LA LETRA CHICA DE LA VIDA

El humorista y conductor Martín Garabal llegó a Rosario para presentar “La vida real”, un libro de historietas e ilustraciones que agregan una nueva dimensión catártica a su multifacético universo. 

 

En una tarde de sábado post eliminación mundialista, el comediante, guionista, conductor y productor Martín Garabal llegó a Rosario para presentar La vidal real, libro recopilatorio de las ilustraciones realizadas por algo más de una década.
La vida real, editado por Wai Comics, es una bitácora de catarsis y delirio de Garabal para Garabal. Horas planchadas en la intimidad del hogar o líneas catárticas que pueden haber sido trazadas en cualquier lado ante un súbito empujón emocional, algo que sale desde adentro, tan poderoso e irrefrenable como un Alien Fantino o El impulso idiota.
En la virtud meta del autor aflora el Garabal más conocido, tendiendo intertextualidad hacia la cultura pop, hábitos como la vagancia televisiva de un domingo por la tarde (cuando sólo era hacer huevo y no maratonear) y el grotesco sociopolítico de una clase media argentinísima.
Asimismo La vida real desarrolla la sintomatología de una generación que supo crecer entre vaivenes extremos y acusa graves problemas de apatía, precarización laboral, (justificada) aversión al monotributo; la incertidumbre vocacional de saberse atado a una pasión que no siempre se corresponde con una formalidad laboral posible.
Entre laburos, amores, ocio y monstruos internos, el libro encuentra su camino como diario íntimo que evidencia pulsiones, angustias y catarsis varias pero que astutamente pega el volantazo burlándose de lecturas demasiado literales y serias. Escapando de lo predecible, el autor no teme mostrar su vulnerabilidad, ni tampoco pretende un viaje introspectivo, es la letra  chica de doce años de vida llenos de vaivenes y ocurrencias pulsionales que salvan cuando se nubla y afirman cuando las oportunidades marean.

Caminando por las calles del centro rosarino en una tarde ya oscurecida, Garabal cuenta que el fútbol le resulta indiferente pero prefiere que la gente esté contenta. Ahora, seis horas después del partido, confía que el mood por la eliminación no afecté la convocatoria al Gran Reactor, espacio de encuentro para presentar La vida real ante el público rosarino. En la ocasión estará acompañado por el actor Tomás Palma, talento rosarino emigrado a los cien barrios porteños.
Desde la altura de sus casi dos metros, el comediante y guionista conversa con mirada neurótica y una picazón de garganta que parece agravada por la combinación de humedad y frío que Rosario supo patentar como propia.
Entre el ir y venir de las preguntas, entre ocurrencias y espontaneidad, se reconoce en Garabal a un tipo versátil y carismático, poseedor de un timing que sabe leer su contexto y potencia lo que su interlocutor le facilite.
Ante todo Garabal parece ser un tipo consciente de su lugar; aprecia el crecimiento de los últimos años disfrutando el feedback cotidiano y procurando no enroscarse en la intranquilidad que por estos días habita en los medios. Trata de disfrutar el presente, tomando distancia de esa melancolía que siempre lo hace enfocar en los finales o en lo que habrá de venir. En ese sentido, La vida real, dispuso la chance de tomar perspectiva sobre pasado y presente.

– Todo el libro está atravesado por un sentimiento que es muy propio de nuestra generación: precarización laboral, incertidumbre vocacional; una sensación que por ahí mi perfil da para hacer tal cosa pero no existe una industria para dedicarme a full.

Nunca tuve mucho miedo de mostrarme desde el costado vulnerable. En el libro hay un recorte de la vulnerabilidad que elijo mostrar. La vida real recorre doce años aproximadamente, los doce años que pasaron 2018 y  Grandes Éxitos, un primer libro que hice a dúo con quien fue mi socio durante mucho tiempo y ahora es un gran amigo, Ariel Martinez Herrera. Cuando empecé a seleccionar material encontré que las etapas más prósperas, eran las de bajón; cuánto más triste estaba, más dibujaba. Naturalmente el material que se compaginó era demasiado melancólico. En determinado momento, hubo cierto temor, sentí que estaba exponiendo demasiado, era una mirada muy depre o excesivamente tristona, o bajonera y un poco cruel para conmigo mismo, digamos. Por eso fue que pasamos por un filtro de edición de preguntarnos varios interrogantes: ¿Cómo puede ser recibido un libro si yo muestro todo esto esto? ¿Por qué creo que el lector o el seguidor va a aceptar que lo lleve a este nivel de mostrarle mis miserias? ¿Cómo va a ser tomado todo esto si yo hace cinco años laburo de lo que me gusta, soy un flaco de clase media, que tiene una vida agradable? Soy uno de los pocos afortunados que labura de lo que le gusta. ¿Por qué estos white people problems? ¿Cómo van a ser tomados? Por otro lado, al ser dibujante, o al tener una mirada desde el desarrollo artístico, también estaba la cuestión de que algunas cosas eran demasiado literales, descriptivas, como todo diario íntimo. Fui limpiando las cosas obvias y las sobre explicaciones, empecé a sacarle texto a algunos dibujos que quedaron como ilustraciones completas, otras cosas fueron eliminadas por completo. La sensibilidad que vos apuntás, en algunos casos la veo como generacional, en otros, como un recurso humorístico, el antihéroe, el perdedor, el loser, una herramienta para construir humor. En mi caso, es una especie de pátina que recubre todo. Tengo una naturaleza melancólica, no melancólico de escuchar tango, no nostálgico de una época, sino de ver cuando las cosas se van a derrumbar, cuando se van a derretir, siempre estoy en contacto con eso. También tengo muy presente que en los últimos cinco años trabajo de lo que me gusta pero para llegar a algunos proyectos tardé dos años y esos dos años fueron una mierda. Ese promedio lo hago. Sé que vivimos en un país con una industria muy chica y muy inexistente que vira según el tipo de gobierno y economía que tengamos. Todo eso lo tengo muy presente.

– El libro tiene mucha catarsis, mucho Garabal para Garabal. ¿Cómo es el ejercicio de dejarse leer así?

Parte de todos los que laburamos en algo artístico, hay una carencia que nos hace depender de la mirada del otro. Nuestro laburo se completa con la mirada del otro. Hay que aprender a convivir con esa mirada del otro. Ahora no sólo existe para quienes se dedican a la obra artística sino que existe para todos porque todos usamos redes sociales y el otro opina, todos mostramos y todos opinamos. La diferencia entre un libro y las redes es que la gente elige y confirma su elección de comprar un libro, de acercarse a un libro. Habla de una especie de amor o de vínculo establecido que no es tan unilateral y que implica una mirada más piadosa o más amorosa o empática. Los temores previos se van esfumando cuando el libro es editado. Cuando sale a la calle ya no le pertenece a uno, vienen las intervenciones de los demás, se empieza a completar eso que uno no tenía en claro qué era; todo lo que viene ahora no es sobre mí, esa opinión que tengan es sobre la obra. Me relajo en ese sentido. Después, con la mirada en general, esta cuestión epocal, también hay que hacer el ejercicio de tener en claro quién es uno y no esperar que el otro te lo diga.

– Creciendo en los 80 y 90, pasamos de historietas y dibujos animados con protagonistas musculosos a historias muy neuróticas. ¿Cuáles te encaminaron hacia el dibujo?

Desde El Mundo de Bobby, por el tema de la imaginación y la mirada, pasando por Rugrats, hasta, por supuesto, Los Simpsons, por más que ya no sean representativos de esa vanguardia que ellos crearon, de hecho, traicionaron su propia impronta hace ya muchos años. Lo lisérgico y perturbador de Ren & Stimpy. Hay un gran manantial de dibujos con un sentido del grotesco que armaron toda una movida. Después, me marcó bastante esa generación del Cartoon Network con Johnny Bravo, Dexter, Chicas Superpoderosas. Sigo siendo consumidor de todo, estoy muy conectado. Creo que ahora hay un buen revival de esas épocas, una buena cantidad de dibujos para adultos que exploran ciertos contenidos. Está bueno saber que al ser para adultos no significa que sean ni violentos ni sexuales, sino que cuenten una historia.

– Tu relación con las redes es un amor-odio consciente y declarado. En La vida real algo de eso se manifiesta. Nosotros crecimos y experimentamos ambos paradigmas, conociendo un tiempo de ocio radicalmente distinto al actual. ¿Te parece que ese factor de ocio creativo se diluye entre tanto scrolling y boludeo en la nada nisman?

Creo que el ocio creativo es necesario al igual que el ocio improductivo. Todo el tiempo hay un montón de tentaciones para evadir la angustia y la angustia es la gran materia prima para la creación. Yo soy muy activo en las redes, soy más activo haciendo que mirando. Trato de pensar las redes como una plataforma más. Lo que pasa es que hay una doble…son medio tramposas, en el sentido que a veces lo que hacés no tiene ningún valor y es bastante efímero; por ahí una buena idea podría haber sido una buena historia o un buen cuento y ahora se reduce a tuit. Pienso que son semillas, vas tirando a medida que se ocurre algo, de repente ves que hay rebote y le ves una potencialidad y lo podés desarrollar distinto. El tema para mí, no es tanto en cuanto a artista, sino en tanto a persona. La cantidad de tiempo que uno pierde cuando podría estar pensando en cosas de la vida. De repente estás scrolleando las vacaciones de alguien que no te importa y te cargás de información inútil. Eso me preocupa, pero como análisis social más que sobre mi laburo en particular.

– La multiplicación de likes y la suma de seguidores no siempre se termina de traducir en algo que pueda pagar las expensas o la lista del supermercado. ¿Cómo se capitaliza la viralización?

¡Con manipulación! Publicando selfies con cara muy triste. Mendigando o rompiendo las bolas. Ponele que me siguen unas 90.000 personas y llevamos vendidos, en dos meses, 1000 libros. Me parece más que razonable. Nunca pensé que iba a vender 8000 libros. No pienso que este libro sea para 8000 seguidores en este mercado. El libro es un fenómeno a largo plazo. Hay cosas que hago que están disponibles de forma gratuita, las series web, también está la radio; el libro es un bien de consumo más elitista, por más que sea de precio barato en su costo, sale lo mismo que una cerveza y una pizza o dos fainá, no sé, depende del barrio. Le llega a quien le tiene que llegar. Uno anuncia y de repente alguien del otro lado, se tienta. Hay que me dice que le encantaría comprarlo pero está sin un mango o sin laburo. Hay gente que no me sigue por los dibujitos, me sigue porque se ríe en la radio, o porque vio un video en Instagram y se olvidó de dejar de seguirme. Hay que saber entender que es un compromiso más liviano el del seguidor, por más que haya gente que me siga desde el primer libro que saqué.  Por más apoyo que recibas, por más que te digan buenísimo lo que hacés, no se puede esperar transformar eso en un bien. La subsistencia económica en este país es super heavy, con picos y ondas.

– Ricky Gervais es uno de tus humoristas favoritos y a veces surge como referencia cuando se habla de Garabal. Yo trazo otra relación entre los dos: creo que ambos tienen una consciencia muy fuerte de las formas de comunicación contemporáneas y también de su responsabilidad en ellas, sin embargo es una responsabilidad que pueden poner en pausa. No son Spiderman que carga con el “Gran poder conlleva una gran responsabilidad”. No te pesa la responsabilidad, podés pausarla sin que te corra la corrección política, podés desligarte de las lecturas fuera contexto, algo muy de Internet.

Sí, yo creo que es una época jodida. El otro día leí un texto muy interesante de Diego Grinbaum, un guionista de historietas, sobre el humor en tiempos de Internet donde no hay línea editorial. Un chiste en una revista o en un medio que la gente elige, tiene un código, el lector sabe quién es el autor, el autor, de alguna manera, sabe quién es el lector, hay una línea editorial y hay un contexto. En ese contexto uno sabe con qué intención lo dijo, porqué lo dijo, desde qué lugar lo dijo. O al menos, se supone que sabe eso. Hoy por hoy, con la herramienta de compartir de Facebook y de retuitear en Twitter, la gente no entiende y no quiere tomarse el tiempo de entender ese contexto. Hay una inmediatez que implica que yo vea un chiste y lo pueda tomar literal porque no me tomo el trabajo de buscar o tratar de entender el contexto. Te lo ejemplifico: recién perdió la Selección y yo puse en Quizás no ganamos pero por suerte el país va bien y eso es lo importante“. Un tipo me comentó “Para vos irá bien, hijo de puta”. Si lee todos tuits, el que está abajo y el que está arriba, se da cuenta que es irónico. Eso le puede llevar un segundo, diez o veinte como mucho. Muchas personas eligen indignarse antes de preguntarse si uno está hablando en serio. Nada me avergüenza más que tomar literal una ironía. No me puedo dar ese lujo, me parecería un papelón que me pase. Algunas personas no hacen esa consideración, les chupa un huevo, no les preocupa. Yo he publicado fotos en Instagram donde usé el cuerpo de un obeso y de un fisicoculturista con mi cara montada en ambos cuerpos y puse “Gracias al ejercicio y a la vida sana”. Escribí vida con be larga, el chiste más pelotudo del mundo. Recibí respuestas del tipo “Eso es Photoshop”. Hay un punto donde te enoja, es una locura que no se entienda eso pero tampoco tiene porqué entender, no me conoce, no tiene porqué conocerme ni tampoco hacerse cargo de esa inmediatez.

– Un libro exige una contemplación propia de cada lector, necesita su propio tiempo, eso lo diferencia de tus otros proyectos. Son tiempos que contrastan con la ficción que hiciste o a la espontaneidad de la radio o del Instagram. ¿Te gustaría ser más dueño de tiempos así, extenderte para narrar de otra manera?

Sí, totalmente. Yo hice Famoso en 2010, pre redes sociales, solamente existía Facebook y estaba un poco ahí el Twitter, no estaba YouTube y no se consumían contenidos en celulares. Ese momento fue una de las pocas veces que llegué justo con algo; tuve una idea, una visión de un tipo de humor que tenía ganas de hacer. Después de eso hice nueve series más de pequeño formato. Por la situación de la industria nacional o la misma falta de industria nacional se me complica mucho pensar proyectos más grandes. Ahora que todo es un formato de corta duración, con lo efímero y el gag, el año pasado caí en cuenta que tenía ganas de contar historias un poco más largas. Tengo ganas de irme al polo opuesto, de meterme en historias de larga duración. Siéndote sincero, a mi no me gusta pensar videos para Instagram, videos de un minuto, no me gusta generar contenidos especialmente para eso, lo hago pero no estoy orgulloso de ese contenido. Cuando alguien me dice que le encantan mis videos de Instagram yo por ahí, la verdad, no…me chupa un huevo. Están ahí, no los comparto en otro lado, ni los subo a YouTube. Me gusta filmar cosas lindas, planificar un poco más. Me gustaría hacer contenidos más extensos sí, pero todavía no sé cómo, no lo tengo claro. Por ahí tengo muchos amigos que sueñan con los late night o me dicen “vos deberías conducir uno”. Yo nunca tuve esa aspiración en términos que no creo que sea un formato que funcione en nuestro país; en caso de existir tampoco veo la razón por la cual me lo darían a mí, ni tampoco me veo. En un sentido, puede sonar un poco mediocre, pero soy realista de las oportunidades que hay, por más que sea un poco doloroso. A veces me digo quiero filmar un serie así, con esto y aquello, pero no veo que sea posible ahora. Falta.

– Varias veces mencionaste a la industria. Hoy la industria se está quedando muy pero muy vieja y para una camada que imagina otra televisión esa industria escasea porque no hay presupuesto, no hay recursos y tampoco se logra una estabilidad.

Es complicado. Ahora que las telefónicas van a tener que productor contenidos, por el triple play y demás, siempre están ahí coqueteando con la idea de producir contenidos. Pero cuando la guita escasea la apuesta es menos riesgosa y se empieza a hacer cosas con la marca presente y nunca hace cosas de larga duración, se producen contenidos muy cortos. En ese sentido creo que todavía no se ve la dimensión de lo importante que fue y es UN3, el canal de la Universidad Nacional de Tres de Febrero. En UN3 se produjeron cien series de todos nuevos realizadores. Como todo emprendimiento tiene mil puntos a mejorar y podría sumar más variedad y diversidad de los realizadores, pero salimos de un esquema que si no es Pol-Ka, Ideas del Sur o Underground, no había nada de producción, no podías ver otro tipo de producciones. Las series de INCAA más UN3 generaron un empujón y un caudal de material que hoy por hoy están en plataformas como Flow, Cablevisión, CINEAR, Turner. Todos esos canales que nunca produjeron necesitan mostrar cosas de producción nacional. Ojalá sea política de Estado, aunque lo veo medio inviable, ya que estamos en la era del recorte. Ojalá que las marcas entiendan cómo es la cosa. Sé que lo ven como un fenómeno y quieren participar pero a último minuto siempre hay alguien que baja un pulgar y no se terminan de concretar todo lo que se podría concretar.

– Volviendo a La vida real, quiero destacar que te animaste a dibujar a tu angustia y a tu ansiedad. Es un ejercicio y hasta un desafío darle forma a nuestros propios monstruos. ¿Le mostraste a tu analista esas ilustraciones?

No tan patente como decirle “Mirá, dibujo ésto” pero sí le regalé el libro hace dos semanas para ver si eso nos hacía acortar algunos tiempos de la terapia. Todavía no hablamos sobre lo que ella vio en el libro. Sí hizo una intervención sobre mi apellido. Yo terminé usando Martín Garabal cuando en realidad soy Martín García Garabal. El otro día me hizo una intervención sobre eso y sobre algún detalle más, no todavía sobre el libro.

– Que no sea como el episodio de Seinfeld en que George le acerca el piloto a su analista y después va todo cuesta abajo.

Es muy difícil cuando te bajan el pulgar así. Padres, parejas y psicólogos te pueden hundir en ese sentido, si no te festejan. La psicóloga fue una fuente de consulta cuando estaba terminando de editar el material. Hablé con ella sobre el temor a la exposición de determinadas cosas, ella me hizo una intervención que me vino muy bien. Me dijo “Cuando vos creas que te pasaste un poco con algunas cosas, ya te pasaste un montón”. Me vino bien como ejercicio.

Texto – Lucas Canalda
Fotografías – Renzo Leonard

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