LIKUID EN BRODA – EXCLUSIVO RAPTO

Likuid protagoniza la sesión de BRODA que se estrena este domingo a las 22 hs en YouTube.
A continuación, entrevista + preview.

Likuid conoce la palabra.  Mejor aún, la palabra conoce a Likuid. En cada afirmación, respuesta y recuerdo demuestra algo clave: el entendimiento de que todo está enlazado. Algunxs lo llaman mística. En su caso, se trata de una comprensión que atraviesa lo aparente para combinarse con la acción. Likuid labura por, para y desde la música desde hace tiempo. Debido a eso, al dialogar con él ningún aspecto queda descuidado. La inspiración, el trabajo y la química son parte de la cultura, al igual que la curiosidad y la decisión.
En un año complicado que se va acabando, Likuid tiró datas que lo acercaron a la gente a pesar del confinamiento y las distancias. Pero todavía queda mucho para dar: el domingo llega una sesión de BRODA que confirma su crecimiento y expansión artística. Quien quiera oír que oiga, Likuid va llegando.

Darse una vuelta por su canal de YouTube o su perfil de Spotify dejan en claro que Likuid se mantuvo ocupado durante el año pandémico. Hay munición en forma de simples y feats. Al tiempo de cuarentena el tipo supo concentrarlo en algo bueno. Hay asociaciones con Brazze, Laurel Studio, EVR y Bloque30. Caminando solo, Likuid es bueno. Cuando se encuentra con sus pares, todo se potencia. 2020 lo encontró tirando novedades para no aburrirse y seguir creciendo.
En las colaboraciones busco una química artística. Tiene que haberla sí o sí”, dispara de toque. “Jamás hice música con quien no me lleve bien o no tenga afinidad musical. Todos mis feats son de mi familia, la crew, amigos muy amigos. Tiene que haber algo de química y algo de energía en cuanto a los pensamientos más personales” , agrega el rapero.
Likuid tiene 29 años y viene de la zona sur de Rosario. Creció en un hogar con un padre guitarrista y una madre siempre permeable a la expresión artística. En esa casa pudo manejar herramientas, información e instrumentos desde chico. En la adolescencia, decidió usar su voz y las palabras como medio de expresión. Entonces todo empezó a tomar forma.
En 2013 publicó su disco debut, Exigido. Pero viene pateando desde tiempo antes. Con sus 29 años es un joven que carga con vivencias formativas. Todo lo vivido lo trajo hasta acá, donde sigue saltando hacia adelante, probando cosas sin deberle nada a nadie.
Como rapero Likuid tiene una actitud relajada y rimas bien personales. Musicalmente, puede acelerar, ponerse áspero, pero también sabe ser cadencioso, según lo requiera el beat. Bien atento a los matices, deja en claro que no es únicamente un MC, es un músico completo.
En sus tracks habitan muchos mundos. Hay una vibra contestataria, hay mística, también calle. Además, Likuid deja ver cierta vulnerabilidad. No juega un papel impostado de algo que no es. Siempre  fue sincero manejando todos los matices que lo hacen. Conciencia, identidad y compromiso son claves en su persona. Por eso, encara desde ahí: “Yo nunca jamás hablé sobre cosas que no pasé o que no hago. Iría contra mis principios. Soy sincero. En algunas canciones puedo armar alguna película de acuerdo a lo que viví yo o alguno de mis amigos. Vibra contestataria, calentamiento global, temas sobre conciencia ecológica, el consumo excesivo de carne, la tala de árboles. Siempre trató de ser sincero en la escritura. A veces las letras salen de los enojos, de las tristezas, también de la felicidad de querer compartir. Me parece importante que la música sea sincera con uno mismo. La música no tiene folios ni nada que la recubra. El artista tiene que ser igual, no tiene que tener etiquetas. Soy amante de la cumbia villera, de la santafesina, me gusta la electrónica y me gusta la música romántica. Es importante saber escuchar a lo que nos rodea”.

Likuid habla con RAPTO y va por todos lados: pasado, presente y futuro. En un año muy particular, supo aprender del bajón pandémico para reforzar otras aristas. Allí reside otra de sus virtudes: entender que todo está conectado lo impulsa a potenciar cada sorpresa.  Desde allí construye con pasión laboriosa y una entrega cotidiana. La música, en cada uno de sus aspectos, es una aventura de entrega periódica; un viaje del que aprender mientras se va evolucionando de mente, corazón y palabra.
“Me defino MC por naturaleza. Es algo que hice desde muy chiquito: improvisar o rimar, eso viene desde el 2007. Lo tengo incorporado desde los 14 años. Me pienso como MC, pero no me gusta identificarme con una sola cosa. Hago mucho R&B, mucho soul, me gusta definirme de acuerdo a lo que voy incorporando. Estoy buscando ligarme con la música más cantada, más melódica”, comenta desde el arranque. Likuid deja en claro que su horizonte musical es enorme y su perspectiva viene desde el rap, pasión/acción que milita desde hace más de una década.
Likuid encaró el universo de las rimas por amigos que fue conocimiento durante la adolescencia. La escuela secundaria, además de la enseñanza institucional, fue fundamental para abrazar esas amistades que luego serían familia: vínculos solidificados por rimas, improvisaciones, beats y discos que se pasaban, siempre buscando data y más.
Pero antes que todas las historias se manifiesten, hubo un episodio que otra vez vuelve al hogar familiar: “mi hermano me había traído un disco de Estados Unidos. Había trabajado en un cibercafé y el dueño, norteamericano, le regaló un disco repleto de videos. Lo que encontré ahí me partió la cabeza”.  Likuid por entonces tenía 13 años, el hermano, 20. Al darle play encontraron una compilación de 50 Cent, Xzibit, Fat Joe. “Me empecé a interesar en el rap como género musical desde entonces”, cuenta ahora, a pocas semanas del final de 2020 y apenas días antes del estreno de su sesión de BRODA.
En 2007, dos años después de sus primeros pasos, Likuid empieza a labrar su historia, formando lo que es su nombre. Arrancó a cocinar sus propias canciones, siempre manejando familia de amigos, una crew compuesta de compinches, conocidos, gente con ganas de más.
Desde el instante en que decidió encarar una vida en el rap no hubo vuelta atrás. Fue un despertar de consciencia que llegó con interrogantes sobre su futuro y deseo artístico: ¿Puedo escribir rap ¿Puedo grabar? ¿Puedo entrar en un estudio? A través de su acción llegaron las respuestas.
Ingresó a un estudio por primera vez en 2006. En un evento de la cultura ganó sus primeros ingresos lo que le permitió pensar en mucho más. No solamente podía dedicarse al rap como una pasión declarada, también podía dedicarse de manera profesional. “Fue hace 13 años atrás. Me pegó ese chip y todavía no se me ha salido”, apunta ahora.

En los últimos años, con Internet como canal de propagación de la palabra, además de las nuevas generaciones listas para encontrar un universo estético del que apropiarse, la movida de rap estalló junto al fenómeno estructural del trap. Con el costado comercial del trap explotado por productoras, multinacionales y festivales, el rap y otros sonidos urbanos finalmente lograron un espaldarazo financiero de sponsors que le dieron sustentabilidad a una escena que hace rato se había ganado su lugar pero necesitaba ese chispazo que los ponga en el candelero. Con la flama necesaria para iluminar, el presente es contundente, copando redes, canales de YouTube y hasta la televisión abierta. Por supuesto, las plazas y encuentros cara a cara, con micrófonos y gargantas en rojo están explotando por todos lados (más allá de la pandemia).
En Rosario, Likuid viene pateando desde hace rato. Está en las rimas desde pendejo y viene caminando con la certeza que el presente estallido iba a llegar tarde o temprano. Entrando a un estudio de muy chico y armando sus líricas siendo un puber, Likuid está preparado hace tiempo. Al estallido lo vio venir desde adentro, también siendo parte de esa cultura que se bancó desde un principio por muy pocos y que logró fortalecerse por la propia militancia de cientos de true believers.
Aclara algo cuando se le menciona su experiencia. “¿Veterano? ¡No soy tan viejo, che!”, jode, entendiendo dónde apuntamos. “Me siento experimentado en haber vivido mucho sobre el escenario”, cuenta. “La pandemia me vino bien porque yo era una persona de muchos escenarios y muchos shows en vivo, pero pocas salidas de canciones, pocos videos, pocos lanzamientos de singles. Siéndote sincero no le doy demasiada bola a los suscriptores y reproducciones. Para mi, el artista en sí, te tiene que motivar, te tiene que decir algo arriba del escenario, te tiene que parar los pelos. Por un lado me siento un veterano, pero en el buen sentido de cargar con una experiencia justa para ir a cualquier escenario y saber cómo plantarme, saber cómo dirigirse hacia las personas involucradas”.
La música atraviesa toda la vida de Likuid. Lo sabe desde bien temprano. Esa certeza parece haberse convertido en un equilibrio correcto para llevar adelante una existencia con las prioridades claras. En ese sentido, comparte:  “este camino también lo he adoptado como una forma de trabajo. He tenido mis buenas experiencias y otras muy malas, algo típico en el mundo de la música. Hubo una explosión en los últimos años. Si me preguntás, siempre supe que el rap iba a explotar. Se lo decía a mi vieja en 2007 cuando me veía con las remeras anchas y las cadenas. Se me cagaba de risa, pero yo le decía quedate tranquila que va a explotar. Lo que faltaba en Argentina era un público de menor edad que vaya renovando la movida, necesitaba ese paso”.
Siguiendo con el saludable presente de la movida, Likuid recuerda los pasos que, al igual que tantos otros corazones, lo hicieron un true believer de la escena. Siempre hubo gente empujando para que algo semejante suceda. La cultura tiene y tuvo personas que lo dieron todo. El presente está construido de acciones arriesgadas y elaboración minuciosa impulsada por un deseo que no tenía el respaldo de ninguna industria ni de los sponsors; detrás de todo, en el principio, hubo música, esfuerzo y laburo. El rapero destaca deja en claro algo a través de sus respuestas: No hay que olvidarse de las raíces. “Gracias a toda la gente que estuvo antes de nosotros se hizo un camino, se construyó poco a poco. Un trabajo muy lindo se fue haciendo con el paso de los años en favor de la cultura”.
Likuid se atreve a marcar los aspectos positivos del progreso de la escena en los últimos años. Marca que hay diferencias. Un montón, de hecho. Claro, que todo está a favor.  “La gente es muchísima. Hoy voy a eventos y no conozco a más del 50%”, comenta, para luego meter GPS hacia el pasado y recordar: “En 2007 tocamos en RED BULL Rosario junto a Emanero, tocamos con mi grupo Triple Alianza, era re diferente todo. La temática de las batallas era re otra al igual que las luces, los jurados, el escenario. Las diferencias son buenas. Todo esto me encontró bien. Nunca dejé de hacer música. El cambio me encontró bien activo como siempre. Debo reconocer que luego de los cambios se me abrieron muchas puertas. De repente, mucha gente buscaba artistas de rap. Entonces buscaban notas, hacer videos, hacer algo. A nosotros nos vino re bien”.
En ese sentido, el MC apunta una diferencia que involucra al mundo por fuera de la escena. Por mucho tiempo, mientras la movida crecía de manera contundente y el accionar se iba multiplicando, todo parecía acontecer a un costado del mundo. Los medios grandes, al igual que los sponsors, estaban enfocados en otra cosa. Con el protagonismo de los últimos años, Likuid remarca que los medios se mostraron interesados en difundir la cultura. Ese interés de micrófonos que se acercan, notas que escriben, informes que se viralizan es algo bienvenido. “Lo que estamos haciendo ahora es una mejora”, apunta. “Para el rap una mejora fue gente que se interese en hacer una nota. Que te pregunte cómo surgió esto, que te hable, que se interese por tu música, lo que hacés vos, lo que hace BRODA. Eso hacía falta para mi”.
Lo dijimos: Likuid tiene la virtud de poder leer el entramado detrás de los sucesos. Sabe que todo está relacionado, por eso, mientras que, a priori, parece que salta de un tema a otro, en realidad enlaza todo de manera muy fina. El músico de zona sur puede trazar un mapeo de la evolución constante de la escena y de su propio desarrollo a medida que va incorporando nuevas herramientas que se conecta con la visibilidad de la movida y la incorporación de nuevos elementos sonoros que ayudan a desprejuiciar y generar crecimiento.
El rap siempre fue muy underground, no porque sea de la calle, sino porque siempre fue autodidacta”, reflexiona. “El rapero siempre fue muy autodidacta. No tengo donde grabar, me compro las cosas y aprendo yo. No tengo donde hacer pistas, OK tengo un amigo que me hace la segunda y me produce un disco. El rap siempre fue autotidacta. Va mutando y evolucionando como bien decís vos. El universo mismo va cambiando con todo alrededor. Yo mismo cambio. Si escucho los tracks de Exigido digo Likuid cómo podés decir eso. Son hateos, como se les llama, pero tenía 15 años. Todo tiene su cambio, su movimiento, el movimiento sísmico siempre está dando vueltas en una movida que está creciendo todo el tiempo. Ni hablar del trap. Uno de los cambios es que yo me puse a hacer R&B. Si escuchás Exigido, vas a notar que todos los estribillos son bien melódicos, son cantados. A mi me gustaba cantar. En 2015 cuando explotó el trap, pensé que era la mía, me mandé a cantar. Ahora tengo rap pesados, pero también muchas canciones melódicas. Las mejores para mi fueron poder irme a otros estilos, hacer algo que realmente me gustaba saliendo de mi zona de confort que es rapear. Salir de ahí, mostrarme cantando y melodías, me gustó mucho, saber que la gente puede notar eso de mi”.

Lucas Canalda + Vir Molinari Ph + BRODA

 

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