QUIZ RAPTILIANO #29: JUAN ÁNGEL SZAMA

Quiz >  Cuestionario raptiliano para indagar en figuras de la cultura desde una óptica diferente.
Diez preguntas universales sobre el tiempo que habitamos + un puñado de interrogantes extras sobre su campo de acción.
Ilustraciones > Sebastián Sala

Juan Ángel Szama es dibujante, pintor, apuntador televisivo y editor. Es parte del comité organizador de Crack Bang Boom, la convención de historietas más importante de Argentina.
Lleva adelante Szama Ediciones desde 2015 publicando libros de artistas como Renzo Podestá, Manuel Depetris, Mariano Taibo, Patricio Oliver y Loris Z, entre otrxs.
Como apuntador trabajó en Pol-ka, Disney y Netflix. Fue colaborador de medios de comunicación como la revista Atypica y radios como Rock & Pop y Metro.
Además i
ntegra el colectivo editorial BS y desde 2020 forma parte de Espacio Moebius, editorial y galería de arte.


¿Cuál es tu humor por las mañanas?

Suelo despertarme como si me hubiesen cagado a palos, no descanso bien nunca, si no fuese por las bebidas energizantes no podría realizar las funciones más básicas.

¿Cuál fue tu primer trabajo? ¿Aprendiste algo valioso?

Mi primer trabajo pago fue en una fabrica de serigrafía industrial, diseñaba y armaba cosas tipo etiquetas para fiambres y embutidos. La mayoría de los trabajos que tuve siempre intenté que tuvieran una utilidad más allá del trabajo y que me sirviese para aprender algo para usar en mis cosas, en este caso aprender todo lo vinculado a la serigrafía y el estampado industrial.

¿Quién es tu héroe/heroína? ¿Por qué?

¿Mi viejo? ¿mi vieja?, no sé. En lineas generales mis héroes suelen ser los que mueran en la suya, acierten o no en el proceso.

¿Qué experiencia fue decisiva para que decidieras dedicarte a la historieta como editor?

En determinado momento (con el primer libro de historietas que edité) me di cuenta que si no lo editaba yo no lo iba a editar nadie, me hago editor porque quiero que el libro en cuestión exista. Edito para mi, soy mi primer lector y por eso la personalización de mi apellido en el nombre de la editorial.

¿En alguna ocasión te sentiste abrumadx por las redes sociales? ¿Por qué?

Me sentí muy abrumado en la instancia previa a las redes sociales, en la época de los blogs, Fotolog y todo eso. Más que nada porque volcaba en esos lugares cosas muy personales a modo de catarsis y muchas veces me despertaba “el día después” con la sensación de para qué, qué sentido tiene, etc. Ese modo catártico de posicionarme frente a las redes me llevó a pelearme o distanciarme de mucha gente solo por decir “lo que pensaba”. De un tiempo a esta parte mi relación con las redes es en plan de “elige tus batallas”, no todo tiene que ser comentado, no todo requiere de mi análisis, no soy tan importante.

¿Qué tipo de placer culposo disfrutás a escondidas?

No creo en el concepto de placer culposo, la culpa se la dejo a los cristianos. Muchas veces verbalizo y defiendo cosas que en teoría “no me deberían gustar” un poco para desacralizar esa idea de que hay un consumo cultural que debería ser negado.

¿Cuán importante es el ocio en tu vida cotidiana? ¿Es imprescindible?

Es importante del mismo modo que muchas veces no me lo permito en pos de ser “productivo”. Si no tuviese esos escapes ociosos mal no sea mirar el techo me volvería loco.

¿Cuál es tu límite con el consumo irónico? 

Me embola la idea de consumo irónico, me embola ese subrayado que se hace sobre ciertos consumos culturales en plan “yo soy más inteligente que esto”, pero igualmente se clavan una temporada completa de la mierda nueva del mes solo para poder hacer un twitt sarcástico. Todo lo que consumo lo hago porque tengo ganas, ya sea que me hable o no me hable a mi.

¿En algún momento sentiste paranoia sobre los algoritmos?

Cero paranoia con eso, entiendo las reglas del juego, si quiero ser parte de una red social, o plataforma de consumo o lo que sea las reglas a pagar son que van a intentar venderte lo que en teoría querés en función de consumos y búsquedas previas. Del mismo modo que nadie me obliga a tener redes sociales, nadie me obliga a seguir algoritmos. Así todo muchas veces me gusta jugar con ellos, por ejemplo, los algoritmos de Spotify, o de Netflix, o YouTube se ajusta bastante a las cosas que podría consumir o que podrían interesarme.

¿A quién le dejarías tu biblioteca de historietas cuando mueras?

A mis amigos y lo que no elijan ellos que se encarguen de que llegue a bibliotecas populares, centros culturales barriales, etc

¿Con tantos cambios radicales en los paradigmas culturales de los últimos 10 años te parece que el canon de la historieta argentina se está reescribiendo?

La idea de un canon per se me parece obsoleta, la mayoría de los que abogan por eso o murieron, o están en vías de, o quieren la llave de la ciudad, el supertazón y palmaditas en la espalda. Por suerte a las nuevas generaciones les importa un huevo esto, no solo eso, a muchos de esos autores no les interesa ni los espacios de validación tradicionales ni les interesa los autores que se consideran parte del canon.

-Szama Ediciones viene publicando títulos de autorxs con identidades fuertes y visiones algo corridas del flujo principal. El catálogo de la editorial es joven, diverso y potente. Sabés elegir cada título y proyecto con cuidado y proyección.
¿Qué te habla de cada autor? ¿Qué es lo que te lleva a publicar un título o un serial?

El plan es que no hay plan. En lineas generales repito lo que ya dije, como editor soy el primer lector, en ningún momento pienso una estrategia mas allá de quiero que el libro exista. Todo lo que edito tiene que gustarme a mi y ahora con el recorrido realizado pienso no solo que me guste a mi sino que pueda dialogar con el resto del catalogo. Me gustaría que la editorial no dependa tanto de mi trabajo de la vida real y poder editar indiscriminadamente para poder armar islas de sentido o colecciones con tal o cual autor o grupo de autores. Al final tenía un plan, se ve.

-Antes mencionaba el cambio de paradigma que llegó en la última década. Con el advenimiento de las redes sociales,  unx artista independiente amasa cientos de miles (o millones) de seguidores, eclipsando con facilidad la visibilidad de las editoriales que publican su material.
¿Cuáles fueron los cambios obligados que tuvieron que enfrentar las editoriales para mantenerse a flote y mostrarse todavía esenciales para el artista y para el público consumidor?

Creo que si como editor te pones a pensar en eso, no sos editor, sos otra cosa y te recomiendo que te pongas un parripollo. No somos importantes, no somos necesarios, ni esenciales, si el autor que es éxito a las redes quiere editar su libro bienvenido, si quiere promocionarlo genial, si no quiere promocionarlo o prefiere entregarse a vender sus cosas por Patreon bienvenido, también. Todo lo otro es pensar en términos de mercado y cosas que no me interesan ni deberían interesarle al autor.

-Sobre la enorme visibilidad de las redes sociales: ¿la cantidad de seguidores se traduce en lectorxs y ventas reales?

Depende mucho de lo que vendas, como lo vendas, si tenes una editorial que crea en eso detrás, a veces se traduce en ventas, a veces no, no tomaría las redes como parámetro de éxito asegurado para nada. De hecho muchos autores que tienen infinidad de seguidores solo siguen a ese autor, no les interesa otra cosa, no saben que pueda existir un libro. A veces hay fenómenos de ese tipo que terminan comprándose el libro resultante por “el chiste” del objeto y no por el contenido.

-Durante varios años fuiste colaborador estable de la revista Atypica. Allí escribías sobre arte contemporáneo, proponiendo artículos que manejaban un flujo libre más cercano a un observador beat que a la típica crítica de arte estandarizada en mármol y poleras de cuello alto.
¿Cómo recordás esas colaboraciones?

Recuerdo que Atypica era el lugar donde todos querían estar. Desde el día que Guilla (Guillermina Ygelman, directora) me convoca hasta la ultima Atypica siempre pensé que se iban a dar cuenta que fue un error convocarme. En lo personal fue la primera vez que tuve un editor (Andrés Conti) atento a lo que escribía, a sugerirme temas, a corregir lo que hubiese por corregir e incluso rechazarme notas en pos de “preservarme”. No sé cuánto resisten el archivo esos textos. En algún momento pensé en agruparlos: les pegué una leída y todo en ese plan, pero no me gustaron. Ya ni sé qué puse y porqué lo puse, igualmente agradecido eternamente a Guilla y Andrés  por haberme invitado a jugar.

 

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