GARGANTAS EN LLAMAS

Entre el mañana y el pasado inmediato, Cepillo despide Grita y anticipa su nuevo álbum

La Chamuyera es un club de tango que en pocos años ganó fuerte el corazón de los rosarinos que buscan un espacio de esparcimiento cultural. Las jam jazzeras, los sonidos ciudadanos, la comida casera y las partidas de ajedrez en plena camaradería son postales clásicas de este establecimiento de corrientes al 1300. Hoy los tableros no van a tener mucha paz y puede que hasta vayan tomando posiciones erróneas al moverse por alto octanaje de vibraciones musicales. La noche anuncia “CEPILLO – DESCOMUNICA DESPIDIENDO GRITAR”. Un show íntimo para decirle adiós al disco que los vió arrancar más de una peluca en Rosario y en zonas aledañas.  En la sala de conciertos de La Chamu, decenas de personas esperan cerveza en mano, conversando, riendo, chequeando discos de la feria. Sobre el fondo de la sala una enredadera mutante de papel prensa toma piso, pared y techos, haciendo estragos sobre los instrumentos hasta casi devorar por completo los teclados de la banda. La idea de descomunicar surge a raíz de que nos vemos saturados de información. Entre tanta data queríamos que el recital fuera algo de nosotros y la gente, salir de toda esa información. También ese disparador sirvió para darle el marco estético de los diarios, por eso el escenario y los instrumentos están cubiertos de diarios. Una invasión de las noticias” comenta Matías Monestés, baterista responsable de marcar los latidos de Cepillo.

Pasada la medianoche dos jóvenes muchachas marcan el preludio del recital con una performance que guiña la supuesta eternidad de la muerte. Juntas y por separado, las artistas arrecian de gestos ante el público curioso y participativo. Minutos más tarde toma Cepillo posición ante sus instrumentos y bajo el reflejo colorado de los periódicos que todo lo invaden inicia la despedida formal de su álbum debut. Son canciones de raíz primal y valvular, sin aditivos que rebajen la pureza de la dosis. Rock garaje nutrido de lo mejor de los setenta y que deja de lado los vicios masturbatorios que hicieron estragos en la década. La banda dispara su electricidad urgente decenas de personas que cumplen su cuota de feedback al cantar canciones como “Tu grito en mi voz”, “Los ojos del deseo” y hasta se atreven con alguna nueva. En el fervor recitalero esta pequeña congregación de creyentes fulmina las tribulaciones de la semana. Horas antes, un collar de rutina apretaba las mismas yugulares que ahora expulsan gritos catárticos aligerando pies y alma. Adolescentes, veinteañeros, cabezas que lucen canas; flacos rappers, skaters, chicos de chombas chetas, chicas rockeras con remeras de Nirvana; cerveza, vino, agua; las edades son muchas y diferentes al igual que las ondas que curten todxs los presentes. Al entregarse a las canciones y conectar de manera tan mágica con la banda se convierten en verdaderos creyentes en el espíritu chamánico de la música. “I shot the sheriff”, un festín de garage reggae party que pone a vibrar a la concurrencia. Cada persona, a su modo, está levitando; saltando, bailando, sacudiendo cabezas, cantando al cielo que pertenece a quienes no están: Bonham, Strummer, Marley, Spinetta. Mientras se suceden las canciones, energéticas, libres, empáticas, la noche y una etapa van llegando a un cierre. Los meses venideros prometen disco y un nuevo mundo de sensaciones por descubrir. Pero eso está por venir, antes de finalizar la noche, la gente pide un tercer bis.

Disco nuevo, sala nueva 

Un profundo pasillo de casas en el centro de la manzana, uno de los pocos sobrevivientes ante la arremetida de la especulación sojera, conduce a la sala de ensayo y cuartel general de Cepillo. El pasillo reverbera de una humedad con edad jubilatoria y tiñe el camino de un halo especial al combinarse con el otoño. Resuenan ladridos de Kurko, un perro de mirada cómplice que pronto se asoma guiando el camino hacía la sala. Al cruzar la puerta, el perro auspicia de huésped y en saltos  pide caricias para entrar en confianza. Todavía resta una mirada con quien entrar en confianza. En la oscuridad se desmarcan dos ojos atigrados. Entre macetas y latas oxidadas que albergan plantas suculentas, se esconde Aloe, gato anaranjado que mira curioso e inmutable. Los Cepillo están desperdigados por la casa, algunos se acovachan en la cocina con unos mates calientes; el resto escucha una guitarra criolla que suena en otra habitación.
Ésta fría noche de mayo es una de las últimas para la banda en esa ubicación, pronto se mudan a una base de operaciones en Funes, con mayor comodidad para pulir su arte. Pocas semanas más para reubicar estos cuadros intervenidos, los afiches de recitales, un revis poster xxx del Carpo, las alfombras polvorientas y un tendal de cables. Pronto el grupo se concentra frente al grabador, sentándose en amplis o baldes de pintura: Matías Greco -Guitarra-, Santiago Maciel -bajo-, Ramiro (Rama) Benetti -Voz y Guitarra- y Matías en batería. También se suma la flamante incorporación del grupo, el tecladista Geronimo Pavani. Es Monestés quien rompe el hielo, comentando el recital pasado y todo lo que está por venir. Rama inmediatamente sigue a su baterista, “la despedida del disco se reflejó en el repertorio. Realmente estábamos despidiendo el disco, tocamos algunas del próximo y unas pocas canciones viejas, estamos tocando lo nuevo, que ya está cerca. La banda está en otra etapa pero es un disco que queremos, que nos dio mucho”.
“Gritar” fue grabado en directo un fin de semana de marzo de 2012 en la sala principal de Plataforma Lavardén. La captura del disco estuvo a cabo por In-Situ Records y la masterización fue realizada por Jorge Negro Ojeda. Cuando el disco fue lanzado y compartido por la red, cayó como una bomba  ante un público famélico de nervios eléctricos que rápidamente corrió la voz llegando a adolescentes y rockers de otras épocas. Con el sudor de estupendas presentaciones en vivo y un gran disco bajo el brazo Cepillo se granjeó su propio espacio en la movida recitalera rosarina. Mientras que algunos de sus congéneres parecen temerle a los riffs, las diez canciones de Gritar conectan frescura con electricidad convirtiéndose en un poderoso imán para un amplio público. “Nosotros simplemente hacemos rock porque nunca nos preguntamos otra cosa, nunca lo pusimos en duda, siempre nos salió eso” afirma Benetti sobre la impronta de su banda, “tampoco nos ponemos filtros para hacer otras cosas. De acá en adelante pueden pasar otras cosas, de acá en adelante puede pasar lo que sea.  No hay un concepto estricto, grabamos un disco lleno de guitarras eléctricas porque nos gustan las guitarras no hay mucho cuento ni planeamiento de concepto. El primer disco tiene eso, es bastante sincero”. Greco, responsable de la guitarra principal, explica: los riffs son melodías y las mismas que se pueden usar en cualquier género. Nuestras melodías vienen desde el lado que sabemos tocar. En el primer disco tocamos lo que nos gusta,  remitirnos a nosotros mismos y hacer lo que nos gusta. Tocamos y nada más. Hacemos rock porque nos gusta. Después vendrán a encasillarte desde afuera pero en realidad nunca curtimos ningún estilo en particular.

– En nuestra ciudad hay una tendencia en algunas bandas a etiquetarse o definirse desde un estilo sólo para encajar,  ustedes, por el contrario, esquivan la clasificación y comparten fechas con grupos de distintos géneros: una noche tocan con Musha Soul y al otro día con La Clavija.

Rama: no nos enmarcamos en ningún género ni en una movida en particular. Hace bastante que estamos dando vueltas y tenemos muchos amigos que tocan y también muchas bandas que nos gustan. Entonces nos gustan compartir fechas, no necesariamente a veces tienen que ver con lo que hacemos musicalmente. Además somos parte del sello Rompe que integramos Los cuentos de la buena pipa, ColonikoColokio, El Egotismo de Nildo El suspirante, AguaViva y Lora Porro. Somos varias bandas, más allá de los estilos, nos entendemos en la forma de trabajar y uniendo fuerzas generamos otras ideas y algo más. Al hacer cosas en Rosario te terminas conociendo con todos.

– Hoy el rock con cierto volumen volvió de repente al tercer subsuelo del underground. Hay que usar la imaginación para encontrar nuevos espacios para armar recitales.

Rama: Lo que te condiciona hoy en Rosario son los lugares para tocar. Si tenés que tocar rock y poner dos valvulares fuertes y una batería, tenés que tocar de determinada manera, cuidando lo que piden, estás muy condicionado, se te cierran muchas posibilidades. Todos sabemos que los lugares rockeros míticos cerraron, queda un under que sale por debajo de las baldosas por donde sea, tocando en casas. O por ejemplo lo que nos pasó a nosotros en ésta última fecha, nunca fuimos público de la chamuyera, un lugar dedicado al tango, pero nos dijeron “Che, antes no se podía pero ahora parece que metemos batería y está todo bien”. Hoy está todo condicionado y te metés donde podés.

Monestés: A un bar no le sirve meter una banda de rock, prefieren meter una banda de otro estilo que no le haga problemas en el volumen, conviene ir a lo seguro.

Rama: Tiene que ver con una cuestión política también, con la ordenanza de espectáculos vigente, con el bar con amenización musical y las mesas puestas, si estás parado no podés bailar, no tiene sentido. No es lo que nosotros conocemos como rock. O tenés que tener un teatro enorme como es el (Teatro) Vorterix, que no se adapta a lo que es nuestra realidad como banda.

Segunda venida

El formalmente despedido Gritar ya casi tiene su sucesor y aunque todavía no revelan el título de lo nuevo, el grupo brota en entusiasmo al adentrarse en los últimos detalles y del proceso de trabajo nacido desde lo aprendido en la realización del debut. A un tiempo más relajado y a la experiencia desarrollada en estos años ahora se suma un aporte musical, los teclados de Pavani que mediante sus matices abre nuevos paisajes para Cepillo. “Manteniendo la estética del primer disco, ese audio valvular, lo que viene es más oscuro” confía Greco mientras el resto del grupo se remueve en sus asientos con ganas de comentar lo que se viene.

– El segundo disco siempre es un paso decisivo, una forma de afirmarse y demostrar el crecimiento grupal e individual como músicos. ¿Cómo es el nuevo trabajo?

Monestés: Estamos en pleno proceso de grabación de voces, ya en la última instancia. Como estamos ese tramo de la grabación también estamos cerrando cuestiones de arte, conceptos de la parte estética. Lo nuevo apunta a canciones que van de la mano de nuestro crecimiento musical. Vamos puliendo detalles que el primer disco, al grabarlo en vivo, no se pudo o tal vez tampoco teníamos esa cabeza

Rama: Hay canciones muy diferentes entre sí pero están compuestas en un mismo lapso de tiempo a diferencia de Gritar que fue un rejunte de las primeras canciones de la banda. Aquí hay un hilo conductor entre las canciones, cierta oscuridad.

Pavani: Es un disco que todavía se sigue ensayando. Hoy en día vivimos un fenómeno en el que todo el mundo hace un disco en la computadora y después busca los músicos que lo reproduzcan. Son discos de fantasía, se crean en cerebros pero no en la realidad para grabarlos. En ese sentido, sigue siendo un disco de rock porque los pibes lo ensayan. Siempre están buscando un corte o un arreglo y eso después se graba. En el momento en que van a grabar el disco las formas ya están muy definidas. Yo lo puedo ver desde afuera. Las teclas las grabó desde un hueso de rock muy claro.

-En el debut trabajaron con el Negro Ojeda, un tipo experimentado en el sonido valvular que buscaban. ¿Cómo elaboraron el nuevo material?

Rama: La grabación del grueso del nuevo material fue una experiencia muy diferente a la de Lavardén, bastante más relajada en cuestiones de tiempo. Nos metimos en una casa de un amigo en amigo en Funes y volvimos a montar un estudio móvil. Nada de estudios formales donde corre el reloj, estuvimos tranka en una casa, alquilamos unos fierros y laburamos con mi hermano, Pacho Benetti, con quien estamos cómodos y sabemos que va a dar lo mejor.

Greco: Fue otra experiencia porque no fue en tres días, fue más relajado. Igual nos hubiera encantado estar un mes grabando. Lo hicimos en diez días porque lo teníamos ensayado. Caímos a grabar concentrados en eso.

-Sabiendo de la raíz cruda del grupo cuesta imaginarlos siendo tan cerebrales y frío en el estudio. ¿Puede Cepillo ser un bicho de laboratorio?

Monestés: Esa libertad en la grabación estuvo. Surgieron cosas del momento, de bases o arreglos de viola que no estaban planeados. Lo que está en el momento, se rescata.

Rama: Se trata de respetar ese momento. Tratamos de que sea en un marco agradable para nosotros, un marco relajado. Es necesario que se escuche ese encuentro en el estudio pero también el laburo minucioso que estuvo antes.

Maciel: En este disco buscamos el registro preciso de lo que es cepillo. Más allá que lo grabamos por separado, sí buscamos grabar con los mismos instrumentos que usamos en vivo, tratar de respetar con mayor fidelidad el directo de Cepillo en la actualidad.

Greco: Somos una banda que ensaya y suena lo que sale en vivo. Eso va a seguir siendo respetado no es que nos vamos a meter a hacer bases en la compu, todavía no llegamos a eso. Capaz que eso pase en un futuro, flasheamos y nunca más agarramos una guitarra.

 

Txt: Lucas Canalda
Ph: Renzo Leonard

comentarios

Comments are closed.