Quiz Raptiliano 003: Mercedes Gómez de la Cruz

Quiz >  Cuestionario raptiliano para indagar en figuras de la cultura desde una óptica diferente.
Diez preguntas universales sobre el tiempo que habitamos + un puñado de interrogantes extras sobre su campo de acción.
Ilustraciones > Sebastián Sala

 

Mercedes Gómez de la Cruz es poeta, escritora y editora. 
Publicó los libros  Lo que huye, 100 muñecas, Soy fiestera, Roca Madre y Caudal.
Fue editora de la revista de narrativa y poesía Viajeros de la Underwood. Además, junto a la artista Gabriela M. Rodi, llevó adelante el sello de libros Junco y Capulí.
Integra decenas de antologías y administra el blog AndromedaMil

 

 

 

¿Cuál es tu humor por las mañanas?

En general me levanto de buen humor (es mi percepción, claro). Ese estado puede cambiar si de repente hay mucho ruido a mi alrededor (voces o lo que sea). Todos los días me levanto muy temprano para ir a trabajar. Me gusta tener unos minutos para mí, aunque sea 15 o 20 minutos en los que preparo mi bolso, hago algunos ejercicios y leo algo cortito. Después despierto a mi hija para llevarla al colegio y salimos juntas. Los fines de semana hago más o menos lo mismo. Me gusta despertarme sin despertador, temprano y que todes sigan durmiendo en la casa mientras yo hago mis rituales, tomo mate y me dedico a leer o a escribir. Si se despiertan y empiezan a darme vueltas alrededor, ahí mi humor cambia… Durante la cuarentena mi ritmo cambió bastante, no es tan metódico y mi humor no es tan bueno tampoco.

¿Quién es tu héroe /heroína? ¿Por qué? 

Con el coronavirus y la cuarentena podría ser obsecuente y decir que los médicos y los trabajadores de la salud son héroes. De alguna forma lo son, claro que sí. Sólo que no en el sentido heroico al que estamos acostumbradxs a pensarlo, no en eso de “dar la vida” sino en el sentido más profundo: el de asumir la propia responsabilidad. Algo que muchas veces dimensionamos poco. Creo que son muchos los héroes y heruas. Eso dificulta nombrar a unx. Ahora, puesta a nombrar, te digo que Eva Perón es mi heroína, una superhérua. Porque supo aprovechar su presente para construir un futuro mejor para mucha gente. Néstor Kirchner y Cristina Fernández son mis héroes también por los mismos motivos. También Madonna, porque tuvo la valentía de hacer su arte y todo lo que hizo, siendo muy joven y en una época mucho más dura que ésta para las mujeres. Y porque lo hizo con inteligencia y ganando mucho dinero, es decir obteniendo sus propios beneficios en un tiempo en el que ser mujer, artista masiva y millonaria eran mala palabra. Todes elles fueron y son muy valientes porque asumieron quiénes son y lo hicieron, yendo al frente, sin arrugar ante quienes les critiquen. Y más cerca mis héroes y heroínas son mis abuelas, mis abuelos, mi madre y mi padre. Son personas que han vivido y que viven sus vidas asumiendo la responsabilidad de las cosas que eligieron. Eso es de un valor incalculable y un ejemplo luminoso para mí.

¿Qué experiencia fue decisiva para que decidieras terminantemente dedicarte a lo tuyo? 

Primero me gustaría saber qué es “lo mío” ¿te referís a la poesía? ¿a la literatura? Creo que lo mío está ligado a la escritura como forma de asumir mi lugar en el mundo. En mi fuero íntimo me considero una artista que escribe. Escribir es lo que hago mejor y lo que numerariamente hago más. Pero a veces también hago otras cosas: edito  libros, hago performance, intervenciones en instalaciones, interpretación teatral, canto, doy clases, pinté murales… Aunque todo esto siempre lo hice y lo hago ligado a la literatura. Nací y vivo en Rosario. Nunca me planteé seriamente vivir en otro lugar, al menos hasta ahora. Hubo varias cosas que fueron fundamentales para mí. En la casa de mis mapadres se compraba el diario La Capital. Había épocas en que se compraba todos los días. En febrero de 1994, me levantaba y leía el diario. Ahí leí el anuncio de una lectura de poesía y narrativa que organizaba la revista Ciudad Gótica en el bar Tiempos Modernos, que estaba enfrente de la Alianza Francesa. No logro recordar si las lecturas eran los martes o los jueves o qué día de la semana. Fui con mi hermana, ella tenía 13 y yo 19. Ahí supe que había gente más o menos de mi edad que también escribía y empecé a sentirme un bicho menos raro. Semana a semana íbamos a escuchar. Lo disfrutaba mucho. Una vez me animé a leer un poema. El ciclo duró un mes y mi hermana me hacía el aguante. Meses después, fui por primera vez al Festival de Poesía de Rosario (siempre cuento esto). Era la segunda vez que se hacía el festival, recuerdo que era viernes y fui a escuchar a Roberto Juarroz de quien había leído algunos poemas sueltos. No recuerdo exactamente qué fue lo que dijo. Sí recuerdo que en esa época yo sentía vergüenza de lo que escribía y rara vez mostraba a alguien lo que hacía. Estudiaba Letras y sentía que no había nada que pudiera decir/escribir que valiera el tiempo ni la atención de una escucha o de una lectura. Como decía, no recuerdo qué dijo Juarroz, sí recuerdo que escucharlo me dio confianza y me ayudó a asumir mi responsabilidad con mi propia palabra. Eso fue determinante para mí. Después escuché a Beatriz Vallejos y a los 21 años la visité y conversamos. Me alentaron mucho sus comentarios sobre mi poesía. En todo ese tiempo fui conociendo mucha gente del ámbito literario, del teatro y de la música, formar parte de una comunidad, o círculo de artistas -como quieras llamarlo- también contribuyó a que continuara “en lo mío”.

¿En alguna ocasión te sentiste abrumadx por las redes sociales? ¿Por qué? 

Sí, durante la cuarentena. Los mensajes permanentes de “mirá el nuevo video”, “escuchá el nuevo tema”, “esta noche hay un vivo”, “leé estos libros”, “mirá esta película”. Demasiados imperativos que siempre estuvieron pero que se vieron exacerbados. Antes de eso no me sentía muy abrumada, salvo por el volumen de réplicas y repeticiones, también por la violencia verbal que a veces surgen en los intercambios. Me gustan las redes sociales. Sucede que es una maquinaria imparable. Hay que saber preservase para poder usarlas a nuestro favor. Por eso cuando tengo ganas de publicar algo y me parece que puede traer cola, solamente lo publico si estoy dispuesta a poner energía en intercambiar un rato largo. Si no ni lo subo.

¿Cuál fue tu primer trabajo? ¿Aprendiste algo valioso? 

Tuve muchos trabajos, casi todos ligados a la atención al público. De chica tenía rebusques. A los 17 años mi abuela me pagaba para ir a buscar a mi prima de 9 años a la escuela en el centro y llevarla hasta su casa. Volvíamos en colectivo, era un viaje largo. Vender cosméticos por catálogo era otra changa. Mi primer trabajo formal y remunerado fue a los 18 años en una heladería que ya no existe y que estaba en el Paseo del Siglo. Conseguí el laburo por un aviso en el diario. Fui, tuve la entrevista y quedé. Esa misma tarde empecé a trabajar despachando helados. Hacía el turno noche, desde las 18 hs hasta el corte. Es decir que había días que volvía a las 4 de la madrugada a mi casa, desde el centro hasta Alberdi en colectivo. Caminaba dos cuadras oscuras, sola, con miedo. Dormía mal, tenía todos los horarios cambiados. No la pasaba bien. Lo que aprendí es que no me gusta trabajar de noche y que los utensilios para servir helado están hechos para diestros (yo soy zurda). El trabajo como despachante de helados es una tarea ardua, que requiere de mucha fuerza. En cuanto a lo valioso que pude haber aprendido ahí digamos que aprendí las primeras cosas sobre condiciones laborales. Aprendí también a tratar con las personas desde un lugar ligado a lo placentero (tomar un helado es algo lindo). Y aprendí también que cuando atendemos al público hay que ser cautx, nunca sabemos con quién estamos hablando.

¿Qué te preocupa acerca del futuro inmediato? 

La salud. La subsistencia. Ver crecer feliz a mi hija.

¿Cómo fue la peor cita de tu vida?

De todas las preguntas creo que esta es la más difícil de responder. ¿Qué es una mala cita? Me hace pensar en Hitch, la película con Will Smith y Eva Méndez. Pero me gusta el juego igual. Podría decir que la peor fue una de las primeras citas con mi marido. Hacía poco que nos conocíamos y hasta ese momento él siempre me pasaba a buscar con el auto y salíamos a tomar algo. Esa noche me pasó a buscar con el auto junto a su hermano. Así que mi cuñado nos llevó hasta un bar de la costanera y se fue con el vehículo. Anduvimos a pata, como se dice. Ahí tomamos algo y salimos a caminar junto al río. Anduvimos tomando porrones por los bares de la costanera, cerca de La Florida, charlando. Y cuando nos aburríamos de un lugar, cambiábamos de bar. Así anduvimos hasta quemar los últimos cartuchos, sin mucha plata. Cada vez que juntábamos para pagar a medias el porrón aparecía una moneda falsa de un peso que él tenía. La verdad que yo no me daba cuenta que era falsa pero él sí y esa moneda fue su preocupación a lo largo de la noche. Tanto que en el último bar, cerca de las cuatro y media de la madrugada contando ya los últimos pesos, completábamos el precio de una cerveza con esa moneda. Le dijimos al mozo, que se cagó de risa y nos dio igual el porrón, así que le quedamos debiendo un peso. Igual la pasamos bien, nos reímos mucho, no fue tan mala la cita. 

¿Qué tipo de placer culposo disfrutás a escondidas? 

No tengo placeres culposos. Cuanto mucho tengo placeres íntimos, cosas que disfruto hacer sola y que no comparto con nadie. Por ejemplo, levantarme muy temprano para escribir. O comer algo que me gusta a escondidas porque no quiero compartir. O por ejemplo ver porno, me gusta verlo sola y son pocos los momentos en que estoy sola. Es decir, nada extraordinario.

¿Cuán importante es el ocio en tu vida cotidiana? ¿Es imprescindible? 

Es muy importante, sí. Por ejemplo escuchar música en los viajes en colectivo, leer, bailar un rato en casa, ver películas. Y sí, es imprescindible para tener una buena salud integral.

¿En algún momento sentiste paranoia sobre los algoritmos? 

No especialmente. No todavía. Tengo configuraciones de privacidad bastante altas y rara vez veo publicidades en mis redes, por ahora. Y cuando las veo las asumo como parte del juego, por el momento.

¿A través de los años pudiste encontrarte con un tópico recurrente en tu obra como escritora? 

Cuando Fiesta E-diciones me propuso hacer una compilación de mi poesía para lo que luego fue el epub Soy fiestera – Obra Reunida tuve una perspectiva nueva sobre lo que escribí y publiqué hasta ese momento (entre 2002 y 2015) y vi algunos temas que iban apareciendo pero con distintas perspectivas: la noche, el cuerpo, el baile, el amor, la ciudad de Rosario, el río, la música. Y eso también está en los libros que salieron en papel durante 2019. Tanto en Caudal (Grito Manso, Mendoza, junio 2019) como en Roca Madre (Baldíos en la Lengua, Buenos Aires, noviembre de 2019) aparecen esas mismas cosas con una vuelta más. Caudal es una especie de antología personal con el agua como hilo conductor temático. Mientras que en Roca Madre aparecen estos tópicos ligados al gran tema del libro que es la maternidad y que es un tema sobre que me resistí bastante a escribir.

En los últimos años hubo un rebrote muy fuerte de la poesía en nuestra ciudad. Junto a muchas voces jóvenes surgieron nuevos espacios y ciclos. Además lo performático volvió a ganar protagonismo.  ¿Por qué se dio ese resurgimiento tan fuerte de la poesía? ¿Desde tu perspectiva de escritora/editora podés observar algún rasgo generacional característico en la nueva movida? 

Creo que el resurgimiento actual de la poesía como bien lo describís puede estar relacionado a varias cuestiones. Por un lado, la institucionalización de ciertos espacios de circulación de la poesía (festivales, circuito de bares y modalidades de lectura, por ejemplo) con eventos de formato bastante estático y que llevaron a un supino aburrimiento. Juntarse en un bar donde la gente lee sus poemas sentada mientras no se admite ni el ruido de la máquina de café, es un embole. Muches veníamos empujando, poniendo el cuerpo, para que mucho de eso se modificara. Pienso en Beatriz Vignoli y su casi striptease de 1995, en Guillermo Bacchini en las lecturas de El ducto desde fines de los 90, en Cristian Molina y sus perfos de 2004 en Espiralnético, por citar algunos ejemplos de una línea que no es nueva, sino que se manifestaba con excepcionalidades. Creo que contribuyeron también las trasnoches del festival de poesía que empezaron a hacerse en 2004 y que se sostienen desde 2009. Pero también había una línea subterránea y casi demencial que fue “Maldita Ginebra”, un ciclo porteño que tuvo también su sede en Rosario. Algunas de las lecturas y performance que ocurrían ahí terminaban con intervención de la policía, directamente. En el día a día sumaron lo suyo las lecturas del ciclo “Poetas del Tercer Mundo”, donde en el último tiempo había un músico cada noche. También las lecturas y acciones en “La Chamuyera”. Todo eso junto se suma al salto que empieza con el ciclo “A cuatro voces”, con su escenario en formato vidriera, donde se alentaba el cambio de postura al leer, en un bar con mucho ruido, con la necesidad de estar de pie para proyectar la voz más allá del uso del micrófono. Creo también que la masivización del uso de las redes sociales favoreció que sucediera. Entonces lo que sucedía en vivo empezó a amplificarse en los posteos de las redes sociales. Mi punto de vista es que la renovación tan clara de la escena poética actual está ligada primero al uso del cuerpo y la voz (pienso en la lectura de pie en los slams y en las jams cuando no se suma directamente la performance) y de manera directa al uso de los dispositivos y plataformas audiovisuales, especialmente los celulares. Y a la vez que hay una presencia muy fuerte de la tecnología no deja de ser una poesía muy oral, con poco soporte visual fuera del cuerpo de quien la escribe. ¿Cómo están distribuidas esas palabras en una página o en un archivo de texto? ¿Cuáles son, en la escritura, las marcas de la entonación? Es decir, más allá de la emisión de la voz, ¿cómo están hechos esos versos?
Sobre lo generacional y mi perspectiva de editora tengo muchas preguntas. Me parece que lo generacional está ligado al uso de los soportes tecnológicos, una alfabetización que generaciones mayores no tienen, salvo excepciones. Como editora veo mucho de eventismo y espectacularidad, eso aporta un cruce muy interesante y un desafío para les editores y poetas.

La ciudad de Rosario es un hervidero de expresiones artísticas. Sin embargo, la infraestructura que cobija toda esa movida siempre está sufriendo clausuras, cierres y demás inconvenientes. Igual, la cultura resiste y prolifera. ¿Te parece que ese rasgo de supervivencia evolucionó en una virtud que mejora la producción cultural local? 

No sé bien. Tal vez esa pregunta pueda ser mejor respondida por une sociólogue o alguien que se dedique a hacer historia del arte y la literatura en Rosario. Como artista y como editora me sucedió y me sucede que si quiero hacer algo y no encuentro los canales para hacerlo, los creo o me adapto a lo que puedo. Hago lo que quiero con los elementos que tengo. La creatividad, la creación es un proceso, lleva tiempo y recursos (no sólo dinero, sino también acceso a la información, a la formación y a todo tipo de capital tanto material como simbólico). Así que si no tengo el superescenario con las super luces que quiero pero consigo un spot o una buena lámpara, bueno, tendré que hacerlo con eso. No creo que eso tenga que ver con la resistencia sino con lo creativo. Ahí está la gracia. Si te referís a las ordenanzas que regulan la apertura y usos de espacios culturales creo que eso es una cuestión de políticas de gestión. Y que si se quiere modificar algo en ese aspecto hay que participar de la gestión política. La producción cultural y el capital simbólico están en permanente tensión, es un campo de fuerzas entre lo central y lo periférico. Y esa periferia en algún momento será centro. A la vez, eso que quedó en el centro sirve como vector para observar lo que está en su radio. Y así. Las categorías de mejor y peor son algo complejo de medir. Para mí la clave está en amar la época. Cuando amás la época todo es hermoso. En cuanto a las crisis no creo que mejoren las producciones. Tal vez en épocas de crisis nos agarramos de las cosas de otro modo, nos dejamos interpelar y esa receptividad “mejore” nuestra percepción de las cosas. Sí veo que actualmente les poetas y les músiques estudian mucho y que comparten sus conocimientos de manera comunitaria y fluida. Se apoyan con honestidad. Eso mejora todo.

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