Quiz Raptiliano 009: Magda Bárcenas

Quiz >  Cuestionario raptiliano para indagar en figuras de la cultura desde una óptica diferente.
Diez preguntas universales sobre el tiempo que habitamos + un puñado de interrogantes extras sobre su campo de acción.
Ilustraciones > Sebastián Sala

Magdalena Bárcenas nació en 1983 en Tamaulipas, México. Es escritora, docente, periodista y editora. Fue corresponsal internacional para diversos medios del continente americano.
Escribió los libros Almas y Karmas, Plegarias Homicidas y Temores que matan.


¿Cuál es tu humor por las mañanas?

Siempre me levanto de buen humor, la verdad es que tengo tan estructurada mi rutina que no podría levantarme de malas: Mi día (antes del COVID-19) inicia a las 5am, en ese tiempo reviso mi correo electrónico y mi agenda para verificar todo lo que haya pendiente para el diario, a las 8 de la mañana entro a mi primera clase de literatura, tengo 7 grupos (180 alumnos). Las clases terminan a las 3 de la tarde pero como soy coordinadora del Taller de escritura “LITERATUNE” continúo en la Biblioteca dando asesorías, conferencias y clases por 2 horas más, termino a las 6 de la tarde, como algo rápido y me voy al periódico a escribir, editar y crear contenidos para los suplementos; puedo terminar de trabajar entre 10 de la noche o hasta la 1 de la mañana si hay cierre editorial del diario y vuelvo a empezar, esa es mi vida de lunes a viernes. Los sábados los dedico a escribir mi columna para Milenio y otra columna que escribo para la revista Entorno Logístico, organizar mis actividades de la semana y escribir los cuentos de mi próximo libro. Además de periodista soy docente, considero que un maestro debe tener buena actitud e impartir sus clases de manera creativa para enseñar a sus alumnos, de ahí proviene la empatía, entre más respeto y buena onda haya con mis alumnos, es mayor la enseñanza de vida. ¿Te imaginas si me levantara de mal humor? Acá la clave está en que amo todo lo que hago y no representa una obligación, es una vocación que me hace muy feliz y agradezco a la vida la oportunidad de dedicarme a hacer lo que me apasiona. Mis alumnos a veces me preguntan cómo le hago para que me alcance el tiempo y yo siempre les digo que el único consejo que puedo darles es que dediquen su vida futura a hacer lo que aman, a aquello que puedan hacer todos los días de su vida sin sentirse obligados.

¿Quién es tu héroe/heroína? ¿Por qué?

Mis héroes personales son muchos y tuve oportunidad de conocerlos en persona como Alberto Laiseca y Patch Adams, pero al único que hasta ahora no he podido conocer porque viví 10 años en Argentina es sin duda a Guillermo del Toro, tengo una gran fascinación por su trabajo, espero poder abrazarlo un día y regalarle uno de mis libros. Llegando a México coincidió que exhibió su obra en el Museo de Guadalajara,  todo lo que lo inspiró para realizar sus películas, incluso realizó varias visitas al azar para él mismo dar el tour y explicarlo todo. He visto sus películas, conferencias online, he leído sus libros y hasta mi sobrino Dante me regaló su Pop Coleccionable, además de tener otros como El Fauno y Pale man. Es una persona con la que me identifico mucho debido a su amor por lo oscuro desde la infancia, se ve que es una persona muy sencilla y ha ayudado a mucha gente gracias al arte. El año pasado hizo un acto divino, se enteró que los niños del equipo que representaría a México en la Competencia Internacional de Matemáticas no tenían recursos para viajar, les pagó a todos los vuelo, ganaron y regresaron al país con sus medallas. Es un genio del terror y de verdad espero que un día pueda tener la suerte de que me aconseje, esa vez que estuvo en Guadalajara yo ya había comprado mi boleto pero empezó a haber una ola de secuestros y decidí no arriesgarme, acababa de regresar a mi país, había sobrevivido a una pancreatitis y de verdad no tenía ganas de retar a la vida.

¿Qué experiencia fue decisiva para que decidieras terminantemente dedicarte a escribir?

Mi padre era maestro y desde niña se dio cuenta de que me gustaba leer y escribir, mi casa estaba repleta de libros y siempre me dijo que escribía muy bien para ser tan chica pero para ser sincera no le creí. ¿Qué padre no exagera con sus hijos? Él me impulsó mucho quizá sin que me diera cuenta, sus juegos eran: “Vamos a leer y el primero que pronuncie mal una palabra pierde”, “Vamos a jugar a ver quién dice todas las preposiciones sin equivocarse”, “vamos a jugar a ver quien escribe mejor en letra cursiva”, “Vamos a jugar a ver quién hace mejores voces en este cuento”. Él no estaba jugando, mi padre me formó de una manera muy creativa y se lo agradezco infinitamente porque yo también lo hago con mis alumnos. Antes la educación era diferente, si bien me considero una maestra exigente con mis niños (que en realidad son jóvenes de preparatoria pero así les digo de cariño) saben que mi intención es que tengan mejores oportunidades a futuro. Y bueno, como saben Laiseca fue como mi segundo padre, sin él no hubiera conseguido encontrar el género que me consagraría en el extranjero como escritora.
¿Qué experiencias fueron decisivas? TODO, creo que la vida me mostró caminos y elegí: Formé parte de la Sociedad Argentina de Escritores, gané la beca “Argentina es Arte”, representé a México en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, todo ha sido un sueño que tuve de niña y siempre he dicho que sólo estoy haciéndole caso, ella es la que me guía. La escritura me ha dado todo lo que tengo y hoy más que nunca sé que todo el esfuerzo que hice valió la pena; llegué a Argentina con una maleta y regresé con muchas oportunidades, ahora combino mis profesiones, por la mañana soy docente, por las tardes periodista y por las madrugadas escritora. La empresa donde trabajé todos estos años nunca me soltó, volvió a buscarme para seguir trabajando pero ahora de manera presencial y a cargo de una jefatura que me permite seguir creando contenido, amo dar clases, conferencias y talleres, todo en conjunto me hace muy feliz.

¿Cuál fue tu primer trabajo? ¿Aprendiste algo valioso?

Hice muchas cosas a nivel profesional siendo una niña, quizás por mis ganas de aprender mi profesión ya que desde muy pequeña supe que mi vocación era en los medios de comunicación. Entré a la radio a los 15 años y le pedí una oportunidad a un locutor ya que sentía que me faltaba mucho para hablar bien en la radio, como no me iban a tomar debido a mi edad les pedí que mi pago simplemente fuera darme un documento donde estipulara que había estado con ellos colaborando y que me hicieran sólo una carta, así que con el permiso de mi padre me aceptaron.  Estuve por varios años y aprendí mucho. Mi padre siempre estuvo detrás de mí apoyándome en todo, en esa radio mi trabajo era ir al aeropuerto a entrevistar a los artistas del momento, aprendí tanto ahí que cuando realizaban los recitales de la estación de radio yo que ya era mayor de edad iba por los artistas en una Suburban  y los llevaba hasta el evento, me enviaban a que los llevara a comer y que conocieran un poco la ciudad, a apoyarlos en las ruedas de prensa y fotografías. Siempre tuve muchas responsabilidades a pesar de mi edad, ahí entendí como se manejaba todo, conocí a mis compañeros de medios de comunicación y me abrí camino de una manera muy natural, así que cuando terminé mi carrera conseguí trabajo de inmediato pues ya tenía experiencia en periodismo, en marketing, en relaciones públicas, grabación de comerciales de radio, corresponsalía para TV y artículos para prensa. Gracias a eso gané mi primer beca de radio en el 2000 otorgada por el Instituto Mexicano de la Juventud ITJUVE y tuve mi primer programa de radio, ellos después me capacitaron en el Centro Educativo de Televisión y Entretenimiento, así que a los 18 años literalmente en ese casting a nivel regional gané mi primer boleto de avión y me fui de la provincia para seguirme preparando en la Ciudad de México –yo soy de Tampico, Tamaulipas-¡Fue una gran oportunidad! Recuerdo que no le dije a nadie que iría a un casting de radio donde solicitaban a locutores nuevos, me levanté temprano y me fui a La Casa de la Cultura, hice 4 pruebas compitiendo contra 30 personas, dijeron que no iban a pagar nada pero al final nos pagaron y además nos regalaron ese boleto de avión que en ese momento lo sentí como el boleto ganador de la lotería. Cuando me dijeron que había sido seleccionada regresé a casa y al entrar lo único que me salió fue: “Gané un casting de radio y me voy al Congreso Nacional de Radio”, a mi papá se le cayó el periódico que estaba leyendo porque soy la única mujer y la más chica de mi familia jajaja aún me da risa contar esa historia, fue increíble.

¿Qué te preocupa acerca del futuro inmediato?

Te voy a responder como periodista-al cierre de esta edición- lo único que espero es sobrevivir a esta pandemia. Es extraño pero no me preocupo por el futuro, y eso lo aprendí apenas hace 2 años, mismos que cumplo de haber sobrevivido a una pancreatitis terrible. Laiseca decía que si uno sobrevive “a una de esas mierdas” es porque “uno se va ir cuando se tenga que ir”.
Lo único que recuerdo ese día es haber visto las lámparas del hospital, esa luz blanca en el techo y a un médico que me dio ánimos al decir: “sos mexicana, pareces una actriz con ese labial rojo, no te preocupés que todo va salir bien”. Yo estaba segura de que me iba a morir, había vomitado sangre hasta desmayarme y quedar inconsciente en el suelo, me trasladaron rápido y me salvaron la vida, les agradezco infinitamente a los doctores del Hospital Universitario de la UAI en Villa Soldati. Horas después al salir de la operación no me podía mover ni hablar, me dolía todo y a lo lejos sólo escuchaba unas risas, las de mi editor y las de Julieta Laiseca -que es como mi hermana-; como mexicana una está acostumbrada a maquillarse a diario y yo en ese momento supongo que me veía muy mal porque sólo escuchaba las risas de July diciendo: “Mirala parece un mapache, se va volver a morir cuando se vea en el espejo” jajaja. Lo más lindo fue despertarme con una vista única, el sonido del Estadio Pedro Bidegain ya que soy hincha de San Lorenzo y unas horas más tarde volver a ver a mi novio. Esa experiencia me hizo madurar muchísimo y replantearme que quería de mi vida, sobre todo regresar a México ya que mi padre había muerto y yo no pude volver a verlo ni abrazarlo, mi vuelo se retrasó y no llegué al sepelio, no pude estar ni en su sepelio. Me casé con mi novio -hoy mi marido- Federico Javier Cacace que es argentino y acabamos de cumplir un año en México, como pareja vivimos cosas muy fuertes y eso nos unió más. La vida es una avalancha y no para, creo que la clave está en mantener el control, aprender de todas las experiencias vividas y regalarnos una segunda oportunidad.

¿En alguna ocasión te sentiste abrumada por las redes sociales? ¿Por qué?

Todo el tiempo. Soy alguien que siempre está rodeada de gente debido a su vocación pero que disfruta mucho la soledad, sin embargo las redes sociales son el medio donde he encontrado las mejores oportunidades de mi vida y por eso nunca las he dejado. Aquí me descubrió mi editorial, me contactan para dar conferencias, talleres, me escriben otros lectores para compartir letras y gracias a las redes también me encontraron ustedes. Ojo, me abruman las redes sociales pero amo que me sigan y me escriban en mis cuentas de Instagram: @magda.barcenas , twitter:@magda_barcenas y Facebook: Magda Bárcenas
Siempre leo los mensajes y los contesto, sobre todo porque me escriben personas que leen mis libros, mi columna y gente que me pide que revise sus poemas, cuentos o ensayos. Las redes me abruman pero la gente no, aprendí a tomarle gusto por la cercanía y la magia de estar al momento a pesar de la distancia, eso me ha permitido traspasar fronteras y hacer muchos amigos. Hoy utilizo estas herramientas para cumplir con una sola misión: seguir impartiendo talleres gratuitos para compartir mis letras y mi experiencia de vida.

¿Qué tipo de placer culposo disfrutás a escondidas?

Matar…en tinta. Al principio fue a escondidas hasta que me decidí a publicar la primera Antología de Cuentos de Terror con el visto bueno de El Conde, les voy a contar una anécdota que amaba Lai: Cuando yo era una niña, estudiaba en una escuela muy cheta, de alto nivel, donde los niños eran crueles con las personas con otro nivel económico, y aunque a mí no me faltaba nada -porque sólo necesitaba un lápiz, mis libros y una hoja de papel- intentaron hacerme bullying. Lo curioso de este asunto es que yo imaginaba cosas que no escribía por temor a que mis padres me regañaran, desde niña adoré el género de terror pero por mi edad nunca me dejaron ver esas películas, así que cada que los niños venían a molestarme hasta el salón donde yo me “resguardaba” a leer o escribir les contestaba: “Yo sé dónde vives, si me sigues molestando esta noche voy a ir hasta tu casa, sin que te des cuenta entraré, te encontraré en cualquier lugar donde te escondas y… ni siquiera te voy a decir qué es lo que va a pasar” y les sonreía jajaja, ellos se iban corriendo, no volvían a hablarme y yo era feliz en mi mundo creepy. Ahora entiendo que en ese momento para mí la mejor defensa contra el acoso escolar era la imaginación y desde niña fue mi aliada, creo que esos fueron los primeros cuentos de terror que conté y que me creyeron.
Laiseca creía que EL TERROR NOS AYUDA A CRECER, una vez en clase le dije que yo consideraba que uno a veces sin darse cuenta también se convierte en protagonista de su propio cuento de terror, por eso hay que trabajar para ser feliz en la vida y no rendirse nunca. Y claro, no acosar a los demás jajaja. Ahora mi gusto culposo es bien aceptado debido a mi carrera como escritora, mis personajes siempre mueren pero todos lo hacen de una manera diferente, e investigado mucho acerca de las fobias y juego mucho con lo que le temen los demás y a quien me lee por primera vez siempre le digo: “Estoy consciente que puedo ser juzgada por las cosas que escribo, pero más que una psicópata en potencia siento que me convertí en una “librópata” y no puedo parar de escribir con un toque que hasta yo misma considero muy negro. Adoro matar en tinta y se ha convertido en una de mis mayores pasiones de madrugada. Si mis cuentos les dan miedo he cumplido con mi misión literaria, así que tomen el cuchillo por mí y acompáñenme a recorrer un mundo donde fantasear con los prohibido se vuelve un vicio. Soy inocente, aquí los únicos culpables son ustedes, sólo hay una regla, si no quieren matar a nadie…no sigan leyendo”.

¿Cuán importante es el ocio en tu vida cotidiana? ¿Es imprescindible?

Resulta irónico pero me desestreso trabajando, por ejemplo en esta cuarentena se me juntaron varios proyectos de la empresa –soy jefa del área de softnews del Diario Milenio Tamaulipas- , la revisión de tareas de mis 180 alumnos de la materia de Literatura, una sesión de fotos para la portada de uno de los suplementos mensuales, la edición del material editorial, exámenes semestrales, el diplomado, un seminario, escribir mis columnas, etc… y me relajé editando mi página web y después leyendo En casa con mis monstruos una edición especial de la exhibición temporal de todo lo que ha inspirado a Guillermo de Toro, que como ya dije es uno de mis héroes personales. Me cuesta mucho “no hacer nada” porque todo lo que hago aunque es trabajo, requiere mucha organización y revisión a detalle, por el sentido editorial no me genera problemas, pero soy tan perfeccionista que a veces sólo yo me entiendo y tengo la fortuna de contar con el apoyo total de la empresa y como ya me conocen y saben cómo trabajo me dan total libertad y sólo les muestro el resultado. Siempre estoy haciendo algo, mis “ratos de ocio” son leyendo, escribiendo, jugando con mis perros Camilo y Kiara o viendo series con mi marido y si creo que siempre son necesarios. Laiseca decía que para escribir era necesario robarle tiempo al tiempo y es verdad, era muy sabio, así que eso hago en mis ratos libres: mantengo ocupada mi mente, observo, robo tiempo, escribo, describo y vuelvo a empezar.

¿En algún momento sentiste paranoia sobre los algoritmos?

No para nada, de hecho me burlo mucho de eso ¿sabes? Yo soy de las que utilizo a mi favor hasta el más mínimo “error” o fuerza tecnológica en contra, en el caso de los algoritmos soy de las que le habla al celular y dice “Me escucharon, me urge saber lugares para encontrar….” “A ver los que me están espiando del otro lado, pudieran enviarme un anuncio en Facebook de su mejor producto de…” Los algoritmos no me preocupan, de hecho los utilizo a mi favor para agilizar mis tiempos, a los que les tengo mucho respeto es a los hackers, ellos si me parecen los más inteligentes. Los algoritmos al final de cuentas son parte de algo a lo que uno mismo le da acceso, a veces sin darse cuenta por no leer, mi problema es que todo leo, por eso entiendo el proceso y el por qué de lo que vemos, de lo que nos presenta la web, pero los hackers no, ellos entran sin invitación porque pueden, porque les gusta romper el sistema y eso si es inteligencia pura. Hace algún tiempo un amigo me dijo: “Oye ayer estabas muy seria en tu casa. Ay Magda ponle mínimo un pedacito de cinta aislante a la cámara de tu laptop, si yo entro a verte cualquiera puede hacerlo”. Desde ese momento te imaginarás que tengo pegado en la cámara ¿no? Mi paranoia proviene de una experiencia, de parte más entendible.

Sos una representante de la cultura mexicana en Argentina y corresponsal argentina en México. ¿De qué manera funciona tu observación como corresponsal? ¿Preferís escribir sobre lo que acontece a tu alrededor, quizás en un plano más formal, o el corresponsal también debe escribir acerca de que experimenta y siente donde quiera que esté?

Tengo la suerte de que la empresa donde pertenezco siempre me dio libertad absoluta, no sé si porque soy ese tipo de periodista que le gusta investigar, que anda en la calle y busca la nota de color, creo que por eso es que nunca me encasillaron, porque nunca me detengo a que me digan que hacer, porque soy hiperactiva. Empecé como reportera escribiendo de política, pasé por agropecuaria, deportes, local, espectáculos y sociales hasta convertirme en editora y después coordinar todo lo anterior en la jefatura del periódico vespertino. He entrevistado desde Embajadores, artistas, deportistas, gente muy humilde hasta mediática; actualmente estoy a cargo de los suplementos más importantes de la empresa, escribo de todo y eso es lo que me mantiene feliz. Mi manera de escribir es muy sencilla, no soy de las personas que utilizan palabras rebuscadas, soy de las que describe y te cuenta todo como estuvieras escuchándolo de un amigo, quizás por eso se ha mantenido desde hace casi 10 años mi columna. Como periodista siempre he defendido la verdad y eso me ha abierto muchas puertas, como cuando me invitaron a participar en el programa “Intratables” y compartí puntos de vista con periodistas de toda la Argentina o como corresponsal en C5N. La vida es caos personificado… se debe hablar de todo aunque haya polémica, sólo hay que saber abordar el tema con inteligencia y respeto. La libertad de expresión es lo más preciado que tenemos los periodistas y realmente considero que lo más importante que tiene el hombre en esta vida ES LA PALABRA, eso nos define no sólo como personas sino como profesionales.

¿Cuándo y cómo nace tu pasión por la literatura de género de terror?

“La vida misma” diría Lai. Desde niña veía a escondidas películas de terror con mi hermano Hugo, nos lo habían prohibido pero siempre que nos quedábamos solos en casa sacábamos un video BETA de El Despertar del Diablo (Wes Craven, 1977) que los dos sabíamos que ellos tenían guardada en un cajón, así que a la tierna edad de 9 años quedé fascinada con esa cinta de 1981. Mi padre además de dar clases como maestro de primaria daba clases en universidad, y a veces para que no nos aburriéramos en casa le pedíamos acompañarlo, la universidad era segura y todos nos conocían así que mientras él daba clases nosotros íbamos a la biblioteca o a las canchas a jugar. Una de esas veces recuerdo que mi hermano me dijo “¿Quieres ir a ver a los muertos?” y yo toda creepy le dije obviamente que sí, supongo que creía que era como en las películas y me emocionaba porque ese era mi referente. Como no dejaban pasar a menores de edad, una tarde burlamos la seguridad y entramos a una sala de prácticas donde reposaba un cuerpo en una de esas mesas de acero inoxidable. La mesa era más alta que yo y aún recuerdo alzarle los brazos a mi hermano para que me cargara y poder ver el cadáver; mi hermano que es 10 años mayor que yo me preguntó: “¿Estás segura?” y yo le dije que sí y aún tengo en mi memoria grabada esa imagen del cuerpo casi acartonado y fibroso de aquel hombre. No me dio miedo, y creo que ahí entendí la verdadera fragilidad del ser humano, lo efímeros que podemos ser. Quiero que sepas que hace unos meses comiendo en una cafetería una mujer me preguntó si yo era quien había dado una conferencia de un libro de cuentos de terror y de mesa a mesa nos hicimos muy amigas, eso es lo que a mí me ha regalado la escritura…ese vínculo tan cercano. Esa tarde hice a una amiga, Karla Berrones, le pedí su teléfono cuando me dijo que era catedrática del área de medicina y que estaba encargada del Área de morfología que antes era el anfiteatro anatómico; después de escuchar esta misma historia me dijo que fuera a verla un día, sabía que yo quería repetir esa historia ya que mi recuerdo era lejano y quería refrescarlo; siento mucho respeto por la muerte y justo estaba escribiendo un nuevo cuento donde tenía que describir algo que ya no tenía tan fresco en mi memoria así que ella me dio una clase y me mostró todo lo que quería saber. ¡Ah porque el escritor en el afán de detallar sus historias es un estudioso de todo! O al menos a mí me gusta mucho ser lo más realista posible en mis relatos, cuido mucho los detalles y por eso estudio mucho cada aspecto, en este caso era médico y le pedí ayuda a mi querida Karla Berrones a quien le agradezco infinitamente por su apoyo.

Viniste a la Argentina cuando ya habías terminado tus estudios y habías empezado tu carrera como periodista. ¿Cuál fue el motivo que te trajo? ¿Cómo fue empezar de nuevo y desde cero en el extranjero?

En realidad yo me fui de México con una carrera consolidada, siento que ya había llegado hasta donde tenía que llegar, era jefa de un diario, tenía experiencia pero me faltaba algo…tenía que publicar un libro en el extranjero y Argentina nunca salió de mi mente. Un año antes de irme vine a estudiar el terreno, viajé hasta acá y recorrí todo, además de visitar los lugares donde quería estudiar y sobre todo quién me enseñaría y ahí encontré a Laiseca, me bebí sus cuentos de terror en el ISAT y aceleré el proceso, en menos de un año arreglé todos mis documentos y legalicé todo para quedarme. Y si fue empezar de cero, de hecho mi padre en su momento me lo reprochó y dejó de hablarme, me dijo que ya tenía todo, que no entendía porque me iba de México, que si me había enamorado y yo le dije que no; lo que necesitaba era que otras personas me leyeran, quería que mis letras traspasaran fronteras, no es lo mismo que te lean en tu ciudad a que te lean en otro país y ese era el reto. Así que me fui de México, con esa esperanza y llegué a Buenos Aires prácticamente sola, tenía sólo una amiga a la que había conocido en un viaje en Italia años atrás  (Agustina) y a otras 2 en Bahía Blanca (Vero y Erci) y listo. Viví en Pompeya, en Caballito, La Boca, Microcentro, Marcelo T. Alvear, Parque Patricios y Boedo. Trabajé como mestre en un restaurante mexicano, como escritora, corresponsal, locutora, docente de la Escuela República de México en Argentina y hasta de reidora para Comedy Central, fue la época más productiva de mi vida profesional y la pasé muy bien. Lo hice por 10 años mientras a la par me preparaba junto a Lai, hasta que un día llegó lo que tanto había soñado: En 2014 fui reconocida por ser el primer ciudadano mexicano -y la primer mujer- en ser aceptada para exhibir su obra literaria de forma permanente en el Gran Café Tortoni, ese día me acompañó el Embajador de México en Argentina y se develó una placa de bronce con mi libro que hoy descansa en este café que es mi lugar en el mundo. En el salón César Tiempo descansa mi obra y este logro a nivel internacional me cambió la vida y de ahí para adelante ha sido impresionante, aún me resulta mágico.

El género de terror, tanto en la literatura como en el cine, es una fuerza que está siempre presente. Tiene sus épocas de mayor visibilidad en los medios especializados o en boca de los críticos, pero en sí, el terror nunca se detiene. Tiene un mercado siempre expectante que no sufre los cambios de paradigmas de consulto cultural, de hecho, hasta crece con los avances, por ejemplo: muchos de los BooksTubers más populares se enfocan en terror. ¿Por qué el terror genera tanta adhesión y pasión a través de las generaciones?

Como comenté antes, Laiseca siempre nos mencionaba que “El terror nos hace crecer”, Guillermo del Toro alguna vez dijo que “Hizo un pacto con sus monstruos” y en mi caso el terror me ha ayudado a dejar plasmados mis miedos más terribles, a olvidarlos. Con Laisequita hablamos durante años de este tema, yo siempre fui muy miedosa y fue por eso que empecé a escribir, para entender mis miedos, después brinqué a entender cuál era el miedo de los demás y así empecé a escribir cuentos de terror inspirados en miedos ajenos. Mis libros Almas y Karmas, Plegarias Homicidas y Temores que matan son el reflejo y mi ritual es el mismo, me gusta quedarme a oscuras, con una sola vela encendida y dejar en esas hojas todo lo que siento, me gusta transmitir ese nerviosismo, esa complicidad con el lector y sobre todo esos finales inesperados que te dan vuelta todo.  Fíjate que cuando empecé a escribir libros lo hice pensando en los adultos, e irónicamente actualmente mis lectores se componen de adolescentes e incluso niños los que me están leyendo y eso me impresiona mucho, también tengo que darle el crédito a mi ilustrador Gregorio Vega, él es un crack para aterrizar mis ideas y es quien refleja con su talento todos los detalles en mis libros.

Al repasar tu curriculum como periodista nos encontramos que entrevistas a figuras como Rigoberta Menchú, Roberto Gómez Bolaños y Patch Adams, por nombrar algunas. ¿Qué lecciones quedan tras esos encuentros con semejantes figuras?

¡Uff! Me llevo a la tumba esos momentos, sin duda creo que los tenía que conocer porque cada uno marcó mi existencia y absorbí sus consejos como una esponja: Patch Adams me enseñó que todo mundo te va llamar loco por el simple hecho de hacer algo diferente y que no debemos de creerle a todas esas personas que quieren matar nuestros sueños. Rigoberta Menchú me enseñó a ser una mujer valiente y levantar la voz por lo más necesitados, desde entonces siempre busqué poder ayudar con mis notas periodísticas a los demás, darle espacio a las asociaciones y ser altruista. Con Chespirito me pasó algo muy loco, lo abordé en un aeropuerto pero nunca supo que era periodista porque en ese tiempo hubo muchas noticias falsas en redes donde aseguraban que él había muerto y siempre le preguntaban de su salud, ya era un tema que lo abrumaba, me acerqué con Florinda Meza y le pedí por favor hablar unos minutos con El Chapulín Colorado, con el que había aprendido a imaginar desde mi infancia. Ese día tuvimos una charla corta pero inolvidable donde me dio muchos consejos para escribir, me dijo que me quitara el miedo y que mostrara al mundo lo escrito, que no me importara lo que dijeran los demás sino que hiciera las cosas con amor, pues así se arropan los mejores proyectos y tenía razón.

En Argentina, te forjaste como escritora al lado de Alberto Laiseca. ¿Cómo era estudiar y “curtirse” con él más allá del imaginario que sus lectores tienen de él? ¿Cuál era su principal consejo u observación que compartía con los escritores jóvenes de sus talleres?

A Lai siempre le agradecí su sinceridad, si no le gustaba algo te lo decía, él no tenía miedo de decir las cosas como son porque sabía que era para que creciéramos como escritores. Como mentor fue lo máximo porque no sólo te invitaba a exprimirte la cabeza para entregar un gran texto sino que te hacía leerlo mil veces y preguntarte si tú mismo creías en esa historia, si te gustaba, él siempre nos incentivaba, nos hacía creer en nuestras letras y pensar en cómo compartirlas a futuro. Esa época de mi vida fue increíble tomé su taller en el Centro Cultural Rojas y al final de la clase después de leerle mi primer cuento de terror me contó que daba un taller en su casa para escritores más avanzados,  me invitó, así que le tomé la palabra y conocí “La Guarida del Monstruo” donde daba un místico taller. Al otro lunes estaba compartiendo mis cuentos con Selva Almada, Juan Guinot, Sebastián Pandolfelli, también por él conocí a Carlos y José María Marcos, grandes escritores que desde entonces tienen toda mi admiración, y de quien soy muy fan. Recuerdo que los conocí oficialmente es el cumpleaños de Lai, todos nos habíamos reunirnos para celebrarlo, ese día le pidió a Selva que me regalara el Manual Sadomasoporno y ella divina me lo llevó pues estaban agotados, aún lo tengo dedicado como “Para mi mexicanita cabrona”, lo guardo como un tesoro aquí en México a lado de Los Sorias, La Puerta del Viento y demás libros de Lai.

Laiseca fue una figura influyente en tu faceta como escritora ¿Cuál fue el vínculo personal con él?

Fue como mi segundo padre, mi mentor, mi consejero, mi guía espiritual, mi paño de lágrimas y mi mejor amigo, bueno hasta me daba consejos de amor con eso te digo todo jajaja. Gracias a Lai encontré mi estilo literario, pero también había una conexión que no sabría describir, había muchísima confianza, a veces me decía: “Estás enamorada de mi chanchito, lo sé y es normal” o si estábamos con más gente para joderme decía: “Acá está mi Kodama”, era re jodón y bromeábamos siempre. El vínculo fue tan grande que a pesar de que había dejado de dar clases, yo iba a visitarlo y él me pedía que le mostrara mis cuentos, siempre me incentivó a seguir escribiendo, a corregir mis letras, a regalarme esa magia que él tenía donde todo puede pasar. Pasamos navidades juntos, año nuevo, y hasta le llevé serenata con tal de que saliera de la cotidianidad, porque reconocí la autenticidad de un ser que no volveré a cruzar en todo lo que me queda de vida. Laisequita fue un gran mentor, me dejó entrar en su mundo, quizás lo conocí en el momento justo, sus últimos años la pasamos increíble, nos turnábamos con mis compañeros para ir a visitarlo y entre todos los cuidábamos, July  sabía que nuestro cariño por Lai era legítimo y nos dio muchas facilidades para verlo y eso se lo agradezco porque disfrutamos de su compañía hasta el último momento. Uno de esos días de visita y después de no haber escrito nada me pidió llevarle una birome nueva y un cuaderno, sin preguntarle para qué quería eso se lo llevé, le conté a July quien se puso feliz y así terminó de escribir su último libro que espero que todos puedan leer pronto. Con Lai estuvimos hasta el final, lo cuidamos en el hospital, hicimos guardias entre sus alumnos de confianza, lo despedimos en la Biblioteca Nacional, nos tomamos un whisky en su honor y nos reunimos para darle su último adiós en Tigre. Me quedé con aquel atado de Imparciales que no pudimos terminarnos; cuando se hizo eterno dejé de fumar y de escribir porque en el fondo siento que algo de mí también se fue con él. Lo último que escribió fue el prólogo de mi libro, un libro que tengo que publicar el año que viene pero que ha sido muy difícil debido a lo que representa para mí. Lo extraño todos los días, sus ocurrencias, sus chistes, su ironía, su humor negro, sus consejos, sus letras, sus reflexiones, su nieve de menta granizada con un poquito de “agua de vida”, sus recomendaciones de películas y libro, todo lo extraño. Era de las pocas personas con las que se puede hablar de todo y de nada.
Cuando conocí a Lai sentí mucha afinidad, era como si nos hubiéramos conocido en otra vida y siempre lo hablamos, incluso a veces pienso que seguimos hablando a través de sueños pues cada que aparece en mi inconsciente le aviso a July Laiseca y ella me cuenta algo que le ocurrió, le aviso a mis compañeros y se va haciendo una ola de mensajes que al final tienen un por qué. Creo que “La Élite Laiseca” como alguna vez escuché que nos decía un periodista ha sido una hermandad que a pesar del tiempo sin vernos siempre estaremos los unos para los otros y es el lazo más hermoso que nos dejó Lai, además de heredarme una hermana…July. Antes de irse de este mundo me hizo prometer que cuando ya no estuviera “lo transformara en una de esas calaveritas mexicanas” , esa calaverita tiene un cigarro en la mano, está en mi biblioteca junto a sus puchos y una fotografía donde salimos juntos brindando con un mezcalito de esos que adoraba que le llevara.

Como escritora fuiste independiente, publicando por fuera de las grandes editoriales. Por ese camino, presentaste tus libros en Argentina, México y Uruguay. ¿Cómo es llevar adelante ese camino? ¿Te parece que cualquiera puede llevar adelante una carrera de manera independiente?

Todos podemos ser lo que queremos, es algo que siempre les digo a mis alumnos; pero la parte crucial  de la vida sin duda es la preparación, las decisiones y la perseverancia, estos aspectos son la clave. Muy pocos se atreven a sufrir el trayecto para conseguir sus sueños. A mí me costó muchísimo trabajo y desveladas, tanto que tuve que irme de mi país y empezar desde cero, al principio nadie cree en ti, te comparan, te dicen que no va ser posible, te cuentan malas experiencias y te imponen panoramas negativo; pero considero que uno tiene que ser su mayor fan, tienes que creer que es posible y pulir tu talento, todos podemos lograr lo que queremos y tener grandes oportunidades, pero hay que estudiar y trabajar para conseguirlo. Tengo 37 años, comencé desde muy niña a trabajar por lo que quería, sólo es cuestión de hacerlo sin voltear atrás y sin escuchar a los que te quitan energía, uno debe ir tras eso que siempre ha soñado… que nadie les arrebate sus sueños, eso es lo único que tenemos en esta vida.

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