NUEVAS FORMAS DE SOBORNAR AL AMANECER

En un martes atípico para el calendario local, Imaabs y Catnapp sacudieron la madrugada rosarina con sus eclécticos beats.

 

“Haciendo caso omiso al tiempo y el espacio, donde la rutina ya está desbordada por ser fin de año; coincide el punto interceptado: por primera vez en Rosario se presentarán el martes 19 de diciembre en formato LIVE – Imaabs de Chile y Catnapp desde Berlín” se lee en el evento de Facebook que convoca a una agradable sorpresa musical sobre el final de 2017.
En una semana signada por brutal represión en varios puntos del país, una alquimia reparadora en clave de beats llega al viejo Pichincha. Por un lado, Catnapp, argentina radicada en la capital tudesca, hechicera del bass music y creadora de canciones que se desligan de descripciones básicas. Imaabs, su compañero de ruta, un renegado de la comodidad de los estándares del house. La movida está organizada por un tridente logístico integrado por tres agitadoras culturales: Regina Cei, artista audiovisual; Susel Berardo, la enigmática frontwoman de Helena Nav; Tau Ceti, DJ y productora, responsable de las visitas de Mueran Humanos, Sean Nicholas Savage, Molly Nilsson, entre otras propuestas.
Anderson es un pub que se cuenta entre las pocas nuevas propuestas del alicaído circuito musical rosarino. El cálido bar está ubicado en el Pichincha algo derruido, allí donde Callao se termina, lejos de las luces cool del Pichincha en boga. Por estas esquinas oscuras, custodiadas por edificios carcomidos por el tiempo y obras abandonadas, son Anderson y Let´s Dance, sobre la esquina de Güemes, los espacios que brindan luces, movimiento y afecto humano en la noche, tanto durante la semana como en los findes. A unos pocos pasos, frente a la Estación Rosario Norte, funcionaba Stop in Brasil, espacio cultural independiente que recientemente bajó la persiana entre burocracia municipal y vecinos intolerantes que arrojaban objetos desde la altura de sus balcones. A unos ciento cincuenta metros, en la esquina de Güemes y Rodríguez, lo que supo ser Kasa Enkantada ya no existe más que en el recuerdo simbólico y nostálgico de algunas de las personas que se acercaron a disfrutar  del combo audiovisual y sensorial que hoy propone la noche.
Más allá de la cercanía, la mítica Kasa Enkantada viene a la memoria ya que parte del público que aguarda las presentaciones de Imaabs y Catnapp son sobrevivientes de esa época. El resto, decididamente más joven, parece haberse criado entre los algoritmos evolutivos de las redes sociales y siguiendo cada quiebre  que Catnapp haya presentado a través de los años. En definitiva, es una fauna heterogénea que se predispone a disfrutar de buena música y mañana pilotear la jornada laboral como sea, a sabiendas que los últimos días del año siempre son un borrón uniforme que no parecen concluir hasta que la ciudad se enmudece por el receso veraniego.
Un inconveniente técnico atrasa considerablemente los horarios estipulados originalmente y cuando Tau Ceti termina su repertorio para darle paso al live de Imaabs junto a Regina Cei, la medianoche ya quedó bien atrás. La propuesta del chileno promueve un bloque compacto de baile en el centro de Anderson. La instalación lumínica de Cei estimula las retinas y las señales eléctricas que llegan al cerebro no conocen sobre tiempo ni espacio, muchos menos de horarios y despertadores. La noche toma su curso definitivo y pocos son los que se amedrentan. La de hoy es una inercia sanadora, un bálsamo para un diciembre furioso.
En el preciso instante en Catnapp toma el escenario, casi rozando las 3 AM, la totalidad de los presentes luce en un estado de alerta, como preparados a la señal que autorice la largada. Con el micrófono en su mano derecha y el brazo izquierdo alzado al cielo, la rapera está al comando del local. Desde el fondo llegan un par de gritos de excitación mientras las luces rojas queman su figura. La víscera de su gorra teje una sombra sobre su mirada, la extensión de su brazo revela tres tatuajes de felinos y uno dedicado a su banda favorita, The Prodigy. Entre el rojo luminoso que inunda su pecho se lee la leyenda CURSED.
Desde el primer al último beat pasa una hora, sesenta minutos en que la mayoría de lxs presentes se sacude y salta con cada vibración que Catnapp dispara desde sus equipos. El micrófono que al inicio amplifica el desafiante “I hear you bitches want me back, Im back in a kitty cadillac” también recibe caricias de sutil R&B y hasta se zambulle entre el público cuando la blonda rapera salta a rimar en medio de la pista de baile.
Su estilo se desmarca de cualquier pretensión de taggeo: Catnapp rapea y popea, descarga treble y breakbeat; son dosis ideales que le permiten mover los elementos a su placer de la misma manera en que mueve su cuerpo entre pose hiphopera y sacudones tropicales. Grácil y veloz, salta, se arrodilla, contagia y clava sus ojos sobre el público para luego girar y disparar sus maquinas. Es una Crouching Tiger caucásica que se robó el secreto de la onda y ahora da cátedra sobre el asunto.
Mientras Catnapp hace de las suyas, hay un protagonismo secundario que todxs están sintiendo: las frecuencias subsónicas sumergen en adrenalina a todo el cuerpo. Bombeando vértigo por las piernas, costillas y el cerebro, el reflejo pilomotor se extiende en proporciones épicas. Con pelos de punta en máxima electricidad el sub bass logra plasmar en una sobredosis de energía rítmica al proceso de transformación del Dr. Manhattan.
Cuando finaliza la exposición de quiebres de Catnapp son las 4 AM. Si en algunas horas se trabaja, nadie quiere saberlo, todxs están pensando en formas de sobornar al amanecer y pedirle tregua al sol.

Gavras

Me fui a probar cómo era afuera. Puede ser en México o Europa, hay que experimentar nuevas sensaciones. Hay que salir al mundo, no quedarse cómodo” apunta Cristóbal Vargas también conocido como Imaabs o, a veces, presentado como Cristo Gavras, juego de anagrama de su nombre original. Sobre las nueve de la noche ya probó sonido y ahora espera paciente el comienzo de la fecha. Llegó desde Capital Federal hace menos de dos horas. Antes de eso, Santiago. En la última quincena de diciembre el DJ y productor chileno se reparte entre festivales y noches en Buenos Aires, Rosario y Montevideo. Además, su pasaporte deja entrever, con múltiples sellados, cuál fue su rastro en 2017: San Pablo, Lima, el Festival Sonar en Barcelona, París, Praga, Rotterdam, Seúl, Beijing, Shanghái y Tokio. Entre aviones, escalas, aprendizajes y miles de horas de música, es natural que el productor y DJ charle sobre su virtud de trotamundos.
Entre giras y una vida dividida entre Santiago y el D.F. mexicano, Imaabs viene lanzando una seguidilla de trabajos como Distancia (2015), Extravío (2016) y HYPE (2017) que lo ubican entre lo más singular de la electrónica joven latinoamericana. Su universo sonoro se inscribe en una electrónica que alberga elementos del house combinados con las inquietudes de un oído atento al pulso urbano de varias ciudades latinas. La producción de Imaabs es liberadora de etiquetas y encasillamientos estilísticos, ideal para las generaciones que crecieron con oídos desprejuiciados y despojados de dogmas. “En Chile siguen funcionando los dogmas o las categorías, re fuerte están” explica Vargas/Gavras. ”Tiene que ver con cuestiones sociales. La música electrónica entró fuerte después del 2003, no tuvo una generación dorada del techno, llegó todo junto. Minimal, tech house, drum & beat, todo llegó junto. El drum and bass, lo que terminó en el bass, se evaneció, no terminó en nada más allá de movidas re importantes que hubo. Sí se mantuvo lo del tech house. En Chile mucha gente atribuye la música electrónica a la gente con plata, a los chetos, entonces, esas categorías por ahí persisten. Cuando uno  era chico si eras rapero no podías escuchar rock y así. Las generaciones nuevas no conocen nada de eso, lo que resulta super interesante porque, la cuota revolucionaria que veo yo, es que rompen esos esquemas de clase. Es muy interesante esa apertura”.

– Hoy a través de Latinoamérica hay una opinión general de que Chile se está luciendo con su producción musical. Muchos artistas de pop y electrónica que, al igual que vos, plasmaron una producción que los catapultó al circuito de clubes europeos o a trabajar haciendo base en México. ¿Cómo la viven ustedes desde adentro?

O sea sí…-pensativo- es un tiempo positivo. Lo que pasa es que en Chile hay que darse tiempo. Hay mucho grupo, hay mucho colectivo, mucha fiesta. En términos rítmicos y políticos no comparto mucho porque ellos también me hicieron a un lado justamente por tocar otros ritmos más latinos o más del gueto, cosas que no entran en las concepciones de lo que es la electrónica. Es una escena un poquito hipster, la verdad. A nivel de pop, de otras cosas, en general, Chile hace mucha música. Hay un impulso creativo para querer salir de ahí con la música y eso es re interesante. Ahora está potente lo que está pasando.

– Esa mala vibra de los otros también puede llegar a ser algo liberadora. Pueden ser momentos de decir “al carajo con todos, voy a ir a fondo con lo mío”.

Me pasó puntualmente que todo eso me llevó a internacionalizar mi carrera. Justamente fue decir “OK, ya vi que aquí no puedo girar en ninguna otra parte más, ya no me van a invitar tanto o no me van a pagar lo que pido”, ese tipo de cosas fueron impulso. Se acabó, tuve que empezar a probar afuera y así. Llevo dos tours alrededor del mundo, todo Norteamérica, aquí también, no he ido a África nomás (risas).  Creo que eso ha sido super interesante, ver qué surge cuando uno sale. Pasa mucho que uno trata de acotarse a los códigos locales, trata de buscar la aprobación del otro, de tu otro cercano, y muchas veces eso te corta la creatividad. Buscar la aprobación no te permite desarrollarte completamente. Cuando yo corté con eso fue liberador. Siempre estuve pensando en afuera. No me quedé pensando solamente en que mis pares me vieran o me reconocieran.

– ¿Al salir de Chile hubo alguna inseguridad al mostrar tu producción con los colegas extranjeros o te hiciste fuerte en esa diferencia?

Creo que sí, esa diferencia pasa a ser fortaleza. Por ejemplo, me pasa mucho en Chile que hay gente que no me reconoce como productor de música electrónica puntualmente porque uso ritmos como reggaetón, pero son recursos rítmicos. Si me escucha un productor de reggaetón de Los Ángeles seguramente dirá “No, éste tipo no hace reggaetón, no hay por dónde”. En ciertos festivales como Mute o Sonar, el Warm Up que hace el MOMA PS1 de Nueva York, tienen interés por ese tipo de sonidos. Se fijan en cuáles son las visiones nuevas de la electrónica de latinoamérica. En estos tiempos hay como un mainstream del reggaetón y por ahí pueden pensar que por eso tengo tanta actividad pero nada que ver, no hay una directa relación. Mi carrera se empezó a internacionalizar por unos remixes que tuve en un EP y porque edité un EP en Inglaterra. Por lo general, la visión que tienen de mí, no es latina. De alguna manera la visión latina entra a complementar la visión que tenía el mundo de mi trabajo. Eso se volvió más consistente por el hecho que fue marcando una diferencia muy notoria en mi trabajo. Por eso se fue volviendo más potente creo yo.

 

Kiddo

Amparo Battaglia, alias Catnapp, luce un remerón Adidas que resalta la energía luminosa que desprende de manera natural. Es una Beatrix Kiddo diminuta que gira por el mundo blandiendo rimas y arrojando break beat pero ahora está relajada en la tarde rosarina. Faltan algunas horas para la presentación de esta noche y dos días para que tenga lugar la fiesta Catnapp & Friends, donde compartirá la velada junto a Bungalovv, Coral Casino y el mismo Imaabs que ahora descansa en un mullido sillón de Anderson.
La productora, DJ, rapera y flamante jefa de NAPP Records tiene treinta años de edad pero no aparenta más de veinticinco. Espontánea, fresca y verborrágica, prueba sonido, charla sobre el fin de semana, sobre la lluvia en el festival BUE, de un salto se sube al escenario a chequear sus pads, ordena sus equipos y vuelve rápidamente para saber qué hacer con su vestuario o curiosear, con ojos enormes, la instalación que prepara Regina Cei. Parece enamorada de cada instante de la vida, sin importar el lugar o el idioma, disfrutando cada concierto, cada viaje, cada nueva parada musical.
Al sentarse sobre el sillón toma posición de loto y mira con atención total, dispuesta a dialogar. Segundos después se desata con total flexibilidad y se saca las zapatillas, dejándolas caer. “Me las saco, no me hago cargo de lo que pueda pasar” y remata con risas cómplices. En medias y de vuelta con sus piernas cruzadas, conversa sobre su estadía en su país natal luego de un extenso periodo viviendo en Alemania sin poder escaparse para visitar a familia y amigxs.

 

Entre preguntas y respuestas, Battaglia cuenta que le gusta darse a las entrevistas, que le gusta cuando se propone desde el periodismo.  Está contenta con la recepción que tuvo su EP Back y del single “Flame bitch”, colgado hace pocos días atrás. En el ida y vuelta de palabras y risas, se evidencia un presente vibrante que vive en una oscilación ambigua entre las responsabilidades de gestión de un sello y el placer creativo que es el principal catalizador de los casi diez años de vida del proyecto Catnapp. Se la escucha contenta y entusiasmada por la temporada en Argentina, una oportunidad que aprovecha para empaparse del ecosistema sonoro actual, mientras reflexiona sobre cuestiones que engloban a una carrera propia a largo plazo, pensando más allá del impulso de lo inmediato. “Mi visita anterior fue de apenas un mes y no pude hacer nada. Como me fui tanto tiempo mis amigos me fueron contando sobre Perras on the Beach y muchas otras cosas que se me fueron acumulando para ver”, señala la oriunda de Buenos Aires. “Justo cuando vine tocaron todos. Fueron días y días de ir de corrido a Niceto. Era Niceto, Niceto, Niceto, festival, festival, festival, Niceto, Niceto, Niceto, festival, festival, Niceto (risas). Yo vivo en Olivos e ir todos los días a Niceto, ya está. Fue ir a ver bandas que no había visto en dos años o nunca, como Francisca & Los Exploradores, por ejemplo”.
Adrenalínica y de mirada cálida,  Battaglia sonríe mientras toma una vaso gigante de Coca – Cola para inmediatamente seguir describiendo lo que encontró en el país: “Estoy teniendo una sobredosis artística increíble, me encanta, estoy super feliz. Perras on the Beach estuvo increíble. Esos chicos no sé si se dan cuenta lo buenos que son. La prolijidad con la que sonaron en el BUE, las visuales, todo. Nunca los había visto y fue super lindo, me encantó. Espero seguir así, que la sobreinformación musical continúe en los días que me quedan todavía. Me encanta ver bandas argentinas”.

– ¿En Berlín sos de ir a ver bandas?

Acá estoy de vacaciones. Allá trato de no salir mucho porque no es solamente ir a ver una banda y volver, allá es ir a ver una banda y pasan tres días para volver a tu casa. De repente es una nube negra de algo que pasó pero no sabés bien qué fue y cuando te querés dar cuenta decís, ahhh, hoy es miércoles, mirá vos (risas).

– Muchas veces pienso que cuanto mayor es el grado de atención que despierta Catnapp más inquieta te ponés. Ante mayor recepción en la prensa, por editar nuevo material, salir de gira o destacarte en un festival, más intenso es tu movimiento, precisamente cambiando tu música o yéndote a tocar por ahí. ¿En algún momento te ponés a planear un esquema de trabajo teniendo una base asentada o preferís disfrutar de cierta espontaneidad, ver qué surge?

Soy una persona re ansiosa, para empezar. No puedo parar, tengo un torpedo en el cerebro. Soy de esas personas que cuando se levanta es café, hacer cosas, ya, ya, ya. Así todo el tiempo de mi vida. También soy ansiosa en cuestiones de sacar material nuevo. Hace un tiempo atrás, mi manager de por entonces, cuando saqué un EP me dijo “OK, ahora pará, no vas a sacar nada más, vas a tocar este disco, lo vas a tocar en todos lados. Ahí me pasó que, de repente, no sé qué fue, si me achanché o me acostumbré al ritmo que llevaba y pasaron tres años sin que sacara nada. Me cuesta mucho encontrar un balance. ¿Un punto intermedio? No, no existe, todo o nada. Ahora estoy tratando de balancearlo ya que finalmente empecé con mi sello. Teniendo eso en la balanza quiero hacerlo de una manera un poquito más profesional. Darle un ratito más a cada cosa. Igual me re cuesta. Me cuesta tanto porque yo hago esto porque me divierte, entonces es muy difícil hacer el balance entre empresa y diversión. Justo hoy leí una nota que escribió Princess Nokia en la que hablaba que todo es por divertirse y que no hay que olvidarse de eso. Estoy tratando de pilotearla entre esos dos lados.

– Estás en un punto donde tenés la certeza que deseas hacer esto toda tu vida pero llega el momento en que tenés que poner los pies sobre la tierra para ganar perspectiva y saber manejar una carrera, si es que en algún lo pensás bajo esa palabra.

Sí, tal cual. Lo que me pasa es que por ahí pongo los pies sobre y la tierra y me olvido demasiado de lo otro. Es raro hacer lo que te gusta y tener que hacerlo como negocio. Es extraño.

– ¿Cuánta responsabilidad tenés ahora que creaste tu propio sello? ¿Qué te ata a compromisos para con vos misma y a otros artistas?

Si estuviese yo sola en mi label haría lo que querría. Pero me pasó de estar sola en el sello me duró dos meses. De repente quise empezar a sumar. Otros artistas se me acercaron para hacer cosas y de repente tengo responsabilidades con otras personas. Rebobinando un poco: yo a NAPP lo armé a partir de malos tratos que tuve con otros sellos. Me estoy dando cuenta lo difícil que es satisfacer a todos los artistas. Cumplir con todas las promesas es un trabajo muy arduo porque, de repente, entran más cosas, entran otras propuestas, fechas de lanzamiento, trabajo conjunto, mucho más. Así que pasa que no puedo hacer mucho lo que yo quiero, trato de hacerlo bajo mis términos y sobre lo que a mí me parece bien. No me puedo hacer la loca tampoco, me hice una bajada de línea a mí misma, me auto bajé una bajada de línea (risas).

– Antes con Cristóbal coincidimos en que es liberador el presente con música que se despoja de etiquetas, que va dejando de lado los géneros como presentación. Por cuestiones generacionales mucha gente tuvo que hacer un ejercicio para despojarse eso, vos desde el principio, lo tomaste como algo natural.

Se fue dando de a poco. En realidad, al principio, era un juego. Quería probar hacer Drum & Bass y rapear. Después fue mutando hacia otra cosa, me di la libertad de cambiarlo. En su momento no lo pensé, tenía veintidós, si lo cambiaba todo me daba lo mismo. Pero me fui dando cuenta de cómo tomaba el público ese cambio, qué generaban en la gente, cómo se reflejaba eso en los recitales. Las cosas cambiaban, el público no era el mismo, era y es muy difícil llevar a cabo las cosas si cambias todo el tiempo. En un momento me pregunté, me dije que tenía que parar, frenar y quedarme en una cosa porque profesionalmente me va a generar un problema y blah blah blah. Hablé mucho de esto con diferentes personas. Tuvimos, hace poco, una discusión en Berlín con Zora Jones del label Fractal Fantasy,  en un evento de Ableton Loop, sobre qué es mejor para un artista, ¿mantenerse siempre en lo mismo o cambiar? La conclusión a la que llegué es que mi tipo de música es eso, justamente, lo que a mi me va a definir es el cambio constante de las cosas. “¿Escuchaste lo que hizo Catnapp?” Sí. “¿Qué es ahora?”. Tipo tal cosa. “Ah, sí, ella es re así”. En vez de ser algo concreto, de estar acotada a un sólo género, el cambio pasó a ser algo que me define.

– En el EP retomaste un sonido familiar. ¿Por qué ese regreso? Fue loco leer que Catnapp volvía a las raíces cuando no pasaste tanto tiempo con otros sonidos.

Fueron varias cosas pero entre ellas, la más pesuti de todas, es que en Berlín fui a un recital de Tommy Genesis y me voló la cabeza. Ella, ahí parada, se mete entre la gente, rompe todo, grita en la cara de la gente, les rapea casi pegada, se conecta mucho. Yo sentí que me había alejado un montón de eso. Cuando vi todo eso, fue ¡wow! A mi me encantaba eso. Quiero volver a hacer música que me dé ganas de hacer pogo. Eso fue lo que me llevó a volver, un poco, a lo que hacía antes. Empecé a escuchar las canciones viejas y me quería volver a tocar eso de vuelta, quiero hacer algo más por acá pero no exactamente igual, con un poquito de evolución. Por eso decidí volver a las raíces.

– En tus presentaciones en vivo hay mucha energía física y una potencia sónica que contagia. ¿Alguna vez sentiste necesidad o quisiste probar con sumar más instrumentos?

Sí, sí. Totalmente pasé por eso. En un momento tuve muchas ideas de algo así. Quise meter a un chico tocando una batería electrónica, otra vez quise sumar una chica que me tire soporte de rimas, tipo yeah, yeah, bueno, una chica que me diga que sí atrás (risas). También quise meter bailarinas. Por un tiempo toqué con un chico (Nicolás Castillo) que me tiraba las bases pero no sé porqué no me termina de cerrar. Soy una persona a la que le gusta trabajar mucho sola. Me gustar estar con otros pero me gustar estar sola también, tener las decisiones solas. Tengo todavía la fantasía de tocar con una batería electrónica, me encanta la idea que tenga ese power de alguien en vivo. Es algo pendiente, todavía no se realizó.

– ¿Al momento de trabajar dentro de un estudio de grabación cuánto de espontaneidad e improvisación para desarrollar la nueva música? ¿Te dejas llevar más allá de lo que ya tenés maquetado?

Ciento por ciento. Totalmente. No hay nada premeditado. Quizás, a veces, quiero probar con un R&B, entonces voy más o menos por ahí pero si, de repente, me sale otra cosa que no es, lo dejo que no sea. Es muy difícil para mí tener que forzarme a algo que no quiero hacer musicalmente o en la vida en general, ahhh re (risas).

– Volviendo a tu nomadismo, hace unos años en ocasión de A Cliff in an Eyeblink me hablaste sobre lo importante que habían sido Bariloche y Misiones para el desarrollo de esas canciones. Desde entonces pasaron muchos años, estás instalada en Berlín y recorriste muchos lugares. ¿Cómo funciona la influencia de cada contexto sobre vos?

Lugares o cosas como Bariloche… ¿Lugares o cosas como Bariloche, dije? (Risas). ¡Cosas! Sí, ciertas ciudades o regiones me inspiran de una más abstracta, es el lugar que transmite una energía particular. Berlín, es capital del techno, es ir de un club a otro club, hablar con gente de música, conocer músicos, entonces la inspiración de Berlín creo que fue mucho más directamente musical. También el ritmo de la ciudad, por ahí, indirectamente me llevó a hacer algo más power.

– Tu abuelo era músico de jazz y si bien conviviste con instrumentos desde pequeña vos tomaste la posta musical de la familia directamente con las máquinas, una contundente postal generacional.

Mi abuelo era pianista de jazz y hacía jingles para la tele. El otro día encontré su cuaderno de trabajo y la cantidad de trabajos que tenía por mes era… ¿Cómo hacés seis publicidades en un mes? (risas) ¡Una cantidad enorme de jingles, una locura! No sé cómo hacía. Él tenía su estudio en la casa donde vivíamos entonces yo me metía ahí podía usar lo que quiera. Era muy chica, igual, en ese momento, no sé, tocaba el piano, ponele, o jugaba en la Mac. Abría los programas de hacer música en la Mac y no entendía nada. Yo no entendía nada de lo que mi abuelo tenía. Mi contacto real con los instrumentos fue más de grande con una guitarra. Empezó ahí y después fue derivando a darme cuenta que me interesaba la música electrónica, eso fue recién a los dieciocho. La primera vez que toqué unas bandejas fue a los dieciocho también. Mi gusto por la música electrónica no tuvo ninguna conexión cuando yo era chica, fue de más grande.

– A propósito de la guitarra, en febrero del año pasado lanzaste una versión acústica de “Stop”, abriendo un universo diferente para Catnapp.

Me gusta mucha música diferente y me seguir una línea me cuesta horrores. Cuando hago algo acústico sé que me voy completamente de mambo. No sé si lo hago como hago oficial, es más bien algo que me gusta hacer, algo que me entretiene. Lo que me pasó con esa versión acústica es que un chico me mandó un mensaje contándome que había hecho una versión acústica de un tema mío y cuando vi lo que había hecho fue, “Wow, vamos a grabarla”. Nos juntamos y lo hicimos. Fue así de simple, ni siquiera una idea mía pero me gustó tanto que inmediatamente dije de hacerlo. Lo grabamos, saqué un videoclip al toque. Me acuerdo que había un chabón, me re quedó grabado en la córnea, que comentó, “¿Qué pasó Catnapp? Antes eras chévere” (risas). Lo tengo que se me repite en loop en la cabeza una y otra vez. ¡No le gusta la guitarra y es re linda! (risas).

 

Texto – Lucas Canalda
Fotografías – Renzo Leonard

 

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