Quiz Raptiliano #13: Pablo Serr

Quiz >  Cuestionario raptiliano para indagar en figuras de la cultura desde una óptica diferente.
Diez preguntas universales sobre el tiempo que habitamos + un puñado de interrogantes extras sobre su campo de acción.
Ilustraciones > Sebastián Sala

Nació en Rosario, Argentina, en 1984. Es poeta, traductor, músico y bibliotecario.
Publicó los libros de poemas El tiempo visibleDoseg vjetra – La dimensión del vientoDe esta ceniza, bajo este sol y Los puntos fatales (Baltasara editora, 2016), y en coautoría con Marina Maggi, la nouvelle La promesa de vivir. En 2014 obtuvo una beca de investigación del Fondo Nacional de las Artes. Tradujo del croata el poemario Preobraženja – Las metamorfosis, de Antun Branko Šimić y, del mismo autor, el ciclo Siromasi – Los pobres.
Como músico es parte de proyectos como Pulpo Blanco y Flecha Zen. Como solista acaba de lanzar el disco Punto Ovni
 que puede escucharse aquí.

 


¿Cuál es tu humor por las mañanas?

Muy bueno. Me gustan las mañanas, el lapso que va de las siete a las nueve en especial. Suelo despertar muy activo. Por lo general leo, escribo, paso notas que tomé el día anterior, desarrollo alguna idea, siempre acompañado de mates y música.

¿Quién es tu héroe/heroína? ¿Por qué?

No tengo héroe/heroína. De chico alojé la idea de que algo así pudiera existir, pero hace tiempo que la abandoné. Hoy prefiero pensar en referentes, y tengo un montón. Entre ellxs, Baruch Spinoza, Clarice Lispector, Virginia Woolf, Spinetta, Melero, Kieslowski, Almodóvar, Vesna Parun, Ira Kaplan, Beatriz Vallejos, Li Jianhong, Deleuze, Chavela Vargas, Di Benedetto, Pina Bausch, Anne Dufourmantelle… La lista es interminable y caótica. Me lxs voy cruzando, me atraviesan, se quedan. Están presentes en mí, conmigo, de un modo que no supone fanatismo,devoción ni atención exclusiva. Son eso, referentes.

¿Qué experiencia fue decisiva para que decidieras al mundo de las palabras y los libros?

La experiencia del silencio, supongo. Del silencio a secas.

¿Cómo fue la peor cita de tu vida?

La peor cita de mi vida fue con la academia, en un congreso de lenguas eslavas en Buenos Aires. Me presenté con una ponencia sobre Antun Branko Šimić -poeta croata de principios del siglo pasado- con la intención subterránea de leer poemas suyos y hacer escuchar los textos en su lengua original, leídos por un amigo de allá. No sé por qué supuse que sería lugar apropiado para una experiencia de esas características, en vez de hablar de cuestiones técnicas de su obra. Bueno, no fue así. El moderador me interrumpió en mitad del recitado, las grabaciones nunca las pude hacer escuchar. En fin.

¿Cuál fue tu primer trabajo? ¿Aprendiste algo valioso?

Nunca trabajé, realmente. Me dedico mucho a lo que hago, me dedico por entero,pero no podría decir que trabajo, si por trabajo entendemos algo que se hace a cambio de una paga. Vivo por fuera de la“cultura del trabajo”. En cambio, con los años he desarrollado algo así como una consciencia del quehacer elegido, que supone responsabilidad, dedicación y placer por lo que sea que me decida a hacer, se trate o no de una actividad redituable. Diría, exagerando un poco, que todo lo que hice, y hago, es estrictamente antieconómico.

¿Qué te preocupa acerca del futuro inmediato?

No pienso en el futuro. Retomando lo que dije sobre lxs referentes, diría que el futuro para mí no es unx de ellxs. El pasado sí.

¿En alguna ocasión te sentiste abrumadx por las redes sociales? ¿Por qué?

No, nunca. Las redes sociales son algo que uso cuando tengo ganas, sin un fin determinado. A veces publico cosas que quiero dejar para más tarde, a veces cosas muy viejas que quiero rescatar del olvido, o al revés, olvidar por completo, soltar. Uso las redes que uso (Instagram, sobre todo) como una suerte de bitácora personal muy errática abierta a quien la quiera visitar.

¿Qué tipo de placer culposo disfrutás a escondidas?

Marcar, escribir (y hasta sobrescribir, al modo de un palimpsesto) los libros que amo. Cantar humedeciendo mucho el micrófono.

¿Cuán importante es el ocio en tu vida cotidiana? ¿Es imprescindible?

Mmm… Como que la idea de ocio no se lleva bien con mi modo de vida.

¿En algún momento sentiste paranoia sobre los algoritmos?

La paranoia siempre está, supongo. Es algo que también puede nutrir, si se la logra integrar.

Fuiste dos veces becado por el Estado de Croacia con el objetivo de traducir al español a Antun Branko Šimić.¿Cuán importante es para el traductor la experiencia inmersiva de estudiar y formarse ―en parte— en las tierras del artista traducido?

Mi experiencia en ese sentido es bastante particular, porque yo aprendí croata a través de la poesía de Antun, es decir, aprendí primero su lengua, que no es la que se habla en la calle. Cuando llegué a Zagreb yo usaba palabras que eran arcaicas. Tuvo su costado divertido. Pasaba horas en bares, plazas, traduciendo, leyendo versos a personas que me cruzaba, que por lo general se me quedaban mirando.Más de unx me dijo: “no sé qué significa eso”, “eso no es croata”. Había también cuestiones políticas, dialectales, etc., que en ese momento se me escapan. Para responder la pregunta, diría que estudiar y formarse en la comunidad que habla la lengua del artista es muy interesante, pero no sé si fundamental para traducir, actividad que supone (esto creo yo) una inmersión de otras características, mucho más personal, íntima. Antun, para mí, es un hermano, la lengua que hablamos es sólo de él y mía en algún punto. Algo así siento.

¿Cómo se redefinió el rol de las bibliotecas populares con los cambios de paradigma de los últimos 15 años?

Hablando siempre desde mi experiencia personal, me atrevo a decir que en los últimos años las BP se han convertido en instituciones trans, espacios de pasaje, escenarios colectivos amplios, más amplios cada vez, que son atravesados por la amplitud de la vida cultural de su comunidad. El libro transporta diversidades. Por supuesto, el orden moral sigue allí presente, su hipocresía arpía, pero la cosa se está resquebrajando irremediablemente. Las BP tienen esa característica tan particular de ser en el cruce, en el entre, de lo ciudadano y lo estatal (la figura del voluntarix es un signo de esto). De ahí salen bocha de posibles, y eso es lo que me convoca.

La música fue ganando protagonismo en tu vida en los últimos años. ¿Se complementan los roles de poeta y músico?

Si pude volver a dejar entrar la música a mi vida (antes de saber leer o escribirya hacía música) fue gracias a que dejé de pensarme como poeta, músico, artista. Como dice una amiga, me considero un sujeto en obra. Me permito lo que me salga, como me salga, con la condición de que sea un movimiento genuino, no condicionado. Comparto poco, pero cada vez más en esa convicción de ser simplemente alguien que se va haciendo en lo que hace por gusto.

Tanto las canciones que llevan tu nombre como proyectos como Pulpo Blanco o Flecha Zen son por fuera del circuito. Están más allá del circuito musical emergente; hay recitales puntuales, de manera esporádica sin mucha anticipación.
¿Por qué esa lejanía? ¿Te interesan que sean proyectos a largo plazo o quizás son más proyectos que representan un tiempo y estadios determinados?

Se relaciona un poco con lo anterior. Estoy parado siempre en un borde, por ahí me muevo, desde ahí. En algún momento hubiera dado todo (pero no tenía nada) por pertenecer a tal o cual circuito. Era la época de los héroes y heroínas. Hace mucho que eso ya no tiene que ver conmigo. Por lo demás, no creo tener espalda (estructura) como para poder afrontar el trabajo (justamente) de pertenecer a nada que me determine como escritor, poeta, músico o cualquier otra cosa. Me llevó años aceptarlo, pero así es. En cuanto a los proyectos musicales en los que participo o he participado, me gusta pensar que son eternos, sólo lo que es eterno puede prosperar, ¿no? Pulpo blanco fue una experiencia hermosa, Flecha Zen lo viene siendo desde hace ya tres años. También comparto experiencias muy enriquecedoras con Emanuel Marty, en un proyecto a la distancia que llamamos Mil mesetas o simplemente Serr-Marty (él vive en San Jorge, nos encontramos un par de veces al año nomás pero estamos siempre conectados produciendo).

¿De qué manera vas encontrando el lugar para tus canciones en tus proyectos? ¿Cómo sabés si una canción será parte de Pulpo Blanco, Flecha Zen o en tu faceta solista?

Una vez Emanuel (Marty) me preguntó: ¿cómo es la canción de Serr? Gran pregunta. Pero no sé si tiene respuesta, porque no tengo canciones. La música que hago es 99,99% resultado de un proceso espontáneo. No hay letras previamente escritas, no hay música compuesta.No hay diseño, no hay plan. ¿Se puede hablar de canción? Con Flecha Zen improvisamos todo. Con Pulpo era algo parecido. Es juntarse a grabar, no a ensayar, porque no hay nada que ensayar realmente. En lo personal grabo todo lo que hago, parte de eso voy subiendo a Bandcamp, Spotify y otras tiendas. El criterio es siempre el mismo: que el sonido propicie la escucha. Cuando digo escucha quiero decir la experiencia de ser escuchado, también. En su acepción más extendida, la canción supone un mapeo, un recorrido establecido. Lo que me gusta hacer a mí va más por el lado de la revuelta, no quiero jerarquías, no quiero un foco,menos quiero un mensaje, una declamación. Decido no identificarme con nada de lo que hago, simplemente hacerlo del mejor modo que puedo. Es una experiencia de la orfandad, la intemperie ahí en-arbolada comoestímulo: unaconstrucción desma- y despadrada. La intuición tiende redes, reconoce lo apropiado en eso tan vasto desbordado.Confío.

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