POR EL CAMINO DEL SOUL

Kunyaza sobre los pormenores de la corta pero intensa historia que los terminó de convertir en uno de los fuegos de la escena local. Cooperativismo, compromiso y el desplazamiento de los egos para perdurar como grupo. El amor a la música como bandera, las horas dedicadas a exquisitas composiciones y la potencia de cada musicx se reflejan en su único disco debut y en cada presentación en vivo. El premio final: una inminente gira por México.

 

Kunyaza es funk, groove, pop, soul, rock y hip hop del más alto nivel. Es la primera conclusión que surge cuando se termina de oír Partes del Fuego, el disco con el que oficializaron su presentación en sociedad. En menos de tres años la banda logró captar la atención del circuito groovero rosarino e ir más allá, conquistando melómanos de toda la ciudad. Un año después del lanzamiento discográfico, Kunyaza consolidó una identidad sonora y musical que hacía tiempo no se veía en nuestros pagos: un grupo en permanente movimiento, tan inquietos como cada uno de sus temas que movilizan los cuerpos y las sensibilidades de sus escuchas; una combinación perfecta entre letras, armonías y melodías en idéntica sintonía con tres voces privilegiadas bien al frente. Además, forman parte del Movimiento Unión Groove, el colectivo de músicos que acaba de coronar un gran momento con el Festi MUG que se desarrolló en el Galpón de la Música.
A la banda la conforman siete músicos: tres cantantes, bajo, guitarra, batería y teclados sumados a una flauta, vientos y cuerdas que iluminan cada canción. Su disco testimonia el trabajo y talento con que encararon el proceso de composición y grabación. El resultado final son once composiciones contundentes, elaboradas en perfecta sintonía fina, donde las voces comandan cada pasaje sonoro y las emociones de cada verso, lanzando una energía capaz de movilizar todo lo que tengan en frente y capturando momentos en cada combinación de sonidos. Pareciera que nadie resiste a la tentación de dejarse llevar por sus ritmos neo souleros, funkeros y, por supuesto, rockeros. Cada músico es una pieza fundamental para la ejecución de cada tema. Está todo pensado para lograr la perfección sonora que los caracteriza donde nada queda librado al azar. Son como una obra en construcción permanente, donde el resultado final siempre es sorprendente. Esto se debe al amor que le tienen a la banda y a la gran apuesta que hacen para que Kunyaza logre encender los corazones musicales de quien escuche y poder trascender en cada lugar que se presenten.

OTRO PLAN

Su corta historia no deja de ser significativa, ya que son el reflejo de lo que sucede en la cultura rosarina (o al menos en la nocturnidad centrista). Ellos también son el recorrido de muchos pibes y pibas que se la pasan buscando lugares que los contengan desde lo musical. Kunyaza nace, en parte, en las zapadas que se hacían en El Olimpo y es a partir de este dato que resulta imperioso recordar las Jams que se hacían en La Chamuyera, Stop en Brazil y, más atrás en el tiempo, en Chicago Blues. Son lugares que ya no existen por la tragedia de la clausura, pero forman parte del recuerdo del inconsciente colectivo rosarino. Y es importante destacar la dimensión que tienen las zapadas porque están pensadas para que el músico tenga la posibilidad de subirse a un escenario y, también, para conocer a otros colegas. Ese encuentro es fundamental para la formación individual y colectiva.   Allí salen las ideas que probablemente deriven en bandas. Esto que decimos, los Kunyaza lo saben a la perfección.
Decíamos que son el reflejo de lo que pasa en nuestra cultura porque, según sus protagonistas, en el 2015 se produce un click a partir de la aparición de “un montón de discos que cambiaron la música”. Estos cambios se materializaron en todos los frentes: en la forma de relacionarse con ella, en el acceso a la información (que permitió conocer cómo se compusieron los discos de muchos referentes musicales), la incorporación de lo electrónico, la digitalización de los discos, etcétera. En ese mismo año, en Rosario surgían nuevos espacios para tocar: la Asociación Japonesa dejaba de monopolizar las peñas cumbieras y abría el abanico al groove y rock; El Club Canillita abría sus puertas a los espectáculos musicales y culturales; el Distrito Siete ampliaba su repertorio de música en vivo y nacieron lugares como Mono, El Centro Cultural Atlas, entre otros. Además, al mismo tiempo, los músicos aceitaron aún más la autogestión para la organización de festivales propios. Es decir, se borraron los límites, los prejuicios y estereotipos musicales y se daba comienzo a otra forma de vivir la música, la individualidad y lo colectivo. Aquí, allá y en todas partes por igual. Por eso decimos que los Kunyaza, además del talento y profesionalismo de sus músicos, supieron leer la jugada de lo que estaba sucediendo. La experiencia de sus integrantes llevó a manejar los hilos del proyecto de manera íntegra, asegurando la responsabilidad que implica hacer y vivir de la música dentro de una banda.

ENCUENTRO CON KUNYAZA

La banda actualmente la integran Sofía Maiorana (voz), Lucila Priotti (voz y flauta), Sofía Casadey (voz), Nano Bianciotti (teclados), Guillermo Petraco (guitarras), Martín Valci (bajo) y Lautaro Canals (batería y coros). En el camino Dani Lesté (voces), Leo Moyano (guitarras), Caro Ciani (voces), Mauro Giolitti (teclados) y Diego Zabala (guitarras) brindaron sus grandes aportes siendo partes fundamentales en la grabación. El resultado de la carrera de cada músico se plasma perfectamente en el disco que describimos al comienzo de la nota. El mismo contó con la producción de un gran talento como es Claudio Cardone y una importante lista de invitados, destacándose los aportes de Germán Nozzi (violoncello) e Inés Dotto (violín).
La entrevista toma lugar en el estudio de grabación que comanda el bajista Martín Valci, en Long Play Records, donde el histórico integrante del entrañable Ojo de Buey hace de productor. Nos interesaba, además de conocerlos en su lugar de trabajo, tener la perspectiva del músico haciendo de productor para la banda y contar con los testimonios de Sofi Maiorana y Lautaro Canals como referentes y fundadores de Kunyaza. La entrevista tocó varios tópicos: técnicas de grabación, formas de componer, sus orígenes, dificultades por los cambios de integrantes y la cooperatividad que se encarnó en la edición del Festi Mug dando la nota del año en lo que fue la celebración de las bandas grooveras con una rotunda respuesta del público. 

PLAY

Sentados alrededor en un comodísimo sillón, frente a una pantalla gigante y unos potentes parlantes, ponemos play a Partes del Fuego.  “Arrancamos la banda con una lista de temas compuestos mayoritariamente por Martín y después se hicieron aportes de manera colectiva. Hubo temas míos y de Lautaro pero la mayoría son de Tincho”, aclaró Sofía. “Cuando empezamos, los primeros ensayos eran para juntarse a hacer un par de temas que nos gustaran, sin tener nada concreto.  Pero lo curioso es que en el primer show ya teníamos nuestros propios temas que son los que grabamos en el disco”, recordó el bajista productor aclarando que Bembé, Lluvia y Paraná fueron las últimas en componerse.
Mientras seguimos escuchando el disco, recordamos sus trayectorias individuales ya que provienen de palos diferentes. Lautaro viene del rock más pesado, pasando por el blues al igual que Martín, quien supo transitar como músico sesionista en diversas agrupaciones del rock – blues local. Sofi proviene del soul y la música brasilera (La Funkeria Jalea Real); Lucila Priotti tiene un pasado tanguero (para muestra escúchese Hasta dónde); mientras que el resto de los integrantes provienen del groove/funk más auténtico y moderno. “Nos terminamos de consolidar con la llegada de los teclados. Cuando compusimos Lluvia nos dimos cuenta que queríamos hacer ese estilo neo soul funk”, puntualizó la cantante. Al terminar de escuchar dicha canción, además de apreciar los coros celestiales y con esa bellísima letra, reafirman la decisión de hacer ese estilo.
Con el hit Fuego, retrocedemos en el tiempo y escuchamos la primera maqueta del tema donde las guitarras hacen las melodías (una imitación de lo que más adelante serían las voces) sobre una base funk blues que ejecutan un bajo y batería. Una versión totalmente alejada de la que conocemos hoy; un tema bien zeppeliano, rapeado y con una masa de sonidos que decoraron y cambiaron completamente este pequeño y típico blues/funk en una canción totalmente explosiva. Lo que sigue es una pregunta obligada para Martín.

– ¿Cómo es el doble rol de bajista y productor?

Martín: Difícil. Encontrar la dinámica como banda nos llevó tiempo. Hubo momentos de muchas pilas, otro de muchas trabas y otro donde todos se hincharon las bolas. Si bien siempre me gustó la sonoridad de la banda, como productor a veces tenés que tratar de potenciar a todos los músicos en función de un objetivo. Es algo que siempre hago. Acá me afecta de otra manera porque soy parte de la banda y somos amigos, lo cual eso trae ventajas y dificultades al mismo tiempo. El rol de productor es coordinar los aportes de cada uno, no es que cae todo sobre un productor. En ningún momento deja de ser un trabajo colectivo.

Sofía: Sí, está bueno lo que decís. Por eso se transforma tanto la banda cuando cambiamos un instrumentista. No es que viene una persona y hace lo mismo que el anterior. Se renueva, le da su impronta.

Martín: Si viene alguien con una data nueva, la idea es llevarla por ese camino. Incluso te arenga porque trae cosas nuevas.

– ¿Cómo fue esa experiencia de trabajar con Claudio Cardone y cuál fue su principal aporte?

Sofía: Más que producirnos, se tomó el trabajo de escucharnos muy atentamente y hacernos aportes. Consideraba que estaban bien las estructuras, pero nos hizo unos arreglos que nos cambió todo en lo musical y en lo sonoro. Tuvimos muchos invitados: Nano (Lisandro) Rosso en percusiones: nuestro primer violero, Diego, que aportó unos timbres re lindos; Alfredo Tosto, cuerdas, vientos. Se armó un equipo bárbaro.

Martín: La idea de llamarlo surgió cuando quisimos meter vientos y cuerdas al disco (también la idea era que meta sus teclados). Quién mejor que Claudio para hacer eso. Como es una persona tan abierta, humilde y copada terminó aportando de otras maneras. Nos recomendó, tocó en la presentación, nos prestó instrumentos, maqueteó los arreglos (los tocó con los teclados para después ponerlos en los vientos) Eso nos llevó mucho tiempo porque es un laburo inmenso, al cual nos ayudó mucho la orquestación de Hernán Biacardi.

– Recién mencionaron integrantes que ya no están más y es sabido que la banda afrontó varios cambios ¿Cómo se sobreponen a ese pequeño gran obstáculo que es afrontar un cambio de integrante? Intuyo que por sus experiencias individuales encaran el asunto de otra manera.

Martín: Yo creo que eso va cambiando a medida que lo vas viviendo. Al principio decís: “Qué quilombo volver a empezar”, pero a nosotros nos pasó que, como el proyecto es tan sólido, automáticamente no importó porque el objetivo es seguir. El proyecto va a seguir y se va adaptar a esos cambios, así venga gente que sume o no.  Al principio es más difícil porque no hay nada sólido pero una vez que se consolida (la banda) la impronta es continuar y que camine. El proyecto artístico te lo demanda. También te lleva a aprovechar los cambios, a usarlos a favor. Ya te digo, al principio es muy difícil pero después se vuelve un hábito que incluso está bueno porque se aprende.

Sofía: Requiere de un esqueleto estable, sino se va todo al carajo. Cae por su propio peso o se estanca.

Martín: (Piensa) Hace bastante que por lo menos nosotros tres somos el esqueleto.

Sofía: Sí, tenemos ese código de seguir hacia adelante y la manija de meterle energía activa al proyecto. Recuerdo cuando se fue el Negro, a mí me costó mucho su partida (y creo que a todos). Entonces hicimos una reunión donde nos sinceramos, debatimos, discutimos y nos dijimos de todo. Incluso hicimos un cadáver exquisito y escribimos un texto hermoso para reponernos. De ahí salió el nombre del disco porque hablábamos de que “somos parte de un capítulo de esta historia”.

Martín: Creo que desarrollamos o creamos un método para que la cosa camine, más allá de los vaivenes que sufrimos. Las salidas de cada integrante fueron duras.

– Es una virtud poder superar este obstáculo, ¿lo creen así?

Lautaro: Suena medio cursi pero no hay que bajar los brazos. Este año es el más importante para nosotros porque llegaron varios reconocimientos que nos incentivaron, que te hacen sentir bien. Es como que después de todo el esfuerzo, las horas y pensamientos invertidos que le pusiste, incluso con algunos bajones, que llegue una ola de reconocimientos es como que decís: “Por fin llega todo esto”.

Sofía: El reconocimiento es lo que te motiva a seguir. Hubo un momento clave, que fue cuando decidimos que queríamos grabar el disco.  Activamos fuertemente entre todos, dividiendo tareas y demás. Nos presentamos en un montón de convocatorias y de pronto ganamos el subsidio más alto de INAMU (Instituto Nacional de la Música) y fue el puntapié inicial para arrancar a pleno. Entendimos que esa energía que activamos estaba dando sus frutos. Ese incentivo económico nos ayudó mucho. Por otro lado, cada vez que nos juntamos, rosqueamos y nos concentramos, pensamos, proyectamos, vamos y venimos. De esas reuniones siempre sale algo, aunque sea poquito. A las pocas horas que finalizamos nos ponemos a tocar y salen cosas. Somos re místicos en ese sentido, pero realmente le metemos mucho corazón.

Martín: A veces tenemos que hacer mil cosas, estás atareado y de repente llega algo bueno, una fecha atractiva o un reconocimiento y ahí es cuando decís bueno, vale la pena, sigamos metiéndole. No sé qué pasaría si no tuviéramos ese apoyo de la gente, las organizaciones y de los que aún nos convocan para tocar. Poco a poco se van viendo los resultados y a su vez nosotros vamos subiendo la vara en el oficio, en mejorar los shows, nuestro sonido, artísticamente, técnicamente, mejorar en todo, siempre.

– Encima son siete integrantes. No debe ser fácil coordinar entre tanta gente, sobretodo si ensayan mucho.

Sofía: Es difícil para cualquier banda. Nuestra ventaja es que los que estamos más activos podemos tener más poder de decisión. Eso lleva a que el resto se acople orgánicamente sin ningún problema. No tenemos historia en ceder tareas y adaptarnos a decisiones. Si en algún momento hubo tensión, se resolvió sin vueltas.

Martín: Ensayamos una vez por semana, cuatro horas, pero siempre variamos. Esta semana nos juntamos una vez toda la banda, otra vez nosotros tres, otra las voces solas y la última vez todos juntos para producir. A eso sumale reuniones de planificación de ideas para videos o proyecciones artísticas. Le dedicamos muchas horas pero no netamente a ensayar como solíamos hacer cuando comenzamos. Siempre estamos buscando un plus extra: ahora sumamos una manager, debatimos la ropa que usamos, estamos en todos los detalles.

Para cerrar esta parte de la entrevista, escuchamos el último tema del disco, Toneladas. Canción que se modificó completamente y que nunca pudieron tocar en vivo por los sonidos minimalistas que metió la mano invisible de Claudio Cardone. Además, fue la que padeció ese cambio de paradigma que mencionamos al comienzo. “Cuando la grabamos no nos cerraba la idea. Y justo comenzamos a escuchar que un montón de bandas traían un nuevo sonido, sobre todo las neo souleras como NAO. De hecho, el tema agarró el sonido que tiene gracias a esas bandas. La armonía y la estructura es toda la misma pero la sonoridad cambió completamente”, puntualizó el bajista-productor.

NUEVAS OLAS

Los tres coincidieron en resaltar el cambio de paradigma que hubo a partir del 2015. Evidentemente el cambio de eje geopolítico a nivel mundial (el retroceso de las izquierdas en los cargos supremos nacionales) repercutió en los movimientos culturales. A pesar de las crisis, las represiones callejeras, las incesantes clausuras y el recorte y negación de derechos, surgieron resistencias. La organización y el cooperativismo se levantaron contra la injusticia y el individualismo. Resistir en soledad no sirve. Nuestros protagonistas describieron los cambios que surgieron en la música sumándole la democratización que implicó Internet. “Hubo una explosión musical y el movimiento en Rosario creció acorde a ese cambio”, afirmaron. En este medio siempre resaltamos el rol de la autogestión y no seremos reiterativos. La pregunta irá por otro lado. ¿Qué sucedió, según nuestros entrevistados, en apenas cuatro años?  El cambio de ola trajo otra manera de relacionarse con la música, ya sean músicos o público, la organicidad de los conciertos, las formas de consumir y, finalmente, la forma de componer.
En Rosario desde el 2015 a esta parte en la nocturnidad se sucedieron dos procesos en simultáneo: el auge de las peñas cumbieras le ganaron la pulseada a cualquier bar comercial que se jacte de cultural y, por otro lado, el crecimiento silencioso de las zapadas de El Olimpo, La Chamuyera y Stop en Brazil. Estos tres lugares fueron el semillero para muchos músicos que hoy tienen su banda consolidada (incluso los Kunyaza se conocieron en las zapadas de los miércoles que se hacían en el Olimpo). Estos lugares ya no existen por la tragedia de los controles ad hominem. Hoy, mayo del 2019, estos acontecimientos de alguna manera se fusionaron y cambiaron la fisonomía cultural: ya nadie monopoliza los escenarios y cada plaza puede utilizarse sin miedo a los prejuicios musicales. Ejemplo: la Asociación Japonesa ya no monopoliza las peñas cumbieras, sino que abrió sus puertas a todos los estilos. El Distrito Siete, lo mismo. Y todo surge aparte de la comunión entre músicos que se juntaron para combatir la soledad y la falta de espacios para tocar. El resultado final de este nuevo cooperativismo se refleja en la aparición de festivales temáticos como Festi Mug, Festival Rosario Emerge, por mencionar algunos.

– ¿A qué se refieren con que a partir del 2015 se vivió un cambio de era en el mundo de la música?

Martín: Para mí en la última época hubo un cambio porque todo el mundo pudo acceder a producir y a grabar en sus casas como si estuvieran en un estudio profesional. Al principio, el apuro y la ansiedad llevaban a sacar producciones poco elaboradas. Pero, a partir del 2015, como que la cosa mejoró y salió una pila de música súper producida. Todo ese cambio nos llevó a incorporarlos a nuestros sonidos porque además nos gustaba, obviamente. También se empezaron a usar herramientas digitales que antes no garpaban y ahora sí. En un tema nuestros (Toneladas) hay voces pitcheadas que antes se consideraban grasa. Incluso te miraban raro si ponías eso. Ahora todo el mundo lo usa.

Lautaro: Te doy un ejemplo del cambio de era: antes los pibes que estaban en cualquier plaza, lo que había era cumbia. Hoy en día hay hip hop. Hablamos de pibes y pibas de 12, 13, 15 años que se la pasan freestaliando. Eso es un cambio de era total: trap, hip hop. Si bien siguen estando los géneros latinos, ahora es como que se transformaron. Se abrió el abanico y se van cruzando los estilos, como pasó históricamente.

Martín: Se fue creando algo nuevo a partir de la fusión de estilos. El groove, por ejemplo, se fusiona con lo latino. Nosotros mientras nos estábamos formando como banda, fuimos testigos directos de esos cambios. Veníamos con un plan hasta que escuchamos ciertas músicas y lo llevamos para ese nuevo horizonte pero sin dejar de lado nuestra primer esencia.

– ¿Y con respecto a los lugares para tocar? Recuerdo que desde el 2015 hubo como un auge de la movida cumbiera en el centro rosarino y al mismo tiempo se sucedían el cierre de El Olimpo de calle Mendoza, La Chamuyera, Stop en Brazil. ¿Qué análisis hacen de todo este movimiento?

Martín: Relativamente hay pocos lugares para tocar, pero hay un surgimiento de bandas y público para esas bandas. Hace unos años no existía esto, había como un vacío entre estas bandas y la gente. Creo que la última movida fuerte se dio con el rock, el reggae y el ska. Después esta movida derivó en la cumbia y el movimiento del groove, del funk. Creo que estos dos últimamente están en auge, como lo estuvieron el ska-reggae y el rock. La movida local se fortaleció y los músicos empezamos a hablar más entre nosotros, nos pasamos data, buscamos lugares para tocar, coordinamos eventos y hacemos jams.

Lautaro: Las jams que hacíamos en el Club 1518 terminaron coronándose en lo que fue el Festi Mug. Sin la jam que hacíamos en el club, no hubiéramos podido o hubiera sido todo más lento. Imaginate que yo terminé tocando con casi todos los bajistas de las bandas que se presentaron en el M.U.G. Nos conocemos entre todos.

Sofía: La jam que organiza Lautaro (coordinador del ciclo de jueves en el Club 1518) fue clave y aún continúa a pleno.

Lautaro: Más allá de lo organizativo y lo autogestivo, esa jam nos sirvió mucho desde lo artístico porque se formaron un montón de bandas. 

Martín: Se encontró mucha gente que estaba en la misma, huérfano de bandas, buscando gente que hiciera lo mismo. La novedad es que hay muchos chicos y chicas jóvenes que estudiaron mucho, en su casa o en las facultades, pero no tenían banda y se conocieron todos ahí. Es muy bueno lo que pasó.

Lautaro: A diferencia de otras épocas, para estos pibes encontrar un lugar así los benefició de alguna manera. Son pibes re estudiosos, que estaban en sus casas y que encima tienen un coraje bárbaro de subirse a tocar sin ningún problema. A mí me pasó que a esa edad, entre los 15 y los 17, solo iba a mirar lo que hacían los músicos. Ni loco me subía. Los pibes de ahora, se animan a tocar y la rompen: “voy y toco yo”, dicen. Son una masa.

Sofía: Son increíbles. Hay una camada muy nueva que está en un nivel muy alto: Cortito y Funky,  Caliope. Son re pibes, y tienen un espíritu de hermandad muy piola, son re inclusivos.

– Entiendo que las bandas no eran tan solidarias entre sí en algún momento. Hay un cambio positivo en ese sentido.

Lautaro: Se dan por las dos cosas. Porque la persona más joven tiene más data y más coraje y, por otro lado, las personas más grandes tienen la apertura para abrazar y decir “seamos uno”.  No es que vos estás después que yo.

– Insisto en la experiencia que cargan a la hora de encarar proyectos musicales y de estar atento a los cambios de época que estamos viviendo. ¿Cómo repercutió todo esto en Kunyaza?

Sofía: Con el festival groovero de alguna manera creo terminamos de darle una vuelta de tuerca a todo lo que venía pasando. Ahí presentamos nuestras canciones de una determinada forma y era el reflejo de todo lo que hacíamos musicalmente. Lo que pasa es que es muy difícil producir todo.

Martín: En Diciembre de 2016 armamos nuestra primer movida autogestiva y fue como que pasaron muchas cosas al  mismo tiempo: hicimos nuestro primer show y encontramos nuestra identidad. Nos la jugamos por primera vez para armar un show propio con una banda de Buenos aires. Ahí empezó todo. Me acuerdo que nos juntábamos con varios referentes pensando cómo hacer para sostener el proyecto, para que funcione la autogestión, evitar cometer los mismos errores; donde contábamos nuestras experiencias individuales para nutrir al colectivo. En mayor o menor medida, todos estábamos en la misma. Ahí arrancó el movimiento. Yo vivía con el Negro (Latelonius), donde nos juntábamos una vez por semana con las bandas para ver esto. El resultado final de estas reuniones es el Festi MUG donde nos presentamos once bandas en dos días.

Lautaro: En ese primer show que armamos con la banda de Paraná (Factor Fun) tuvimos errores. Nos sobrecargamos de tareas por no querer delegar. Como todo había crecido tan rápido, tuvimos exceso de confianza. La convocatoria fue muy floja, más allá de que la banda es buenísima. Hicimos una jugada increíble: el escenario estaba hermoso, el sonido también, las luces espectaculares, nos encargamos de la barra y de la burocracia de alquilar el lugar pero no vino mucha gente. Quizás si la hacíamos con dos o tres bandas de acá, hubiera ido más gente. Nos quedó una gran enseñanza. Ya sabemos lo que no tenemos que hacer y por eso estamos muy orgullosos con el Festi MUG.

PARTES DEL FUEGO

El repaso de todo lo que hablamos hasta ahora nos deja con una banda fuertísima, segura de sí misma y contundente a la hora de subirse al escenario. Los reconocimientos que reciben potenciaron sus ganas de seguir, aseguraron. La Municipalidad que no se priva de convocarlos a sus eventos culturales y gratuitos; su cantante principal fue reconocida por el talento de su voz (premio Te Doy una Canción); fueron premiados en los Rosario Edita; tocaron en casi todos los escenarios de la ciudad (incluido el anfiteatro junto a Eruca Sativa); y su disco sigue recibiendo elogios. El hacer y sus frutos. Las horas dedicadas, tienen su recompensa “aunque nos gustaría en algún momento tener el rédito económico que corresponde”, admitieron.
Ahora se les suma un nuevo desafío: una gira por México. “Allí está el núcleo de la música latina, se concentra el mercado que luego viene para Argentina. Es el corazón de todo”, puntualizó Tincho. Para junio ya tienen programado el desembarco en Ciudad de México, Playa del Carmen y Toluca.

Sofía: Dijimos que si íbamos a México necesitábamos dinero. Tuvimos suerte en que nos salieron dos o tres tocadas para el Estado donde aprovechamos esos incentivos. Hicimos cuentas, nos tocaron un par de fechas con montos copados y dijimos: “Bueno, vamos”. Fue una proyección que teníamos y estamos re manijas.

Lautaro: Viajar con un proyecto es lo más atractivo. Si no viajás, no tiene sentido tocar. No da quedarse solo en Rosario, tenemos que salir a explorar otras plazas y difundirnos lo más que se pueda.

Martín:  Es salir a tocar en otros lados, descansar al público de acá y nosotros de ellos. Queremos potenciarnos para volver con toda. Es una necesidad de explorar y cumplir un sueño.

– ¿Es un desafío renovar la atracción en la gente?. Diego Casanova dice que el público rosarino exige mucho porque se aburren de vos enseguida. ¿Lo creen así? ¿Es un desafío renovar la atracción y que se renueve el público?

Martín: Sí, eso seguro. Tocar todos los fines de semanas en Rosario, en algún momento  se termina. Si no te expandís, se te van apagando las ofertas, terminás tocando en lugares más chicos, con menos producción, tocando en los mismos lugares para la misma gente.

Sofía: Cuando vos querés hacer un crecimiento desde lo artístico y lo escénico y tocás en esos lugares donde siempre tocaste con tus bandas desde los 15 años, es muy difícil montar algo de lo que estás proyectando realmente. Te la termina bajando. Hay que buscar una nueva pantalla, una nueva estructura, un nuevo desafío, sino te estancas.

– Por lo que dicen, permanentemente están detrás de un objetivo. ¿Cómo definirían a esa permanente búsqueda?

Sofía: Trascender podría ser la palabra que define esa búsqueda pero también creo que es montar sobre una línea a la banda (y pensada en un contexto de capitalismo). El fin único, sin dudas, es la expresión artística porque es el vínculo más divino que nos une. El tiempo es clave. Si esto nos permitiera vivir, ninguno de nosotros tendría problemas. Pero bueno, es mucho compromiso dedicarle el tiempo que le dedicamos. Para lograr ese desarrollo artístico, que suene como suena, está nuestro tiempo puesto ahí. Yo creo que el dinero viene después, más allá de que es lo que te permite existir en el mundo, y es igual de importante que el rédito artístico.

Lautaro: Más allá de que es un producto y de que uno piense en cómo se tiene que vender, lo más importante es conectar con la gente. Cuando los ves prendidos fuego bailando y cantando, ahí es cuando todo cierra. Ese es mi objetivo primordial, por lo menos para mí.

Martín: También, desde la parte de producción y económica está bueno contar con mejores cuestiones técnicas para llegar a un mejor resultado. Al mismo tiempo, como la movida se banca sola, nos da un poco más de tiempo a nosotros para poder hacerlo mejor. En esta última etapa que pegamos más fechas y estamos trabajando en forma cooperativa, por un lado tenés la dificultad de que muchos de nosotros laburamos desde la música y esto es como un proyecto que estamos invirtiendo, generando un esfuerzo enorme. A veces no agarrás un show pago porque te vas a tocar con Kunyaza. Es una apuesta que hacés o hacemos para darle desarrollo en el tiempo. Sobretodo porque le dedicamos muchas horas. Dedicarle tiempo al principio es una cosa, en el medio es otra y ahora es otra. Y va a seguir cambiando porque surgen otros compromisos. Hay viajes, nuevas fechas y nos vamos a México. Al mismo tiempo tenemos la misma soltura de que los shows vienen funcionando muy bien y están pasando cosas copadas. Eso es lo que te hace decir: “Loco, vamos, que está bueno”. Dejamos de lado laburos pagos por el amor que le tenemos a la banda.

SEGUIR ENCENDIDOS

Son una banda prendida fuego y se nota cuando tocan en vivo. Su disco también enciende las almas de quien escucha. Son conocedores de la escena local. Por eso se nutren con sus colegas, debaten y proyectan ideas en conjunto. Además, le abren el camino a las bandas que se vienen. Caliope, es la banda preferida de todos porque es increíble el nivel de profesionalismo y talento que tienen. Y ellos los abrazan, los invitan a tocar, organizan zapadas y los apadrinan sobre el porvenir que siempre es difícil para cualquiera que apueste a la música. Martín, Sofía y Lautaro son partes de un fuego que marca el camino. Entre todos, los actuales y ex integrantes, nutrieron una identidad muy fuerte en la banda. Es el plus que los destaca en la escena y que invita a conocerlos musicalmente. Sus conciertos son una muestra de lo que cuentan: mucha vibración y una energía que contagia hasta al más desprevenido. Se los ve felices arriba y abajo del escenario. Lo mismo cuando hablan de su banda y proyectos. Es la apuesta que más los representan. Se nota en sus letras y cada melodías/armonías. Veamos qué dicen acerca de ellos mismos y de lo que se avecina para esta banda que busca seguir creciendo y prendiéndonos fuego con un único objetivo: seguir enamorando con su música a quien se cruce con la llama de sus canciones.

– ¿Qué disfrutan más, tocar o grabar?

Lautaro: El vivo, siempre. Tengo otra adrenalina, salen cosas que de otra manera no me saldrían. Toco mejor en vivo, más que en un ensayo o grabación.

Sofía: Yo amo el momento compositivo. Me gustan por igual, no podría poner uno arriba del otro porque se necesitan mutuamente. Pero el momento de armar un tema, grabar una melodía, ver cómo queda, ponerle y sacarle cosas, eso me encanta. El vivo tiene su energía.

Martín: Cada cosa tiene su atractivo. Eso de componer y escuchar al mismo tiempo te vuela la cabeza, mirás lo que hacés, te salen cosas que no podés creer. Pero el vivo, cuando revisás y ves que se armó una super tocada o la gente se re copó bailando también está bueno. Es como dice Lautaro y a lo que dijo Sofía le sumo la posibilidad de expandir que te da la grabación mientras componés. Ahí se explora un montón, te re nutre a vos y a la banda. Te queda otra noción del tema. Experimentás con herramientasque en la sala de ensayo no tenés o no recurrís porque no es tan práctico. Ahí también tenés otra data.

Sofía: El próximo trabajo va a sintetizar eso, va a venir con otro sonido. Una búsqueda nueva. Cada uno va investigando cosas nuevas por su cuenta y después las ensayamos. Ahora estamos trabajando un single nuevo que queremos a sacar después del viaje. Luego del viaje queremos tomarnos un tiempo para componer y hacer cosas nuevas. Estamos con muchas ideas, necesitamos parar un poco. Estamos viendo de hacer un video para llegar a más gente porque consideramos que aún hay gente que no nos conoce.

– La última: ¿Qué cosas no permitirían que le falte a su música?

Lautaro: Fuego, trabajo, amor, dedicación, compromiso. Todas palabra hechas pero es la realidad.

Sofía: Encuentros. Porque en la búsqueda de una dinámica de laburo nos terminamos de dar cuenta del encuentro sistemático, más allá de si hay cosas para hacer o no, siempre nos rinde mucho juntarnos. Si no nos encontramos, no pasa nada. Entonces Kunyaza es encontrarnos todo el tiempo a ver qué pasa, ya sea a tocar, imaginarnos algo o lo que sea. No te encontrás con alguien todas las semanas cuando no pasa nada. Por eso creo que funciona. Encuentro y conexión, sin eso no funcionaría.

 

TXT – JOSE LUIS MORELLI 
PH – RENZO LEONARD 
CRX – AGOS AVARO

 

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