TIEMPO DE BANDERAS

Como directora, dramaturga y militante, Carla Saccani es una mujer comprometida con su tiempo y lugar. Del teatro hizo una posibilidad para interpelar y encontrar sentido entre tanto absurdo y frivolidad.
Hoy está de regreso con Octaedro, 2015 d.C,
una tragicomedia de hiperrealismo rosarino que interroga a la ciudad.

 

 

I

Es la primera mañana de un viernes soleado y Carla Saccani pide un exprimido en un bar de avenida Pellegrini. Hace poco menos de cuarenta horas, la mayoría del Senado votó en contra del proyecto de ley de Interrupción voluntario del embarazo.  La votación pasó, pero el movimiento feminista está más fortalecido que nunca. Se logró salir de las sombras, se discute en las mesas, en la televisión; algunos silencios se rompen, secretos de años ven la luz ante miradas empáticas y comprensivas. Tres palabras se multiplican por las redes: No estás sola. En las paredes frente al bar hay un graffiti que se lee con claridad a pesar de la distancia: A la clandestinidad no volvemos nunca más.
Entre las miles de personas que siguieron el debate en las calles del Congreso, desde sus casas o desde sus trabajos, hay un resto de pena en su interior, pero el debate no terminó con el rechazo a este proyecto, sino que recién comienza. Es cuestión de tiempo.
Los cientos de miles de pañuelos verdes lograron la visibilización de una problemática que la sociedad argentina negó por años. Se logró echar luz sobre una deuda pendiente de educación sexual; acerca de la soledad de decenas de jóvenes violadas; la realidad inocultable de los cientos de mujeres que mueren o deben ser atendidas en la salud pública por las consecuencias de abortos practicados en la clandestinidad. La lucha sigue y más fuerte.
Saccani no pudo viajar al Congreso para ser parte de la vigilia en las calles porteñas debido a los ensayos de Octaedro, 2015 d.C,  obra que vuelve a la cartelera rosarina en pocos días más. Siguió la jornada entre ensayos y preparativos varios. Ya de noche, logró meterse de lleno hasta la madrugada, cuando llegó la votación.
¿Qué hace ésa gente ahí? Un discurso horrible”, comenta la oriunda de Pergamino, buscando comprender a ciertos representantes a quienes describe como arcaicos, como dinosaurios infinitos. “Son tipos muy instalados. Los noté muy seguros de su poder. Sentirse así de intocables, casi impunes al pedido de lo que pasaba en las calles de afuera, es muy grave”,  observa.
Sobre la expectativa que generaba la palabra de la expresidenta Cristina Fernandez de Kirchner, jefa del bloque de Unidad Ciudadana, la directora toma aire y señala, “Para mi, que milito las dos cosas, feminismo y kirchnerismo, tenía una mezcla de sensaciones muy grande”.
Inmediatamente, tomando aire, desarrolla en calma y con una sinceridad sin tapujos, una de sus virtudes: “Cuando llegó el momento de Cristina, la noté débil en lo que expresó, quería un poco más. Me pusé a pensar por qué no lo militó. Ella pudo haber tenido influencia sobre otros legisladores. Eso me parecía, al menos. Ahora creo que no, creo que no tiene la posibilidad de influir de esa manera. Fue muy transversal a todos los partidos, en todos hubo diferencias, salvo en la Izquierda, que no tiene tanta representación, de hecho en senadores no tiene, directamente. Por lo menos me gustó lo que dijo sobre el Peronismo, que tiene que ser nacional, popular, democrático y feminista. Me cerró que diga eso. No me gustó que aclare que las feministas no nos teníamos que enojar con la Iglesia. Una serie de cosas que hubiera sido preferible que no las diga. Pero también está la otra parte, pensar en cómo una parte del feminismo le dio la espalda a los avances que trajeron los gobiernos de Cristina. También pensé mucho por qué no se desató tanto la militancia para la interrupción voluntaria del embarazo durante el Kirchnerismo. Me pregunto por los dos lados. Me parece un error brutal no haberlo tratado al tema durante el Kirchnerismo. Fue un error brutal no haberlo discutido y así lo viví yo durante el propio Kirchnerismo, no es que me hice abortera ahora. Para mi era un dolor que no pasara eso. También me gusto, mucho, lo que dijo Pichetto, reconociendo el error que no se hubiera tratado en el Kirchnerismo, además marcó que desde el oficialismo hicieron algo para que el debate esté en la sociedad y, sin embargo, no juntaron los porotos después en el Congreso. Pichetto en eso estuvo bien, más allá que tiene sus cosas muy criticables. El de Pino Solanas fue muy emocionante, un discurso para la gente, el otro fue bien para los políticos”.

II

La razón del encuentro con Saccani es Octaedro, 2015 d.C, obra que volvió a la cartelera rosarina y que por estos días ofrece una oportunidad de relecturas varias dentro de una coyuntura agitada en las calles y desdibujada en los medios de comunicación hegemónicos.
Octaedro es el motivo puntual de la cita, pero siempre sobran los motivos para entablar un diálogo con la directora.
Hace casi una década, en una ciudad conservadora donde las nuevas y jóvenes voces generalmente superan con creces los cuarenta, una treintañera Carla irrumpió en el escenario atreviéndose a una lectura punzante del teatro rosarino.
NInguna entrevista con la actriz, dramaturga, docente y directora es una nota más del montón. Un encuentro con Saccani no es simplemente vender, hacer agenda, sonreír y pasar horarios. Ella sabe porqué está aquí, entiende su propósito. Sabe que no es una entretenedora. Conoce su arte, su deseo y su acción.
Con cada oportunidad Carla busca interpelar. Es una mujer comprometida con su lugar y con su tiempo. Lejos está de intimidarse cuando el compromiso lo demanda. Es una mujer de asumir banderas. Lejos del cobijo de la frivolidad y el narcisismo en el que muchos de sus colegas se acomodan al hacerse un nombre o alcanzar un lugar de privilegio en el circuito cultural, Saccani interpela, dialoga, pone el cuerpo a la discusión. Pero sobre todas las cosas, Carla crea.
Kirchnerismo, feminismo, medios de comunicación, ley de comedia provincial teatro, paradigmas de teatro, tetazo. Obras, talleres, laboratorios, libros, lecturas. Saccani nunca está quieta. Como una necesidad del entripado, desarrolla formas de expresar lo que pasa por su cabeza y corazón, aquello que internaliza y quiere exorcizar en la forma que más ama: la dramaturgia.
Como acto reflejo ante el absurdo abrumador que nos rodea -torniquetes de coaching para una realidad que se desangra, periodistas que responden por ministros, narcos omnipresentes desde celdas aisladas, panelistas decidiendo sobre millones de vidas, búsquedas del tesoro mediatizadas por tierra-  Saccani crea bajo la convicción que su arte es la herramienta ideal para modificar, para vislumbrar posibilidades.
Al igual que Albert Camus, Saccani elige enfrentar a ese absurdo. Encararlo de manera directa, mirada con mirada. Ese enfrentamiento, ese accionar de mujer consciente de su arte, es una rebeldía que la encuentra con un sentido. Como decía el argelino en El mito de Sísifo, “Del absurdo he obtenido tres consecuencias: mi rebeldía, mi libertad y mi pasión”.
En esa rebeldía liberadora Saccani parece hacerse carne para llevar adelante un teatro comprometido con pasado, presente y futuro. Un teatro que sabe tanto sobre los gestos intimistas como de la visión macro. Libertad y pasión, son otras virtudes que Saccani irradia y que, compartiendo tiempo con ella, parece contagiar.  

III

Escrita y dirigida por Saccani, a partir de una idea original de Maru Lozano -su socia en el laboratorio teatral Saccani.Lorenzo- Octaedro, 2015 d.C  tiene una duración de cinco horas y cuenta con dieciocho actores en escena.
Enroques entre poder mediático, religión, narcotráfico y política parecen ser el tema principal de la obra.  Tópicos magnéticos ideales para las gacetillas de prensa; un gancho perfecto para llevar espectadores a la sala y hacerlos saltar de un hiperrealismo bien rosarino. En una mirada más cercana, Octaedro marca un entramado de relaciones familiares complejas, que rozan la disputa descarnada en un universo de conspiraciones y traiciones oportunistas. Entre giros de tragicomedia, la obra interpela al espectador. No simplemente leyendo lo cotidiano de la ciudad, sino buscando su propia posición ante  traiciones que llegan y parecen ineludibles.
“La idea que nos impulsó a desarrollar esta historia es la de diseñar un barrio de ficción a partir del cual poder narrar a los rosarinos que habitan la supuesta narco ciudad que acapara los titulares de los multimedios sacrosantos que imponen agenda y juegan su propia partida política”, precisa la directora.
“Es una lectura sobre Rosario y sobre todos nosotros que habitamos la ciudad. Apuntamos a una ciudad en la mira de los medios de comunicación y la construcción que se hizo sobre la ciudad en los últimos tiempos. ¿Qué pasa en una ciudad supuestamente tan jodida? Es un histórico especial, donde los medios enfocan teniendo sus manejos por detrás. Se disparan frases que suenan perfectas, se proponen soluciones que se dicen sencillas, pero nadie se pregunta los costos de las políticas que se proponen, qué hay detrás de ese marketing de la propuesta”, agrega, entre interrogantes.
La creación de Saccani funciona, además, como un trinchera de resistencia narrativa en tiempos de brevedad, hipervínculos y mareo. Octaedro tiene una extensión de cinco horas divididas en dos capítulos. Un intervalo en el medio permite un descanso para los espectadores habilitando, además, la posibilidad de presenciar los capítulos en jornadas diferentes.
Bajo un paradigma global donde la norma es la inmediatez y las narrativas están atadas a la caducidad periódica o la dispersión de un scrolleo, Saccani propone un ejercicio de teatro que desafía al imperativo de lo efímero.
“Vamos a ver cómo responde el público. Me interesa saber qué genera en el otro, porque la obra te cruza, te compromete. Por otro lado, también se siente vertiginoso lo que sucede a nuestro alrededor. Quisiera saber qué percepción tienen quienes la vieron el año pasado y hoy encuentran lecturas cotidianas”, apunta la directora una semana antes del reestreno.“Lo que Octaedro advertía en un primer momento, hoy se evidencia alrededor.  Lo que no se dice en los medios, es un silencio elocuente. Hoy tiene un sentido más ruidoso, sin dudas”, agrega, antes de probar el exprimido.
La obra está protagonizada por Marcos D’Agostino, Lala Brillos, Elías Blanco, Salvador Sauan, Noemí Asenjo, Esteban Cavallero, Juan Carlos Capello, Celia Parola, Claudio Danterre, Marta Fritschy, Emmanuel Alanis, Alicia Oddo, Daniel Basilio, Agustina Rosso, Armando Durá, Juli Morán, Sofía Dibidino y Christian Ledesma.
En cartel desde hace varias semanas en La Sonrisa de Beckett (Entre Ríos 1051), en septiembre Octaedro, 2015 d.C se presentará todos los domingos, con el primer capítulo a las 17 y el segundo a las 19.30hs.
“El texto no cambió nada. Cambió la puesta. La sala nueva es muy diferente a Caras & Caretas, donde estuvimos la vez pasada. El volumen erótico es más elevado. Había escenas que tenían la posibilidad de traducirse eróticamente en versiones más hot y pasó eso, fuimos por ese lado”, explica.

III

La adolescente Carla nunca podría imaginar cuánto iba a cambiar su vida al llegar la opaca Rosario de finales de la década de los noventa. Su meta era estudiar biotecnología, meterse de lleno en una nueva ciudad mientras estudiaba esas ciencias que tan bien se le daban en el colegio secundario.
“Vine a Rosario a estudiar biotecnología. Vine en el 98, hice dos años en la facultad de bioquímica” recuerda. “Después quise ser el Che Guevara y me puse a estudiar Medicina. Hice cuatro años, un montón. Llegué a terminar cuarto, pero antes, en 2002, ya había empezado a hacer talleres de teatro en la misma facultad de medicina”, comparte sobre su salto a medicina y sus primeras incursiones en el circuito que pronto la recibiría.
“No lo veo como algo totalmente opuesto” explica, revolviendo su exprimido natural.“Mientras estaba en la carrera estudié siempre con mucha consciencia. Un mundo se metió dentro del otro y me sacó. Una cosa me llevó a la otra. Fui tomando mis decisiones. La ciencia me interesa. Lo que sé de química, de medicina, de física, para mi es fundamental en la vida. Nunca descarté todo eso que aprendí. Me permito discutir algunas cosas porque tengo esos conocimientos”, remarca.
“Hice teatro recién en Rosario. Quería hacer teatro desde muy chica pero en Pergamino nunca me animaba. Yo iba a una escuela católica. Era atea, pero iba a escuela católica. De alguna manera, los grupos de teatro eran de los pibes de las escuelas públicas. Yo era amiga, pero siempre me sentía muy sapo de otro pozo. Me sentía muy boluda al lado de ellos, eso hacía que yo no pudiera meterme en los talleres de teatro. Cuando en Medicina me encuentro con el taller de teatro del grupo El Tábano me dije que tenía que anotarme”.
Adentrarse en la curiosidad que siempre la había atraído, pero nunca había experimentado por inseguridad, fue tomar un camino casi de revelación. Permitirse descubrir nuevos lenguajes fue saberse otra. Nada sería igual.
El amor por el teatro se manifestó como una fuerza irremediable. Al mismo tiempo, Saccani empezaría a descubrir otra fuerza: El deseo.
“Por entonces yo empecé a analizarme y descubrirme. Descubrir ese deseo fue significativo para que lo habría de venir. Lo tuve claro. No me importaron las dudas, eran pocas. Lo supe. No fue descubrimiento que vino con un discurso épico, no. Simplemente entendí mi deseo ”.
Fue el  principio de un camino que hasta el presente no parece disminuir su velocidad. Un papel secundario en la obra infantil Corazón de Bizcochuelo fue su primer trabajo profesional como actriz. Hoy, en 2018, parte de su historial revela la dirección de obras como Amarás a tu padre por sobre todas las cosas (de su propia autoría), Tenerlo Todo (de Sebastián Villar Rojas), Caperucita, un espectáculo feroz  (de Javier Daulte), El Malentendido (de Camus) y  Fraternidad (de Mariano Moro).
Casi encima del reestreno de su obra, Saccani no descansa ya compartiendo otros planes para lo que resta del 2018. Mientras haya inquietudes, mientras siga teniendo claro su deseo, no habrá calma.

– En las redes nos encontramos con una fragmentación narrativa cotidiana. Mirando el timeline de ayer, por ejemplo, te encontrabas con un video in situ de gente siguiendo la votación afuera del Congreso, eso iba seguido de una persona paseando al perro en la costanera, otra estaba en skate, y así. ¿Se puede evidenciar algo de esa narrativa fragmentada en la dramaturgia? Me da curiosidad saber hacia dónde llevan esa narrativa los nativos digitales.

No sé si ya puedo conectar la manera de escribir o narrar en las redes sociales con la narrativa del teatro. Participo bastante de ciclos de poesía y literatura donde sí se puede ver como los posteos de las redes sociales empiezan a entrar en tensión con la poesía más aceptada como poesía por la formalidad del papel. Empiezo a percibir algunas discusiones de las que me interesa participar, tienen que ver con que lo de las redes no es literatura, pero sí es lo que aparece en un libro. La cuestión de postear, megustear, va transformado la literatura. No sé si la dramaturgia, pero sí la literatura. En este momento estoy enganchadisima con una novela que está escribiendo Beatriz Vignoli, la historia del Colo, su gato, al que no puede sacar de la casa del vecino. Estoy fascinada con eso, espero esos posteos como si fuera una novela de folletines. La escritora más importante que tiene la ciudad está haciendo eso. Si no empezamos a reconocer que ese es uno de los caminos posibles, legítimos y más creativos que está teniendo hoy en día la literatura, estamos no entendiendo nada. Ahora, sobre las nuevas generaciones. Noto una diferencia entre la capacidad para manejarse más fácilmente en las redes sociales de la que pueda tener yo. Después, que eso los lleve a querer consumir o escribir distinto que yo, no lo sé. Los alumnos que tengo yo, pibitos y pibitas, tienen muchísimo cuidado por la gramática, por la ortografía, quizás no se la juegan tanto con la longitud de los textos, es verdad, pero no noto que haya una predilección o un desprecio por la escritura. Creo que ellos toman con un desafío, como una rebeldía, de ser percibidos como atados siempre al celular, etcétera. Vengo de una experiencia que ejemplifica lo que estamos hablando: estuve dando clases de teatro en Chañar Ladeado y allí, en la escuela, a los chicos no les dejan llevar el celular. Lo curioso es que los chicos se quejaban que en sus casas los padres no les hablan porque están completamente cooptados por el celular. Los pibes quejándose de los adultos que están totalmente alineados por el celular. Percibo que el pibe mas chico, que nació con el celular en la cabeza, tiene más posibilidad de entrar y salir de ese mundo sin quedar tan pegado; pareciera que puede habitar ambas cosas de manera diferente, puede prestarte atención e ir y volver. Manejan mejor la inmersión y su salida posterior. A algunos adultos ya se les complica salir.

Octaedro funciona como una trinchera en lo que se refiere a su extensión. Tiene una duración que desafía paradigmas actuales, donde se rigen premisas de brevedad. Esa dictadura de la dispersión, de la brevedad, también se ve reflejada en el periodismo desde hace tiempo. Es generó que muchos espacios dedicados a cultura se vayan modificando, corriendo y perdiendo La música ya no tiene ese espacio en los periódicos. El cine, apenas. El espacio dedicado al teatro mantiene un nicho que resiste.  

Hasta ahí, creo. El que más resiste es (Miguel) Passarini en El Ciudadano. Julio Cejas está también en Rosario/12. La tarea de los críticos es fundamental. Cuanto más pueda extenderse, mejor. Por supuesto que no coincido con la brevedad de los textos, no importa lo que se diga. Mientras algunos espacios en los medios tradicionales iban desapareciendo, muchos de los medios digitales acercaron a gente joven muy interesada en nuestro trabajo. La crítica es fundamental, sobre todo cuando se toma en serio. Remarco eso porque encararlo de manera comprometida es lo necesario. También tenemos que ser un poco proteccionistas entre nosotros. Si la crítica va servir para que aparezca alguien que quiere un poco de visibilidad y reviente a la producción de alguien local, con lo difícil que es producir, no sé si está tan bueno. Tal vez sea preferible omitir. Son complejos los juegos de poder que se dan. Una crítica de matar un espectáculo, no se hace. Se puede hacer una valoración negativa, pero de matar un espectáculo, no se hace. Hacer una crítica terrible, matando una obra, me parece muy mal. ¿Por qué? No creo que sea la manera de hacer crecer lo que estamos haciendo. Por otro lado, sí me parece bien que critiquemos lo que viene de afuera. Lo digo desde un lugar localista. Hace falta ponerse la camiseta de lo nuestro. Tal cosa me parece una mierda, ni loco escribo sobre esto. Ya está, se entendió, si no escribió es porque no le gustó.

– Cuando irrumpiste en el circuito, teniendo algo de atención de los periodistas especializados, apuntaste observaciones sobre un teatro rosarino que se concentraba en lo físico en detrimento de los textos. Fue algo que expusiste con claridad en su momento, logrando una observación real, algo casi generacional.

Yo no sé si tuve tanto que ver con eso. No sé si fui yo de tanto insistir con eso o si fue Sebastián Villar Rojas (Productor, dramaturgo y director), lo que pasa que Sebas luego se fue a trabajar a Buenos Aires. En la actualidad yo veo otra cosa. Hay un poco más de presencia del texto en las obras. También pasa que me distancié de formarme yo. Hoy en día doy clases de actuación, doy clases de dramaturgia, entonces estoy un poco lejos de la línea que está bajando en las otras escuelas o en otros talleres. Cuando yo decía esas cosas estaba muy aturdida con que se me dijera eso en todos lados. Lo que veía como espectadora estaba muy lejos de que me sedujera desde el lado del texto. Me da la impresión que eso ha ido variando. En la ficha técnica de cada obra aparece la palabra dramaturgia, da la impresión que hay un trabajo más apuntado para ese lado. Si tuvo que ver con lo que rompí los huevos yo, no lo sé. Por otro lado, yo hago mi tarea, hago mis talleres de dramaturgia, es donde más puesto tengo el deseo en este momento, además del estreno de Octaedro, por supuesto. Tengo la fortuna de tener alumnos muy copados, que proponen cosas muy interesantes, me gustaría que esas obras lleguen a estrenarse. Por mi manera de laburar me cuesta mucho, en los talleres, pensar que la gente viene a formarse, a hacer un par de escenas y ya está. No, yo creo que el actor debe formarse, debe hacer un obra. Me pasa lo mismo con los talleres de escritura, no es una instancia donde simplemente se llegue para aprender a escribir un diálogo y listo, no, se tiene que ir más allá. ¿Por qué el material que surja ahí no puede terminar siendo parte de una obra definitiva en algún momento? Este año estoy enfocada en esas cosas, un ejercicio para que Rosario escriba más teatro. Vamos a ver qué pasa. Ojalá dé resultado y haya más producción de dramaturgia. El teatro sin historia pierde una parte muy importante. No me gusta cuando el teatro es pura gimnasia o pura imagen. No lo critico, lo respeto, lo valoro, no me seduce. Me gusta que las cosas que vea en la ciudad me enganchen, me den ganas de superarme.

– Más allá de haber adaptado El Malentendido de Camus, el existencialismo está presente en toda tu obra.  Simone de Beauvoir, Sartre y Camus se metieron mucho en la calle, en la familia, en las mesas de esas familias. Tomaron los prejuicios de clase para darles una vuelta, sabiendo exponerlos desde una perspectiva accesible y amigable. Supieron atacar los lugares comunes que también son parte de nosotros hoy en día. Con tus obras vos fuiste indagando también en ese circuito de prejuicios de clases y lugares comunes que nos hacen.

A Camus me lo choqué en la escuela de teatro. Fue encontrarme una palabra muy propia. Me pasa con ellos tres, sobre todo con Sartre, de leerlos y no estar en desacuerdo con nada. Vos bien apuntaste que los tres cuestionan lo familiar, tomaron los prejuicios, se ríe de la idea familia, eso me encanta, pero, a la vez, la suya es una palabra familiar. Para mi hay algo de lo familiar ahí, de mi forma de hablar, de mi forma de pensar. Vamos a pensarlo desde desde la actuación: Viene un actor o una actriz con una forma de actuar muy definida, entonces, a veces, los profesores o directores tratamos de llevarlo para otro lado, que rompa con esa habilidad fácil y vaya para otro lado. A veces, ese llevar a los actores hacia otro lado, pareciera que es lo que hay que hacer, que nunca hay que dejarlo ser al tipo en su eficiencia, pero a veces, te das cuenta que al revés, si lo dejás ir por donde dispara termina siendo muy efectivo con el espectador, ¿por qué cambiar eso? ¿Por qué estar siempre tratando de modificar y hacerlo más difícil? Me pasa que hay autores que pertenecen a otros movimientos literarios que a mi me desafían hacia lugares que no conozco. En cambio, los existencialistas hablan en mi misma frecuencia, me ayudan a potenciar lo que tengo, no a encontrar cosas nuevas. El existencialismo me lleva a potenciar lo que sé hacer, sabe potenciar mi comunicación con los demás, tanto mi escribir como mi pensar. También esa cosa de la patria, en relación al lugar propio de la escritura, la relación entre el peronismo y el existencialismo, y ahora también con el feminismo. Poder encontrar tantas conexiones entre una cosa y la otra, también entre el psicoanálisis y el peronismo, me hace que sea mi lugar dentro del pensamiento. Igual hay obras como Crítica a la razón dialéctica de Sartre que me resultan muy difíciles, no tengo una formación universitaria en filosofía, si bien es casi de lo que más leo últimamente. El existencialismo y la sabiduría de los pueblos de Simone de Beauvoir fue una biblia por mucho tiempo para mi, incluso antes que El Segundo sexo. Ahí se mete de lleno sobre los lugares comunes, es algo brutal porque son los lugares comunes de la gente, de los dichos, es ahí donde hay que meter el dedo para despabilar a todo el mundo. Es por ahí el camino.

– Sos una representante del peronismo en las tablas de nuestra ciudad, siendo que Rosario ha mantenido una distancia considerable con el peronismo.

Muy distante, sí. Aparte por la función que cumple el socialismo. Pareciera que no se da cuenta de lo que hace o que no fuera intencional, pero tiene una bajada de línea fuertísima en todo lo que produce. La manera de hacer teatro de los rosarinos, esa que antes que te decía, la del teatro físico, es la traducción en el teatro independiente de una bajada de línea más institucional. ¿Qué quiero decir? No habría esa preponderancia, nunca se hubiera generado en Rosario una persistencia tan grande del teatro físico y, sobre todo, del teatro de la imagen, si no hubiera estado Chiqui González, si no hubiera habido una alineación de los artistas en ese sentido. Por un lado se contrata a actores y directores, muchas veces para hacer estos eventos de mucha potencia de la imagen y de alguna manera, eso después se traduce a lo que se produce en el teatro independiente. No está separado. Tampoco se puede decir que en realidad lo que hace Chiqui González es tomar lo que es originario del teatro independiente de Rosario, es medio complejo pensarlo así. Esta cosa del cruce de lenguajes….-se detiene- Comparándolas con las políticas culturales del Kirchnerismo, a nivel nacional, uno le ve los matices, sino, estaría bárbaro. Pero está bastante vaciado de sentido. Es ahistórico y asocial frente a los otros que te venían con la Fiesta del Bicentenario. Ahí tenés toda la pura imagen, si querés, pero cargada de historia, con un lineamiento político claro.

– Hace un tiempo echaste luz sobre una problemática que constantemente está en la boca de los gestores culturales independientes de nuestra ciudad: la falta de interés de los medios grandes en la producción local. Elevaste un interrogante siempre interesante: ¿qué pasaría si lo local tuviera el mismo aire y promoción que lo que llega de afuera? Todo pareció puntalizarse en una discusión con Juan Junco, pero creo que excede a un profesional en particular, es una política editorial que viene de mucho tiempo atrás.

Lo que pasaba con Junco lo puntualizo porque es muy ejemplificador. Mientras él estaba en Cablehogar, siempre nos invitaba. Capaz que nos podría haber hecho la misma pregunta que me acabas de hacer vos. Se quejaba que los canales no le daban lugar a la cultura local. De hecho, cuando estábamos haciendo La Fraternidad, la primera obra que dirigí, se apareció en el teatro La Manzana con una cámara para hacer una cobertura. Muy en ese palo. Siempre nos entrevistaba, tanto a mi como al resto de los teatreros. Era uno de los nuestros. Era muy consciente de la misma problemática que apuntas vos. Parecía que estaba jugando para este lado. Luego llega a De 12 a 14 y todo eso cambia. En una época yo nadaba en el Club Echesortu y en buffet tenían puesto De 12 a 14 y estuvieron cuarenta minutos con Claudio Maria Dominguez. ¿Qué es esto? ¿Cómo se puede desperdiciar tanto tiempo en eso y no darle nada de difusión a lo que se hace en Rosario? En el fondo, muchos se justifican argumentando que lo que hacemos los rosarinos es malo. En definitiva, te quieren decir eso. A veces te dice que al público no le interesa, que hacemos las cosas para nosotros mismos porque no somos profesionales. Algo de todo eso es real. Algo de resistencia del teatro local a los grandes medios, hay, existió eso. Pero es algo muy muy ínfimo en relación, si uno lo compara, con la línea terrible que hay en La Capital como en Canal 3 y Canal 5 a no darle bola a nada que les pague. En canal 5 están diez minutos hablando de un estreno yanqui y capaz que eso está pagado para que sea así. Lo llamativo es que ni lo caretean al apoyo local, porque podría ser muy sencillo eso. Hacé todo eso, pero llevá algún artista de la ciudad. Tampoco hacen ningún tipo de curaduría. No los tenés a los tipos viendo los espectáculos locales. Ponele que no les gusta nada, bueno, pero no saben, no vienen a ver. Antes charlábamos sobre qué cambió o qué novedades hay ahora y me parece que se profesionalizó una barbaridad, todos lo hicieron. Nadie estrena una obra sin diseño gráfico, sin fotografías profesionales, la perspectiva es otra. El paso nuestro de apertura ya está dado, me parece que el interés de los medios locales grandes sobre el teatro y el arte local no está puesto. Sí, mucha relación los medios independientes. Con ellos hay algo todo el tiempo, una relación que se va retroalimentando.  La Capital, Canal 5 y Canal 3, son como los Senadores contra el aborto, se van quedando atrás, la cosa va para otro lado y ellos se van quedando muy arcaicos. ¿No les conviene apostar por lo local? ¿Quién marca esa agenda? Algo que nos pasa en el arte, hay que decirlo, es la contradicción patria-colonia, está a nivel nacional, pero también está a nivel local, entre el interior y capital, claramente es así. En los espectáculos se ve de manera terrible. Nosotros mandamos materia prima, buenos actores sin laburo acá, y después desde allá nos traen los espectáculos y nos sacan la plata, por supuesto, nos quitan el público. ¿Cómo es? Ahí habría que hacer, a lo Moreno, mirá lo que te digo, sustitución de importaciones. Para mi, en su momento, había que ponerle límites a la venida indiscriminada de espectáculos de afuera en desmedro de espectáculos locales. Pasa con el teatro, pero también con las bandas de rock, de cumbia, teatro ni hablar, en la literatura, sin palabras, porque es tremendo. Uno siempre compara con Córdoba, que tal vez sea idealizado, pero al menos en los circuitos en los que tengo acceso, hay un interés mayor por la producción propia. Entonces, ¿qué pasa? Así como el Kirchnerismo se perdió la oportunidad del debate del aborto, también se perdió la chance de desarrollar una política específica para los centros urbanos que no fuesen Buenos Aires. Había una forma de organización del MICA (Mercado de Industrias Culturales Argentinas) que estaba relacionada con el Conectar Igualdad, con la Televisión Abierta, todas iniciativas que hemos perdido, era una organización en polos. Todo eso estaba muy bien, pero estaba pensado para la super metrópolis porteña  o el pueblito perdido de Jujuy. Parecía que la lectura que se hacía del país era esa, un interior completamente desculturalizado adonde tenemos que llevar todo o una metrópolis que tiene todo para dar. Si se pensaba en Rosario como un pueblito de Jujuy era para formarnos, todas opciones de formación. Pará un poco, acá no sé si necesitamos tanta formación. ¿Nos va a venir a enseñar a hacer teatro a nosotros? ¿A escribir teatro nos van a enseñar? ¿A hacer cine? En ese momento necesitábamos estímulo a la producción, al desarrollo, a la visibilización de lo que hacemos, a la circulación, distribución, políticas de gira, transformar los subsidios en salarios. ¿Talleres? No, dejá que los damos nosotros.

 

Texto – Lucas Canalda
Fotografías – Renzo Leonard

comentarios

2 Comments

  1. 20 octubre, 2018
    Reply

    Buen sitio, buenas notas, excelentes fotos. Felicitaciones a ambos.
    Y permítanme una digresión, si se quiere humorística: eso de “Carla Saccani es una mujer comprometida con su tiempo” me hizo acordar a un chiste de Fontanarrosa en el que un periodista le pregunta a un autor si es un escritor “comprometido con su tiempo’ y él responde “Sí, a las ocho tengo que irme porque tengo una cena”.

    • Lucas Canalda
      7 noviembre, 2018
      Reply

      Gracias Fernando! Nos alegra que te guste nuestro laburo.
      Impecable tu observación ^^

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