Quiz Raptiliano 002: Juan Ibarlucía

Quiz >  Cuestionario raptiliano para indagar en figuras de la cultura desde una óptica diferente.
Diez preguntas universales sobre el tiempo que habitamos + un puñado de interrogantes extras sobre su campo de acción.
Ilustraciones > Sebastián Sala

 

Juan Ibarlucía es un compositor, productor, investigador, poeta y multi instrumentista.
Vocalista y compositor de Pommez Internacional.
Director de TERRITORIO, una organización dedicada a la formación, creación e investigación musical/sonora.

 

 

¿Cuál es tu humor por las mañanas?

Mi humor por las mañanas es bueno. Trato de respetar mi necesidad de descanso y sueño y eso suele repercutir en que me levanto bien. Además – y aunque suene absurdo y anacrónico puesto en estos términos – en este momento disfruto y agradezco la vida. No siempre fue así. Arranco temprano, de a poco porque tengo hábitos bastante nocturnos, con un café obligatorio. Miro un poco la agenda y empiezo. Aprendí a darle cauce a mi intensidad través del proceso artístico y el debate público. Por fuera de eso, intento llevar una vida armónica.

¿Quién es tu héroe /heroína? ¿Por qué?

Creo que el heroísmo es fundamentalmente la entrega – o el riesgo – de la propia vida por motivos desinteresados. En ese sentido, pienso en los pequeños héroes cotidianos: Médicxs, maestrxs, bomberxs, asistentes sociales, ex combatientes, psicólogxs… Primera línea de contención de una sociedad que coquetea con la desintegración plena. Ahí hay héroes, en el sentido clásico del término. Ahora bien – y pensando más bien en el campo del arte – creo que el heroísmo se juega en la voluntad de ir hacia la frontera de lo perceptible. Hay artistas que son como buzos submarinos: Se sumergen en aguas inexploradas y riesgosas. Algunos vuelven con tesoros, pero muchos perecen en las profundidades de la locura, la incomprensión o el olvido. En mi panteón sagrado artístico hay seres de todos los tiempos. Pero ellos son, justamente, los sobrevivientes. Mis héroes son aquellos cuyo nombre no recuerdo.

¿Qué experiencia fue decisiva para que decidieras terminantemente dedicarte a lo tuyo?

El taller de arte gráfico del gran maestro Elenio Pico, espacio al que fui religiosamente desde los siete hasta los doce años. Mi sensibilidad artística se forjó en ese espacio. El taller se daba en un departamento viejo del centro porteño y funcionaba como estudio abierto: Había artistxs de todas las edades, todos mucho más grandes que yo. En ese espacio adquirí conceptos de forma, color y narración que luego apliqué a la música. Adquirí cualquier cantidad de información invaluable – descubrí a Iggy Pop y Mano Negra a los 9 años, leí Akira (Katsuhiro Otomo) y Maus (Art Spigelman) a los 10… materiales que tuvieron un efecto extraordinario en mi pequeña cabeza en formación. De Elenio y su pandilla aprendí que el arte es juego y que nuestra practica requiere humor y arrogancia por partes iguales. Desde que entré a ese taller, nunca hubo otra opción para mi que dedicarme a crear. Luego pasé de la gráfica a la música, pero creo que eso es algo menor. La decisión de dedicarme a la vida creativa estaba ya tomada.

¿Cómo fue la peor cita de tu vida?

La peor cita de mi vida fue, curiosamente, la secuela de una de las mejores. Por razones de privacidad, vamos a llamarla S. Mi amor por S fue a primera vista. La vi y me enamoré. Absoluto y súbito estado de intoxicación química. Tuvimos una historia de amor breve e híper intensa que terminó con mi corazón roto y plantado en un café de Boedo. Pasaron los años y amores y descubrí – para mi sorpresa – que volvía a evocarla como el summum de mis fantasías femeninas. Decidí enfrentar mis temores y llamarla – estamos hablando de un llamado súbito que ocurre 3 años después – e invitarla a salir. Aceptó. Nos vimos unos días después. El tiempo, lamentablemente, había hecho su trabajo y descubrimos, de forma patética, que aquellos amantes ya no existían. Tres años después teníamos muy pocas cosas en común. La charla era aburrida e insípida. Irritante. Éramos casi antagonistas. Recuerdo claramente un largo silencio mientras caminábamos. Yo solía pensar que los ex amantes guardan siempre un secreto de dos, una complicidad íntima eterna. Esa noche comprendí que no. Que pueden volverse absolutos extraños.

¿Cuál fue tu primer trabajo? ¿Aprendiste algo valioso?

Mi primer trabajo fue – en tercer año del secundario – un “emprendimiento” de copia de cds para mis amigos. Estamos hablando de 2003-2004, argentina post sablazo 2001. Mis amigxs eran todos melómanos y había una alta demanda por música que no podíamos pagar. Lo digital todavía iba lento, bajarte un disco de internet podía tomar horas. Hacía las tapas a color, le ponía amor. Copiaba mucho metal extremo – discos de Carcass, Morbid Angel y música industrial tipo Skinny Puppy, Nine Inch Nails, Ministry. Duró un año y me sirvió para juntar algo de plata. El destino final de mis ahorros era comprarme una guitarra mejor e invitar a mi novia a cenar hamburguesas, ambas misiones cumplidas cuando finalizó el asunto. En esa experiencia tomé consciencia de la importancia del dinero como medio de realización personal. En el marco de la sociedad capitalista, el materialismo es defensa propia. El dinero compra bienes, posibilita conocimiento, habilita experiencias y resuelve malestares. La realización subjetiva está, lamentablemente, mediada por el dinero. No romantizo la pobreza ni la austeridad. Los seres humanos somos capaces de producir valor en niveles extraordinarios, nos corresponde el derecho a una vida digna. El dinero, además, multiplica recursos que permiten romper fronteras del conocimiento: artístico, científico, subjetivo. La concepción – internalizada incluso por nosotros mismos – según la cual un artista, científico, educador, etc debe aceptar la austeridad me parece un triunfo ideológico de este sistema vampírico. Vade retro.

¿Qué te preocupa acerca del futuro inmediato?

Mi principal preocupación en el futuro inmediato es la hegemonía psíquica, cultural y emocional de este Capitalismo Total. Cuando un régimen se consolida, produce su propia ciudadanía. Esa ciudadanía tiende a ser la guardiana de los valores profundos del régimen y replicar su lógica, incluso en direcciones superficialmente contrarias. Creo que la actual división entre una campo progresista y otra más evidentemente reaccionario esconde hasta que punto estamos todos internalizando una subjetividad auto-centrada, crónicamente narcisista y fundamentalmente des-historizada. Nuestras utopías son difusas y están plagas de buen intencionismo. Adscribimos colectivamente – lo aceptemos o no – a la tesis neoliberal del fin de la historia. Nos debatimos entre un Capitalismo Total Confesional y un Capitalismo Total Progre. Me preocupa nuestra imposibilidad colectiva de soñar y sentir por fuera de las categorías dadas. Me preocupa nuestro cinismo. Me preocupa que estemos a 20 años de producir una ciudadanía para la cual la posibilidad de una alternativa sistémica sea una suerte de mito antiguo. Tal vez la pandemia en curso nos obligue a barajar y dar de nuevo. Podríamos probar.

¿En alguna ocasión te sentiste abrumadx por las redes sociales? ¿Por qué?

Muchísimas veces. Las redes sociales, en general, me producen un sentimiento ambiguo. Las considero dispositivos centrales de la economía de la distracción y soy muy consciente de que nuestra perdida de tiempo en ellas es una operación exitosamente diseñada por sus fabricantes. Por otro lado, también me resultan plataformas interesantes y menos centralizadas que los medios convencionales, motivo por el cual soy usuario y generador de contenido en la mayoría de ellas. Me abrumo especialmente cuando tengo un lanzamiento. Son días de uso casi continuo de redes y me encuentro – al terminar – con una ansiedad y desconcentración palpable. Duermo peor, leo menos, siento un efecto post-narcótico… A su vez la diversificación de cosas que hago repercute en una proliferación de sub redes que intento – progresivamente – delegar.

¿Qué tipo de placer culposo disfrutás a escondidas?

Tengo una sensibilidad especial por cierto tipo de música melódica más bien espantosa. Eros Ramazzotti, Andrea Boccelli, Valeria Lynch…..Incluso puedo cantar de memoria varias canciones de Franco de Vita y Cristian Castro. Responsabilizo de esto a mi hermano mayor Sebastián, que decidió jugar su antagonismo conmigo en el plano auditivo. Es inmune a mis recomendaciones musicales e insiste con su repertorio a prueba de balas. Como nos queremos mucho y somos muy cercanos, aprendí a querer esa música. Tanto lo quiero que una vez lo acompañé a ver a Eros Ramazzotti… En el último tiempo empezó a escuchar salsa y ahí ya fue más fácil coincidir. Héctor Lavoe, Ismael Riviera…. Estamos mejor que nunca.

¿Cuán importante es el ocio en tu vida cotidiana? ¿Es imprescindible?

Absolutamente imprescindible. Cultivo el ocio. Lo atesoro. El ocio – como el sueño – son los refugios no solo de ciertos placeres arbitrarios fundamentales, sino de muchas de las mejores ideas u ocurrencias que uno puede tener. El deporte es algo que me produce un enorme placer. Correr, jugar un partido de fútbol, practicar un deporte de combate, hacer un extenso trekking, nadar…Son distintas expresiones de un aspecto fundamental de mi vida que es la conexión con el cuerpo y los placeres sensuales. Me gustan las fiestas y bailar hasta tarde. Adoro la comida y si bien no soy buen cocinero, he contribuido generosamente al sostenimiento del rubro gastronómico en mil y un fondas a lo ancho y largo del continente. En el tiempo ocioso, además, devoro libros y películas. Que aburrida sería la vida sin tiempo ocioso!

¿En algún momento sentiste paranoia sobre los algoritmos?

No siento paranoia por los algoritmos en si mismos, sentir eso sería como enojarse con un martillo o una pinza. Lo que si siento es una legítima desconfianza ante el uso que las mega corporaciones hacen de mi vida privada y, en particular, ante el espionaje naturalizado en el que se ha transformado nuestra cotidianeidad. Dentro del campo específico de la industria cultural en particular, “los algoritmos” se han transformado en el marco teórico para abonar un neo-conservadurismo 3.0 que reedita el “le-damos-a-la-gente-lo-que-la-gente-quiere”. Siento que – en términos civilizatorios – estamos desaprovechando una tecnología prometeica. Tenemos – al fin – los medios para construir la utopía. Pero decidimos usarlos para construir un neo-medioevo cyberpunk. Veremos donde termina esta aventura.

La distribución de la música, de los discos, hasta hace no mucho tiempo atrás, era un problema. La distribución era un desafío. En ese sentido, los paradigmas cambiaron para mejor. Sin embargo, hoy el problema parece ser en cómo hacerse escuchar entre la sobresaturada oferta de información. ¿Hay estrategias útiles? ¿Es posible ganarle o gambetearle a los algoritmos?

Tu pregunta exige una respuesta en varios planos. En Latinoamérica, la prevalencia del consumo vía streaming dejó al campo de las músicas de autor (por ponerle un nombre a músicas que buscan un compromiso mayor de parte del oyente) en estado de offside y confusión. Eso es en parte responsabilidad de los autores, en parte de las plataformas y – en parte – de la decisión de publicar los números de escucha. Desarrollo: La publicación de los números de escucha llevó a la industria y a sus autores a una obsesión cuantitativa. Esa obsesión cuantitativa es absolutamente contraproducente para el campo de la música de autor, que por definición es una música de nichos de audiencia. Nichos que pueden ser vastos y en los que se puede desarrollar una carrera de enorme éxito, pero nichos al fin. En ese sentido, la base de cualquier estrategia tiene que ser dejar de lado la obsesión numérica y concentrarse en la creación de audiencia y comunidad, a través de una diversidad de herramientas: La misma obra, las redes sociales y el vivo – que sigue siendo una instancia fundamental para las músicas más minoritarias. En ese sentido, entrar a una playlist grande puede ser un atajo de corto plazo, pero si no va acompañado de todo esto, es apenas una anécdota.
En segundo plano, tenemos que hablar políticamente de las plataformas. Las plataformas de streaming están cartelizadas y van – en el mediano plazo – a converger en un gran ganador que se va a quedar con todo. En Argentina, por ejemplo, eso ya está ocurriendo con Spotify. Está bueno, entonces, admitir que “los algoritmos” son empresas, y que las empresas son personas y editores – que a su vez toman decisiones basadas en un criterio corporativo, ideológico o estético. Y si vamos a hablar de empresas culturales monopólicas, creo que también está bueno pensar en políticas públicas y en la posibilidad de que la comunidad tenga representación en los comités editoriales – o porque no – en la composición de la propia empresa. Si vamos a tener compañías monopólicas globales, no entiendo porque deberían estar en manos enteramente privadas. Podemos construir – colectivamente – plataformas más flexibles y útiles para oyentes y artistas. Me parece que hay que empezar a dar la discusión.

Infierno porteño capturó (e incluso adelantó) mucho del grotesco político-social que vivió la Argentina en los últimos veinte meses. Eso es un acierto artístico y hasta empático. Al mismo tiempo, acertar en cosas tan temibles también puede generar un malestar en uno. Citando a Pedro Saborido sobre los aciertos premonitorios del personaje Micky Vainilla: “Tener razón en eso es una mierda”. ¿Cómo te sentiste vos al ver que la realidad coincidía con el infierno de tus canciones?

No podría definirlo en términos sentimentales. Hicimos nuestro trabajo, lo que justifica que existamos. Expresamos en términos simbólicos nuestro hábitat y – tal vez con suerte – capturamos algo que estaba ahí, aguardando ser retratado. Infierno Porteño parte de la premisa de una interrelación profunda entre los procesos emocionales y la realidad material. Una suerte de diálogo donde se conforman mutuamente. Ese diálogo produce episodios coincidentes y brutales, que por momentos te dejan sin palabras: El video de “Asalto en el Chino” parece hecho después del asesinato en COTO, pero es varios meses anterior….
El arte tiene una cualidad profética misteriosa que, creo, se produce por la resonancia del creador con su entorno. En definitiva, existo en mi época y vibro en una frecuencia colectiva que intento traducir y expresar individualmente. Soy – en todo caso – un agente de disputa en la guerra sensible en curso. Infierno Porteño es una contribución en esa dirección y aunque es una obra apocalíptica, también es un vital llamado a la acción. Dicho esto – y creo que hablo también por mi compañero musical Cruz – el proceso compositivo de este disco viene teniendo un costo alto emocional. Cada canción tiene cualquier cantidad de material atrás, material que demanda un estado alto de concentración y alerta. Vivo hace dos años en estado de Infierno Porteño y necesito – en breve – pasar a otro universo. Girarlo y mostrarlo pero – en cuanto a lo creativo – habitar otras fantasías.

Tanto en la música como en tus proyectos más recientes, siempre tuviste una mirada expansiva e integradora. ¿El artista que se cierra a lo interdisciplinar a la larga?

Más que a una cuestión interdisciplinaria – diría que no conviene estar cerrado a la vida. Hay artistas que se dedican a una sola cosa y la hacen maravillosamente y hay otros que son más expansivos, tocando incluso puntos cercanos a la política cultural o a la gestión de organizaciones. No hay fórmulas, ni caminos rectos ni cosas que funcionen para todos por igual. En mi caso siempre estuve interesado en los marcos integradores. En parte por vocación – siempre me fascinaron otras disciplinas, y en parte por necesidad: Cuando comencé mi recorrido en la música argentina, no tenía una escena natural en la que transcurrir. Por otro lado, la necesidad de vivir de mi trabajo creativo me llevo a aventuras como construir mi propio estudio, producir otros artistas, armar mis propios eventos y – en el último tiempo – directamente establecer una organización de formación que colabora con universidades y museos. Esta diversificación me enriquece y me permite aportar a mi comunidad desde diversos lugares. La formación me parece hoy el campo principal de disputa. Pero es una opción personal. Creo que todos nos merecemos realizarnos en la plenitud de nuestras capacidades. No podría decir que mi camino es mejor que otros. Si puedo aconsejar algo, una sola cosa, es intentar una disposición abierta, porque la vida es sorpresiva y su peor enemigo es la rigidez.

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