LA TEMPORADA DE LLUVIAS DE PEDRO LYRICKO

Pedro Lyricko presenta su EP Sezon Lapli,  un compendio de canciones que subliman los interrogantes del contexto pandémico.
Adelanto exclusivo de RAPTO.

Por Lucas Canalda y CarZetA98

 

Ninguna gacetilla hace justicia. Se trata de descripciones de un producto; una enumeración de pasos que resulta impersonal de tan marketinera. Detrás de esos párrafos hay demasiado por descubrir. Hay historias y voces. Encontrarlas es un privilegio, a veces. Cualquier gacetilla palidece cuando se empieza a darle color humano a un relato más real que se aleja de lo antipático de un resumen que únicamente pretende enganchar y vender.
Ese color se constituye como un disparador inmediato. ¿Qué me dicen acerca de Pedro? Es algo tímido al principio, cuando se suelta se muestra su lado apasionado. Real. Es amable. Verdad. Siempre anda buscando algo. OK. Nadie en el mundo tiene tantas ganas de hacer música como él. Desde ahí arranca todo.

Pedro Lyricko es rapero y productor. Es un hacedor inquieto. Por sobre todo es un investigador de la música, un  admirador de la canción y las múltiples formas de expresión que la constituyen como una pulsión orgánica capaz de generar desde emoción colectiva hasta el más minúsculo de los sentimientos intimistas. Pedro busca sentimiento, quiere transmitir. Sin hacerlo explícito, busca ser parte de esa cadena que se retroalimenta: con su música quiere conmover como otrxs lo hicieron con él; buscar devolver algo; ser un eslabón transmisor.
Empezó en el freestyle, donde se hizo fuerte hasta que entendió que una fortaleza real debía comprender la posibilidad de expresar su interior al ciento por ciento. El freestyle, con toda su urgencia, plasticidad y espontaneidad era apenas una herramienta de vértigo. Es que Pedro, por momentos, es Spinetteano. Si bien llegó a una Argentina que todavía lloraba a Luis Alberto, su inquietud como artista lo encuentra hermanado con el fallecido astro nacional. Pedro se fue del freestyle y las batallas porque entendió que si no cantaba lo que sentía iba a morir por dentro. Pedro habría de cantarle a los cuatro vientos, entendiendo que su forma era otra, no la competencia.
Su viaje fue doble: en 2014 llegó a Rosario para estudiar Ingeniería en Sistemas. Otro país, otra realidad; un nuevo circuito para un hacedor de música que entendió que el aprendizaje es constante y no tiene una última parada. Argentina significó un arranque de cero, permitiéndose restablecer las coordenadas de su dirección artística. A la experiencia pasada la potenció como estudiante de su arte: la música.
El viaje iniciático se remonta a 2008. Con 13 años comienza a competir en batallas de freestyle. Más allá de algunos buenos resultados, rápidamente deja la actividad porque no era suficiente. Quería escribir. Quería explorar(se). La onda cambió. Mucho.
Pedro buscaba contar historias, expresar sus propios sentimientos. La batalla impedía eso. La palabra es fundamental, al igual que las estructuras y los arreglos. Pedro tiene algo claro: el rap no es todo. Afuera hay un mundo, una historia de la que se siente parte. Necesita sumar su verdad.
Reimaginando todo, el trabajo empezó. Reestructuró su forma de escribir. Buscaba narrar como la música que escuchaba. La canción es universal y fue un hogar desde siempre.
Mamá y papá lo sumergieron desde pequeño en la Chanson. La canción popular francesa es tan universal como los Beatles y calá todavía más profundo. Pedro se entusiasma. Detalla. Cita voces y compositores. El tema da para largo. La Chanson es tan suya como la rima y el beat.
Pedro nunca tuvo un maestro o mentor.  No le quedó otra que investigar todo por sí mismo. Teniendo bien en claro eso, arrancó un viaje formativo que todavía sigue adelante.
Su idioma nativo es el criollo. Lo maneja con soltura, es su herramienta principal para rapear. Del inglés investigó la respiración, la conformación del beat y el flow.  Por el lado del francés estudia la canción. La fascinación no tiene final puesto que cuanto más aprende, más se maravilla.
– La canción francesa tiene letras muy lindas. Aznavour, Piaf. «La bohème» es un texto increíble.

Necesita investigar para entender. Comprender cómo funcionan esas canciones es fundamental para desarrollar su propio estilo. Desde allí empieza caminar por la senda que ahora nos convoca. Pedro desarrolla su flow, va encontrando algo propio desde donde crecer.
Rosario, por supuesto, es un hervidero que lo encuentra con colegas de varios palos. Transitando los rincones de la ciudad, de manera orgánica va formando vínculos. A él le maravilla esa vinculación que se da de manera espontánea, yendo a lugares, escuchando, pero también con recomendaciones de una persona a otra. Para él es random, el random rosarino.
En 2017 presenta su primer mixtape, Preface, un trabajo de corte autobiográfico que funciona como basamento. A partir de allí, todo fue construcción.
La diversidad sonora de la ciudad supo cobijarlo. Lo estimuló mientras que lo hizo seguir estudiando con otra antena. Cuando se quiso dar cuenta no estaba solo. De esa manera se vio fortalecido. La salida es colectiva, siempre. El viaje, con vínculos, siempre es más enriquecedor. En eso anda.
Tocó en vivo con Amor Underground y participó en el Bloque Antiracista que en los últimos años viene echando luz sobre problemáticas urgentes. Pedro está donde debe estar.
No deja dudas sobre su vínculo con Rosario: es lo mejor, es tremenda ciudad.

Es medido con las palabras. Las piensa. Quiere responder de manera certera. Cuando pifia con alguna, se ríe. Criollo, francés, inglés, castellano, argentino, rosarino. Jode un poco, pero aclara que el lenguaje es fundamental. El criollo haitiano es su lengua. Entiende inglés y francés, pero no se aventura a decir que los habla. Castellano entiende, habla, escribe. Puede pensar en castellano pero no es suficiente para hacerlo canción.
Para Pedro lo fundamental es el sentimiento. Lejos de abrazar el ethos punk, afirma que la técnica es fundamental, pero el sentimiento prevalece. Aprendió eso de sí mismo hace tiempo.
Para rapear lo que lleva adentro -felicidad, miedo, dudas-  tiene que hacerlo en su idioma. Podría hacerlo en inglés o castellano, pero sería traducir, un ejercicio calculado que no le interesa. Lo demasiado pensado atenta contra el alma de su música. Pedro quiere conectar con la gente desde su lugar, desde su propia identidad.
– “¿Quién es este tipo? ¿Qué dice? Canta en criollo, viene de Haití, qué pasa por su cabeza”. Es mi presentación.

Blue, su segundo trabajo, llegó en 2019. Se trata de un mixtape que captura muchos de los interrogantes que lo interpelan en el silencio cotidiano. Contando con la producción de Trato Grosso, Pedro desata miedos, incertidumbres y necesidades de una vida dedicada a crear. El beat es cansino. Los arreglos se van mostrando paulatinamente.
Las canciones fueron girando por YouTube y Soundcloud. Mientras tanto, un nuevo capítulo se acercaba.
2020, con su batería de sorpresas, lo encontró con su propio estudio, concentrado en jugar, en hacer por hacer sin un destino asegurado.
El estudio es un laboratorio y la alquimia es fascinante. Con el confinamiento total, Pedro fue  a fondo probando sus herramientas, atreviéndose a la prueba y al error.
Unos cuantos meses después, había generado una data considerable. Sin embargo. No había un plan específico. Apenas se trataba de experimentar.
La cuarentena marcaba un mood. Las calles latían desde un ritmo diferente. Puertas adentro, la velocidad personal marcaba un beat similar al exterior. La cosa fluyó en coincidencia y, sin pensarlo, Pedro tenía un plan. No hay exactitud sobre qué llegó primero: el disco o la idea. Sin embargo, algo estaba claro: había una dirección hacia un lugar preciso. A partir de allí hubo ideas de desarrollo. Desde entonces el camino se fue allanando con premisas claras: qué decir, qué hacer, cómo debe sonar.
Pedro tuvo una certeza: quería hablar, quería expresarse. Encerrado, no le quedó otra que ir a fondo.
– Mi estilo es tranqui. La cuarentena no daba para salir a producir música tan arriba. La cosa fluyó así. El beat aparecía y todo fluía super chill, muy lluvioso, digamos. Yo me dejo  ir. La cosa introspectiva resultó por el contexto.

Sezon Lapli se traduce del criollo como Temporada de Lluvias. La temporada de lluvias en Haití puede ser una experiencia muy bella, pero también muy triste. Según dice, los contrastes sociales delimitan esa experiencia: vivir en el centro o en los barrios hace la diferencia.
Algo suena enormemente familiar: la temporada de lluvias se divide entre quienes pueden contemplar el paisaje desde la comodidad del hogar o entre quienes deben salir a buscarse la vida. Pedro tomó esos contrastes de belleza, necesidad, goce y resignación para hacer Sezon Lapli.
Introspectivo, downtempo y algo envolvente en su fluir casero, Sezon Lapli se compone de sampleos, rimas y sonidos granulados. Prevalece una melancolía que marida bien con el bronceado de monitores y las calles distantes.
El EP es una recopilación de letras y beats producidos durante la pandemia. Está atravesado por los distintos pensamientos y sentimientos propios del momento que estamos viviendo. Pedro sublima la pulsión de un contexto que angustia y aprieta más de lo que nos gusta reconocer.
Pedro produjo e interpretó el material casi en su totalidad. En los créditos se inscribe el aporte del joven productor Lusio (integrante de Jimmy Club, Lichi y  Gladyson Panther, recientemente a cargo del disco de Dani) a cargo de la mezcla y parte del mastering.  En «Outro», Lusio hace su aporte, otorgándole una clausura que habla de la química que manejan ambos.
– Con Lusio intercambiamos material de Brasil, Francia, Bélgica. Después empezamos a hacer beats, de la nada. Él se ponía a tocar y me gustaba eso, yo me ponía a escribir. Esa canción salió en un día.

Sezon Lapli se edita mañana viernes 4/6 de manera independiente.
Escuchá «Katre karante kat», un adelanto exclusivo de RAPTO

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