Los verdaderos sonidos de la libertad

Juani Favre sobre búsquedas, canciones y puntos de encuentro

El Pasaje Pam es la galería más antigua de la ciudad de Rosario. Cobija espacios que manifiestan mundos varios como una lutería, locales de diseño, talleres de ilustración o arquitectura. La joya distintiva del clásico pasaje es la Asociación Rosarina de Esperanto que data de 1934. A metros de la curiosa oficina que mantiene vivo el lenguaje planificado creado por el polaco L.L. Zamenhof, justo a la mitad del pasaje que une calle Santa Fe con la peatonal Córdoba, hay un local llamado Otro Mundo. Se trata de una disquería que vende compactos y vinilos usados. Los precios son amables y los CDs nunca superan los 14 pesos de costo. Hay discos de vinilos de todo tipo, desde los Smiths hasta Jairo, pasando por los infaltables grandes éxitos de ABBA y selecciones de Gardel, Pugliese y Guarany. Todos los vinilos tienen un precio de subasta y el más “caro” cuesta 10 pesos. Arrancando los 2000 pocos mantienen la constancia de la alta fidelidad sin compresión y son aún menos lo que inician su camino en el fetichismo vinílico. Seguramente son más tentadores los compactos de Kula Shaker o Suede que habitan algunos centímetros más arriba, expuestos directamente sobre la línea de visión de una altura promedio. En un estante sobre el final del local hay cassettes que son imagen y sonido de los 80: Erasure, Depeche Mode, Talk Talk. Sobre la izquierda de ese final, hay un pequeño mostrador que alberga un termo, un mate y detrás asoma un gran tocadiscos que está funcionando, haciendo girar surcos pertenecientes al LP de un hombre que evidencia una enorme barba desde la cubierta que descansa sobre algunos otros cassettes no identificados. Un joven escucha con atención religiosa este disco folclórico que musicaliza todo el local y va retumbando por la profundidad del pasaje. Acabada la canción, el joven levanta la púa y vuelve al surco inicial, retomando la misma pieza. El joven a cargo de la disquería parece desconocer lo que lo rodea, una chance más que tentadora para cualquier melómano de llevarse un precioso botín, porque, como dijo tantas veces Daniel Melero, los discos se roban. Otra vez se termina la canción. Casi en la compulsión la púa vuelve a reproducir la canción de antes, por tercera vez. Es un proceso repetitivo, una extensión cronnenbergiana, en la que los bafles parecen engullir por completo a este pelilargo joven. No hay una cuarta reproducción de la canción. El joven está sano y salvo regresado de la dimensión que visitó por unos largos minutos. Juani sencillamente apaga la bandeja y levantando su cálida mirada y dice “¿Llevás esos?”. Más de doce años transcurrieron desde ese episodio pero Juani tiene la misma calidez en sus ojos y no parece haber envejecido en lo más mínimo. Sus pelos largos ya no están, pero no hace tantos meses que se fueron. Divertido, comenta “algunos pueden decir que soy muy obsesivo. Inclusive, a mi compañera, con la que vivo, no le agrada mucho eso, hablando en un buen sentido (risas). Es entendible para cualquiera que deba transitar eso, mínimo, algunos minutos. Eso que vos viste unos minutos, yo lo hago muchas veces con muchos géneros distintos y es una de mis manera de estudiar. A veces cuando uno encuentra algo que particularmente le llama la atención, la manera de incorporarlo es escucharlo muchas veces. No es que lo hago porque me lo impongo, lo hago sin darme cuenta. Es más, me he dado cuenta porque me lo han señalado. Esa curiosidad de detectar un elemento, algo nuevo, que pueda ser nuevo para mi, puede pasar con folklore como con música clásica,  música contemporánea. Agarrar una obra y escucharla y escucharla, es una manera de hacer propio algo que uno encuentra. Ojalá me pasara más, no es algo que sucede siempre, me pasa hasta cada vez menos, porque ya voy conociendo cada vez más. Probablemente haya sido un disco de Cafrune. Yo tenía un disco suyo cuando era chiquito y después nunca más lo escuché. Lo redescubrí ya a los veintipico de años. Un intérprete impresionante. La obsesividad la tengo con el arte en general, con la música y otras disciplinas artísticas a las que me dedico. Me meto a fondo con las cosas. Es zambullirse hasta el fondo.

Juan Ignacio Favre nació en enero de 1981 y es músico, compositor y productor. Integrante del colectivo artístico Planeta X por donde editó la mayoría de sus discos. Compositor de música original para obras de teatro y danza. Integrante de diversos proyectos musicales que dejaron registro sonoro en grabaciones o en las mentes presentes en el momento. Durante algunos años fue, junto a su hermano Oscar, responsable de la Disquería Otro Mundo, local que partía a la mitad al Pasaje Pam. Desde su primeras presentaciones, a finales de la década del 90, hasta sus canciones recién estrenadas, la búsqueda de libertad es la constante que atraviesa y alimenta la curiosidad innata de un artista que explora los vínculos humanos; el equilibrio natural y las fricciones ante lo intrusivo; las diferencias que aparentan las distancias y la confirmación de que lo orgánico unifica. La libertad parecer ser un caballo que camufla su tranco y muta mientras avanza. Juani está ahí, tras su paso, buscando comprender. “El arte sin libertad no es arte. La libertad significa encontrar algo nuevo, algo nuevo para uno. Me pasa muchas veces de componer cosas con las cuales no quedo conforme ya que no me permití ser lo suficientemente libre en el momento que lo estaba produciendo” especifica el rosarino. “Un trabajo con el que me quede conforme tiene que haber sido libre en su concepción, tiene que haber podido romper con algo en el momento mismo de su gestación, de no haber sido así, siento que recorrió un camino que ya estaba transitado y que no se sorprendió así misma esa obra. Algunos le llaman error, buscar el error, yo creo que no es un error, aunque se le pueda llamar así y no está mal. Yo creo que no es un error si no el hecho de salirse de uno mismo, salirse y no salirse al mismo tiempo, es la creación misma esa. Es muy necesario eso. En lo personal, el día que no tenga esa posibilidad no lo haré más. Así es como me acerco a otras disciplinas, porque siento que en la música no encuentro ese camino. No creo que sea un camino ilimitado, cada uno tiene la posibilidad de transcurrir cierto trecho. Yo hice muchos discos y no sería raro que me cueste un poco más encontrar esa libertad en un camino que ya recorrí bastante. Pero aparece y la experiencia siempre suma. Cuando aparece puede aportar algo más significativo”, concluye, apasionado.

Allá por 2002 un fascinado Adrián Dárgelos propone a Frave producirle un disco, un proyecto que no logra realizarse hasta 2015. La Flor Salvaje es el álbum que viene a concretar un deseo mutuo de dos tipos que supieron conectar desde la auténtica pasión musical. Luego de una vida en la senda independiente este nuevo trabajo fue editado por Pop Art lo que significa una nueva experiencia para el cantautor: Es un paso más dentro de una serie de búsquedas. Algunos pasos son más firmes, otros más erráticos. Este paso no sé si fue firme o errático (risas) pero fue un paso al fin y permitió un movimiento, todo movimiento es bueno. Fue un paso y no una quietud. Un paso que quizás había que dar. Yo sentía que lo tenía que dar. De cualquier forma, es un paso a conocer una realidad que no es idílica, que está muy lejos de lo que cualquiera pueda llegar a pensar de firmar un contrato con una empresa grande, se podrían considerar hasta decepcionantes también. Yo considero que la parte positiva es que mi música le interesó a alguien, la propuesta que yo tenía para dar fue escuchada, se le dio un lugar, eso cuenta como un pequeño antecedente más dentro de todo lo que uno va a haciendo dentro de una carrera. No es EL paso, es un paso más.

Tras más de una década de espera, el encuentro se da entre un Dárgelos productor y un Juani munido de guitarra, charango y voz. Casi sin alteraciones ajenas al aire de grabación, las diez canciones capturan pureza y espontaneidad. El pulso humano, esa imperfección que hace cada latido único e imprescindible, se vuelve poderoso en este registro. A la dupla Juani-Adrián se le suman aportes de Franco Santángelo en trompeta, Emiliana Arias en batería y Tuta Torres en bajo.Carca quiso grabar pero la producción no lo dejó” recuerda con risas el cantante sobre la presencia del multiinstrumentista durante la sesiones. Las intervenciones de los músicos otorgan matices e inyectan detalles al aura cancionero que desde principio a fin capturan y emocionan por una humanidad que parece posarse sobre toda piel. “La idea fue ciento por ciento de Adrián”, explica Favre que bebe algo de té antes de recordar la grabación, “él fue que dispuso que iba a ser así, directo, por varios motivos. A veces uno puede decir que una buena idea conjuga más de un elemento en simultáneo. Acá, me parece que Adrían resolvió en primera instancia el asunto económico, lo que significan las horas de estudio, esto acortó drásticamente el proceso de grabación del disco y después, también, aprovechó la circunstancia de que yo soy un músico acostumbrado a tocar en directo y a lo mejor eso no es algo que iba a poder hacer con cualquier músico, en el sentido de que a veces hay que hacer todo un trabajo para llegar a grabar así en directo. Yo también, me preparé en base a eso una vez que fechamos la grabación del disco, estuve tocando mucho solo y llegué en buenas condiciones a grabarlo. Buenas condiciones, dentro de mis posibilidades, claro (risas), por supuesto que alguno no opinara lo mismo. Adrián conjugó estas cuestiones y también le dio una identidad al disco tomando como molde ciertas cuestiones que se daban en los 60, en los 70, salvando las distancias, en la forma en que grababan Dylan, Beatles, en el sentido en que ponían REC y ahí salía. Él quería emular cierta cuestión de los trovadores de los 60 y 70, inclusive en la misma estética, él sugirió la idea de la tapa, yo en lo personal nunca había salido en la tapa de un disco, esa fue su idea también. Adrián tenía planeado que la tapa sea un retrato. Quería darle el perfil de un nuevo trovador y reflotar una manera que ahora no se utiliza para nada, el hecho de grabar en crudo, algo no tan común en este momento”.

– En todos estos años trabajaste tus canciones en diversos formatos y contextos: acústico, orquestal, alguna banda que tocaba orillas de rock. ¿Cómo definís el marco que mejor le sienta a la canción?

Creo que es difícil. A veces se tiende a pensar en los arreglos y todo, pero en realidad, muchas veces termina siendo al revés, una canción funciona bien cuando está bien cruda, si una canción se sostiene tocándola con un solo instrumento, esa canción tiene una fortaleza particular. Eso no quiere decir que solamente son buenas las canciones que son de esa forma, digamos, hay muchas canciones no se ajustan a esa definición y sin embargo son muy buenas. Sí, mayormente, cuando se trata de una canción de autor, muchas veces la versión desnuda puede ser la más contundente, sea con un piano, una guitarra o con algún otro instrumento. La canción en su estado original es un estado puro al que uno después le va sumando elementos y de alguna manera empieza a alterar ese equilibrio, eso puede jugar a favor como también puede jugar en contra, porque si uno suma un elemento de alguna manera hay desbalance y entonces tiene que agregar otro instrumento para compensar y volver a encontrar un equilibro. Se puede transformar en una situación donde sobran elementos, donde se pierden cuestiones importantes de la armonía o de la rítmica de una canción. En mi caso trabajo mucho desde eso lugares, la melodía es importante pero no más que la armonía o lo rítmico. Yo compongo mucho desde el ritmo y la armonía y si uno empieza a sumar cosas se pueden perder. Creo que en mis trabajos con otros músicos siempre intenté ir purificando el sonido y no siempre de manera exitosa. En muchos proyectos hemos recaído en que las canciones estén demasiado sobrecargadas porque a veces se presta para eso, como son canciones que a veces tienen cierta complejidad o proponen cierto campo sonoro donde algunos instrumentos se pueden explayar. En esos casos hemos tendido a recargar algunos temas y hasta a sobrecargarlos. A la hora de la grabación, no voy a decir que siempre me quedé conforme con los trabajos pero cada trabajo se circunscribe al momento y a las personas que participaron y muchas veces hemos trabajado con creaciones colectivas, entonces también, siempre he permitido que otras personas den sus pareceres musicales dentro de las canciones y, a lo mejor, llevaron las llevaron para otros lugares. Puede ser mejor, puede ser peor, pero fueron resultado de esos procesos.

Con grupos/proyectos como Sumergido, Hermanxs y Pulmón, la música rock y toda su cultura siempre fue una presencia cercana a Juani. Sin embargo, Favre parece haber hecho un agudo aprendizaje del género rock tomando algunos elementos pero también aprendiendo la trampa dogmática que puede llegar a ser. “El rock es un universo, digamos, amplísimo, tiene dentro una semilla de rebelión que está buenísima, y que significó en su momento más prolífico una libertad, una manera de rebelarse ante un montón de cosas, de proponer formas diferentes de relacionarse, de cuestionar todo lo relativo al establishment, al capitalismo, si se quiere en una faceta más política. Desde lo musical también fue subversiva prácticamente, por supuesto, todo eso, a esta altura, si ya se declaraba muerto el rock en los 70, ¿qué se podría decir ahora? Yo tuve incursiones como el proyecto Pulmón, un grupo de improvisación en base a instrumentos de rock. Ahí explayábamos una cuestión totalmente experimental, ciento por ciento experimentación, no había nada repetido, era todo el tiempo espontaneidad. De hecho hay un primer disco que está inédito, de mis primeros tiempos, un trabajo anterior a mi primer disco editado por Planeta X, al que decidí no editar porque estaba desprolijo a mi entender. Es un disco del 98 que quedó inédito, quizás salga a la luz en algún momento, hay más guitarras eléctricas, hay bastante experimentación sonora. Por ahí la vida te va haciendo recorrer caminos y yo me mantengo abierto. Yo me fui acercando por un lugar acústico pero no por convicción, digamos, si no porque no se puede hacer todo, y a veces uno agarra algo y lo va explorando. Después con esa misma libertad con que lo agarraste te podés mover hacia otro lugar. A veces parece, que según mis trabajos, soy un purista de lo acústico, un purista de la canción acústica y no es así para nada, es una cosa más. Sí me parece que no la descarto para nada. También admito que a veces no resulta de lo más anacrónico, yo no estoy persiguiendo lo que se esté haciendo más comúnmente en el momento, lo cual tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. A un trabajo como “La Flor Salvaje”, a veces me da la sensación, aún habiendo sido una idea de Adrián, como salida de otro tiempo, parece no estar hablando el mismo lenguaje que está hablando la música hoy en día, lo cual en un punto puede estar bueno pero en otro, no. Me parece que, un poco, está afuera de casi todo, no conecta mucho, quedó ahí medio una cosa rara, aunque no puede decirse que un disco de guitarra y voz sea una cosa rara, hay cientos de miles, pero no conecta con las cosas que pasaron en el momento.

– Es que, realmente, ¿hoy podemos apuntar algo específico? ¿Se puede encontrar un mensaje predominante ante semejante diversidad?

Es un tema al que es difícil encontrarle una respuesta. Está muy sectorizado el panorama. Cada sector social tiene sus propias costumbres, no hay puntos de conexión. Ahora estoy trabajando en escuelas, dando clases de primaria, y a veces me toca ir a barrios muy carenciados y veo la realidad musical, por ejemplo, de una villa. Encuentro, por un lado, de que la música está muy viva, de que la gente tiene incorporada la música, está arraigada a su cultura, con el baile, con la alegría que produce bailar y escuchar música. Por otro lado, los contenidos que se explayan, son por los menos para revisar, sobretodo desde la letrística que se encuentra muchas veces en la cumbia y el reggaetón, son letras que son sórdidas muchas veces. Más allá del contenido propiamente cuestionable en cuanto a que se hace cosificación de la mujer, que contradice lo que muchos militamos que tiene que ver con Ni Una Menos, todo eso es cierto. También desde la letra tiene algo de viciosa, por eso también decía lo de sórdido, da la sensación de que parecer ser una especie de droga casi musical. Pero aunque tenga esa parte negativa tiene también una cosa rítmica muy fuerte y una sensación de arraigo importante con la gente que participa. Me encontraba el otro día con una docente, conversando, ella me decía que ni la cumbia ni el reggaetón eran música. Me contaba que su hijo escuchaba AC/DC y Rammstein, me lo decía con cara cómplice, esperando que yo estuviera de acuerdo con eso. Y no me parece para nada mejor que alguien escuche esas bandas antes que cumbia villera y reggaetón. No me parece uno mejor que el otro, para nada.

– Además pareciendo tan disímiles pueden encontrarse en algunos aspectos, por ejemplo, al referirse a la mujer de manera misógina

Tal cual. Son cosas distintas pero representan algunas cuestiones que tienen puntos retrógrados en ambos casos. Entonces, ¿con qué te vas a identificar? Yo no me sentí identificado con la música que me proponían esos chicos pero tampoco con lo que estaba proponiendo esa otra docente. Sí notaba que no había puntos de conciliación entre una cosa y la otra. El único punto que encontré, luego de una búsqueda larga, encontrar cumbias un poco más tradicionales que estén dentro del acervo cultural y que a lo mejor tenga letras más amigables. Con eso establecí una pequeña brecha donde todas las partes estuvieron conformes. Por ejemplo, Auténticos Decadentes, algunas cumbias de los noventa, Comanche, esas cosas que por ahí a uno le resultan nostálgicas, porque hay gente que está en contra de la cumbia pero la que ya le representa algún recuerdo o una nostalgia, a esa sí la incorpora. Es una cosa muy difícil, porque la gente se identifica y se agarra de lo que se identifica como si fuéramos niños, porque cuando uno es niño o adolescente es más común pero después de grande eso no tendría que ser así pero sin embargo lo sigue siendo.

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Editando discos desde 1995 hasta el presente, la heterogeneidad es la clave del catálogo de Planeta X. Son construcciones colectivas que hablan de un trabajo de diálogo y aprendizaje; de una hermandad apasionada que construyó un archivo que supera las cien producciones. Pero más allá del sello, Planeta X fue un colectivo artístico en que hombres y mujeres articularon ideas de autogestión en tiempos en que el estado se desdoblaba sobre su propia sombra. PX condujo una búsqueda implícita de lugares olvidados, espacios dormidos bajo el transito cotidiano que los rosarinos pocas veces habían tenido posibilidades de verlos a plena actividad sirviendo como punto de encuentro para celebrar los sentidos, para disparar sensaciones, reír y enamorarse. Construir una alternativa a la rigidez imperante de una ciudad que parecía moverse ante el sonido y aprobación de una diana heredada de previos procesos de condicionamiento. De repente una artería de la ciudad vibraba de manera distinta, convocando a curiosos y era faro para muchas cabezas que buscaban un lugar para hacer suyo, creciendo y forjando una identidad. No pasaría tiempo para para que las semillas de estímulo de PX fueran diseminándose en proyectos autogestivos de todo tipo que hoy muestran una actividad contagiosa y por momentos soporta los embates de una ciudad temerosa de la nuevo, que se cuida del/o desconocido que pueda alterar la rutina regular. “Creo que el escenario cambió un montón. Es otra realidad a pesar de que pasaron pocos años. Los años más significativos de Planeta X transcurrieron en el Menemato y a finales, con la crisis del 2001, eso significó ya un gran cambio de paradigma” marca Fravre sobre la primera época de PX y continuando agregar que “después, en los años que siguieron, hubo un punto de inflexión que fue Cromañon. Eso cambió la noche para siempre y trajo la GUM (Guardia Urbana Municipal), trajo toda la cuestión de la regulación de los lugares con cierres acá y en Buenos Aires. Eso todavía sigue. Un espacio así no podría existir en este momento pero sí hay cuestiones que tenían que ver con el desarrollo Planeta X, tal vez desde otros lugares, hay muchos sellos independientes impulsados por la autogestión, por ejemplo, Discos Del Saladillo, Polvo Bureau, Soy Mutante, y varios más, me estoy olvidando de muchos. Creo que hay un poco del espíritu de Planeta X ahí. También en algunos bares como Bon Scott, en espacios culturales como puede ser Fauna. Planeta X reunía una particularidad de ser un espacio, de ser un sello, sobre todo tener las asambleas, reuniones que hasta el día de hoy se siguen sosteniendo, le dieron al colectivo cultural una impronta muy fuerte, el hecho que sea un colectivo asambleario, horizontal, no son cuestiones fáciles que se den, más que se sostengan por tanto tiempo. Yo cada vez que estoy en una asamblea siento que hay un poco de Planeta X ahí, no porque Planeta lo haya inventado, hay muchos grupos que lo han hecho desde antes. La práctica de la asamblea es una sana práctica, pasó un poco con el Colectivo Avispero también con el ECUR (Espacios Culturales Unidos de Rosario), las asambleas que se dan en La toma donde se juntan productores de alimentos desde su lugar autogestivo. Eso tal vez no esté relacionado directamente pero sí forman parte de una búsqueda de trabajar con el otro desde la cooperación, de la autogestión, desde la horizontalidad, desde construir una experiencia juntos, desde poner en cuestión los espacios de poder. Eso es lo que yo más destaco de Planeta X. Después el sello en sí, está buenísimo pero es un sello más dentro de la gran cantidad de producción musical tan interesante que tiene esta ciudad. Ese espíritu es valioso, todas las experiencias que vengan desde ese lugar seguramente llegarán a cosas interesantes también.

– En las distintas casas de Planeta, en los recis y en las fiestas, tantas personas diferentes involucradas daban un resultado impredecible. Partiendo desde la propuesta inicial por parte de ustedes con la llegada de la gente se iba siempre a resultados diferentes.

Totalmente. En cierta manera, los eventos que se hacían eran construcciones colectivas en las cuales participaban las personas a las que se lo proponíamos y todos los que iban. Medio que podía pasar cualquier cosa. Esa sensación daba libertad. A veces pasaban cosas muy raras y eso mismo envalentonaba a las mismas personas a que se animen, tuvimos performances espontáneas, recitales a las 5 o 6 AM, algunos han caminado desnudos por la casa, no digo que sea algo muy lindo de ver (risas) pero han pasado cosas de cierta libertad. No había patovicas, no había seguridad, o en todo casa, la seguridad nos la dábamos entre todos.

– “La seguridad nos la dábamos entre nosotros” me pega como una contundente postal de una Rosario que ya no existe. Además, no sé si es una ciudad que se atreve a lo nuevo, a lo desconocido, parecer ser eso mismo de lo que hay que cuidarse.

Sí, por eso decía que el paradigma se modificó mucho. Planeta X viene también de experiencias previas como el Galpón Okupa que eran más extremas. Planeta X para los integrantes del Galpón Okupa era como una versión lavada de ellos. Nada que ver, era una concepción completamente diferente. En el Galpón Okupa había este espíritu de libertad mucho más exacerbado y también hasta el punto en que se ponía en riesgo la situación. Desde la mirada del Galpón, Planeta X era lavado. O desde la mirada de Cucaño que hacía performances muy extremas, nosotros éramos unos nenes de pecho. Desde la perspectiva actual Planeta X no se podría ser sostener por una realidad como la de hoy, a lo mejor, porque se vería en un planteo demasiado arriesgado. Antes estas situaciones está bueno que aparezcan nuevos riesgos que asumir aunque uno no sea parte directa. Si está bueno verlo y no está bueno no verlo, como puede pasar ahora, que es un momento donde hay muchos problemas sociales y también un individualismo exacerbado. Toda esta cuestión de la campaña del miedo sembrada, hace que realmente estemos en un momento medio feo. No quiero ser negativo, sé que también hay un montón de cosas buenas que no se ven directamente pero en algún momento van a salir a la luz. En todo caso, dentro del pesimismo, lo más optimista que se puede decir es que cuando los momentos son malos, uno se ve obligado a salir a hacer cosas. Los pésimos tiempos menemistas dieron un montón de experiencias de autogestión re grosas, ojalá dentro de la apestosa realidad que propone el gobierno que asumió hace poco, aparezca esta rebeldía innata que tenemos, que tienen especialmente los jóvenes.

TXT – Lucas Canalda
PH – Renzo Leonard

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