QUIZ RAPTILIANO #33: MATEO MÓRTOLA

Quiz >  Cuestionario raptiliano para indagar en figuras de la cultura desde una óptica diferente.
Diez preguntas universales sobre el tiempo que habitamos + un puñado de interrogantes extras sobre su campo de acción.
Ilustraciones > Sebastián Sala

Mateo Mórtola es docente, editor y escritor. Estudió Comunicación Social en la Universidad de San Andrés.
Es co-fundador y editor de Aguinaldo, revista semestral. Junto a Juana Ísola publicó Automac (Drive, 2015) , un libro de relatos sobre la adolescencia tardía.
Fue colaborador de medios como Rolling Stone, Artezeta e Indie Hoy.


¿Cuál es tu humor por las mañanas?

Bastante bueno. Aunque me gusta mucho dormir, no me molesta arrancar el día para nada.

¿Cuál fue tu primer trabajo? ¿Aprendiste algo valioso?

Cadete para mi tío, que había recién abierto una sandwichería. Estaba en el colegio, debía tener 16 años. Pasaba a buscar los volantes por la gráfica a las 10, los repartía entrando a los locales del barrio (casas de ropa, jugueterías, farmacias, oficinas públicas, tribunales, etcétera), y a las 12 menos cuarto volvía a la sandwichería para tomar los pedidos. Después hacía el delivery. A la tarde hacía las compras que me indicaba mi tío para armar los sándwiches al día siguiente. Sin dudas aprendí mucho; las complicidades que se generan en los centros comerciales, los tiempos distintos para las cosas distintas y que los jueces provinciales, en los mediodías semanales, almuerzan pebete y coca.

¿Quién es tu héroe/heroína? ¿Por qué?

Aunque va cambiando con el tiempo, de acuerdo a las cosas que voy descubriendo y les empiezo a prestar atención, creo que, inevitablemente, los Beatles son mis héroes de siempre. Y más específicamente Paul. Porque fue Paul el gran innovador en lo musical, en la forma de las canciones, el que mejor articuló el standard del pop que inauguraron los Beatles. Desde «For No One» hasta «Helter Skelter», desde «I Saw her Standing There» hasta «Penny Lane», Paul tenía, para mí, la mirada más profunda sobre la música.

¿Qué experiencia fue decisiva para que decidieras dedicarte a la comunicación?

Tuve un profesor de Comunicación en el colegio que nos hacía leer a Saussure, Peirce, Ricoeur, obviamente Borges, y eso, insertado en un colegio muy conservador, me hizo, como suele decirse, abrir la cabeza. Por eso estudié Comunicación. La cuestión de dedicarme vino después; en el medio pasé por un momento de dedicarme a la música con una banda. Pero hubo un momento en que sentí que no iba para ningún lado y estaba dejando de lado un montón de cosas relacionadas a la Comunicación que me gustaban tanto o más que eso.

¿En alguna ocasión te sentiste abrumadx por las redes sociales? ¿Por qué?

Seguro. Me pasaba más antes, hará cuatro o cinco años, quizás cuando estaba en ese momento en que dejaba la música y me metía a laburar en una agencia de comunicación. Y también me pasaba mucho con la banda. Esa cuestión de la vidriera constante y las métricas precisas me llevaban –creo que es bastante común– a compararme constantemente, todo era “ellos lo hacen mucho mejor”, “ellos la pasan mucho mejor”, una insatisfacción crónica. Desde hace algunos años que estoy mucho más tranquilo con las redes; creo que son una posible extensión de uno mismo, no la extensión.

¿Qué te preocupa acerca del futuro inmediato?

Muchísimas cosas… tal vez, en lo más más inmediato, lo que me preocupa es cuánto se va a poder sostener la presencialidad de las clases en escuela secundaria, donde trabajo.

¿Qué tipo de placer culposo disfrutás a escondidas?

Miguel Bosé. Específicamente el tema «Aire Soy», con Ximena Sariñana.

¿Cuán importante es el ocio en tu vida cotidiana? ¿Es imprescindible?

Sí. Trato de todos los días tomarme aunque sea 15 minutos de ocio absoluto, de hacer algo totalmente improductivo como jugar al SimCity en el celular.

¿Cuál es tu límite con el consumo irónico? 

La violencia explícita, ya sea el dolor físico o la humillación gratuita.

¿En algún momento sentiste paranoia sobre los algoritmos?

Creo que todo el tiempo siento paranoia sobre eso. Pero como pasa todo el tiempo, termina asimilándose y por momentos me olvido.

¿A quién le dejarías tu biblioteca cuando mueras?

A mi primo Tomás, el último indie.

Aguinaldo comenzó su camino en un contexto áspero. ¿Cómo fue imaginar y desarrollar la revista en un 2019 donde otras publicaciones se despedían o se veían obligadas a reinventarse desde lo digital? 

La idea de hacer una revista en papel, cuidada, que fuera un objeto en sí mismo, con textos críticos, profundos y diversos la teníamos desde hacía un tiempo. Es decir, imaginar la imaginábamos desde hacía varios años. Y, por otro lado, la industria de los medios gráficos vive una crisis desde hace al menos 10 años, o sea, desde antes incluso de que pensáramos en tener una revista. En ese sentido, siempre tuvimos claro que la idea de hacer una revista en papel era una cruzada romántica, una especie de botella lanzada al mar. Pero, por otro lado, hacia esa época, fines de 2018 y principios de 2019, habíamos madurado una idea que después se convirtió en una suerte de hipótesis: que el papel estaba (y está) en retirada como soporte de medios que buscan la primicia, la inmediatez y el análisis de corto plazo, pero que podía (y puede) seguir siendo un soporte válido y hasta preferible para medios que buscan la profundidad, la diversidad de miradas y el análisis de mediano y largo plazo. Todavía no podemos corroborarla o desestimarla, pero el experimento es, al menos, interesante.

En Aguinaldo hay cuatro editorxs: Josefina Blattmann, Santiago Marini, Francisco Gutiérrez y vos. ¿De qué manera se complementan y potencian entre ustedes?

Cargamos con la complejidad intrínseca de lo autogestivo: todxs hacemos todo. Salvo el diseño, que está a cargo del gran diseñador Daniel Varela (@criadoconmandioca), lxs editorxs nos mezclamos en los roles constantemente. El contacto con colaboradorxs, la edición formal, el armado de eventos, conseguir anunciantes, la logística de envíos, el excel con los números, los posteos en redes sociales… en ese sentido, nos potencia la confianza absoluta que nos tenemos y el compromiso con el ideal de hacer el producto que hacemos. Somos amigxs desde hace mucho tiempo, nos conocemos bien, sabemos cuáles son los puntos en los que cada unx es más fuerte o hábil, y también aquellos débiles o ciegos, y vamos orbitando las acciones en torno a eso. Armar Aguinaldo es realmente caótico, pero en ese caos nos entendemos y, de algún modo extraño, funciona.

¿Cuál es la principal ventaja de la periodicidad semestral?

Salir cada seis meses nos permite curar los contenidos de una forma muy pensada y narrativa. Partiendo de un eje temático que siempre buscamos que sea polisémico y complejo (Trabajo & Ansiedad, Calor & Mañana, Moda & Miedo), vamos hilando temas y miradas que nos interesan y creemos relevantes, en torno al mismo. Básicamente nos da el tiempo prudencial para pensar y repensar tanto los temas como lxs colaboradorxs: no es lo mismo que X tema lo trabaje tal o cual escritor, escritora, periodista, académico, académica, etc. Pensamos contrapuntos, pensamos equilibrios, pensamos estilos y formatos que complejicen la interpretación del número en cuestión. Al mismo tiempo, creemos que la semestralidad hace que, para el lector, la revista se vuelva algo que espera, que lo pone contento en lugar de saturarlo y hartarlo. Nos permite, de algún modo, tratar al público con el respeto que merece, sin subestimarlo jamás sino, al contrario, proponiéndole nuevos juegos de interpretación y lectura.

¿En qué forma se equilibran periodismo y música para vos?

Me cuesta verme como periodista. No tengo la formación específica de periodista –solamente cursé una materia en la facultad 🙂 – y nunca ejercí la profesión formalmente en algún medio. Me considero una “persona que escribe”, que por algún motivo le sale más o menos bien traducir una serie de ideas al texto escrito. Y, en ese sentido, creo que la música es de las cosas que más pienso. Como fenómeno artístico en sí mismo y como fenómeno cultural en su relación con la historia, los medios, los grupos sociales, etc.

Siendo parte de una generación que encontró su campo de expresión natural en redes sociales y YouTube vos estás abocado a la escritura: libros, revistas, papers y otras más. ¿Qué te seduce del oficio de escribir por sobre otras formas? ¿Te gusta observar esa diferencia casi anacrónica? 

Es raro todo porque aunque, sí, el millennialismo encontró y desarrolló formas de expresión nuevas en redes sociales, al mismo tiempo nunca hubo una época en la que se haya escrito y leído tanto. Estamos constantemente en contacto con el texto escrito: en WhatsApp, en mails, en posteos y comentarios en redes sociales, en diarios online, etc. Nunca fue tan fácil la circulación de mensajes escritos. No lo puedo asegurar, claro, pero imagino que tiene que haber una correlación entre el uso y la adopción masiva de las redes sociales y el boom de talleres de escritura, por ejemplo (agreguémosle pandemia y Zoom, además). En ese sentido, creo que todas las personas desarrollan una voz propia en la escritura, un estilo, una semántica, un determinado uso de emojis: nadie chatea o postea igual. La diferencia, creo, se plantea entre quienes lo hacen y ya y quienes se toman el esfuerzo absurdo de pensar cómo se escribe, entre quienes me encuentro. En definitiva eso es lo que me seduce, pensar los sentidos de las palabras.

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