EL HOMBRE Y LA LUNA

Ver a Diego Casanova impresiona un poco por lo grande que es. Quizás sucio y desprolijo. Verlo en su casa de la isla, incluso invita a pensar que por las noches se transforma en lobo. Pero solamente es un lobo solitario, reflexivo y carismático que le gusta escribir canciones. Es un laburante más. Encontrarlo no es tan difícil como parece. Con un mensaje de texto (SMS) se coordina en cuestión de minutos. No es por creérsela ni nada sino porque vive en la isla, o al menos allí pasa gran parte de su vida donde no existe Wifi ni señal segura. Para él es muy fácil  perder su celular ya que puede quedar tirado en un rincón de ese pedazo gigante de isla y encontrarlo al otro día. Pero si lo tiene a mano, no tiene problemas en responderte e indicarte cómo llegar a su encuentro: el lugar de partida, bajo el puente Rosario-Victoria, el chofer del taxilancha, Tino, las conveniencias climáticas y el tiempo que dispone para estar en la isla. Partimos en el bote y en su arribo a la tranquera nos recibe con la calma que caracterizará el relato de esta nota. “Acá todo cuesta el doble de tiempo. Hay que tener mucha paciencia y es la enseñanza más grande que me dio el rio”, sentenció apenas nos bajamos del bote que nos llevó sus buenos minutos. Acá no hay ansiedades ni relojes que correr. Tampoco están las luces desorbitantes que conducen a los vicios de la noche. Solo una radio de fondo al que el propio Casanova admite que cuando tiene visitas la apaga porque “me da vergüenza que sepan que escucho programas de fútbol, por más que no me interese”. Es ruido de fondo cuando se encierra a descansar en su casita. El resto del día lo usa para cortar el pasto, acomodar algunas plantas, cuidar a los perros, limpiar y que todo funcione para estar a gusto.  Es su casa. No sabemos si es la primera o segunda (tiene una en la zona norte de Rosario). Pero sin dudas, La Casita d´Enfrente, es la que más disfruta. “Acá los tiempos son otros, se nota mucho. Todo cuesta el doble hasta que estas solo con vos mismo”.
Diego Casanova es la cara visible de Rosario Smowing hace dieciocho años. Minutos antes de que todo vuele por los aires en el 2001, en el año 2000 le surgió la idea de hacer canciones de las “cosas que le pasaban”. Atento a los vericuetos políticos, sociales y económicos supo mover las piezas necesarias para que la banda perdure y sea lo que es hoy. Nunca es fácil concretar un anhelo personal pero él sabía que requería de mucha lucha, como en cualquier ámbito de la vida. Sobre todo cuando en la banda desfilaron tantos integrantes (más de veinte, sin contar reemplazos). Él es el único miembro original.  Sin paciencia y perseverancia, sería imposible hablar de Rosario Smowing. Eso se lo enseñó la música: “El rock cuando nace, como toda pequeña revolución de cualquier rubro de la vida, siempre da pelea”.  Su objetivo general era estar sobre un escenario y para ello se sirvió del rock como vehículo que lo llevaría a cumplir su meta: “Por eso me considero un trepador, porque lo use como un escalón más para acceder a un escenario”. No hay músico que no diga que ese sea su lugar en el mundo. Hacer lo que aman, al menos por unas horas. El que dice lo contrario, seguramente nos engaña o está por otros asuntos (negocios, quizás).
La Smowing recorrió todos los rincones de Rosario y el mundo. Tiene en su Curriculum Vitae ese plus que es viajar por el globo representando una movida y a la ciudad. Son muchos los factores que lo permitieron. Mencionemos algunos: los músicos apasionadamente profesionales que lo hicieron posible, discos muy bien grabados, tocar hasta quemarse la cabeza, la perseverancia con que lo llevaron adelante y la energía irrepetible de un Casanova a pleno con la voz, las letras, la trompeta y el baile. Quienes hayan visto la banda vivo saben de lo que hablamos.  ¿Diego Casanova es la RS o, a la inversa, RS es Diego Casanova? El lector/a descubrirá este interrogante al final de la nota.

ESCENARIOS, POEMAS Y PUNK ROCK

Su historia comienza en Buenos Aires, en la localidad que lo vio nacer: San Martín. Luego se mudó a San Nicolás, donde encontró la música y más tarde el rock. “Me crucé con un profe que estaba bastante chiflado, imagínate que en el 77 alguien que se haga llamar Palomo es porque estaba chiflado. Me enseñó a tocar canciones y un par de cosas. Era un avanzado este muchacho. Me tiraba mucha onda, me sirvió mucho. Ese fue mi primer contacto con la música, creo que esa vez que subí a un escenario y toqué una canción, con la cabeza metida adentro de la guitarra, sin ser consciente aún, pero creo que ahí se me prendió el chip”. Mencionó a Nicola Di Bari y su tema “Agnese”, la primer canción que se aprendió para tocar ante el público. Ahí se encendió la chispa: “No me pasó cuando empecé a tocar la guitarra, sino cuando me subí a un escenario. Me parece que lo que me atrae es el escenario. Y la música es el medio más cercano que tengo para subir porque me permite decir, y a mí me gusta mucho la palabra. Entonces es como la unión de mis dos pasiones: poder decir sobre un tablado y la música que me permite que mis poemas sean horribles, pero les pongo melodías y quedan bárbaras”.

– ¿Y el rock cuándo llega?

Desde siempre. Creo que lo que me atrae es la pelea que planteaba en su momento. El rock cuando nace, como toda pequeña revolución de cualquier rubro de la vida, da pelea, siempre la da, plantea una queja: esto era desde un lado estético, con una cuestión que evidentemente armónicamente me agradaba, que incluso podía discernir cuál de ellos me agradabas más. Me parece que ahí es donde llega el rock puntualmente a mi vida.

– Como una especie de movimiento contestatario si se quiere. ¿Eso despertó tu anarco-rebeldía?

Claro, incluso me puedo considerar como un pequeño trepador, considero al rock como un escalón más para poder acceder a un escenario. Porque el rock te permitía algunas cosas. Incluso, lo que me hizo muy fácil la introducción a un escenario fue el punk rock. El punk te permite hacer lo que no sabés porque está permitido, porque de eso se trata. O sea, vos estudiaste para tocar la guitarra, yo no estudie un carajo y voy a tocar igual. Eso es el punk rock, o lo fue en su momento. Fue como una pequeña veta que encontré y me mandé por ahí porque no tenía que estudiar. Estuvo bueno pero si hoy en día me preguntás, digo bueno, podría haber estudiado un poco también (risas). Me hubiera facilitado muchísimo más el camino.

Su actitud autodidacta lo llevó a escuchar bandas sin saber quiénes eran: Sex Pistols, Richard Hell, Television, La Polla Records. Hasta que un día se cruzó con un libro de Juan Carlos Kreimer que le brindó información y surgió el pedido a su madre para que le traiga discos desde Europa de esos grupos que, en aquel entonces joven escritor, recomendaba en sus textos. Ellos eran los Dead Boys, Ramones, Dead Kennedys, entre tantos. Agrupaciones de las que hoy solo puede escuchar un tema y aburrirse enseguida. Un agotamiento por el cual todos y todas solemos transitar (músicxs o escuchas). En Diego es excepcional porque se cansa inmediatamente y sale a explorar otros caminos. “Solo me faltó indagar el heavy metal. De hippie me gustaba mucho el blues, escuchaba Allman Brothers, Robert Fripp, pero siempre me gustó más lo clásico como los Who, Deep Purple hasta que me aburrí. Me fui a Clash que primero no me gustó y después sí. Empecé a aprender a que me gustara Spinetta y García para después quemar sus discos y luego arrepentirme. De grande uno se da cuenta que abre la cabeza y te puede gustar toda la música. Hoy en día creo que podría hacer y disfrutar cualquier tipo de música. Es muy raro que no. Antes de hacer la Smowing pase por diez mil lugares. Fui haciendo lo que se me cantaba las pelotas”, dijo con el corazón anarquista que aún late en sus palabras.
Una vez un amigo, Julio Teo, me presentó a Orlando de la Mata, un presentador que un día me anunció como “Diego Casanova, mi amigo personal, el hombre que fue todas las ondas”. Y nadie me describió tan bien en la vida. Porque yo hice lo que se me cantaba: fui hippie pacifista, después me puse crestas, mandé todo a la concha de su hermana, me pelee con todo el mundo, después baje diez mil cambios, me pinté los ojos, tome pastillitas de colores, hicimos un quilombo bárbaro. Por eso digo que nunca tuve un proyecto de decir voy “hacer esta canción”,  sino que bailé arriba de las canciones que me iban saliendo o me iban pasando. Le dí mucha bola a eso, a lo que me iba pasando”, explicó desde el recuerdo.
Su primera experiencia con banda algunxs ya la conocen. El joven cantante-guitarrista con su actitud sexo, drogas y punk rock, formó He Man y la Máquina de hacer Fly, la banda que nunca tocó en vivo pero que mucha gente asegura haber visto. Un mito imposible de chequear.

ROSARIO SMOWING: LA CIUDAD Y EL MUNDO

Los músicxs saben lo difícil que es armar una banda. No importa el género. Convivir, coincidir, gustar y tocar. Tarea nada fácil para un universo donde los egos y las personalidades están destinadas a chocar en algún momento. Sino fuera por la actitud y la cosmovisión de Casanova, un proyecto de ocho músicos, giras y grabaciones la historia sería otra. La vida en la música no es fácil. Otra vez: quien diga lo contrario, está en otro asunto.
Somos ocho tipos, con diferentes edades, sensaciones, tiempos y personalidades. Por suerte siempre fueron todos buena gente. Eso lo hace mucho más fácil. Vos podés o no ponerte de acuerdo nunca con alguien, y hasta le decís “che, no quiero tocar más con vos”, pero no estás lidiando con un enemigo. Simplemente le estás diciendo a un amigo o compañero que no podés tener más un proyecto en conjunto porque las dos vidas tienen diferentes necesidades. Cuando no tenés enemigos es más fácil decir y seguir adelante, o no seguir. Las dos cosas son más fáciles cuando el otro no es tu enemigo. Una psicóloga me lo dijo una vez: “Si vos te levantas queriendo que todos te quieran, tu vida está perdida”.

– No deja de asombrar que pasaron muchos músicos por la banda y el estilo y esencia siguió siendo el mismo. ¿Eso se buscó o se dio  espontáneamente?

Se da y de diferentes maneras, permanentemente. Eso es lo bueno, al ser tantos, me permitió desbarrancarme a mí. Yo, generalmente soy la cabeza porque soy el que levantó el primer teléfono para armar la mayoría de las canciones. Tengo la posibilidad de desbarrancarme de vez en cuando porque hay mucha gente laburando. No solo yo llevo adelante el proyecto. Por ahí a veces se hace más fácil, así como también a veces se hace más difícil, porque la democracia es insoportablemente difícil, sobre todo para ocho bolsas de egos. Todos los que nos dedicamos a estas cosas, por más que lo neguemos o batallemos contra eso, tenemos unos egos tremendos.

– ¿Y en las giras?

Las giras son una prueba fundamental. Porque vos vivís con el tipo con que tocás, que te podés llevar bien un par de horas arriba del escenario pero cuando te la pasas viviendo dos meses no es fácil. Siempre hay un momento que querés matar a uno (risas). Cuando se graba un disco quizás también pero hemos trabajado de diferentes maneras. Hasta para la composición fuimos mutando el método de trabajo.  Laburar en equipo es bastante caótico. Estamos queriendo no hacerlo más (risas). Si bien hacemos laburo en equipo todavía, lo que pasa es que, por ejemplo, lo último que estamos laburando, lo estamos cocinando entre todos y no lo terminamos más. Entonces mejor resumamos.

– ¿Y vos qué es lo que estás haciendo, letras y música o solo letras?

Yo básicamente hago las letras porque me cuesta mucho decir cosas que no dije. Y porque soy el que más practica el hecho de escribir. Quizás, incluso, me gusta más escribir que cantar. Hubo épocas que yo llevaba las canciones hechas, con la música y arreglos; también hubo momentos en que propuse canciones y la banda después la despedazó y terminó siendo algo totalmente distinto. Últimamente está componiendo mucho Diego (Picech), nuestro baterista, tanto armonías como melodías. A todos nos agrada mucho lo que hace, entonces laburo mucho sobre lo que hace. Tiene la costumbre de presentarlas crudas, abierta para todos. Yo soy un poco más egoísta y las presento un poco más cerradas. No me gusta mucho que metan mano en lo mío. Así y todo, me las hacen mierda (risas). Pero está bueno eso porque es lo uno debe aceptar de movida cuando toca con tanta gente, trabajar con otros artistas. Seguramente habrá pinceladas que no van a ser tuyas, eso seguro. Y lo bueno es lograr que ese combo funcione con ocho personas.
En ningún momento se planteó, dentro de la Smowing, hacer canciones que tenían en el tintero. “Hagamos música desde el ahora, nada de andar buscando cosas viejas”, tiró Diego al momento de juntar la primer formación. Se alejó del esquema de “juntarse a tocar covers”. En su primera presentación ya tenían siete composiciones propias. La comodidad de generar química no pasó por hacer canciones de las bandas que se gustaban, sino en crear. No es menor el dato. “Nunca me plantee hacer un género.  Por ahí soy un tipo muy influenciable y me influencia cualquier cosa que me llegue y me guste, pero nunca me plantee hacer un género específico.  Empezaron a salir cosas y a buscarlas. Incluso con la Smowing cuando nos juntamos, la idea fue no hacer nada que yo hubiera compuesto antes de ese día que nos juntamos. Empecemos a tocar hoy, a ver qué sale a partir de hoy. Ahí nace  Rosario Smowing, de ese modo. Yo tenía ganas de bailar mi propia música, eso sí lo tenía en claro. Tenía ganas de divertirme yo mismo”.
Y terminaron bailando por todo el mundo, entre los festivales más prestigiosos como el Festival internacional de Jazz de Montreux.

– ¿Fuiste buscando músicos acordes al proyecto?

Todo se fue dando. No, nunca buscamos nada en especial. Fue llamar a amigos, intentarlo. Fue salir y que a uno le pase algo y tenga que dejar la banda. Fue que otro se muera y tener que conseguir un reemplazo porque nos gustaba el proyecto y así. Y empezar a moverse y pasar gente. Fue a muy poca gente a la que después de tocar, tuvimos que decirle “che, busque otro camino, porque no nos llevamos bien”.

-¿Fueron cosas que se dieron espontáneamente?

No alcanza con ser músico para juntarse a tocar. Vos podés solucionar un problema, cualquier jugador puede jugar a la pelota pero necesitas una química, una conexión con los otros que va más allá de la música. Sin eso, se torna todo muy Municipal.

– ¿Hay diferencias con las letras que escribiste hace 18 años atrás? Sin ánimos de ser nostálgicos sino porque sos un tipo atento a los contextos políticos, sociales y seguramente emocionales en lo personal.

Yo no soy un tipo al que se le ocurran muchas cosas. Se me ocurre cómo decirlas. Pero me tienen que pasar, que sean casos reales. Todas mis letras hablan de lo que me pasa. Si agarrás los discos, hasta el 2007, que es el segundo disco, yo estaba en Rosario con mucha noche, bares, whisky, y todo eso. Y los últimos dos discos son río y luna y más luna y río, insoportable (risas). Yo estoy sentado acá, no tengo mucho más de qué hablar, estoy rodeado de cielo y agua de río por todas partes. Ahí tenés el ejemplo de lo que digo, en los discos de Rosario Smowing. Entonces, eso es lo que me tira a componer. Me gusta mucho jugar con las fonéticas de las palabras, jugar con las historias, con los modos. Me gusta mucho disfrazar las historias. Me gusta tomarme ese trabajo. Ahora, por ejemplo, hace tiempo que estoy con una chaveta puesta y no puedo escribir ni una carta a la Municipalidad. Pero como nunca pude hacerlo por encargo, siempre fue una necesidad, lo hice para no morirme. O para no llorar tanto.

– Como el cuento de Fontanarrosa y la inspiración.

Claro, no me siento a esperarla porque sé que no viene. Me pongo a hacer otras cosas. Ya va a llegar. O no, y termino dedicándome a otra cosa.

– ¿Qué es lo que más te quedó de todas las giras que hicieron? Lejos de que parezca una pregunta colonizadora, pero ¿cuáles son las diferencias entre los países exteriores con la escena rosarina?

No te creas es gran cosa. Es todo lo mismo con más plata o con menos. Diferentes organizaciones, pero por una cuestión cultural de cada lugar. Por ejemplo, vas a un festival de 60 mil espectadores que venden alcohol libremente y no hay peleas ni necesidad de poner patovicas. Son otros hábitos, que no solo implica a la persona que se pelea, sino a una cuestión histórica y social. Pero después, viajar es ver el mundo un poco más de cerca. Me refiero a ver que se mueve de la misma manera. Rosario no es ni medio por ciento menos que Berlín, Praga o Hamburgo. Ni ahí. Rosario es Rosario, tiene un fuerte muy grande por las historias que hicieron pequeños seres, iguales a nosotros. Cuando vos conoces músicos en medio de las giras, sos parte de la misma picadora de carne porque es un pedazo donde te dejan entrar y a vos te cae mejor que a otro. Las giras son todo lo contrario a lo que se piensa. Estás laburando todo el tiempo. Hacés 30 shows en 60 días, recorres 13 mil kilómetros, es tremendo. Saliste a laburar pero volvés con un cansancio que da placer de saber que estás haciendo lo que te gusta.

– ¿Y los públicos que asisten a los conciertos?

Acá te piden más porque sos de acá. El público rosarino no se come ninguna galletita. Por momento, me parece que es más espontáneo. Es muy fácil que le gustes o no le gustes. Te siguen seis años y un día te dicen “me aburrieron” y no van nunca más. Pero nunca más. Fuiste. También acá hay muchas cosas, mucha oferta. Vos te enamorás de momentos. La banda genera momentos, los recitales tampoco representan los discos, ya que poca gente los escucha. Sino que son momentos únicos. Tenes que ver el combo entero.

SER MÚSICO

Apostar al deseo personal de aprender a  tocar un instrumento implica un aprendizaje que va más allá de la partitura o tablatura. Es tiempo de tu vida dedicado a un instrumento. Es aprovechar y elegir momentos para estar mano a mano con el objeto de deseo. Se puede hacer analogía con los tiempos académicos (secundario, terciario o universitario, no importa). Pero no es tan así. Acá no  hay profesores ni exámenes finales. Son pruebas que unx va superando en soledad, sin reconocimientos de terceros. También es saber reconocer el momento que llega para encarar un proyecto con otros músicxs. La vida del músico está lleno de frustraciones. Pero no es para tanto, dice Diego. Es como en cualquier ámbito de la vida. Al músico se le exige demasiado. Pero el músico es público también, y debe ser exigente. Vivimos en tiempos que, en buena hora, todo se deconstruye y van cayendo mitos que arrastramos desde años. La cultura de la queja poco a poca cae y se van generando ideas. Por eso la autogestión, el codearse con colegas para construir caminos alternativos y no morir de frustración.

– Vos venís de una generación que tenía otros hábitos con respecto a las bandas o al rock. ¿Qué pasó con esos cambios de hábitos? ¿Cómo repercute en la escena rockera?

Hay mucha oferta. Antes conocer a un músico era una rareza, era un bicho raro. Ahora en cualquier escuela secundaria hay, mínimo, tres bandas formadas. Eso no sucedía ni a palos. Yo era el rarito de la escuela, no del curso, de un colegio entero. Hoy hay una apertura gigante en eso. Son situaciones completamente distintas.

– Ni buena ni malas, distintas.

La situación es otra. No hay mucho para agregar.

– ¿Cómo es hacer una banda de rock en el año 2000, cuando todo estaba por explotar en mil pedazos como pasó en diciembre de 2001? ¿Surgen más bandas en tiempos de gobiernos hostiles a los intereses generales?

Yo recién aprendía a tocar la trompeta en esa época. Iba a las marchas con las trompetas. Hoy no la llevaría ni en pedo. Pero en ese momento me quejaba con la trompeta. Puede ser que en tiempos de crisis surjan más cosas, pero creo que las banda están destinadas a salir, sin importar los contextos. Y dentro de las bandas hay un montón de gente que no se va a dedicar a la música. Lo que pasa hoy con la escena, por ejemplo, son como los discos de Calamaro, que dijo que grabó 250 canciones en un año. No le creo nada, para mi que agarró los borradores (risas). A raíz de esto, me parece que dentro de esta super oferta que hay, en las cuales me incluyo, también es eso. Estamos tirando todo a la cancha. Vos te vas a encontrar con pibes que tocan un par de años, son buenísimos, pero después no son más músicos, porque no era por ahí.  Ahora sale todo más verde, y ojo que cuando digo verde no quiero decir que no sea menos válido, pero son mucho más jóvenes con las cuestiones artísticas, lo que se monta arriba de un escenario, tienen menos recorrido, entonces ese filtro va desapareciendo. Vos te encontrás, de repente con gente que se sube a un escenario, y después no los ves más, desaparecen.

– ¿No hay mucha frustración en la vida de un músicx? No es fácil, por ejemplo, afrontar una separación de banda, conseguir un lugar para tocar o es muy caro mantener una sala de ensayo y un largo etcétera que conoces muy bien.

Eso tremendo. Pero les pasa todos. ¿Vos te crees que el carpintero no se frustra cuando va a comprar repuestos y vale tres veces más del presupuesto que le pasó al cliente? Cuando vos te dedicas a hacer algo y viene un hijo de puta y es presidente, fuiste. Encima, la mayoría de las veces, pasa eso. Viene el hijo de puta. Todo es difícil, absolutamente todo. Uno la rema desde el lado que cree. La frustración está siempre pero me parece que no hay que ponernos en víctimas.  Es como la historia de Charlie Parker, que no sabemos si es verdad, pero cuando le dijo a su profesor que no quería tocar porque estaba triste el tipo le dice “ok, toque tristeza entonces”. Es eso. Suena feo que lo diga y quizás arrogante, pero nosotros los artistas tenemos la posibilidad de usar el mal momento y transformarlo en belleza.

– ¿Los artistas tienen responsabilidades a la hora de comunicar una idea, una cosmovisión del mundo?

Si, pero como cualquier otra persona, no por ser artista. Te podría decir que sí, que el artista debería ser honesto pero todos tenemos que serlo. Todos debemos hacer con pasión lo que hacemos. Todos debemos poner amor a lo que hacemos, todos tenemos que hacerlo en pos del bien y no del mal. Todas las acciones que hagamos de nuestra vida tienen que ser para tratar de estar mejor. No creo que al artista le quepa una responsabilidad aparte.  

– Te lo pregunto a raíz de la intensidad con que se vivió el 2015 en las presidenciales. Fue un año áspero, si se quiere.

Y sí. Áspero, cíclico, esperado. Vos sabes cuando tu novia te va a dejar. Te haces el boludo pero un día llegás y decís “ya está, me la puso”. Y si te hacés muy el boludo, te van a correr (risas). Pero ya se veía venir. A mis 52 años, ya las pase todas. El mundo es así, son ciclos. Nunca sé si vienen los buenos o los que parecen serlo. Pero vienen los que hacen sonreír a la gente y los que hacen llorar a la gente. Y estos vienen a hacernos llorar. Pero no es la Argentina, es Latinoamérica entera. Europa siempre empieza un par de años antes que nosotros. Ya estuvieron los gobiernos de izquierda y volvió la derecha, y no es tan así, es como para definir un poco, porque estos que están ahora no son ni de derecha. Anda a saber qué son pero son peor porque no batallamos contra una ideología (de derecha) sino contra un grupo armado, conservador.

AUTOGESTIÓN

Al conversar con Casanova es menester sumergirse en la autogestión. Al menos para este cronista, la opinión de los que están en la movida cultural se valora más. Sobre todo en tiempos en que existen cientos de bandas y proyectos musicales. La falsa esperanza de quienes esperan a un nuevo García o Spinetta es una utopía de quien reniega de un presente cargado de artistas que piden ser escuchados y reconocidos por el público, al menos a la hora de editar un disco o armar su propio concierto. Nadie quiere ocupar lugares en la historia musical, solo quieren que se los respeten. Diego, por su actitud ante la vida, lo supo desde un primer momento.

– ¿Es ecuación sine qua non ser autogestivo para los pibes y pibas que arrancan una banda?

Yo no sé si  es esencial que una banda sea autogestiva. Creo que hoy en día, el 90% de los que somos autogestivos es porque ninguna empresa nos dio bola (llámese las discográficas). Son muy pocos los que decidieron ser autogestivos porque sí. Generalmente, uno toma esa decisión después de un par de experiencias. Cuando firmamos el primer contrato con una productora independiente (UltraPop), yo tenía casi cuarenta años. Entonces, a esta altura del partido, puedo tomar una decisión y decirles que se las tomen.  Uno ya tiene un recorrido que incluye conocer y hablar con mucha gente, que sabe de las experiencias de los otros, y te das cuenta que todo está montado arriba de un carrito de fantasías y lucecitas. Ahora, cuando vos apagas esas luces, y ves cómo se mueve el carrito, ahí te das cuenta cómo es y decís “yo también puedo hacer esto”. Hay miles de caminos. Cuando se saca de la cabeza esa idea que heredamos de la familia que te dice “solo algunos la pegan con la música”, respondo: “Yo no quiero pegarle a nadie”. Cuando uno se da cuenta que esto es un oficio como cualquier otro, que es algo a lo que uno debe dedicarle pasión  y vida entera como cualquier otra cosa que uno vaya a hacer en la vida, entendés todo. Mi viejo me decía “de la música solo viven unos pocos”. Y para mí, de la música solo viven los que se dedican a vivir de la música. Quizás ganen muy poco, pero bueno, es el trabajo que vos elegiste y deberás encontrar el modo, sin que pierda la esencia de porqué vos lo elegiste, que supongo será por la parte artística, y tratar de que te dé comer, porque para ocuparte de algo todo el tiempo, necesitas que eso te cubra la cuestión económica también. Sacarle el foco a la cuestión artística y espiritual de la música es una pérdida de tiempo. No se le puede sacar eso. Uno no hace música para hacer plata. Hay muchas otras cosas que te dan más plata con menos esfuerzo. Uno hace música porque lo necesita, por una cuestión de alimento. Entonces, si uno logra encontrar la veta sin claudicar su cuestión, está bien.

– ¿Por eso abriste La Casita d´ Enfrente?

Yo tengo este boliche acá en la isla que desde hace seis años me solventa todos los veranos. Antes me cagaba de hambre todos los veranos. Porque solo quiero hacer canciones, porque me gusta trabajar de lo que me gusta. Me parece que es muy valioso hacer algo que a uno le agrade, estar en el lugar  correcto, porque de cualquier cosa que trabajes, estas ocho horas, o sea la mitad del día despierto. Si vos estás la mitad del día despierto haciendo algo que no te agrada el ciento por ciento, es una cagada. El mundo va andar mal, seguro. Entonces es como nuestra obligación encontrar que esas ocho horas sean, no solo productivas económicamente, eso no es lo importante, sino que sea productiva para uno. Eso, me parece, es fundamental.  Siempre batallé por ese intento y a los que me rodean, les exijo el mismo intento.

– Es algo colectivo desde los dos lados del mostrador: para el que se dedica al arte, en este caso a la música, pero también para quien no logró vivir de lo que le gusta pero al menos sabe que existe el arte que, al menos por un par de horas, le permitirá escapar de su realidad y ser un poco más feliz. Sino caemos en la lógica emprendedora y es peligroso.  

Vos estás obligado a hacer la canción, porque hay alguien que necesita esa canción. Como vos necesitás el tornillo que fabrica el tipo. Si vos vas a hacer la canción, hacela bien, bonita, a conciencia, con el alma. No te pido que toques lo que le gusta al tipo sino que sea de tu parte y lo más sincera posible.

EL MOMENTO DE LA CANCIÓN

La isla lo inspira, no hay dudas. Lo relaja. Se nota el cambio de actitud que tiene cuando estás mano a mano con él. Los que lo entrevistamos más de una vez en la ciudad, podemos dar fe de ello. Por eso decidimos ir a su encuentro. Estar en su mundo, su escape de la vorágine rosarina para que reflexione junto a nosotrxs. Sopla un aire distinto, ya lo sabemos, y nos amenizan el ruido del viento, los pájaros y algún perro que ladra. Intentamos tocar todos los temas posibles, lo que hizo que la charla se extendiera una hora. Dejamos para el final su relación con la banda y con la música en general. El trompetista, guitarrista, cantante y bailarín de una emblemática banda rosarina, nos recibió a corazón abierto y dijo lo que quiso, como siempre lo hizo.

– ¿Rosario Smowing es una banda de Diego Casanova o Diego Casanova es un integrante de la Rosario Smowing?

(Largo silencio) Creo que las dos cosas.. Yo te puedo decir “la Smowing es una banda de Diego Casanova” pero solo para Diego Casanova es una banda de Diego Casanova. Ese es el asunto. Porque yo hago lo que quiero, de lo contrario no lo hago. Creo que así somos cada uno de los que estamos ahí. Si se quiere, hoy la cara visible de la banda es Diego Casanova. Lo sé y lo tengo asumido. Al principio era mi banda pero porque soy el único que cumple 18 años ahí adentro. Pero después, hay gente con la que hace muchos años con la que comparto el proyecto y me parece que hoy en día Diego Casanova es un integrante muy importante de Rosario Smowing. Pero creo que tengo la posibilidad de cerrar la puerta si quiero, pero también sé que en la banda hay un punto donde depende más de mí porque soy el que maneja la cuestión artística. Hoy creo que si yo me voy, se estrella porque sería inesperado.

– ¿Cómo la definirías?

Es una banda insoportable. Yo pase por muchos momentos en la Smowing. Me costó mucho entender que no era una banda de Diego Casanova. Que había gente que laburaba muchísimo ahí adentro. Yo tengo que saber si acepto eso o no. Ahí pongo en juego todo lo que pongo, la energía que pongo. Es muy difícil la idea aprender a desaprender todo eso de ser “líder” de algo. Al mismo tiempo, es bastante aliviador porque la banda no es mi única expresión musical. Es un amor, un proyecto donde tengo puesto todo pero tengo muy en claro que no es mi único camino.

– ¿Escuchás música en la isla?

No, pongo la radio y escucho cuatro gordos hablando de futbol todo el tiempo. Pero cuando viene gente a la isla la apago porque me da vergüenza. No me gusta la música de fondo. Me gusta escucharla, sentarme a escuchar y disfrutar de algo. Hace mucho tiempo que no lo hago. Ahora me relaciono haciéndola, y no escuchando. Entonces, toda la música que me llega, que yo escucho, es lo que me trae la gente, jamás me vas a ver buscando en Internet algo nuevo, algo que pasó. Por suerte tengo un hijo que se dedica al arte y me arrima cosas. Por medio de ellos me voy arrimando a cosas. O escucho la música de ellos más allá de que no lo sepan. Pero no soy de escuchar música. En estos momentos, a la música le doy la misma importancia que a una copa de vino. Tengo que encontrar el momento indicado para sentarme a disfrutarlo. Ahí sí la disfruto a pleno. Y quizás ni la elijo. Porque creo que hay diez mil canciones perfectas para el momento indicado. Es el momento lo que hace a la canción perfecta.

 

TXT – JOSE LUIS MORELLI 
Ph -RENZO LEONARD 

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