hay incontables momentos en la intimidad así como también en escenarios o en estudio pero ¿qué destacarías entre todo?

En seis años editamos veinticinco discos. Parecen pocos, pero cada uno de ellos es especial. Tienen casi todos una edición física, y fueron trabajados con mucha dedicación y tiempo. La mayoría macerados a fuego lento. A nivel producción logramos hacer debutar a muchas bandas que nos gustaban que nunca habían pisado suelo rosarino. Nos hicimos cargo de ese deber generacional, de hacer circular la música que nos parecía que tenía un valor. A nivel personal los viajes, las amistades. Experiencias colectivas que nos cambiaron la vida. Desarrollar una aproximación a la idea del oficio del músico, y defenderla con honor. Reconocernos como tales. En definitiva, hay mucho para destacar.

– ¿Cómo conformaron la grilla del festival por los seis años?

Desarrollamos la grilla pensando más en el presente que en el pasado. Una celebración del presente por sobre un homenaje al pasado. Algunas bandas han quedado en el camino, pero nos centraremos en aquellas que aún siguen tocando. Si bien habrá algunas sorpresas de carácter nostálgico la idea será festejar la actualidad del sello: nunca habíamos tenido tantas bandas activas en estos seis años de vida. Por eso son tantos. Además se sumaron las visitas de posiblemente los tres artistas que más nos influenciaron para desarrollar nuestra “estética laboral”: Cristóbal Briceño, la banda sonora de nuestros inicios. 107 Faunos, la llama seminal de las primeras noches compartidas, y Mi Amigo Invencible, el calor grupal y la eterna generosidad. Sus presencias son un acto de amor incondicional.  

Los mendocinos de Mi Amigo Invencible. Según Prieto, ” la eterna generosidad”.

Caracas

Julián Peña es uno de los miembros fundadores de Polvo Bureau y por años fue una de sus principales cabezas en abordajes musicales y gestión cultural. Como músico fue parte de El Gran Diamante el primer gran paso de la label rosarina. Desde hace tres años está radicado en Venezuela donde ejerce su profesión de diseñador. A la distancia, Peña es un hombre difícil de localizar. “Acá te paso su mail. Fijate si podés ubicarlo. Le aviso que le vas a escribir, así no cuelga. A veces se pierde en el mar de gente de Caracas” comentan entre risas sus compañeros en Rosario, tras algunas semanas de frustrados intentos de contacto. Finalmente, algunos días más tarde Peña aparece y desde la capital bolivariana responde sobre el sello.

– Ustedes formaron Polvo teniendo pasiones, objetivos, horizontes estéticos en común pero también diferencias. ¿Cómo fue manejar esas diferencias dentro del sello?

De ninguna manera se podría decir que fue o es fácil, diferencias hubo y hay muchísimas, desde lo profesional hasta lo humano, que al final de cuentas es lo que prepondera en este tipo de disciplinas. Como ninguno de los integrantes de Polvo vive de esto, el factor emocional obviamente lo impregna todo. Sobre todo en un grupo humano donde todos en su medida depositan una fuerte carga pasional, desde el diseño de un flyer, el armado de una planta técnica, la grabación de un disco, una gira, un ensayo, una prueba de sonido, etc. De todos modos, como es lógico, toda esa efervescencia se aplaca con el paso de los años. Creo que si bien todavía las diferencias están ahí y seguirán surgiendo, hemos aprendido cómo superarlas más rápido. A nivel de objetivos u horizontes estéticos, creo que siempre, un poco más o un poco menos, hemos estado alineados y lo que no se pudo acomodar se dejó en el camino y eso se refleja en todo lo que hacemos, es lo que hace al eclecticismo de Polvo en toda su propuesta. Después de 6 años los lazos entre nosotros son por sobre todo de amistad. Nada que no se solucione con un asado y una birra fría.

– Como productores fueron de organizar recitales locales a traer por primera vez bandas que hoy son de relevancia nacional, por ejemplo, Los Espíritus o Mi Amigo Invencible. ¿Cómo fue ir creciendo en cuestiones de producción en fechas?

Desde el inicio Polvo se concibió así mismo no solamente como un sello, sino también como una plataforma de desarrollo artístico, tanto para los integrantes que lo conformábamos desde el comienzo, como para la gente que se fue sumando en el camino, de manera permanente u ocasional para colaborar en distintas áreas. Inicialmente, nunca nos planteamos un esquema o una estructura fija de trabajo a la hora de trabajar en la producción de fechas. Sobre todo porque al principio las fechas que organizábamos surgían casi de manera caprichosa. No había un plan, siempre las cosas las hicimos en caliente. Si estábamos escuchando tal o cual artista que estaba dando sus primeros pasos y veíamos una mínima chance de traerlo a nuestra ciudad lo hacíamos sin saber si realmente nos iba a resultar viable en términos logísticos, económicos o de convocatoria. El aprendizaje se fue dando como en cualquier otra disciplina, a los golpes.  Con el tiempo todos los que formábamos el sello,nos fuimos especializando y desarrollando en distintas habilidades con las cuales pudimos profesionalizar algunas herramientas que nos potenciaron a la hora de producir. Cada quien empezó a aportar desde lo que mejor hacía y cuando entendimos que nos podíamos articular de esa manera, fue cuando dimos el salto cualitativo. Otro factor fundamental y no menor es que a medida que fueron creciendo en número, calidad y diversidad las propuestas dentro del catálogo discográfico, fuimos ganando de a poco el interés de un sector de la prensa que fue fogueando exponencialmente lo que proponíamos en el vivo. El leitmotiv del sello fue siempre proponer cosas frescas, sin medir cuántas entradas íbamos a cortar. Un modus operandis algo kamikaze pero que siempre fue nuestra firma. Si ponemos en perspectiva los recursos y la experiencia que teníamos cuando trajimos por primera vez una banda de afuera -Michael Mike- al Bon Scott, lanzando flyers desde el techo en un recital de Onda Vaga la noche anterior al evento por ejemplo y lo comparamos con el despliegue de logística, músicos, sonidistas, escenarios, gestión de permisos, y actores involucrados en el Festival Otro Río, no queda duda de que algo aprendimos y de que sin los amigos que hicimos en el camino, no hubiéramos podido lograrlo.

– A medida que tomaban confianza como gestores fueron hermanándose con otros sellos, trayendo bandas de todo el país y de ahí a formar el Festival. ¿ Otro Río fue lo que terminó de poner a Polvo en el mapa nacional?

Puede ser que a nivel prensa, sea un poco así pero en realidad pienso en Otro Río como una consecuencia directa como vos bien decís, de la maduración y del intercambio que ya venimos haciendo con sellos de otras ciudades, incluso de nuestra misma ciudad. Desde la primera etapa de Polvo siempre trabajamos en mayor o menor medida con otros sellos, Ringo Discos, Fuego Amigo Discos, LAPTRA, con los que más nos hermanamos y generamos fechas, giras compartidas e incluso nos lanzamos a la aventura de co-editar discos. Me parece que el hecho de haber trascendido más allá de las fronteras de la ciudad propiamente dicha, o sin ir más lejos, haber trascendido la propia convocatoria endógena de los comienzos es mérito de ese intercambio. Hoy por hoy el vínculo y el trabajo con Fuego Amigo Discos y Soy Mutante (Rosario) son parte fundamental del festival y esto es desde la primera edición de Otro Río. Esto nos permitió llegar a otros oídos, tanto en Rosario como en otras ciudades. De todos modos es innegable el crecimiento exponencial que tuvo Otro Río entre la primer edición y la última, y que de algún modo eso nos fue reconocido en nuestro papel como curadores del evento. Pero me gusta pensar que Otro Río es y será una ventana de lo que es nuestra escena local para la región y de la región a nuestra ciudad. Polvo es solo un engranaje de esa historia.

– ¿Cómo cambiaron sus cabezas al salir a otras ciudades a representar a Polvo pero también, un poco, a la ciudad?

Salir a la ruta como en cualquier viaje es poner a prueba tus habilidades y tus limitaciones. Te hace ver donde estás parado, es una forma de poner los pies en la tierra, te abre un panorama de caminos y posibilidades, de lo que tenés por delante. Es de algún modo una manera de mirarse al espejo y eso fue lo que nos paso como sello, ir descubriendo en cada viaje que teníamos cosas para mejorar, cosas para dejar en el camino y otras por sumar. Y esto una vez más fue producto del intercambio con otras personas que estaban librando batallas similares u opuestas a las nuestras con las peculiaridades y contextos propios de cada escena. Eso no significa ni por asomo que hayamos tenido una revelación universal de cuál es el camino, todavía nos seguimos dando golpes y el sello sigue en constante transformación. Por otro lado nunca nos pensamos como una vanguardia rosarina cuando íbamos a otras ciudades. Sólo somos otro frente de batalla más. Ahí es cuando surge la necesidad de crear el festival Otro Río, una verdadera punta de lanza para nuestra escena.

– Polvo vivió más de la mitad de su camino en tiempos del Kirchnerismo, a nivel nacional, y siempre con el socialismo en ciudad y provincia. Ambos modelos tuvieron políticas culturales con puntos en común y también diferencias. ¿Cómo se ubicaron frente a esas oportunidades? ¿Discutían entre ustedes acerca de la aproximación que tenían ambos modelos sobre industrias y políticas culturales?

En ese aspecto puedo decir que Polvo encuentra en su etapa seminal un contexto favorable en lo que se refiere a políticas culturales. Primero porque en nuestra provincia en dos ocasiones fuimos premiados con incentivos económicos a la producción fonográfica que nos permitieron dar nuestros primeros pasos. Luego, fuimos convocados para formar parte de la fase piloto de un programa de la Secretaría de Cultura de La Nación para articular una red de trabajo entre gestores culturales de todo el país y del cual sacamos una buena cosecha de amigos entre los cuales atesoramos a los chicos de Fuego Amigo Discos. En ninguna de esas ocasiones nos comprometimos políticamente, siempre dejamos claras nuestras posturas y diferencias, solo rescatamos lo que creímos prudente rescatar de esas experiencias y supimos transformarlas a nuestro favor o dejarlas atrás si no estábamos de acuerdo. Obviamente siempre se debatió sobre hasta dónde ir o dónde quedarse con algunas cuestiones que nos tocaban en este contexto, porque como es de esperar, las opiniones y posiciones dentro del sello eran de lo más variadas, aunque tengo que decir que en general el grueso del equipo siempre manejó cierta suspicacia al respecto. Hoy estamos afrontando otro escenario más complejo, con muchas hostilidades en el ámbito cultural que seguramente va a repercutir en nuestras formas, pero tampoco olvidemos que la mayoría de los movimientos creativos más fuertes nacieron precisamente bajo las coyunturas más adversas y desfavorables en términos políticos, sociales y económicos. Habrá que hacer balances en el cumple número nueve de Polvo (risas).

LAPTRA fue el catalizador para una generación de sellos al momento de tocar, gestionar y grabar. Ustedes se cuentan dentro de esa generación, sin embargo, hay una diferencia esencial tanto de Polvo como de otros sellos independientes del interior respecto a LAPTRA: una diversidad sonora vital. Eso me parece destacable, los platenses encendieron algo, hizo que los sellos se activen en sus respectivas regiones, que tomen sus propios caminos pero nadie tomó su impronta musical, todos fueron por su propia identidad, algo buenísimo.  ¿Fue LAPTRA una inspiración o modelo inicial?

LAPTRA es sin duda clave en la historia de Polvo. mucho antes de ponerle nombre y forma a todo esto, el disparador de este viaje fue una fecha que organizamos en la época de Vuelven De La Derrota y El Gran Diamante, junto a 107 Faunos en el 2010 en la última casa de Planeta X. Del sabor que nos quedó en el paladar aquella noche fue que nació la idea de crear el sello. Aunque no creo que se pueda decir que fue un modelo inicial para crear Polvo, sí puedo afirmar que LAPTRA fue una inspiración a nivel humano y operativo a lo largo de estos años y es uno de nuestros sellos hermanos. Del mismo modo que Javier Sisti Ripoll, director de dicho sello, ha sido un referente y una especie de guía espiritual en varios momentos de la historia de Polvo.

– ¿Y cómo nació esa amplitud musical que se manifestó desde el principio?

El espectro musical que abarca POLVO a lo largo de su catálogo y en sus propuestas en vivo, está directamente ligado a la inquietud estética, la búsqueda sonora y el apetito melómano de las personas que conformamos el sello. Además tanto en Argentina, como en la región estamos viviendo un momento muy fértil en lo que se refiere a música. Hay muchas cosas sucediendo al mismo tiempo. Nos resulta imposible mirar en una sola dirección y sobre todo los gustos de los que integramos el núcleo duro del sello son de los más variados. En mi caso personal soy devoto del catálogo de Fania Records, por ejemplo, lo cual puede resultar algo extraño para mis compañeros. Todo lo que nos haga correr la sangre por las venas es bienvenido. El imaginario del sello es una especie de legión extranjera donde pueden convivir tranquilamente Roberto Carlos, V8, Hermeto Pascoal y Kanye West. El único mandato es la emoción.

Aquí, Polvo

A partir de 2010 el mapa de espacios de difusión independientes se fue reinventando por todo el país. Por un lado haciendo pie en las facilidades de estructura, costos y alcance que la web ofrecía.  Luego por los vientos de cambio que la -hoy difunta- Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual significó. El nuevo circuito tomaba un vuelo realmente federal: Radios online, podcasts, blogs, redes, radios alternativas.  Comunicadorxs con genuina curiosidad, y de oídos inquietos, estaban pendientes de los nuevos sonidos y tenían espacios por donde esparcirlos. De repente periodistas de Neuquén estaban difundiendo artistas de Salta o Rosario. Bandas mendocinas estaban tocando canciones en radios rosarinas y esa misma noche,  cortando doscientas entradas en una fecha propia. Los discos viajaban con las bandas para venderse en recitales o en ferias de festivales. Movidas en Tecnópolis con grupos del todo el país. LAPTRA celebrando su festival e invitando a representantes del interior a participar. Encuentros de Industrias Culturales. Festivales en Mendoza, Santa Fe y Córdoba. Son tiempos de ebullición y todo se logra sin la validación de los medios de Buenos Aires. En este marco de dinámicas transformaciones, Morena Velázquez se incorpora como encargada de prensa de Polvo Bureau, trabajando codo a codo con las cabezas del sello hasta lograr que las canciones empiecen a viajar.
Velázquez se suma a Polvo a mediados de 2012 y lleva adelante la comunicación hasta finales del 2015 cuando se retira del sello por diferencias logísticas. Su trabajo inmediatamente se destaca por la lectura que la comunicadora tiene sobre el mapeo que, por entonces, estaba en plena transformación. Velázquez apela a los medios masivos – La Capital, Rosario 3, Clarín, Pagina/12, TELAM, Inrocks- para lograr que el nombre del sello y sus producciones empiecen a circular. Mientras tanto, la apuesta fuerte es por periodistas en radios, blogs o publicaciones de varias ciudades del interior; olfatos curiosos con deseo de indagar en la nueva escena argentina. “Mi vínculo con ese tipo de medios empieza por mi trabajo en radio universidad. De hecho, a los chicos de Polvo Bureau los conocí trabajando en radio universidad, a través de entrevistas y (risas) algunas peleas al principio. Yo siempre estaba buscando buscando de dónde salía todo lo nuevo, toda la movida independiente. ¿Cómo salía lo nuevo? ¿Adónde lo escuchaba? Uno se iba dando cuenta qué medio va sacando notas sobre nuevas bandas o movidas. venía viendo cosas de afuera como Ringo Discos en Córdoba o también prestaba especial atención a La Plata. Si en esas ciudades había tanta movida independiente, con recitales y bandas, también debería haber medios que lo reflejen en algún porcentaje” recuerda Velázquez.
Sobre los primeros días, y cómo se encaró el trabajo por hacer, apunta que “La idea no fue apuntar a los medios masivos. Al principio la construcción tenía que ver con algo más desde abajo. Había que ver qué banda acercarle a cada medio. Había que pensar a qué circuito acercarse. Los blogs estaban instalados pero ya estaban desapareciendo. Había que ver adónde se acercaba el material.Cuando entré nos pusimos con Valentín y Julián a ver a qué medios les gustaría llegar. Julián leía mucho de afuera, siempre estaba metido en medios que reflejaban la movida latinoamericana. Me acuerdo de Cassette de México y Remezcla de Estados Unidos. Después empezamos a ver qué medios, qué blogs, se tomaban de referencia en Iberoamérica. Estuvo bueno que justo en ese momento desde espacios estadounidense se le empezó a dar bola a la movida latinoamericana”.
La exintegrante del sello detalla cómo fueron logrando desarrollar una conexión ante la prensa que supiera expresar la impronta del colectivo: “El vínculo trato de generarlo con el periodista, no con el medio. Era ver, todo el tiempo, qué periodista escribía sobre tal estilo de música, sobre tal banda, para ver qué banda de Polvo le podía llegar a gustar. El vínculo se desarrolla con el periodista, siempre. Hay que tratar de contactarlo sin hostigamiento (risas). Hay que pensar en el presskit. Lo pensaba desde mi propio trabajo en la radio. ¿Qué me gustaría recibir a mi? ¿Qué quiero leer? Es importante saber qué se quiere comunicar. ¿Cómo va a ser el presskit? ¿Qué va a decir? Tiene que ver con el estilo de la banda, que sea algo original, que cuente otras cosas, más allá de lo obvio de fechas y formación. Tiene que haber algo simbólico y referencial, algo propio de la identidad del sello y de la banda. Eso lo trabajamos desde la propia identidad del sello siempre respetando la propia impronta de cada banda. Se buscó generar desde lo discursivo algo especial, algo que llegue a quien lo reciba”.

 
Mi Nave en acción en pleno cumpleaños.

Piñatas

El viernes del cumpleaños el Paraná regala una postal inigualable. A unos treinta metros del río, dentro del Galpón de la Música, el reloj se acerca a la hora indicada. Desde las 10 de la mañana los integrantes de Polvo Bureau trabajan armando feria, disponiendo la decoración, organizando los escenarios, probando sonido y demás pasos necesarios para el continuado de bandas que se viene a partir de las 18hs. Cuando faltan menos de veinte minutos para abrir las puertas los esfuerzos se intensifican, el staff del Galpón ultima detalles sobre iluminación, sonido, barras, baños. Los Polvo literalmente corren de un lado a otro, cargando escaleras, instrumentos, sillas. Sobre el escenario todavía se prueba sonido. Martín Greco, de Mi Nave y del a punto de debutar trío Tanti, chequea su bajo tocando “I Wanna be adored” de Stone Roses. Abajo de las tablas siguen los trotes mientras las agujas se acercan peligrosamente a la hora señalada.
En las puertas del Galpón hay algunas personas esperando entrar. Junto al río hay más gente que aguardan fumando. Que la gente responda desde temprano, llegando al minuto cero disfrutar de todas las bandas, de cada propuesta, conocida o por ser descubierta, es algo que el sello se propuso lograr desde la primera edición del festival Otro Río, sabiendo aprovechar todo el tiempo disponible de escenario, equipos y locación. Nada de tiempo muerto, nada de “la cosa arranca dos horas después de la hora citada en el flyer del evento”. Entre chequeos de escenarios, luces, sonido y piñatas con trotes y pulgares arriba, se escuchan gritos de “Vamos, dale” y las puertas se abren con sol veraniego que también ilumina al otrora depósito de cereales. El público ingresa mientras Tanti suena sobre el escenario. Sus canciones de post rock debutan ante unas treinta personas dispersas frente al escenario. Un problema de sonido molesta al baterista del grupo, el mismo Prieto, que animado lanza “Este fue el accidentado comienzo de los festejos por los seis años de Polvo Bureau. Se vienen ocho horas de música”. Y así el cronómetro comienza a girar.
Tanti, Juan Carlos Retrun, Korben Dallas, Hombre De Color, Camperas, Mariano Cambiaso y Yuliett arman el soundtrack de la tarde de viernes. La orquesta Korben Dallas hace gala de un thrash metal expresionista del litoral. Es inutil buscar referencias al estilo, ellos lo patentaron y su identidad crece con cada esporádica presentación. Un rato después Yuliett & Toscano, guitarra y batería, inyectan una dosis rockera que escarba directo directamente al hueso. Los Camperas sufren varios inconvenientes de sonido de los que salen airosos con dos guitarristas tan diferentes como complementarios. Con unas canciones ya colgadas en la red, estos muchachos prometen.

“Polvo Bureau nació en febrero o marzo  del 2011, días después de grabar el EP de El Gran Diamante. Ya habiendo grabado algo del primer disco de Vuelven de la Derrota y la aparición de Maxi (Vaccarini) como Jean Charles & Flaming OGT´s. recuerda Dutch Bertino mientras Hombre De Color interpreta sus canciones de pop low fi en el segundo escenario. Afuera la luna va tomando protagonismo y el otoño empieza a manifestarse. Bertino, otrora integrante de El Gran Diamante, hoy en Chimo y en los recién debutados Tanti,  arma un cigarrillo y agrega:“Nos veíamos buscando fechas y sabiendo lo complicado que era empezar a meterse. Éramos mucha fuerza buscando cómo meternos en la movida. Me acuerdo que estabamos en el patio de casa y dijimos “Che, vamos a hacer un sello, editemos estos discos, hay lugares donde podemos mandar proyectos para poder solventarlos” y así arrancó. Luego fue tomando la forma que conocemos. Se fue sumando otra gente. Fue así todo, por un lado principalmente por necesidad, de unir fuerzas”.

Mariano Cambiaso es una de las presencias musicales que datan desde la prehistoria de Polvo. El cantautor, parte de Los Codos además de trabajos solistas como el reciente La Distancia, es un hombre inquieto que parece haber encontrado calma en el sur argentino, al que abandonó por unos días para celebrar en Rosario. Cambiasso fue testigo privilegiado de la génesis del sello cumpleañero además de ser un hombre con experiencia previa en otro colectivo rosarino: Planeta X. Varios podrán recordar las noches de la casa de calle montevideo con un Cambiasso sentado en el piso de madera presentando, guitarra en mano, sus canciones íntimas.

– Vos venías de ser parte de Planeta X. ¿Qué diferencias encontraste cuando arrancaste con el nuevo colectivo?

El grupo de trabajo en Planeta X fue muy numeroso y generó un espacio físico y una manera de trabajar. Esa es una diferencia fundamental con mucho de lo que vino después. Polvo más que nada busca armar una escena pero a partir de grabación y no tanto desde la generación de un espacio de fiestas. La propuesta estética es distinta debido a que es otra generación, si bien hay influencias. Polvo se centra más en grabación de discos, en la producción específicamente, Planeta siempre fue más difuso en sus límites y también fue importante la creación de un espacio físico propio.

– Tu presencia como cancionista dentro de Polvo Bureau siempre fue algo diferente.

Yo hablaba ayer con Valentín porque en un punto me sentía raro de formar parte del catálogo de Polvo. Siento que lo mío no está dentro de la canción pop que busca la psicodelia y lo experimental que caracteriza a Polvo. Yo no estoy tanto por ahí, me agarro de los ritmos latinos y folklóricos, a la vez, también me agarro de la canción popular, yo soy amante de eso.

– Ahora que se da un fugaz reencuentro, ¿qué sentís acerca de Los Codos?

Ayer en los ensayos con Los Codos, recordábamos los primeros momentos. Especialmente esa primera época de tocar con lo que hay. Era todo muy precario. Yo aprendí a tocar el bajo con los codos, de tocar con Paulo, el en la batería y yo en el bajo. Mi aprendizaje fue “A ver cómo hago para seguirlo desde acá en el bajo”. Mi experiencia grupal empiezan en Los Codos. Ahí entro orgánicamente a tocar en un grupo, yo venía de tocar solo. Conocía a los chicos de otro lado, a Germán y al Chimo de Nausicaa. Con Paulo éramos fans de Nausicaa y cuando se incorpora Valentín nos dijimos “Chau, estamos todos buscando lo mismo”. Esa experiencia fue re interesante. Al principio eramos una banda que hacía los temas de nosotros en clave solista pero se fue borrando eso, comenzamos algo nuevo. De repente surgió otra cosa, un nuevo integrante que era Los Codos (risas). Fue algo más que nuestras individualidades. Paralelamente seguí desarrollando mi aspecto solista pero, de hecho, en la etapa más intensa de Los Codos dejé de componer canciones, dejé de sentarme solo a tocar, porque esta re metido en eso.

Pacífico

Desde el minuto cero de su creación Polvo Bureau tuvo una predilección por la música latinoamericana en toda su extensión y diversidad. Los integrantes del sello son parte de una generación crecida bajo el signo libertario del Revés/Yo soy de Café Tacuba; una camada para la cual la canción en español era la opción principal y no la categoría menor en las encuestas especializadas de fin de año.
Cuando el sello ya estaba conformado y daba sus primeros pasos lo representantes de Polvo no se limitaban a hablar o presentar sólo su música. Parecían emisarios de nuevas corrientes que por fuera de la ortodoxias masivas cobraban fortaleza dando vida a nuevos sonidos y a los deseos propios de juventudes de un siglo que ya tomaba control de sus propios gestos, himnos y escuelas. Los Polvo pululaban por los medios con sus propios discos pero eran apasionados transportes de información que recomendaban con admiración de artistas de toda latinoamérica.
Las plataformas de música habían arrimado  todo y la información estaba a flor de piel. El mapa iberoamericano ya no podía estar estático señalando cada ciudad o región con apenas dos o tres (o más) marcas de GPS con los artistas de cada ciudad.  Mendoza no era sólo Enanitos Verdes y Karamelo Santo, así como Rosario no era Cielo Razzo o Los Vándalos. Argentina era pura ebullición y al cruzar la cordillera la situación era similar. Chile presentaba cientos de expresiones de refinado pop, lecciones aprendidas de los Cafeta, los nativos Prisioneros y con los rastros impresos de Moura. En Santiago de Chile hay un grupo llamado Ases Falsos que los Polvo admiran mucho y siempre destacan por el resto de la nueva música latinoamericana. Sienten una predilección especial por las canciones de Cristóbal Briceño, cantante, líder y principal cerebro creativo del sexteto, y van corriendo la voz por todos lados. Buscan entusiasmar a la prensa que, como suele suceder, no siempre está atenta o no tiene ganas.
Ases Falsos es una constante que viene a repetirse una y otra vez en el historial del sello rosarino. En primer término como fans declarados. La segunda aparición llega para probar que un camino firme estaba siendo trazado con trabajo serio y dedicación: en 2014 Polvo coedita, junto al sello capitalino Fuego Amigo Discos, Queda Un Rato Piola, primer esfuerzo solista de Briceño. El cassette, una edición especial de 100 copias, sería prueba tangible de gestión y de las uniones cosechadas.
La constante volvería con una contundente aparición de realización e incredulidad. Ases Falsos debutaría en Rosario dentro de la grilla del Otro Río 2016. “Todavía no lo puedo creer. Hasta que no terminen de tocar no lo voy a creer” confiarían algunos integrantes del sello semanas previas al encuentro. La tarde del sábado 19 de noviembre en el Centro Cultural Parque España estaba fresca y la noche caía casi en su totalidad cuando el sexteto chileno subía a tocar sus canciones. Ese lapso de tiempo, algo soñado, tan imaginado como ansiado, tendría tintes épicos para muchos de los chicos y chicas presentes en el parque de los Cipreses.
Unos pocos meses más tarde, ya iniciando un nuevo año, el marco es diferente pero el Paraná sigue siendo el escenario. Se celebran seis años de Polvo Bureau y el maratón musical de ocho horas cuenta con Cristóbal Briceño, hoy en plan solista.
El santiaguino viste shorts de fútbol, deporte que lo apasiona tanto como las canciones. Briceño estuvo la noche anterior tocando en Buenos Aires y arribó a Rosario temprano en el día, esperando paciente su turno para tomar uno de los escenarios del festejo. Sentado en un castigado sofá de los camarines del Galpón de la música, el admirador del Loco Bielsa, rasguea su guitarra mientras responde las preguntas de manera reflexiva, tomándose el tiempo necesario para una buena devolución. La conversación arranca desde la que fue la primera visita a Rosario, pocos meses atrás, junto a sus hermanos de banda, Ases Falsos.
Como toda primera vez fue un poquito tenso” señala sobre el debut del grupo en Otro Río. Acerca de la ciudad que vuelve a recibirlo Briceño apunta que “Me encantaría darle tiraje a la relación con la ciudad porque es una ciudad increíble, lo digo como soy, no soy de lamer bota, lo hago cuando la bota me place y en este caso, me place. Hoy mismo entrando a la ciudad en ómnibus veía que es una ciudad increíble, maravillosa, llena de historia que para nosotros es muy relevante, desde Lito Nebbia, Ernesto Guevara, Lionel Messi, (Marcelo) Bielsa, pero musicalmente también, me hace sentir conexión y admiración”.  El cantautor pronto también se adentra entre los vínculos que el tiempo sabe construir entre artistas, ciudades y público: “Creo que las relaciones van mejorando con práctica, todo va mejorando con práctica, me encantaría volver. El Otro Río fue un buen comienzo, el sonido estaba muy bueno, eso es lo primordial especialmente para una banda que suena fuerte como la nuestra. Es importante tener un sustento técnico a la altura y el festival estaba muy bien organizado. No hace mucho que fue así que me acuerdo bien. Durante la prueba de sonido yo estaba viendo a la banda tocar, yo soy admirador de mis compañeros, y era como Hall & Oates, sonaba muy bien (risas). Ese (Centro Cultural Parque España) lugar es abierto pero cerrado y no tiene rebote, sonaba muy bien, en ese momento me sentí muy orgulloso de formar parte de la banda y poder estar en otro país presentando canciones. Creo que la relación va a mejorar, la experiencia va a ser todavía más fructífera, si prospera, si se hace recurrente pero está muy difícil viajar hasta acá, especialmente si no lo hacés con fondos gubernamentales. Nosotros somos vergonzosos entonces no postulamos esos fondos porque vergüenza”.

– Siendo un artista reconocido, con éxito considerable en tu país, elegiste editar un trabajo solista a través de incipientes sellos argentinos. ¿Por qué editar en el circuito indie de otro país?

Me parece a mí que ya estaba recibiendo suficiente atención con mi trabajo en la banda entonces añadirle a esa presión social una excesiva figuración de mis discos solistas no era peso que quería cargar. Por eso también el disco se llama así Deja un rato Piola que sería algo así como “deja un momento más a la sombra”. Los discos que he grabado solo que son dos, Deja un rato Piola y Cuerpo a cuerpo, son más bien espacio de juego, no tanto de competencia. Creo que quería hacerlo lejos de Chile, ya estaba un poco saturado del circuito chileno que es bastante pequeño y creo que el circuito también está saturado de mí (risas). Traté de hacerlo lejos, con la suerte de que encontré acá a los muchachos rosarinos que tenían un interés en mi trabajo.

– Vos te decidiste muy joven a darte por completo a la música. ¿Cómo fue llegar a esa decisión aún cuando no había nada garantizado?

Creo que respecto a la música popular, es ella la que te elige a tí, a través, en primer lugar, del público. Es muy difícil ser música cuando no encuentras tu público, muy, muy difícil. Yo soy testigo de grandes bandas que no logran madurar porque no encuentran nunca su público. En nuestra caso lo encontramos. Ya llevamos mucho tiempo tocando, siempre fue creciendo, eso ya te lo hace más fácil, esa es la parte, quizás, más mundana del asunto. Luego viene lo que es la correspondencia de la música, también hay mucha gente que quiere dedicarse a la música y ser compositor o cantante, en parte atraído por el aplauso, por las chicas, lo mismo que tal vez me atrae a mi, quizás.  Sería en vano de mi parte negar que también tengo  un alto componente vanidoso que trato de mantener a raya pero también trato de no negarlo porque eso me haría daño. Los aplausos, las chicas, el no trabajar, eso de no tener que trabajar era algo que decía Vicentico, que lo más los determinó a los Cadillacs a dedicarse a la música era no tener que laburar. Concuerdo con eso. Muchas veces uno quiere hacer algo que no le corresponde. Por ejemplo, a mí me gustaría ser futbolista pero sé que no me corresponde. Creo que en el caso de la música ella fue la que me acogió. Me nutre todos los días de entusiasmo, de ideas, de voluntad para trabajar. Todos los días trabajo, esté donde esté. Tengo una cantidad de canciones que supera ampliamente mi catálogo, lo dobla o triplica, quizás. Siempre tengo un horizonte al cual dirigirme. Me siento todavía muy joven, siento que recién estoy empezando. Sé que ahora viene lo bueno, lo que vieron hasta ahora era solamente un ensayo. Me siento correspondido por la música y agradezco.

Media hora más tarde, Briceño arranca su set con “Séptimo cielo” y el público se sienta frente al escenario cubriendo la postal con una atención rayda a la devoció; un silencio que se rompe para aplaudir al final de cada canción. Afuera, la gente hace fila para ingresar o se agrupa para fumar bajo una noche completa. El chileno quiebra el maratón musical en dos y el cumpleaños se predispone a recibir a Mi Nave, 107 Faunos, Chimo, Queridas, Mi Amigo Invencible, Daddy Rocks  y  Päl Das Shutter.

La noche concluye con Päl Das Shutter tirando piñatas y Galpón por la ventana. En determinado momento uno de los encargados del espacio municipal prende las luces y apaga el sonido porque su horario de trabajo ya está cumplido. Desestimando tanto la falta de amplificación como las luces prendidas, la efervescencia cumpleañera es tal que la gente sigue cantando y saltando. Entre cánticos y abrazos el maratón musical llega a su final.

Briceño junto al Paraná.

Esa misma noche de viernes, en simultáneo, tenía lugar un recital de Aguas Tónicas y Los Espíritus en el clásico Sindicato de Canillitas. El concierto de la banda de Prietto & Moraes a caballo de su magnífico Gratitud convoca a cientos de personas que colman el lugar obligando a la producción a cortar el ingreso colgando el cartel de AGOTADO, algo que se repite cada vez más para el sexteto pero no es usual para el rock en Rosario. El público del recital en calle Buenos Aires no es el mismo del Galpón. Las edades son diferentes, también la onda del público, sólo unos pocos se repiten en ambas propuestas. Públicos distintos en espacios  diferentes y alejados, nada de “me cruzo” o “llego sobre el pucho, total está cerca”. Desde que a las 18hs comienza el cumpleaños de Polvo hasta la madrugada en que Los Espíritus tiran el último acorde de “Noches de verano”, una parte de la ciudad vibra con canciones jóvenes, diferentes, refrescantes. Se comprueba que dos recitales importantes pueden superponerse y obtener una contundente respuesta del público sin riesgo a restarse. El viernes fue una jornada de resultados altamente positivos y remarcables. Aún así, pasan los dias y nada de lo ocurrido se ve reflejado en los medios masivos. Aparecen las habituales capturas de lxs fotografxs presentes, fotos  y videos capturados por los propios espectadores. Videos de la reunión de Los Codos, de la prendida de luz, de la piñatas.  Pero nada ni siquiera asoma en los medios masivos. Parecería que es el mismo público quien toma la iniciativa de registrar esos momentos donde los medios no se interesan por lo que sucede.

Un semana más tarde Prieto conversa sobre el acontecido cumpleaños, el primer trimestre del 2017 que va cerrándose y otros tópicos que fueron surgiendo en las entrevistas con sus compañeros. “Apagaron la luz y la gente seguía ahí, bailando”, apunta contento sobre el final de la celebración. Acerca de la sólida respuesta de la gente al Festival del sello y al recital de Los Espíritus comenta que “la noche del viernes probó que se pueden hacer dos cosas así con respuesta del público”.

– Fue buenísima la respuesta para ambas propuestas. Amarga un poco que cosas así sucedan pero nada quede reflejado más allá de las fotos. ¿Qué te parece que no haya notas sobre lo ocurrido el viernes? Ocurre con muchas de las actividades musicales en Rosario.

Cuando nosotros arrancamos Otro Río nos sacamos la camiseta del sello porque el festival medio que creció por otro lado. Creció muy rápido y asumimos otra responsabilidad. Lo que más te frustra cuando hacés un festival es que al día siguiente se termina. Ahora hay fenómeno relativamente nuevo de chicos que pagan la entrada y van a sacar fotos porque quieren ser fotógrafos, entonces al otro día te encontrás con esa producción y podés rememorar el momento. A veces la gente también se copa con compartir videos. Pero una vez que el festival se termina, y esto lo sentimos en el caso de Otro Río, no hay devolución. Es un vacío muy fuerte.  Sólo te queda la experiencia y muchas veces la experiencia está atada a si lo pasaste bien o la pasaste mal porque pocas alguien se te acerca para darte una crítica, para decirte, “Che, mirá esto pudo haber estado mejor”. Cada vez que tenemos que hacer algo nuevo dependemos de nosotros porque nadie viene y te dice nada. Cuando hicimos el primer Otro Río me acuerdo que Lali Tubino escribió en su blog que fue un bajón que no hubiese ninguna banda de mujeres, que eran todos tipos. Entonces para el año siguiente tratamos de equilibrar las cosas en cuestiones de género, al punto de que esa edición hubo prácticamente un escenario femenino. Eso re sirvió. Que alguien tire esa data. Hace falta un montón la crítica, incluso la crítica dura. Esa falta no es algo de nuestra ciudad. En Buenos Aires los medios que se dedican a la música que hacemos nosotros levantan gacetilla a lo loco.  Muy pocas veces te sentás a leer una crítica de discos. Capaz algo de lo que escribe Santiago Segura. Hay pocos casos. Yo compro Radar y en las notas a bandas te cuentan cosas que son anecdóticas, sobre la abuela de Pepito, cosas que no van al caso. Me parece que es un problema global. Hay poca crítica de rock, en general. En Festivales es mayor el problema. Tal vez sea que es algo muy novedoso que haya dos o tres escenarios.

– Es que un festival que tiene cuatro ediciones no es fenómeno nuevo.

Capaz que dentro de veinte años alguien escribe algo. Me da la sensación de que el periodismo está muy engacetillado. Gacetilla es justamente eso, anunciar algo que va a pasar. Entonces los medios que hay, que son muy pocos, absorben eso y termina siendo una cartelera. Se absorbe todo lo que es la previa. A nosotros, como productores, nos duele que no haya una crítica que te pueda ayudar a crecer. Mi recuerdo es que el último Otro Río estuvo buenísimo pero por ahí hay un montón de cosas que se me pasaron. ¿Qué tengo que hacer entonces? Reunirme con todas las personas de las que me interesan su opinión, hacer una especie de trabajo de campo para ver en qué se puede mejorar. De todas maneras nosotros trabajamos para la gente, no para los medios. Igual, estamos muy agradecidos con todos los que nos siguen aguantando luego de seis años. La otra vez fuimos por primera vez a la redacción de La Capital y nos sentaron, nos sacaron fotos, nos dieron la tapa de Escenario. No sé quién levantó el tubo. No tengo idea de cómo sucedió. Nosotros ya no nos hacemos la cabeza con la prensa, hacemos laburo de redes y si eso se replica en algún medio, buenísimo. Nosotros no hacemos festivales para los periodistas. Otra cosa complicada al momento de armar una festival, a pesar de que parece de que no hay medios, hay muchas bandas que están super hypeadas y hay que tener cuidado de no pisar el palito y traer un grupo que está inflado.

¿En estos seis años cómo se ubicaron frente a las políticas culturales del Socialismo y el Kirchnerismo. ¿En algún momento hubo fricciones entre ustedes?

Sí, sí hubo fricciones. Las tuvimos cuando estuvimos en Recalculando que era el programa del Ministerio de Cultura de la Nación que intentaba desarrollar a los colectivos artísticos. En cuestiones de políticas culturales el Socialismo y el Kichnerismo tenían un montón de cosas en común, en su momento, pero por cuestiones de puta política costaba un montón coordinarlas. Había un poco de temor. Puntualmente en la música no ha pasado tanto eso, pero sí ha pasado en el Cine. Por ejemplo, no querían que la sede oficial del INCAA estuviera en El Cairo entones la mandaron al (sala de cine) Arteón. Cuando nosotros empezamos en 2012 con el recalculado todavía había esa fricción. Inclusive, Otro Río originalmente tenía el apoyo de la municipalidad porque lo hacíamos en espacios municipales y teníamos el apoyo de Recalculando que bancaba con algunos pasajes y a los tipos a veces les costaba venir. Yo una vez le dije a uno de los cabezas del programa “Vos no venís porque no te la bancás, porque no te conviene venir acá”. Ahora es ridículo porque al final, está Macri y hablamos de esto como si fuera un tiempo pasado lejísimo pero fueron tres o cuatro años. Fricciones internas no nos generaron. Sí esas fricciones que a veces nos dábamos cuenta que había un montón de cosas en común en ciertas políticas culturales entre la Provincia y la Nación y que ellos no querían coordinar. No había manera de que coordinen, no querían. De ningún lado les interesaba coordinar. Recalculando era raro.  Querían aplicar esa cosa desarrollista que tenía el Kirchnerismo a las políticas culturales. Nos querían convertir en una Pyme, me parece que esa la política de trabajo en general. Estaba buena la manera en que encaraban las políticas culturales pero a veces era medio exagerado, la verdad que nosotros, más lejos de ser una Pyme, imposible. La fricción surgió entre ellos más que del nuestro. Nosotros ganamos Espacio Santafesino la primera vez que nos presentamos e hicimos siete discos en vez de tres. Yo me arrepiento de haber hecho eso, fue como un pecado de juventud. Hoy si hubiese ganado ese premio preferiría grabar tres discos como la gente antes que sacar discos a rolete. En ese momento sentíamos que nos teníamos que darnos a conocer  y que teníamos que editar un disco tras otro, dar a conocer la marca. Eso funcionó porque al año y medio de fundar el sello nos llamaron de Recalculando. Fuimos a tocar a Tecnopolís con Vuelven de la Derrota y todas cosas que cuando fundamos el sello eran completamente impensadas. A menos de un año había un grupo yendo a tocar a Capital y a La Plata. El sello rápidamente se hizo conocido. Fue una época en la que había menos oferta de la que hay hoy. Por estos días se puede hablar de mil grupos y la mayoría está yendo a tocar a Buenos Aires. En ese momento, hace seis años, también coincidió con el declive de Planeta X, el último año de la casa en calle Montevideo. Nosotros agarramos un momento que supimos aprovechar, simplemente porque caímos ahí, fue una cuestión generacional.

– Al Festival de Otro Río lo armaron con muy poco presupuesto de la Muni y desde entonces pelean por un apoyo mayor a cada año. Se rumorea que desde de Cultura quisieron subirles ese apoyo económico pero no prosperó esa iniciativa.  Al mismo tiempo, a través de las gacetillas de prensa y en la difusión, la Muni un poco muestra el festival como si fuera algo de iniciativa de su gestión. ¿Cómo les sienta algo así? 

El apoyo de Cultura al Festival fue, el primer año, nulo. La segunda edición fue un poco mayor. Fue fuerte para el tercero y el año pasado, ya nos llamó el loco de Comunicación para pedirnos data y mandó gacetilla un día antes. Mirá, no sé si un poco de “A caballo regalado no se le miran los dientes”. La realidad es que para ellos es un vuelto. Yo creo que nuestro trabajo vale mucho más y es una lucha que llevamos adelante año tras año. El año pasado nosotros logramos que la Muni desenvuelva una guita que fue para darle una especie de cachet simbólico a los artistas rosarinos. Año tras año damos la lucha, pequeñas batallas que vamos conquistando. Sabemos que son luchas en la política, que se dan adentro, tenemos que tener paciencia. Pero la realidad es que yo no puedo sentirme mal si ellos quieren apropiárselo un poco ya que la realidad es que a nosotros nos ponen un montón de cosas que no se las ponen a cualquiera. Uno entra en una dinámica de pedir, pelear, te dan, pelear, al final te dan pero un poco menos, a veces uno termina perdiendo perspectiva de que están dando un montón de cosas que a mucha gente no se las dan. Nosotros estamos con la conciencia tranquila de que no es sólo para nosotros porque en Otro Río tocan un montón de grupos rosarinos que a veces no conocemos y que terminamos conociendo ahí.  A veces me da miedo que, sin querer, estemos pensando como piensan ellos. Cuando nos sentamos a tratar de hacer una curaduría para el Festival simplemente elegimos a los grupos que están como asomando la cabeza y al final parece que estuviéramos haciendo el trabajo de ellos y eso, a veces, a mí me preocupa. Otro Río se ha convertido en un encuentro anual de micro escenas, de todas esas escenas que mueven unas cien personas por fin de semana, escenas en las que algo hay pero hace falta darles un empujón. Lo que tiene de bueno Otro Río es  poder hacerlo en horario más ATP, que se encuentre con gente que no los puede ver por una cuestión de horarios y con buen sonido. Otro Río tiene una cosa muy política, tratamos siempre que todos los grupos toquen el mismo tiempo, que todos cobren lo mismo, que todos tengan el mismo tamaño en la tipografía del afiche, evitar trabajar con la lógica del headliner, cosas así. Entonces si nosotros tenemos todas esas cosas que son innegociables y que son políticas, tampoco nos podemos quejar de que la política nos quiera absorber por otro lado. La realidad es que es un festival que tiene como una bajada. Nosotros nos ponemos en un rol de productores y tratamos que sea una cosa plural, donde haya diversidad, que sea una propuesta heterogénea. Yo te soy sincero, ojalá Otro Río se convierta en un festival oficial de la municipalidad, como el de Teatro o el de Poesía, y cobráramos por hacer esto. Que una vez por año nos digan “Muchachos, éste va a ser el presupuesto”. Capaz que nos meten un par de muñecos con los que tenés que laburar pero a nosotros hasta ahora no nos impusieron ninguna banda. Está bien, los locos se apropian un poco pero nunca nos dijeron “Che, ¿por qué no meten a ésta banda?” o “¿Por qué no laburan con este muñeco que acá lo tenemos al pedo de ñoqui?”. Cuesta un montón trabajar con ellos. Para pedir la pantalla y el proyector del escenario principal del año pasado, había que pedírselo  a otro proveedor porque era algo de dimensiones de un cine, tuve que ir tres mañanas seguidas a Cultura. Me sentía en “Las doce pruebas de Asterix”. Es así pero es el lugar donde nos metimos. Nosotros tenemos muy pocas herramientas para buscar el apoyo de privados. Nos resulta más sencillo pedir una fecha en el Galpón de la Música que con el loco de Floyd que te habla estrictamente de números. Ahí estás hablando de negocios y nosotros somos unos quesos con los negocios. Entonces la disputa más relacionada a las políticas culturales es una disputa en la que nosotros estamos para capacitados, por nuestra naturaleza, por los trabajos que hacemos nosotros. La realidad es que más fácil sentarse con Lila (Siegrist) – Subsecretaria de Industrias Culturales y Creativas – o con Luis Alfonso -Director de Programación Cultural- que con la gente de McNamara. Es así porque es otro lenguaje. Es un lenguaje que nosotros tenemos menos aceitado y lo digo con autocrítica, a nosotros todavía nos falta el apoyo de una marca que se cope con Otro Río.  

TXT – Lucas Canalda
Ph – Giulia.ant

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