QUIZ RAPTILIANO #31: PAULA SOSA HOLT

Quiz >  Cuestionario raptiliano para indagar en figuras de la cultura desde una óptica diferente.
Diez preguntas universales sobre el tiempo que habitamos + un puñado de interrogantes extras sobre su campo de acción.
Ilustraciones > Sebastián Sala

Paula Sosa Holt nació en febrero de 1986 en Buenos Aires. Es ilustradora, tatuadora, editora e historietista.
Es autora de Pip y Pep y Vainilla Kids (ambos publicados por Maten al mensajero) y Campamento Negación (Espacio Paradojas).


 

¿Cuál es tu humor por las mañanas?

Por lo general me despierto de buen humor, con ganas de desayunar y de empezar a hacer cosas. El desayuno era una comida que no respetaba tanto y ahora se volvió algo muy importante para arrancar el día. Suelo despertarme muy temprano y leo en la cama y después me vuelvo a dormir y sueño cosas relacionadas a lo que acabo de leer o no me acuerdo de lo que soñé pero me despierto con buenas ideas, por eso tengo siempre una libreta en mi mesa de luz. A veces me pregunto si son míos esos poemas que vienen a mi cabeza apenas me despierto.

¿Cuál fue tu primer trabajo? ¿Aprendiste algo valioso?

Tuve varios y fueron muy distintos y de corta duración. Empecé a trabajar haciendo desgrabaciones de encuestas de productos, era un trabajo arduo pero me servía, –obviamente por el dinero– y porque podía hacerlo en mi casa. Con ese trabajo mejoré tanto mi escritura como la puntuación y la velocidad de tipeo. Trabajé en un call center y creo que no saqué nada positivo de eso, más allá de que no quiero eso para mi vida, y también en una casa de estampado de remeras y no sumó nada tampoco.

¿Quién es tu héroe/heroína? ¿Por qué?

Creo que más que “héroe/heroína” me gusta pensarlo como “modelo a seguir”, admiro a las personas que se animan a hacer lo que quieren y hacen lo que me gustaría hacer a mí. Soy muy inquieta en cuanto a investigar artistas y figuras que me provocan admiración, por lo que mis héroes/heroínas van cambiando por temporadas. Tengo, sin embargo, algunos que permanecen desde hace años en el podio y son Maurice Sendak, Tomi Ungerer, Tove Jansson y Edward Gorey. Los admiro porque todos ellos se involucraron en la ilustración de libros para niñes, que es algo que me apasiona, y también supieron hacerse camino en otras áreas. Me gusta la manera que tienen de interpelar a la niñez, desde un lugar de respeto e incluso de admiración. Admiro mucho a Isol, a Beatrice Alemagna y a Kitty Crowther, grandes ilustradoras de libros-álbumes que nunca subestiman a sus lectores. Y también, si hablamos de héroes, no puedo no mencionar a mi papá que como licenciado en Enfermería trabajó durante todo lo que llevamos de pandemia y hoy, por suerte, ya está vacunado.

¿Qué experiencia fue decisiva para que decidieras dedicarte a lo tuyo?

Al principio lo sentía como un sueño utópico el de poder dedicarme a esto, lo sigue siendo de todas formas, porque no vivo de la ilustración, pero disfruto mucho de poder pasar días abocada a mis proyectos. Siempre sentí que dibujar e imaginar mundos era lo que más me gustaba y que era lo único para lo que podía llegar a ser buena. Fue decisivo en su momento empezar a estudiar ilustración de libros infantiles y descubrir ese mundo, como también lo fue luego encontrarme con el trabajo de PowerPaola y sentir que yo también podía hacer algo así, había trabajado mis herramientas narrativas, en un taller de historietas, y mi dibujo y tenía mucho para contar. Por otro lado, la novela Alien, de Aisha Franz, también me dio seguridad para volcarme a la narrativa gráfica. De todas formas, a veces me pasa que siento que tengo un discurso que fui armándome acerca de cómo empecé a hacer lo que hago y que la veracidad de ese discurso se fue solidificando en la medida en que lo repito y a veces siento que en realidad lo que pasó fue que un día estaba haciendo historietas y ya no podía dejar de hacerlas.

¿En alguna ocasión te sentiste abrumadx por las redes sociales? ¿Por qué?

Sí, creo que nadie está exento de esto. Las redes sociales tienen aspectos superpositivos, como la posibilidad de tener una exposición a nivel internacional de tu trabajo, que colegas y editores vean y sepan lo que podés llegar a dar. Pero por otro lado, también tienen una contracara que puede ser muy difícil de llevar, que es la de estar pendiente de los likes, la comparación con otres artistas y la ansiedad que puede provocar. La clave, creo, es no perder de vista que es una herramienta y delimitar su espacio a eso.

¿Qué tipo de placer culposo disfrutás a escondidas?

No me generan culpa mis gustos, de adolescente sí tenía prejuicios con cierto tipo de música, por ejemplo, no me permitía a mí misma bajar los estándares de lo que yo consideraba que era de calidad. Con el tiempo fui aprendiendo a aceptar que lo que me gusta, me gusta y ya. Me considero una persona de gusto variado y ecléctico, bailo un reggaeton y hago un pogo pospunk, con minutos de diferencia. Canto una canción de Miley Cyrus con una remera de Black Sabbath.

¿Cuán importante es el ocio en tu vida cotidiana? ¿Es imprescindible?

Diría que es todo, pero a la vez nada, porque siempre de todo lo que hago quiero sacar algo productivo, entonces si mi ocio es ver una película ya no lo es tanto si me pongo a observar paletas, composiciones, estructura del guion, diálogos, etcétera. Y no hago nada que implique esfuerzo sin premiarme por eso después.

¿Cuál es tu límite con el consumo irónico?

Tengo cero tolerancia: no consumo por ironía, por lo mismo por lo que no tengo placeres culposos, si veo, leo o escucho algo es porque me gusta, porque disfruto de eso o porque encuentro cosas graciosas, buenas o útiles en consumirlo. Por ejemplo, no pude terminar de ver la película Un buen día (Nicolás del Boca, 2010) porque vi diez minutos y ya supe que no iba a disfrutarla ni sacar algo bueno de eso y sin embargo, Verotika (Glenn Danzig, 2019) sí me interesó porque me gusta el cine de género y porque presté atención a los vestuarios, escenarios y a la resolución con pocos recursos, entre otras cosas.

¿En algún momento sentiste paranoia sobre los algoritmos?

Me pregunto sobre los resultados que veo pero no alcanzo el grado de paranoia, a veces no entiendo y no estoy al tanto de cómo funciona pero enseguida me distraigo y pienso en otra cosa.

¿A quién le dejarías tu biblioteca/videoteca/colección cuando mueras?

Supongo que repartiría entre mis afectos cercanos mis objetos más preciados según sus intereses.

¿Qué representa el deadline para vos? ¿Genera ansiedad, presión o es una necesidad para ordenarte mejor?

Es una necesidad, siempre lo pido aunque no me lo den, me ayuda a ordenarme y siempre cumplo con los plazos. Esto me parece tan importante para un ilustrador como lo es dibujar bien.

¿Cuándo empezaste a utilizar animales antropomorfos en tus historias? ¿Por qué esa decisión?

Cuando empecé a hacer historietas autobiográficas sentí que como lo que estaba haciendo ya estaba tan atado a la realidad prefería alejarlo de alguna manera y acercarlo a un plano fantástico, por eso mi decisión de convertir a Pip y Pep, mis personajes inspirados en mi vida personal, en dos perrites. Luego seguí con Mugre, el gato humanizado de mi tira Vainilla Kids, un personaje en el que se exacerba lo animal y lo salvaje para representar ese lado que todos tenemos en mayor o menor medida. En mi último libro, Campamento Negación, también hay un oso humanizado que cumple la misma función.

¿Qué tipo de cosas inspiran a Paula? Tengo una teoría: cine, historietas, libros infantiles, vivencias cotidianas y conversaciones ajenas escuchadas. En ese sentido, siento que hay algo de voyeur “auditiva” de tu parte. Sabés capturar lo que te llega de manera casual y no tanto.

Tu teoría es correcta. Me inspira sobre todo el cine desde lo narrativo y los libros infantiles desde lo visual, pero también las historietas, los libros de no ficción, las series animadas, conversaciones con la gente que me rodea (a veces saco conversación sobre temáticas en particular para algún cómic o proyecto en el que estoy trabajando), escuchar conversaciones ajenas ya no es una opción durante la pandemia pero sí supo ser de inspiración, claro.

Tu trabajo (y expresión en general) se caracteriza por siempre mantener un humor espontáneo. ¿Alguna vez sentiste contradicciones o te cuidaste sobre algo que podría dar pie a malinterpretaciones?

Soy muy consciente y doy muchas vueltas por miedo a meter la pata. A veces pierdo el entusiasmo inicial de tanto repensar porque no me gustaría que alguien se sintiera mal por leer una tira mía y eso es complicado cuando se hace humor. Creo que de todas formas el humor es algo que, como muchas otras cosas, se está deconstruyendo y hay chistes que ya no causan gracia y eso se está empezando a notar.

¿Cómo te llevás con tu huella digital y tus primeros trabajos? ¿Te ponés detallista y crítica con ese pasado o sos más relajada?

No reniego de lo que está aún disponible para ver de mi pasado, estudié mucho, practiqué muchas técnicas y obviamente algunas me salieron mejor que otras. Copié y me inspiré mucho en artistas que me gustan porque creo que es una parte muy importante, sino imprescindible, del proceso de aprendizaje.

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