ARQUITECTURA MODERNA

“¿Embellecer según quién? Somos la muerte de un ciclo” canta Marilina Bertoldi y la banda atruena a sus espaldas sacudiendo a todo Pugliese. De regreso en plano solista Bertoldi presenta en Rosario su nuevo disco, Sexo con modelos, ante una notable convocatoria que refuerza el vínculo iniciado en tiempos de Connor Questa. Se observan adolescentes en plena combustión hormonal y canosos metaleros portando chaleco de tachas ilustrados por la iconografía germánica de Motörhead. Jodida empresa la de trazar una franja etaria esta noche. La cantante de cabellera indomable convoca un revoltijo generacional que otorga colorido y calidez a la gélida velada otoñal. Las canciones se cantan línea por línea, palabra por palabra, mientras la banda suena ajustada, brutal, siempre contagiosa, siempre groovera. El grupo está integrado por Brian Taylor en guitarra, Edu Giardina en batería, Guillermo Porro en guitarra (también productor del disco) y Daiana Azar en moog, bajo y percusión. Maru es la frontwoman que va y viene con su guitarra, desdoblándose al filo del escenario, operando su loopera y jugando con su voz. Los varones lucen y suenan concentrados en su faena mientras que Azar parece planear en el disfrute de la música, alternando sus instrumentos con eficacia.
“Estamos presentado un nuevo disco…” comenta Marilina pero antes de terminar una chica del público la interrumpe gritando “ya lo escuché mil veces, está buenísimo”. Las canciones se suceden casi sin interrupciones con saltos, cantos, y manos arriba de la gente para la cantante. Un estadio de conexión absoluta se crea en  “Enterrarte”, un silencio hipnótico acecha a Bertoldi desde abajo del escenario. Los seguidores parecen entonar “Reviviré el desastre permanente de enterrarte” con sus latidos, dejando que la cantante sea la voz de decenas de personas.
Sobre el final del recital, bien entrada la madrugada, la gente se retira con sonrisas bajo los gruesos abrigos comentando lo vivido. Esta noche de adrenalina fue el comienzo de una nueva etapa. Quedan sensaciones de haber sido uno de esos momentos eternizados por el “yo estuve ahí”. El tiempo dirá.

 

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Arranque tórrido, blusero, sensualidad que incita al lenguaje de la piel y que pronto se convierte en una hermosa tormenta de sintetizadores oscuro, tan amables como  bailables en la mejor tradición reznoriana. Nuevos aires, nuevos riesgos; curiosidad que Bertoldi arroja a su presente alquimia musical: está bueno siempre poder hacer algo distinto, probar algo nuevo. Incursionar en nuevos instrumentos, nuevos audios. Personalmente lo sentía super necesario.Con respeto a mis otros discos solistas, definitivamente este suena muy distinto por toda esa búsqueda, por toda esa expresión.
Escuchando Sexo con modelos uno entiende que Bertoldi pudo haber salido en solitario a los escenarios haciendo un ejercito de ella misma con guitarras, loopera, sintetizadores y voz. Es fácil ilustrar esa imagen mental de soledad a sabiendas que acaba de terminar un ciclo grupal. Sin embargo, hoy tiene cuatro músicos acompañando su flamante universo sónico tanto en disco como en el vivo. Lo esencial es caminar con libertad y respetar las necesidades de la canción: El norte es hacer música y punto. Después viene el formato que adquiera, la forma, las personas que se involucren en cada proyecto que vaya tomando y satisfaciendo las necesidades del momento porque uno va cambiando, uno quiero contar distintas cosas, sonar diferente, entonces está bueno que el artista pueda adaptarse a esas necesidades bien internas.  Este álbum desea generar algo en el receptor ¿Qué quiere precisamente? Lo sabrán los oídos atentos; lo sabrán quienes sean permeables a una propuesta febril e intranquila.
Los treinta y pico de minutos de las diez canciones plasman un tour-de-force emocional en el que Marilina oficina de maestra de ceremonia satirizando y golpeando. Climas musicales intensos que conviven a la perfección a pesar de sus diferencias. Los matices de sintetizadores aportan telones de oscuridad a estas canciones que se emparentan con la fineza del rock argentino de la década del 80; hay un antena directa a ese preludio tan pop como dark de Coleman y Cerati antes del abismo que terminaría con esos tiempos. “Particularmente lo que me gusta mucho de esa época es cómo se usaban las palabras. El español se usó de manera muy original, se estaba experimentando todavía en todo ese aspecto” apunta apasionada la nativa de Sunchales mostrando un detallado conocimiento que contagia, “también son años en los cuales se empezó a mezclar, hubo una mixtura del rock con otras ramas, se permitió coquetear con otras cosas.Es tremendo porque hasta la música más fiestera de la época tenía una melancolía y una oscuridad hermosa. Estaba trabajada no desde el lado obvio de la melancolía, no desde el acorde menor, desde una acústica y mucho aire, no, venía desde otro lado completamente distinto que tenía que ver con herramientas como sintetizadores y de esa oscuridad. Es muy loco porque a mí la del 80 nunca fue una época que me marcó pero sí empecé a disfrutar mucho después, es una época que recién ahora estoy entendiendo y me fascina”.
En “Cosas dulces”, “enterrarte” y “Reaccionar”, sensibilidad y vulnerabilidad están a flor de piel y ahí reside el poder de una joven artista que sabe que esas virtudes son fortalezas. Combinando esos elementos con la impronta (por momentos) cuasi industrial de “Sexo con modelos” y “Quisiera”  la química parece perfecta para movilizar por cerebro y corazón. “Y deshacer” se torna irresistible evidenciando que Bertoldi sabe cómo hacer tirar pasos a una metalurgia, secreto manejado por unos pocos que lograron llevar un sonido de guetto hacia las esferas del pop. Inmediatamente Marilina disecciona su lenguaje favorito desde la cuna, la música, desarrollando “es adaptarlo a tu forma de entenderlo. Es más que nada, el vocabulario, después expresarlo con tu tipografía. Es hablar de lo mismo con tu tipografía. Lo que tiene esa época es un trabajo electrónico, más con la tecnología, eso tiene a muy a favor es que no estás atado a un audio, vos generás el audio, vos lo podés modificar, una guitarra electrica o acustica incluso, más allá de los pedales de efecto, ya tiene un audio y trabajas una rítmica, un acorde, con ese mismo audio, lo que te permite un sintetizador es fabricar un sonido. Lo mismo pasa con un loop, podés generar un coro o una base o un acorde con voces, con golpes de mano, con montón de cuestiones orgánicas que al final terminan volviendo orgánico algo que siempre se consideró frío o lejano, entonces todo se vuelve más orgánico todavía, más personal. Ese mundo estoy descubriendo ahora y creo que mis próximos discos se van a ir más para ese lado. Esto lo empecé a entender justo a la mitad de la creación de Sexo con Modelos. Estaba con esa cosa de “No, yo soy rockera” y entonces pensé que no, que está bueno no ser una sola cosa. Está bueno ser muy libre con estas cosas. Además ya son géneros a los que amamos pero no existen como los conocimos, empiezan a generar mixturas y nuevos géneros que ahora no tienen nombres pero el día de mañana lo van a tener y quien no lo sepa apreciar o respetar se pierda de mucho ya que hay muchos artistas que están haciendo esto”.

 

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El camino de Bertoldi en el proyecto que fue Connor Questa comienza en 2010 y tiene dos discos como legado, “Somos por partes”, de 2011, y su sucesor aparecido dos años más tarde, “Fuego al universo”. A fuerza de sus crudas presentaciones en vivo capturaron un público que anhelaba cierta frescura e impacto novedoso en la escena de rock más potente. Además las nuevas generaciones fueron descubriendo al grupo hasta cobijarlo dentro suyo y hacerlo parte de su verano generacional. Esos fans adolescentes fueron corriendo la voz y esbozando su mejor rasgo de millennials, viralizaron por las redes el trabajo del grupo y las canciones de Marilina en plano solista. Connor Questa fue ganando público y capturando la atención de periodistas que notaban un pequeño torbellino alrededor del grupo que encontraba eco de norte a sur del país.  La banda supo corresponder su sonido aguerrido con una furia rutera que los hizo tocar en cualquier superficie dispuesta a acunar su explosivo repertorio. A medida que los meses pasaban la industria también puso ojo atento sobre el cuarteto sabiendo que ese recambio generacional tenía todo para ser un suceso a gran escala: buenas canciones, frescura, talento, una espina dorsal musical que lograba seducir al pibe de 14 hasta el rockero old school de 50. Había mucho para apostar en Connor Questa hasta que súbitamente anunció en marzo del 2015 su disolución por diferencias creativas.  Tras el final del grupo no hubo cono del silencio, no hubo misterio sobre qué iba a traer el futuro. Bertoldi inmediatamente continuó su camino, munida de guitarra, voz y la vigorosa  libertad que otorga un futuro sin ataduras. Primero llegó “La presencia de las personas que se van” y hoy se encuentra promocionando Sexo con modelos. No es fácil dejar de lado eso que generó el grupo. Muy poca gente lo entiende y está bien que no lo entienda porque hay que vivirlo también” explica Bertoldi mientras acomoda un mechón de su inconfundible cabellera. “Cuando uno siente que un proyecto ya dio todo lo que podía dar, más allá del lugar en el que estés, si seguís en ese proyecto por comodidad o por seguridad es una decisión y está perfecto. Personalmente continuar exclusivamente como solista fue una decisión muy difícil porque como solista no había tocado mucho  y no sabía cómo me podía llegar a ir ni a qué iba a mutar luego y el trabajo que eso iba a requerir. Al menos lo que podía ver ahí era un crecimiento personal y profesional distinto. Me veía pudiendo experimentar con muchísimas cosas. Lo que me permite lo solista, a diferencia de tener una banda, es la posibilidad de que la orquestación de cada recital, de cada disco, dependa de lo que las canciones pidan. Yo voy a componer, probablemente, otro disco el cual responda a otro tipo de instrumentos, quizás se me ocurra un disco completamente electrónico, entonces toda la orquestación y todas las versiones van a mutar a eso porque la única constante es la canción. Cuando empecé a componer este disco, lo hice en mi casa, maquetando todos los instrumentos, sin saber hacia dónde iba a ir y sin saber después cómo iba a llevarlo al vivo. Lo empezamos a armar y fue super divertido, ahí fuimos armando la banda, primero íbamos a ser cuatro pero terminamos siendo cinco para que yo pueda soltar la viola y cantar más y hacer algo más dinámico. Es como volver a jugar otra vez y no me importa cómo me va en ese caso, prefiero siempre tener ese vértigo y esa sensación de que estoy apostando por algo distinto y no que me estoy casando simplemente con algo porque funciona” concluye para ponerse a luchar otra vez con el indomable mechón.

 

Hoy con 27 años, se conoce a una Marilina abocada a las canciones, sin embargo, entregarse a la música fue una decisión difícil de tomar y una ardua tarea encontrar la paz de saber que fue la decisión correcta. No sé, es muy difícil de explicar eso. Me cuesta entender que mi carrera se tiene que adaptar a mi forma de ser” responde Maru al por qué fue dificultoso tomar esa decisión. Sus ojos bajan y parece que estuviera escarbando dentro suyo para continuar. Cuando lo hace, se expresa con seguridad y certeza. Las palabras fluyen con determinación y sin exceso. Marilina conoce de equilibrios y sabe comunicarlo con su verba y también con su mirada confidente: últimamente lo que estuve descubriendo es que quizás más que músico soy una artista audiovisual, que necesita sacar muchas piezas constantemente, me gusta mucho dirigir mis videos, guionarlos, acompañar toda mi música con la imagen. Me encanta ese complemento, de esa forma empecé a sentirme más cómoda. De repente, también entendí que soy una artista que no tiene que estar todo el tiempo tocando. Por eso esta gira son seis fechas pero en cinco meses, cada recital se adapta a la cuestión técnica de cada lugar en el que toco. Adaptando eso y dándole tiempo a la difusión y a preparar cada show siento que lo disfruto mucho más, me relajo mucho más. Tampoco quiero condicionar lo que hago a tener que hacerlo toda la vida, a que sea mi principal fuente de ingresos. Cuando ya se lo condiciona desde lo económico empieza a variar mucho la cuestión artística. Tengo que sacar otro disco porque tengo que tocar, tengo que hacer tal fecha, tengo que hacer esta fecha porque no llego a fin de mes. Tuve que ir entendiendo que mi carrera tiene que adaptarse mucho a mi forma de ser, a mi consciencia. Entendí esas cosas. Qué se yo, quizás saco un disco más y después no quiero hacer más discos. Es muy difícil, me cuesta mucho la exposición, creo que esa es la principal razón  por la cual me cuesta pensarlo en algo para siempre. Me cuesta muchísimo, soy muy para adentro.  En ese aspecto lo fui entendiendo y fui adaptando todo para eso.
–  Los artistas forman un vínculo especial con su público, la gente puede pedirles que aparezcan, que vuelvan.

Mejor que te extrañen a que estén cansados de vos. Lo importante es aparecer cuando tengas algo para decir y no un silencio que llenar. Música toda la vida voy a hacer, lo hago desde que tengo memoria y lo voy a hacer toda mi vida. La cuestión es si lo hago público o no. Hay cosas que hago y me las quedo para mí, no siento que sea algo que quiera mostrar. Estoy haciendo música para otros artistas también, estoy empezando con eso y la verdad que me gusta mucho. Me siento muy cómoda estando detrás. Música siempre voy a hacer pero es muy importante estar muy seguro de lo que estás haciendo; pararte en un escenario  completamente seguro y feliz de lo que estás haciendo, y no estar cansado de eso o estar pensando “Uh, voy a llegar re tarde a casa” o “no dormí nada”. Eso ya lo pasé porque lo tenía que pasar. El under tiene algo muy pesado que te va dejando aprendizajes de ese estilo. Yo lo transité violentamente en muy poco tiempo pero me recorrí todo. Toqué muchísimo, hasta diez veces por mes. Ya lo hice y ahora entiendo la música desde otro lado, no esa ansiedad por hacer que pase algo, mejor hacerlo cuando te pase algo a vos.

– También es sabido que muchos músicos viven de esa adrenalina, por eso no debe ser tan sencillo darle la espalda a todo.

Me pasó también que conocí a muchos artistas que ya tienen una empresa. Saben que durante el año tocan determinada cantidad de veces,  montan un show y lo llevan. Vos te vas dando cuenta qué cosas querés para tu vida y qué cosas no. Cuando te ves en esas situaciones decís “Me deprimo o me pego un tiro o me suben completamente dada vuelta al escenario”. Hay que estar tranquilos en la vida, hay que tratar de hacer las cosas por  amor, no con esa ansiedad de que me escuche todo el mundo. No todo el mundo te va a querer y si te quiere todo el mundo estás haciendo algo mal. Hay que aceptar y aprender a vivir feliz también con el rechazo del otro y la opinión del que no te quiere y no le vas a gustar. Son muchas las cosas que te hacen ver esas cuestiones. Para mí la música es arte, ante todo, y el arte es expresión, y es algo que me hace bien. Y si  nace de un lugar así entonces yo tengo que mantenerlo de la forma más natural y espontánea que pueda. Es imposible mantenerlo espontáneo toda la vida pero cuánto más pueda acercarme a eso creo que voy a estar en lo correcto.

 

Txt: Lucas Canalda
Ph: Renzo Leonard

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