HACIENDO MONSTRUOS PARA MIS AMIGOS


Ichabod Jones: Cazador de monstruos, la historieta post apocalíptica de Russell Nohelty y Renzo Podestá, tiene su primera edición en castellano.
La publicación del libro es razón para encontrarse con Podestá, un creador que supo prenunciar un mundo de tapabocas y máscaras de uso reglamentario además de otros estados alterados que rigen nuestro presente.

 

Ichabod Jones: Cazador de monstruos tiene su primera edición en castellano a través de Multiversal, la nueva casa editora comandada por el periodista Mariano Abrach. Publicado originalmente en 2012 por Viper Comics (EEUU), el libro desarrollado por el guionista norteamericano Russell Nohelty y el ilustrador argentino Renzo Podestá vuelve a las comiquerías en medio de un contexto de estados alterados que parece ideal para leer una historia post apocalíptica.
La llegada del libro sirve como pretexto para entrevistar al siempre prolífico Podestá, que como autor de El Aneurisma del Chico Punk supo vaticinar un mundo habitado por tapabocas, barbijos y máscaras de uso obligatorio, además de otros escenarios de sospechoso parecido con la actualidad.
Mientras el mundo corre despavorido (y despistado) hacia las nociones de nueva normalidad, Podestá pasa su tiempo escribiendo, dibujando y fumando. Apenas se trata de otro día más en la vida del tipo que hace monstruos para sus amigos.  

Ichabod Jones: Cazador de monstruos sigue las desventuras de un paciente que escapa de un hospital psiquiátrico de máxima seguridad para librar al mundo de monstruos durante el Apocalipsis con la asistencia de una voz omnisciente, impaciente y autoritaria en su cabeza. Por supuesto, el protagonista es el único ser que escucha y dialoga con esa voz que intenta convencerlo de su destino cuasi mesiánico. 
El libro es una fantasía psicótica o una novela de terror postapocalíptica. La lectura permite, por momentos, tomar algunos caminos que seguramente darán algún indicio sobre la descripción que le corresponde a la historia. Sin embargo, Nohelty arroja ganchos engañosos, que agregan confusión y abren otra vez los interrogantes. 
El protagonista está inserto en un mundo de miedo y dolor, acechado por un monstruo que busca matar todo lo que encuentra a su paso. La premisa que propone Nohelty es simple pero compleja: ¿Qué es lo real? ¿Cuál es el concepto de salud mental y espiritual para un sujeto que nace en terreno donde lo improbable es moneda corriente?  ¿Cuáles son los parámetros de salud mental en un páramo donde la única cosecha posible es el gore? ¿Qué es estar técnicamente loco? Ichabod no tiene el lujo de ahondar demasiado en reflexiones sobre tales interrogantes. Los monstruos se acercan, reventando todo lo que se interponga en su camino. Hay que correr o aceptar el final inminente y dejarse desmembrar por los monstruos. Hay una tercera opción, la que sugieren las voces. Tomar una cuchilla bien afilada y abrirse camino –literalmente- por el entripado de las bestias. 
A priori el libro parece desandarse con demasiada velocidad, sin profundizar del todo en personajes o en el panorama general en el que estamos cautivos. Una segunda lectura deja en claro algo: el ritmo es vertiginoso porque la acción es trepidante. Entre tanta velocidad no se puede hacer pie con seguridad, hay que seguir adelante o morir. A menos que tengas un cuchillo. Entonces sí, quizás, podríamos darnos el lujo de detenernos a pensar luego de resistir los embates de las simpáticas criaturas con predilección por vísceras y huesos.
Nada es seguro en estas páginas. Por eso, entre tanta aventura, Ichabod se cuestiona si puede ser alguien más que este deber que le ha sido otorgado pero nunca jamás pidió. Allí surgen otras las preguntas que traza Nohelty: ¿Tenemos un destino real? ¿Podemos rebelarnos? 
Así es el transcurso del libro, corriendo, huyendo y destripando. Con muchas preguntas pero libre de bajadas de líneas. Además, las páginas están llenas de enseñanzas prácticas como puentear un vehículo usando cables e intestino delgado. Una lección a la que ni siquiera el Cronenberg de eXistenZ se atrevió.

 

Con mayo a punto de acabarse, la cuarentena argentina ya lleva transcurridos poco más de setenta días. Más allá de las diferentes fases y matices del lockdown sanitario, la actividad de la historieta independiente siguió adelante, adaptándose a la situación, reescribiendo agendas y tratando de vislumbrar algo de claridad en el panorama de incertidumbre. 
Al complejo escenario de los años de neoliberalismo el 2020 le agregó una pandemia. Sin embargo, las novedades siguieron llegando. En estos dos meses de cuarentena llegó el primer libro publicado por Multiversal, el nuevo sello editorial encabezado por el periodista especializado Mariano Abrach, que desde hace años lleva adelante un trabajo de hormiga dedicado al universo de la historieta. A los pasos de periodista, divulgador y productor, ahora se le suman las instancias de editor responsable. 
Abrach decidió salir a la cancha con Ichabod Jones: Cazador de monstruos, marcando terreno y avisando que había una nueva editorial en el juego. Logrando atención del circuito, anunció los lanzamientos que están por venir además de la obra de Nohelty/Podestá:  The Last Contract (Ed Brisson/Lisandro Estherren/Niko Guardia) y Death Orb (Alejandro Aragón/Ryan Ferrier/Chris O’Halloran). La apuesta es tan corajuda como necesaria: recuperar viñetas de artistas rosarinos que andan dando vueltas por los mercados foráneos y todavía no tienen publicaciones nacionales.  
“La decisión de que Ichabod Jones sea el primero tenía que ver con un plan de coincidencia de los lanzamientos con distintos eventos a lo largo del año, lo cual ahora ya no tiene mucho sentido” explica Abrach sobre la elección del título.
Más allá del cuidado plan de lanzamiento trazado para los primeros pasos de Multiversal en 2020, el flamante editor comprende la volatilidad del contexto por eso declara sin cassette, apuntando la realidad inevitable de la situación pandémica: Ichabod Jones iba a presentarse en Dibujados, un evento que tiene un perfil autogestivo y de autor, en el cual Renzo tiene una presencia constante y un público casi asegurado. La idea era que la editorial se presentara ahí con el libro de Renzo, e ir ampliando la base de lectores y seguidores a partir de eso. Para el momento en que se canceló Dibujados, Ichabod ya estaba listo y en imprenta, no íbamos a cambiar los planes”. 
“De todos modos hay otras razones no tan públicas, como el hecho de que Renzo es un amigo personal de hace muchos años y contar con su apoyo para empezar la editorial es fundamental. No solamente por la difusión que él puede darle con sus perfiles de redes, además de por ser el dibujante por ser amigo y compañero de Colectivo BS, sino también porque sabía que él iba a dejar todo para que la edición saliera lo mejor posible. En parte por ser un detallista y perfeccionista, y en parte por querer que a sus amigos le vaya bien. Y así fue, se hizo cargo de letrear todo el cómic, de retocar los archivos, de hacer dos portadas nuevas y tanto más”.
Entusiasmado al repasar todo el proceso de los últimos meses, Abrach remarca que Podestá fue a fondo con la edición, quemándose las pestañas para alcanzar una fecha de entrega que eventualmente se vería frustrada por la extensión abrasiva del COVID-19.  Ya habiendo superado ese mal trago, Ichabod Jones ya está en las tiendas especializadas y las lecturas van marchando.  
“El libro quedó hermoso gracias a ese laburo titánico”, concluye el editor. 

Renzo Podestá está trabajando en algo nuevo. No importa cuándo leas esto. Casi seguramente esté fumando mientras se concentra en lo que habrá de venir. Dejamos un mínimo porcentaje de dudas porque hace 15 días que el stock de tabaco industrial se acabó en la región del Gran Rosario. Quienes prefieren armar sus propios cigarrillos también se encontraron con problemas de escasez. 
Dejando de lado esos detalles, la producción cuasi compulsiva de Podestá no descansa jamás. Siempre está tramando algo que está por venir; novedades que verán la luz en diferentes convenciones o diversos encuentros de historieta por provincias argentinas. 
Si para Arlt el futuro es nuestro por prepotencia de trabajo, Podestá vive el presente bajo esa máxima, sabiendo, desde su raigambre punk, que el fututo oscila entre lo que no está escrito y el no future que se refuerza cada día sin que sea necesaria una pandemia como recordatorio.
Desde esa constancia del trabajo, además de seguir ampliando su catálogo, Podestá está evolucionado con cada nuevo libro, avanzando al experimentar en nuevas aventuras estéticas y narrativas. 
Tanta tracción del presente hacia el futuro puede generar cierto resquemor sobre lo que constituye un pasado de errores y aciertos, posibilidades frustradas, aprendizajes y más. No es ninguna novedad, son muchos los artistas que no se sienten cómodos al revisar sus obras o colaboraciones no tan personales. 
Es muy loco lo que me viene pasando con mis cosas viejas. Hasta hace un tiempo siempre me daba un disgusto enorme tener que releerlas”, confía en primera instancia.  Inmediatamente desarrolla su feeling actual: “Siempre les puse todo lo que podía en ese momento aún a las cosas más peques (o a las que quizá no me movilizaran tanto, por ejemplo, a nivel freelance) y después chau, si te he visto no me acuerdo. Más que nada porque siempre tiendo a ser rotundamente autocrítico conmigo mismo y soy un mañoso de mierda cuando percibo errores o percibo que algunas cosas simplemente las podría haber hecho de otro modo. Pero de un tiempo a esta parte, un poco porque necesariamente tenía que volver a leerlas para “entrar en la onda” (como fue el caso de Ichabod Jones mismo o bien con el caso de El Aneurisma del Chico Punk), me di cuenta que como “ya no soy ese muchacho”, agarro las obras como simulando que las hizo otro y por momentos las disfruto como chancho”.  
Siempre ajeno a la declaratoria en clave de cassette, Podestá reflexiona sobre la perspectiva que actualmente mantiene sobre ese pasado plagado de obras propias y colaboraciones por varios países. “Hay algo que le escuché decir a PJ Harvey que me identificó: ella decía que focaliza muchísimo en el presente inmediato de la producción de sus discos, pero que después no vuelve a escucharlos hasta dentro de tres o cuatro años, cuando su cabeza alcanzó un grado de limpieza tal que el disco en cuestión se volvió hasta irreconocible. A partir de ahí ella si quiere juzgar juzga, pero sino y bueno, de todos modos, el disco va a seguir estando ahí y qué le vamos a hacer, no queda otra que relajarse. O sea, lo que también me viene pasando es que aprendí a relajarme un toque con eso de la autocrítica. Las cosas las hice así o asá porque mi cabeza me dijo que eran las opciones más o menos correctas que en ese entonces encontré. Y sería bastante estúpido si pretendo aplicar el mismo grado de juicio desde lo actual hacia lo que decidí antes. Por eso hay que relajarla un toque y no ser tan pesado. La obra se terminó, salió publicada, la leyeron otros, fin. Pasemos a lo siguiente y ahí sí rompámonos la espalda a fustazos para que las cosas terminen saliendo no lo mejor posible, sino lo más sincronizadas con nuestras cabezas de ese momento que podamos”
Cerrando la idea, Podestá agrega algo que demuestra el nivel de entrega para con su trabajo: “Siempre habrá nuevas historias, siempre habrá una nueva página para laburar”. 

 

Russell y Renzo se conocieron sobre finales del 2010 a través de los foros y espacios donde los freelancers buscan trabajo. “Vi que estaba buscando un dibujante con una estética medio a lo Tim Burton o a lo Jhonen Vásquez (creador de Invader Zim), así que le mandé un mail y conectamos al toque”, recuerda Podestá. 
“Más tarde me entero que Ichabod era su primer comic y eso a veces es un perno porque de a ratos tenés que hacer de Maestra Ciruela, pero en el caso de Russell jamás pasó eso porque el tipo siempre tuvo bien presente qué era lo que quería”. 
En el periodo en que la alianza colaborativa se forjó Podestá estaba terminando la primera parte de 27 y andaba necesitando un viraje estilístico con vital urgencia, razón por la cual abrazó el nuevo proyecto casi con la misma pasión que un nuevo disco del Black Flag old school.  “El cambio hacia algo más grotesco era algo que estaba necesitando”, comparte el rosarino sobre aquel tiempo. 
Entonces Podestá hace hincapié en uno de los aspectos que fueron fundamentales para cimentar la incipiente relación artística con el norteamericano: “Russell apareció con toda su locura y entusiasmo delegándome el control absoluto de la parte estética y narrativa. Eso es algo que hasta entonces no me había pasado nunca y fue como algo muy bonito pensar que un tipo confía al ciento por ciento en vos para sacar adelante su “visión”. 
Según Podestá, al referirse a Nohelty se debe destacar que es una especie de editor soñado además de sus dotes como guionista creativo y gracioso. Menciona su claridad y la excelente predisposición para escuchar a sus colaboradores. “Siempre está con la cabeza abierta para cualquier boludez que se te pueda ocurrir que ayude a magnificar el comic y siempre paga a tiempo”, subraya. “Además tiene una idea muy clara de cómo difundir y vender su comic, lo cual no es para nada poco”, agrega. 
Luego del primer volumen de Ichabod Jones el norteamericano siguió adelante con buen tino desarrollando otras historias. En 2019 se presentó la oportunidad de realizar una serie animada basada en el personaje de Jones, proyecto que todavía está en ciernes y sobre la que habrá que esperar futuras novedades. “Actualmente en desarrollo y que no puedo decir nada de nada”, comenta Podestá respecto al desarrollo de la serie. 
En ese sentido, lo que sí puede compartir el ilustrador de la serie gráfica es que los productores observaron que eran necesarias más historias sobre el personaje. Por eso la dupla Nohelty/Podestá volvió a la acción con la segunda parte que terminaron al principio de este año. “De ahí saltamos directamente a la tercera parte, en la que estoy trabajando en estos días”, señala Renzo desde la profundidad de su guarida rosarina. 
Si todo lo relacionado a la pandemia se aquieta un poco, hay chances de continuar con una cuarta y última parte que le daría un cierre definitivo a la historia”, señala pensando en lo que puede venir, pero sabiendo que la incertidumbre pandémica ejerce como un factor difícil de franquear.  “Aunque quién sabe, con los comics nunca digas nunca”, agrega, ya pensando en un no-cierre esperanzador. 

 

Hace mucho tiempo que el trabajo Podestá saltó las fronteras nacionales para encontrar buen rapport en otros mercados e idiomas. Trabaja como freelancer desde 2003 para Francia, Canadá, Inglaterra, Noruega, Holanda, Dinamarca, España, Brasil, Paraguay, México, Polonia y Estados Unidos. 
Entre sus trabajos publicados en EEUU se destacan las miniseries 27 y 27: Second Set, escritas por el Charles SouleHoward Lovecraft and The Frozen Kingdom, escrita por Bruce Brown; e Ichabod Jones: Monster Hunter, escrita por el ya mencionado Nohelty.
Las tres publicaciones funcionaron como excelentes referencias de su trabajo en la industria norteamericana, siendo el basamento para seguir desarrollando un camino propio y, si se quiere, una carrera. Las publicaciones dejaban en claro que Podestá, además de ser un artista excelente era un trabajador comprometido y confiable.
– ¿Haber publicado esos libros EEUU le otorgó confianza a tu nombre ante la industria? ¿Te parece que para la industria es imprescindible ese respaldo para empezar a contratar a freelancers jóvenes?  

Esa pregunta es un tanto relativa de responder ya que depende de qué es lo que querés hacer con tu idea de “carrera”. A nivel personal yo empecé a trabajar de freelance para pagar mis cosas sin tener ni la más pálida idea de cómo funcionaba el chiste… de esto hace ya ¡17 años! Mierda, que estoy viejo. Y yendo medio a ciegas, o sin nadie que me dirigiera, empecé a comerme garrones con clientes medio enfermizos, pero también tuve grandes satisfacciones, como lo fueron justamente 27 e Ichabod Jones. Y sí, digamos en rasgos generales que ya ser publicado te brinda una base para pararte en la discusión de los contratos, tus honorarios, etcétera, pero al mismo tiempo no se puede negociar nada si además no te parás filosóficamente de otro modo. Para laburar en EEUU, que es donde más trabajo, tenés que tener en cuenta los aspectos que sí o sí entran en tensión. Y esos aspectos son por un lado tu pretensión, por el otro tu estilo y por último el mercado en sí. Si vos pretendés o te fijás el objetivo de, supongamos, dibujar en las Big Two (DC y Marvel), tarde o temprano aprendés que tu dibujo tiene que ser de una forma y tus modos de presentarte ante los editores de estas dos empresas ya vienen predeterminados y no todos lo pueden hacer. Eso, a priori, es un tómalo o déjalo. Aunque tampoco es tan simple porque claro, por más que conozcas el modo de presentarte ante estos editores, está el tema de que para entrar a las Big Two está la tendencia general de que tenés que dibujar de una forma así o asá, casi siempre relacionada a un manejo del realismo, de las proporciones, de la perspectiva, etc. Por eso tenés que entender el segundo factor: el de tu estilo de laburo. Para los que no dibujamos “de manera correcta”, la cosa por un lado se nos va achicando, pero por otro crece de otra forma, porque tu forma de laburo es más personal y por ende eso se tabula, se difunde e incluso se negocia, en otros términos. En este sentido, a la larga se impone la idea de que si tu laburo lo hacés de manera consciente o de un modo estéticamente honesto, quizá no pegues laburar haciendo Batman de buenas a primeras, pero sí te asegurás que tu carrera consiga proyectos más satisfactorios a nivel espiritual. Y ahí entra otro factor: comprender dónde y en qué espacios tu laburo se puede desarrollar mejor a ese nivel. O sea, tenés que entender un toque cómo se manejan los diferentes mercados y las diferentes industrias culturales alrededor del planeta. Y eso cuesta mucho aprenderlo. Lo terminás aprendiendo “a lo bruto” a lo largo del tiempo porque muy pocos son generosos a la hora de decirte “va por acá”. Y lo cierto es que, en EEUU, el mercado de comics está abierto para todos, pero tenés que saber muy bien cómo y dónde entrar porque si bien cualquiera puede laburar haciendo lo que se le cante, no hay tanta torta para tantas bocas.  

-Más allá de la profesión, el oficio y el alquiler, ¿qué te lleva a embarcarte en una colaboración? ¿Depende enteramente del guión? ¿Cuánto importa la afinidad con la otra parte del proyecto?  

Llega un punto en cualquier proyecto en el que el guión no importa tanto si veo que la persona del otro lado no es más o menos copada. Esto se ha dicho millones de veces al punto de volverse cliché, pero es así: una relación con un guionista o con un editor (mejor que mejor si es un guionista y al mismo tiempo editor) es una relación medio matrimonial. Vos firmás un contrato en donde tenés derechos, deberes y garantías, pero más allá de lo frío que pueda llegar a sonar eso, si no hay un flirteo o una afinidad en común entonces todo va a tender al caos.  Obviamente no trabajaría con un supremacista blanco o con un votante de Trump, jajaja… pero además de eso, por más que el cliente/editor sea copado, si no hay un buen feedback entonces mejor decir gracias y pasar a otra cosa. O sea, vuelvo a la idea del matrimonio: en una pareja la comunicación y el consenso son fundamentales y esto también tiene que ser así tanto a nivel freelance como si te juntaras con tu amigo de toda la vida a hacer un libro por tu cuenta. He estado en millones de proyectos super-interesantes que me frustraron muchísimo porque o el editor no se sabía expresar o bien le importaba una mierda comunicarse y por ende te respondía los mails cuando se le cantaba o no estaba para hacerte la segunda ante cualquier duda que pueda surgir en el proceso. ¡Y ni hablar a la hora de pagar! Más allá de que en una relación freelance es claramente una relación contractual en donde la guita siempre está en juego en términos de “prestación de servicios”, siempre trato de conocer a la persona que está detrás. Qué es lo que le gusta, por qué de repente se sintió interesado en tu estética, bajo qué presupuestos y sobreentendidos creativos estás laburando. Después sí, hablemos del guión y del jugo que le podemos sacar a nivel colaborativo. Porque una vez que la comunicación está asegurada, vos entonces agarrás la historia con mayor entusiasmo, sabiendo qué podés aportar y sabiendo que el que está del otro lado va a disfrutar tanto como vos de la producción.  

-El libro llega a través de Multiversal, que forma parte del colectivo editorial BS. Hace un tiempo se vivió un auge de los colectivos editoriales. Luego llegó una caída casi total. ¿Cuál es el panorama actual? ¿Cuáles son las fortalezas de un colectivo en tiempos donde el individualismo prima? 

 Es una pregunta muy interesante ya que tiene que ver estrictamente con los tiempos que corremos y con cómo se pueden interpretar los procesos grupales en tiempos del sálvese quien pueda. Sí, actualmente BS es el único colectivo en pie porque entendimos o supimos valorar las potencialidades de la amistad, la solidaridad y lo que yo considero las dos máximas del anarquismo: el respeto de la autonomía del otro y la interdependencia recíproca. Sé que mis compañeros me van a matar por citar al anarquismo siendo que hay algunos kukas ahí adentro, jajaja… pero funcionamos bien porque al ser un conjunto de sellos siempre aparece el respeto a la autonomía de los espacios propios. Por ejemplo, nadie va a juzgar el laburo de Szama Ediciones ni las decisiones que tome con respecto a su sello, así como todos los demás comprenden que Mariela y yo somos los únicos que podemos pensar a Le Noise. Podemos tener voz con respecto al laburo del otro, pero no hay voto, cada cual atiende su juego. Pero al mismo tiempo esa autonomía es importante y entra en acción cuando se tiene una idea de que estamos todos unidos para ayudarnos a llevar a cabo lo mejor que podamos como editoriales. Y entonces establecemos un lleve y traiga no sólo logístico sino además creativo que, creo yo, fue lo que no pudieron sostener los otros espacios colectivos. Convengamos, una caja llena de libros recién hechos se lleva y se trae y no hay gran cosa en eso. Pero sí que resulta muy duro lidiar con las necesidades y los egos de cada emprendimiento. Pero creo que hemos aprendido que al egocentrismo lo dejamos en la puerta cuando hay necesidades comunes que sí o sí tenemos que atender. Y obviamente, más allá que seamos amigos, más allá de nuestro gusto a la cerveza y al pogo y a las historietas en sí mismas, también estamos para que cada sello crezca, así que cada aporte que podamos integrar desde las diferentes formas o criterios que tenemos a la hora de hacer y editar historietas, van a servir para el bien común. Y sí, a veces nos agarramos de las crenchas y tenemos unas discusiones de puta madre porque somos personas con carácter, jajaja… pero siempre dentro de la premisa de cómo podemos mejorar y aprender. Y aparte ya a esta altura somos hermanos. Y vos ya sabés que por más que te pelees con tu hermano, va a ser imposible que te separes. O sea, ¿Cómo le podés hacer eso a tu hermano? ¡¿Estás loco?!  

– Creo que por tu laburo y por tu relación con el mundo ya sos un tipo bastante casero, digamos.  ¿Cómo te pega la pandemia? Más que nada me interesa saber qué tipo de pensamientos, ideas y ganas dispara en vos esta situación de lockdown, economía mundial tambaleante, muerte, teorías conspirativas de todo tipo y más ingredientes hermosos de esta ensalada que estamos viviendo.  

La verdad es que para mí son días más o menos normales. O sea, para lo que otros es confinamiento, para mí es otro día más en la oficina. De hecho, esta pandemia me encuentra laburando en Ichabod y en dos o tres proyectos nuevos a nivel personal. Además, me reencontré con la música y por estos días estoy componiendo cosas para lo que será el primer disco de Zzentraedi, además de hacer un curso online de mezcla y masterizado que me tiene super entusiasmado.  Pero sería muy necio si negara que una cosa es que yo esté encerrado laburando y otra muy distinta es que TODO EL MUNDO esté encerrado. Ahí las energías se disponen de otro modo y tarde o temprano te rebotan a vos y es al pedo, pero terminás percibiendo emociones y cosas que antes no estaban tan claras. Y lo que veo y lo que siento es mucha incertidumbre, mucha angustia. Esta debe ser la pandemia más macrista del universo, porque lo que no te mató de super gripe, está matando a nivel económico de un modo muy desagradable. Es más, al chiste con el macrismo planteémoslo mejor: estas fases de cuarentena para muchos son un último gran coletazo macrista en donde los que sobrevivieron a duras penas estos últimos cuatro años, ahora les llegó el último gran latigazo y están quedando nocaut. Pienso en los negocios chicos, pero también pienso en gente que quedó en la lona y sin posibilidad de recuperación al corto plazo. En este sentido no importa que se celebre que en Rosario casi no haya casos porque el recuperarse va a ser durísimo para todos por igual. En fin, en términos de ideas y ganas que me disparan este lockdown debo decir que a principios de año estaba laburando en un guión que después se convirtió en mi nuevo proyecto llamado El Cuerpo y parto de la base de una sociedad que vive el extremo absoluto del encierro. Meses más tarde ¡PUM! Alberto anuncia que tendremos que vivir en una situación de encierro para achatar la curva. Me sorprendió esa suerte de sincronicidad barata que a veces me pega con el entorno, jajaja…Lo mismo pasó con todo el tema del uso de máscaras y barbijos, que planteé medio en chiste en el Volumen Dos de El Aneurisma del Chico Punk. Me acuerdo que al toque que se decretó el uso obligatorio de tapabocas muchos lectores compartieron las viñetas del comic donde se hace alusión a eso. Y la verdad es que no sé qué decir ante eso, porque soy medio lelo cuando flasheo historias, pero después cuando ocurren me quedo mudo, jaja. Por fuera de mí, la verdad es que es una gran ensalada de cosas. Y supongo que habrá que manejarla con la mayor cantidad de cautela que podamos encontrar, porque si no nos vamos a volver locos. Y la cautela me parece que es mejor desarrollarla no dejándose llevar por las imposiciones. O sea, no hay cosa que deteste más de estos tiempos que la insistencia hacia el pensamiento positivo, hacia esas frases hechas de que tenés que capitalizar el encierro de modos proactivos. Sí, claro, andá a decírselo a un albañil con cuatro hijos que hace dos meses que no puede ir a laburar. Andá a decírselo a los que laburan en los semáforos o a un mozo de un barcito. O a una mina que sí o sí tuvo que encerrarse con el chabón que la faja. Están todo el tiempo diciéndote que si no hiciste algo entonces no aprovechaste la cuarentena y a veces no podés salir de la cama o estás completamente borracho mirando el techo a las 3 de la tarde. Y para colmo que no podés sostenerte a vos mismo o que ni siquiera podías hacerlo en días comunes y corrientes, ¡ahora de repente resulta que decepcionás al espíritu positivo de una pequebú de mierda que te dice lo que tenés que hacer! Cada uno tiene que tener el derecho irrenunciable de hacer hasta donde pueda sin rendirle cuentas a nadie. Y si hay algo que sí o sí debería poder quedar de bueno de todo esto es eso: hacé hasta donde puedas y no seas tan malo ni con vos mismo ni con los demás. Ya habrá tiempos mejores. 

 

Por Lucas Canalda & Renzo Leonard

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