¿CUÁNTO TIEMPO CREÍSTE SER NORMAL?

La Metamorfosis del Vampiro, el dúo electronoise integrado por Maria Pinipona y Jota Kan, es la bomba musical que detona fuerte en las noches rosarinas.
A fuerza de frescura y ética DIY se convirtieron en representantes de una movida que gana espacio con sus nuevos códigos y el despojamiento de paradigmas rancios.

Mientras el primer sábado de junio agota su extensión, la temperatura en la calle apenas alcanza los 8°. Algo del invierno se adelanta en uno de esos fin de semanas en que la música en vivo compite con los servicios de streaming que ofrecen series en boga, comodidad hogareña y casi cero gasto.
En la esquina de Rioja y Laprida, donde comienza el área de protección histórica, las señales de vida son casi nulas, salvo por alguien que espera el colectivo en la parada junto a una tradicional panadería 24hs, esas que en la madrugada quedan en stand-by hasta que el amanecer y su lija atraen a la primerísima clientela.
Mirando hacia Córdoba, a mitad de cuadra, los patovicas de El Refugio lucen aburridos, todavía falta mucho para que la noche cobre intensidad.
El frío impregna su mutismo a la noche, quitándole bocinas, frenadas y los ruidosos caños de escape de las motos. No hay nada de eso. Tampoco suenan los chirridos de veleta balanceados por el viento nocturno de invierno que imaginó y eternizó Baudelaire. No se escuchan voces, ni siquiera desde los edificios. Por lo que aparentan las calles, Netflix ganó la contienda, al menos hoy.
Llegando a calle San Luis, el silencio imperante contrasta con el aturdimiento cotidiano que es propio de la arteria comercial más ecléctica de la ciudad. Doblando en la esquina, a unos veinte metros, algunas siluetas de cuero opaco desafían al frío callejero y charlan en la puerta de Puerto de Ideas, centro cultural autogestivo y epicentro de una movida subterránea que, lentamente, se extiende.
Atravesando el pasillo, un muchacho cobra entrada para el reci que arranca en un rato. La Metamorfosis del Vampiro: $70 o $100 con stickers del grupo. Además, hay remeras a la venta.
Una chica de pelo violenta y campera gigante paga cien pe, guardando las calcos en su mochila verde oliva en la que luce un prendedor enorme de Patricio Rey.
Adentro, en el patio a cielo abierto, se fuma sin importar el frío. Más adelante, la barra luce muy ocupada, despachando vasos de cerveza a precios amables. Desperdigadas entre barra, patio, pasillo y sala, son unas cuarenta personas las que dicen presente. Contando el grupito que espera en la calle, unas cincuenta. Son muy pocos los rostros que lucen familiares de otros recitales, algo llamativo en la cartografía de micro escenas de Rosario.
El de esta noche es un compendio de seres que parecen tener entre veinte y algo más de cuarenta años, siendo, a priori, de treinta el promedio. La onda de plena diversidad estética complica una descripción de fácil etiquetado. Son seres de la nocturnidad que se interesan por el Punk Rock, el Glitch, el Wich, el J-Pop, y entendimientos varios de lo Industrial. Los chalecos de Evangelion se mezclan con remeras gastadas de Ministry y alguna mochila motivo manga sub 21. Fullmetal Alchemist aparece en varios prendedores enormes tendiendo un timeline de animación japonesa al combinarse con una remera de Mazinger Z que se asoma entre capas de abrigo.
Alrededor de la 1AM, ubicándose tras sus instrumentos, Jota Kan y Maria Pinipona ocultan sus rostros con sendos barbijos Kpop y algo de maquillaje glitter. Cuando La Metamorfosis del Vampiro deja caer el primer beat, algo se activa en cada cuerpo presente, soltándose y dándose al baile.
Con los bafles escupiendo su volumen, la totalidad de la sala parece compartir el mismo (im)pulso y sin un determinado protocolo de baile hay quienes se mueven en un frenesí sincopado amistoso o saltan en su espacio; casi encima de los sintes del grupo, un flaco que lleva tatuada la palabra SLAM en su cuello, tira personalísimos pasos de baile mientras arenga al grupo; cada cual está en su trance y mientras más están en la suya, más compenetración tienen con el resto de la sala.
Entre tanto agite de su público, Kan luce concentrado, semidoblado sobre sus máquinas, mientras Pinipona canta y parece flotar sobre sus zapatillas luminosas. La dupla, casi no se comunica entre canciones, pero las palabras huelgan cuando el movimiento nunca cesa, entre éxtasis e hipnosis.
Suenan canciones de velocidad frenética como “Duro duro”, “Terror kawaii”, “Lxs viejxs también se suicidan”, y “Cuidado con lxs lobxs”. Entre el acelere, algunas líneas impactan como declaraciones de principios, se cantan bien fuerte y con brazos arriba: “Todo está al revés de lo que habías planeado”, “Qué bueno que sos gris”, “Mis amigos raros son la bomba”.
Son descargas que difícilmente alcancen los tres minutos de duración, por eso en poco menos de media hora se entrega todo; entre diversión y catarsis se celebra el sábado por la noche y se purgan los bajones de la semana.
“Gracias a todes por venir. Nos vemos pronto”, comenta Pinipona desde su mic y un aplauso pacta un hasta luego que, seguramente, será en algunas semanas más, porque esta ola no para de crecer.

Desde su aparición casi tres años atrás, el dúo vampírico logró afirmarse a base de lanzamientos regulares entre sencillos, EPs y LPs y una constancia de recitales que visibilizan una micro escena en pleno estadio de formación y crecimiento.
Entre Veneno para sapos (mayo 2016) y Terror Kawaii (enero 2018) La Metamorfosis giró por un circuito de espacios autogestivos (Bon Scott, PDI, La casa grande), asomando en escenarios populares como D7 y también integrando festivales como Otro Río (bajos sus máscaras, bien cuidados del sol primaveral) y Días Dorados, en la ciudad de San Lorenzo.
Impulsados por una dinámica de crossover permanente la dupla fue creciendo al compartir su música con audiencias variopintas mientras que, con ahínco dentro del estudio y en las fechas, obtuvieron una base propia que supo conectarse filosófica y espiritualmente con las movidas de DJ Tau Ceti, de pura cepa electroindustrial y darkwave.
La Metamorfosis es gritos, spleen, ruido digital amigable, beats irresistibles y diversión catártica. Pero en la misma frecuencia el grupo late un pulso de tiempos vertiginosos donde el cambio (el saludable, no el otro) arrecia y altera todo: lenguaje, cuerpxs, sexualidad e identidad.
Yendo a fondo con los BPM, buscando destruir para reconstruir María y Jota, hacen su aporte al soundtrack de un tiempo en que los paradigmas tambalean y se reescriben los papeles generacionales e individuales. “¿Qué te hace sentir especial? / ¿Creés que alguien te dice la verdad? / ¿Cuánto tiempo creíste ser normal? / ¿Cuánto hace que no lo disfrutás?” cantan en el pegadizo “Expezial” (Criaturas Violentas, 2016) levantando interrogantes sobre quiénes construyeron/construyen identidades y trazan los parámetros de nuestras aparentes subjetividades.
En “Lo que me sobra”(Terror Kawaii), Pinipona dispara “Ahora que lo que me sobra me lo saque de mí / me voy a buscar a otros que se saquen de todo” incitando a ir por más, mucho más, dejando en claro que todo esto recién está comenzando.
Quizás en ese reseteo de normas varias se refleje la heterogénea convocatoria que cada recital de La Metamorfosis recibe. Como Los Daylight hace más de una década, Mi Nave y Alto Guiso en tiempos más cercanos, La Metamorfosis parece haber logrado -a su modo y en su escala- un desvío en el circuito de música independiente rosarina, haciendo de sus recitales un hábitat donde confluye un público variopinto difícil de etiquetar.
Es una audiencia que llega desde otras corrientes como el darkwave y la masiva corriente Otaku; público de feeling punk con la mirada puesta en factores y circunstancias de actualidad.
Al igual que las bandas mencionadas, LMDV es consciente que a sus recis se acerca gente diferente pero no saben bien la razón. Lo que sí tienen bien en claro es que hay una respuesta ante la propuesta. A veces el acompañamiento puede ser más contundente o más intimista, pero el camino de La Metamorfosis ya cuenta con creyentes que esparcen su música por redes y por el imperecedero boca en boca.
En una coyuntura dinámica que se evidencia cotidianamente en las calles, La Metamorfosis, Matilda, Alto Guiso, Bubis Vayins, Queridas, Daddy Rocks y Mi Nave, son fuerzas que pujan por la construcción de un eco renovador dentro del circuito independiente. Son propuestas que reflejan narrativas, estéticas y compromisos impostergables que brotan por doquier dando lugar a corrientes que tejen sus propios códigos y buscan nuevas identificaciones.

Un mes más tarde, a mediados de julio, el grupo está otra vez en actividad luego de algunas semanas de calma. Entre fechas locales (junto a Bestia Bebé) y excursiones a Paraná, Santa Fe y Capital Federal, la dupla responde, en unidad, las preguntas de Rapto desde su guarida secreta.
El refugio del grupo funciona tanto como sala de ensayo -La Duendiada- como de tesorería de varias docenas de juguetes de todos los tamaños. Además de los irresistibles juguetes, se encuentran cartuchos de Family Game como Battletoads y otras joyas de entretenimiento vintage: cassettes de Dos Minutos, VHS de La Historia sin fin y de Fiebre de Amor, protagonizada por un Luismi púber y más, mucho más. Para custodiar la invaluable colección están Rei y Diosito, perro y gato, respectivamente, que saludan y se quedan para olfatear.
Más allá de la guarida y las simpáticas mascotas, La Metamorfosis del Vampiro nos deja saber algo más acerca de la humanidades que habitan bajo las máscaras y echan luz sobre un proyecto que sigue creciendo fecha a fecha.

– ¿Cómo surgió La Metamorfosis ?

La banda surge a mediados del 2016 en la sala de ensayo La Duendiada que es nuestro hogar. Improvisando y jugando apareció la idea de destruir la música, no como un proyecto musical en sí, sino un entretenimiento para nosotres. Intentamos despojarnos de todos los conocimientos estructurados que teníamos sobre la música convencional que tenían que ver con notas, melodías o estructuras para transformarlas en algo más caótico con gritos y ruidos. Hicimos dos temas “Transformaxion” y “Veneno” para sapos y a partir de ahí seguimos con esto.

– Desde el vamos decidieron tener una estética muy propia. Además del animé, pop noventoso y el kawaii, poco a poco fueron jugando con elementos darks, industriales y recientemente algo de black metal. ¿Son estéticas que van tomando por temporadas para mutar?

Nos parece que está bueno no meternos de lleno en ningún género ni estético ni musical. Si bien les dos tenemos gustos estéticos y musicales, la banda nos permite generar un espacio en donde podemos poner en juego eso y transmutarlo en algo artístico y político. Creemos que la música es un espacio de libertad y no tiene que estar limitado por un género. Muches olvidan eso y se dedican a copiar las tendencias musicales de moda o que son populares en ese momento. Creemos que cuando pasa eso la música se torna aburrida, predecible, prefabricada y suenan todes iguales.

– Dentro del circuito musical rosarino, La Metamorfosis pudo haber tomado un camino ya transitado por Daddy Rocks y Hombre De Color, sin embargo, se corrieron a otra pequeña movida con música, onda y gente diferente. ¿Por qué esa decisión de abrirse a otro círculo?

Porque es otra banda. No tendría sentido pensar una banda nueva en términos de bandas que ya existen y tienen su camino recorrido con sus propios espacios y público.

– Tocan seguido, casi siempre en lugares del under rosarino y de Buenos Aires. ¿Cómo ven la situación actual de los lugares para tocar y generar una movida regular?

Por lo general las fechas en Rosario las armamos nosotres y es difícil encontrar con quien tocar porque no hay muchas bandas con las que compartamos ideología y artística, tampoco nos invitan mucho a tocar en Rosario por eso generamos nuestros propios espacios. Los lugares donde armamos las fechas mayormente son autogestionados aunque técnicamente no siempre son los más aptos, son los lugares donde aceptan nuestros ruidos y no se quejan de nuestro público, (esto sí nos ha pasado en algunos lugares). Desde que empezó la banda tocamos más veces en otras ciudades que en Rosario y eso está bueno porque vamos sembrando el Terror Kawaii en otros lugares y siempre aparecen personas increíbles. Por ejemplo ahora en Julio tocamos en Rosario el 13 y después tenemos fechas en Paraná el 14, Santa Fe el 20 y Buenos Aires el 26.

– Cada reci suyo siempre depara un ambiente festivo, algo que en el under no se da tanto. ¿Ustedes sienten que están transmitiendo una sensación de diversión que se aleja de la solemnidad?

En los recis nuestros siempre encontramos gente de todas las edades que no vemos en otras movidas o en otros recitales y se genera un encuentro de soledades o de personas que no encuentran en Rosario un lugar o una movida en donde salir y pasa eso, está buenísimo y nos emociona verles gritar las canciones y bailar. Sentimos que es un público genuino, tienen mucha onda y se re lookean, responden con una estética y nos transmiten cosas re reales.

– Las grabaciones y producción de su música está a cargo de ustedes, todo bien autogestivo y autosuficientes. ¿Esa decisión viene de querer manejar todo ustedes por obses o es por un presupuesto limitado?

Todo lo que es LMDV desde la parte de grabación y composición musical, nuestra estética cuando tocamos, la puesta en escena, está todo a cargo nuestro porque es lo que nos permite ser más nosotres, más genuines. Si fuese de otra forma quizás perdería la esencia de lo que queremos generar.

– Van presentando música de manera regular desde el primer minuto. ¿Eso lo manejan de acuerdo a la espontaneidad con que salgan las canciones o se van poniendo plazos para tener algo fresco con que salir a tocar?

Tenemos tres discos y varios simples desde que arrancamos y nos gusta ir haciendo cosas nuevas, usamos a la música como un medio de expresión, no nos atamos a un plazo de sacar tantos discos por año o algo así. Nos gusta ir probando cosas nuevas y cuando nos copamos con una idea la explotamos hasta que sale algo o a veces no sale nada, es mucho más espontáneo que algo planeado. Para los recitales si nos gusta tener algo nuevo para que no sean siempre iguales, desde un ruido, una máscara nueva o alguna canción modificada.

– Desde un lugar divertido y desacartonado sus letras apuntan contra la “normalidad”, la heterónorma, la comodidad de los prejuiciosos y de quienes no se animan a probar experiencias nuevas. ¿Desde dónde nacen esas historias?

Las letras o las historias de los temas nacen desde nuestra cotidianeidad o nuestra imaginación. Lo hacemos de manera fantasiosa, preferimos incluir en nuestras letras cosas que nos molestan y que nos pasan todos los días o por las cuales renegamos de manera metafórica pero lo queremos mostrar desde ese lugar.

– Hoy se discute el lenguaje inclusivo y ustedes lo incorporaron hace rato en sus canciones, pero también en la comunicación del grupo por las redes. ¿Empezaron a usarlo como algo natural o también hubo algún tipo de reflexión desde su lado?

Desde lo académico, aquí Pinipona, lo vengo trabajando e implementando hace algunos años, incluirlo en los temas o en los comunicados de la banda tiene que ver con una postura y una decisión política, ideológica. Hablar desde la inclusión y la no universalidad en masculino lo cual es terrible machista y excluyente, nos parece que es algo que todes necesitamos abrazar para interpelarnos constantemente. Son gracioses les que critican o se resisten a hablar de manera inclusiva, es una revolución muy hermosa de la cual queremos ser parte.

– ¿Cómo viven estos tiempos de cambios de paradigmas y discusiones postergadas se reflejan en las calles? ¿Buscan la forma de ser parte del cambio desde su música?

Si, obvio. Va con lo que decíamos antes. Se está cayendo el patriarcado y es muy poderoso todo lo que se está generando y moviendo. Nosotres lo trabajamos desde hace mucho de manera personal y todos los días nos equivocamos y aprendemos cosas nuevas. En las fechas que organizamos siempre pensamos en que las bandas que invitamos sean de personas con ideales similares, sin varones machos cis y gente que agite cosas de mierda que no nos gustan o que no compartimos.

– Compartieron fechas con Nihilisa Simpson, Dirty Caka, Güd Boi, entre otras tantas bandas y DJs locales y de afuera, ¿cómo van haciendo esos contactos, son acercamientos mutuos?

Si, invitamos y nos invitan y se generan círculos re hermosos. Cuando nos invitan a tocar siempre conocemos personas y se van armando vínculos. Con les Nihilisa compartimos una fecha increíble en Morón y son lo más nos encanta lo que hacen, con los chiques de Dirty Caka nos hicimos muy amigues compartiendo fechas e invitándoles a tocar y a Güd Böi le conocemos hace bastante tiempo y siempre coincidimos con gustos musicales, es DJ casi siempre en las fiestas SADBIEN que hacemos en Rosario.

– Antes mencionaba que en sus recis se ve mucha diversidad de ondas. ¿Cómo se llega a alcanzar un público variopinto que no está en otros recis?

No sabemos, eso se fue dando re espontáneo. De repente los recis se habitaron de personas con mucha onda y looks re flasheros, son darkis de barrio, así se va a llamar nuestro nuevo simple. Nos encanta que así sea, es una movida nueva de personas que no vemos en otros espacios.

– ¿Qué falta en Rosario para que la gente se acerque a las propuestas locales?

Creemos que la gente se acerca bastante, si bien Rosario es medio sectario y casi todes van a los recis de sus amigues o de personas medianamente dentro de su círculo, nosotres siempre tuvimos buena respuesta por parte del público y siempre es bastante variado. La diferencia entre bandas de mucha convocatoria de Capital y el resto de las bandas es la venta de humo y la alta difusión que tienen en las redes y en los medios, les hacen creer a las personas que son re mejores que los demás y en realidad es bastante más publicidad que otra cosa.

Texto – Lucas Canalda
Fotografías – Renzo Leonard

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