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Las Taradas presentaron en Rosario su segundo trabajo, el flamante Sirenas de la Jungla

Luego del antecedente de agotar localidades la orquestina porteña regresó a Plataforma Lavardén en ocasión de presentar su nuevo disco, Sirenas de la Jungla, editado en septiembre días antes de la primavera. El grupo integrado por Lucy Patané (guitarra y voz), Lu Martínez (contrabajo, bajo y voz ) , Rosario Baeza (violín y voz) , Natalia Gavazzo (percusión y voz), Paula Maffia (voz, ukelele, acordeón), Marcela Galván Alberti (saxo soprano, clarinete y voz) hizo gala de su carisma y de una búsqueda sonora de composiciones vintage que hoy combina con canciones propias. Antes del concierto conversamos con Gavazzo sobre el presente del colectivo creativo.

Sirenas de la Jungla, aparecido días antes de la primavera y agotando su primera tirada de discos en poco más de un mes, es un segundo álbum que llega luego de agitados años de tocar, girar, viajar y volver a tocar. Canciones esperadas con curiosidad por saber cuál sería el siguiente paso de una orquestina que supo ganarse respeto a fuerza de agudeza, sudor y talento. Manteniendo la frescura y picardía de “Son y se hacen” el reciente trabajo continúa una senda de poligamia musical, sin embargo la propuesta se presenta más concentrada, estas Taradas sireanadas manejan con autoridad una extensa paleta de sonidos pero a diferencia de su antecesor aquí los estilos no se repiten. Son 44 minutos de contundencia y decisión en los que Las Taradas toman el control definitivo de este pequeño fenómeno que generaron. Patané, a cargo de las producción de estas once canciones, marca la forma de un eclecticismo pulido que convida carisma. Además este nuevo disco logra cimentar el camino que habrá de venir para Las Taradas ya que incluye cinco canciones propias y marca el primer paso para la construcción colectiva de estas experimentadas artistas y compositoras. Sirenas deja en claro que las pibas recién están comenzando. “Le hemos puesto mucho trabajo, con la intención de superar al primero que ya de por sí había superado nuestras expectativas” apunta Natalia mientras se mete de lleno en el reciente lanzamiento ,”el desafío de componer, a diferencia de la compilación y reversión, es por demás enorme, sobre todo cuando en nuestro caso se encara de un modo colectivo. La construcción colectiva en nuestro caso está dada porque hay varias buenas compositoras pero además por un trabajo de escucha, de respeto y de comprensión, de tomar todas las ideas en consideración. Ahí fueron surgiendo cinco hijitos y ya estamos trabajando en los futuros hijitos que nos darán la misma alegría o más para el próximo disco”. En detalle, Son y se hacen, su viralizado disco debut, era una gala de bagaje cultural, casi una curaduría de autores y canciones que datan de hace más de sesenta años. En Sirenas de la Jungla se encuentran composiciones de  la dupla creativa de Jaime Dávalos/Eduardo Falú y Leonor Marzano (creadora del cuarteto), entre otros, un fino trabajo de selección. Es un pequeño gran trabajo de investigación colectiva” señala Gavazzo e inmediatamente detalla cómo encuentran las canciones a versionar, “empieza con los repertorios que nosotras tenemos en la memoria, de nuestra propia familia o de los parientes más grandes y que después sigue compartiendo ese mismo repertorio entre nosotras, siguiendo los rastros que esos mismos autores nos van marcando. También se complementa con gente que nos viene a ver y nos sugiere “Miren chicas tienen que hacer esta canción” o “¿Escucharon alguna vez hablar de tal persona” así vamos completando un poco el mapa musical. En todo caso se va ampliando el universo musical a medida que vamos indagando, hoy teniendo herramientos como la internet, YouTube, uno puede acceder a música que no conocía o que nunca hubiera accedido de otra manera  y hoy está ahí disponible. Son caminos que facilitan bastante. El esfuerzo colectivo que menciona Gavazzo es un un punto clave ya que el magnetismo del grupo reside en saber potenciar seis sensibilidades, distintas, fuertes y experimentadas, en un equilibrio que se traduce en música sentida y pasional. “Convivir con nuestras sensibilidades es un gran desafío. Creo que es parte de cualquier proyecto colectivo, un grupo, una revista, una empresa comercial, un proyecto social, tienen que enfrentar el desafío de escuchar al otro, de ceder frente el otro sin uno dejar de exponer sus ideas. Todas Las Taradas tenemos personalidades fuertes, no hay ninguna corderito ni ninguna marinerita, somos todas capitanas (risas) El secreto es mucho respeto las unas por las otras. Nos respetamos mucho como personas y como músicas, como artistas. Hay un espacio para la escucha, para la consideración, para tener mucha paciencia con los problemas y circunstancias de la otra, somos muy flexibles en eso. Cuidamos, no solo los lugares de las músicas que hacemos, si no también que todas estemos felices y la pasemos bien, que todas podamos hacer nuestras vidas y desarrollarnos como personas sin dejar de cumplir al resto. En nosotras hay una vocación de equipo muy fuerte y creo que ese es un poco el secreto de que hasta ahora hayamos podido sobrevivir y crecer hasta este punto”.

La noche del sábado recibe las canciones de Sirenas de la Jungla además de otros números de la primera etapa Tarada como “Pepito”y “Otorrinolaringólogo”; el público canta la mayoría, acompañando con palmas y algún grito arengador. Desde el escenario hay soltura y comunión. Maffia canta, cambia instrumentos, bromea y está bien atenta a las primeras fila; Patané munida de su guitarra tiene rienda suelta para navegar su versatilidad, pareciera que lo único capaz de interrumpir su virtuosismo es un rebelde mechón que cae una y otra vez sobre su rastro. Todas cantan, tocan, ríen, cruzan miradas cómplices. Durante un claro de silencio, en medio de dos canciones, llega un relato:
– Veníamos de Córdoba, ruta 9, y algo pasó, nos quedamos varadas. De repente Rosario nunca estuvo tan lejos, no sabemos qué pasó…
-…un tornillo…
-…un cosito…
-…de repente, calor, desierto, bolas de heno…
-…soja…
– …soja quemada…
No es una sucesión de remates, no se trata de chistes, Las Taradas potencian, disparan, es una sucesión de sutilezas, una construcción verbal gestáltica como su música y como su núcleo creativo. Minutos más tarde, como introducción a “La preferida” Maffia explica que están trabajando en un video para canción y que “Pronto lo van a poder ver las redes, prepárense. Lo vamos a agitar por todos lados, es más, vamos a venir a Rosario a pintar las paredes “nuevo video de las taradas” por todos lados. Queremos leer en los medios “Indignación general en Rosario por paredes pintadas por video. Quieren que limpien la ciudad”. La sala estalla una risa liberadora, aplaudiendo. “Me gusta Rosario, al menos ésta porción demográfica” cierra Maffia antes de meterse en la canción. En la velada abundan los momentos en que la línea se corre de ser un mero recital para rozar casi lo performatico. Pasionales, sutiles, estas artistas saben cómo y cuándo liberar sus personajes sobre el escenario. Según Gavazzo, “Lo que pasa en el escenario, como todo en esta banda, es pura espontaneidad. No hubo un plan pero poco a poco, cuando íbamos haciendo las canciones, empezamos a fantasear, imaginamos cómo eran las cosas en la época en la que nos inspiramos . En ese momento de “ésta la cantás vos, aquella te toca a vos”, empezamos a fantasear, hubo un ejercicio de la imaginación de cómo seríamos nosotras de haber vivido en los años 30, 40, 50. De habernos conocido: ¿en qué circunstancias hubiera sido? ¿Cómo seríamos? Así fuimos creando los personajes, un poco basado en la personalidad de cada una y también en lo que cada una se imaginó que pudo haber sido de su vida en aquella época. En mi caso soy La tía Nidia López do Pandeiro que es la tía de todas, la tía piola que las cuida a todas, la voz de la experiencia, por eso es como una madre pero una madre permisiva y jodona, casada alguna vez pero viuda en la actualidad. Pandeiro mi marido me enseñó todo lo que sé de mi repertorio brasileño, por eso gran parte de mi tarea como Tarada es honrar la memoria de Pandeiro mi difunto esposo Tarado”. Asimismo la percusionista y cantante aclara que “van surgiendo personajes sin ningún tipo de planificación, no hay ningún guión en esto, la gente que nos viene a ver no espera una obra de teatro, no somos Los Amados a quienes respetamos y admiramos un montón, ellos son actores preparados, nuestro caso es caótico y de a ratos el personaje toma posesión del escenario y de nosotras mismas, haciendo de las suyas. De hecho, para el segundo discos estos personajes somos nuestros Otros Yo Sireno, nuestro alter ego sirenas de la jungla, son todas formas de imaginarnos a nosotros mismas en otra vida”.

Las tablas de la tradicional esquina de Mendoza y Sarmiento vibran con la profundidad de los graves y tantas palmas y piernas inquietas desembocan en una improvisado circulo de baile sobre el pasillo derecho con una decena de personas tirando pasos y agitando manos arriba. Rosario no es ajeno al encanto de la Orquestina porteña. Lavardén, Vorterix, Niceto, Groove, Salas, Teatros centenarios, fiesta, baile, boliche, Las Taradas copan lugar y circunstancia adueñándose de cualquier espacio y sacando lo mejor de cada contexto. El público tan heterogéneo como inquieto sigue sus guiños, atento a la espontaneidad de estas mujeres que sacuden la velada. Potenciarse en cada lugar, con gente diferente, es algo poco planificado, es algo que descubrimos sobre la marcha, como muchas cosas en el grupo” puntualiza Gavazzo y explica que “en nuestro caso nos fuimos dando cuenta que tal vez por la música que hacemos o por el tipo de show que damos, tenemos un público bastante amplio y que podemos tocar para gente como nosotras que viene de un contexto más rockero o de recitales, pero también podemos tocar para nuestros padres, para nuestros abuelos, nuestros tíos, que conocen estas canciones desde su propia experiencia,  desde su propia vida y de sus propios padres. También podemos tocar para niños y niñas. En los chicos tenemos un público que se divierte, que encuentran en nuestras canciones su propia música. Nos ha pasado de chicos que vienen a los recitales y conocen las canciones y las cantan de pe a pa, o que nos hacen un dibujito. Eso hace que podamos tocar en lugares para todos los gustos, un boliche a las 3 AM o en un teatro como Lavardén. La adaptación que tenemos es una ventaja, una ventaja no buscada, son cosas que vamos encontrando y descubriendo a la par de la gente. No es algo planificado. Es una ventaja que tenemos y aprovechamos porque nos gusta tocar para gente distinta.

– Qué curioso lo que ocurre con los chicos.

La verdad que sí, fue sorpresivo. La primera canción que pegó entre los chicos fue “Perro salchicha” que es de Maria Elena Walsh, una de nuestras compositoras favoritas en el mundo. Nosotras nos identificamos con esa canción por ese espíritu medio lúdico y humorístico, basándonos en esos ritmos, en ese caso, un twist, eso llega a los chicos, pero después hay otras canciones, hemos encontrado chicos que son fans de “Cou cou” que es una canción en francés del primer disco, o “Copando Copacabana” que es de Sirenas de la Jungla y de nuestra autoría. En algún momento hemos fantaseado con la posibilidad de hacer un show especialmente para niños, además son un público excelente, los chicos te dicen lo que piensan, si no les gusta no les gusta, no tienen problemas. Capaz en algún momento salga un “Taradas en vacaciones de invierno”.

– Antes hablaste de un contexto rockero en las que tienen un pie varias de ustedes. ¿Te parece que la propuesta de Las Taradas tiene buen feedback por parte de cierta gente del circuito rock porque tiene una frescura, una espontaneidad, que hace tiempo se extraña en el rock argentino? Las cosas se volvieron dogmáticas bajo una idea de tres acordes, hacerse el tipo duro, mucho chonguerío y poca fantasía.

Sí, sí, y tirarse al piso, para mostrar que loco sos y llevar adelante el modo de vida rockero. La verdad que todas nos criamos con eso, así que en algún lado de nuestro ser está. Lo que vos decís se nota en nosotras, se nota en la performance, se nota en los arreglos que hacemos, siempre decimos que hacemos un bolero pero lo rockeamos, le hacemos un solo o lo mashupeamos con alguna canción que venga de nuestro propio acervo rockero. No pretendo ser una crítica del rock pero puede ser que se haya vuelto un poco más dogmático y menos libre, más acartonado al estilo de como eran esos otros géneros tal vez en su propia época. Creo que no perder la capacidad de divertirnos, de divertirnos y no que eso sea una anestesia mental, creo que nosotras no dejamos de pensar si bien no buscamos bajar una línea, no dejamos de ser conscientes de las cosas que nos rodean y cada vez que podemos y que nos parece importante, usamos el espacio para dar nuestra opinión. Eso también es rockero, la necesidad de comprometerse con lo que pasa alrededor.

– A propósito del compromiso, muchas veces desde los medios se abordan las canciones de Las Taradas pensando que tienen una bajada ciento por ciento feminista, sin embargo ustedes cantan desde una postura universalista, tanto de mujeres como de hombres.

Está bueno que vos lo digas siendo varón porque todavía falta tanto para que haya una igualdad en nuestras cabezas. Nosotras no usamos Las Taradas como una plataforma de militancia por los derechos de las mujeres pero nos pasa que por ser mujeres y estar en un escenario y tocar un instrumento, no simplemente sacudir las cachas, ya por ese simple hecho, parece que uno está desafiando los preconceptos y las cosas tal como están. Todavía falta tanto que sigue llamando la atención que seamos un grupo de mujeres. Cuando nos preguntan por qué somos todas mujeres nosotras decimos “Ustedes no le preguntaría eso a un grupo de hombres”. No sé, somos amigas, nos gusta tocar juntas, hay todavía mucho prejuicio que desandar. En algún punto, si bien no nos ponemos la camiseta de la militancia, a todas nos alegra poder estar desde nuestra práctica artística y nuestra música rompiendo un poco esas ideas antiguas que todavía nos atan a un pasado muy muy desigual, esperamos que algún momento se vuelva simplemente un fósil y no estemos discutiendo esto.

TXT – Lucas Canalda
PH – Julia Lo Pardo & Gabriel Pérez

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