EL HOMBRE QUE ESCRIBE BARRICADAS

Entre los historietistas más prolíficos de su generación, Renzo Podestá es el creador de un universo donde la rabia dispara contra lo constrictivo de la existencia, la instituciones, los dogmas y el Estado. En su paso por Crack Bang Boom, presentó Perro, la primera historieta de la Argentina en tener dos finales distintos.

 

“Quiero probar que el sol nació cuando Dios se quedó dormido con un cigarrillo encendido, exhausto tras una dura noche como juez. Quiero probar de una vez por todas que no estoy loco” escribió Bob Kaufman en su poema Unholy Missions. El universo que Renzo Podestá viene gestando desde hace más de veinticinco años parece erigirse sobre ese frenesí extraviado de un Dios incierto y de su vicio oculto para escapar de un rol que nunca quiso. Podestá ve al sol nacer y morir cada día, lo hace, siempre, en estado de ebullición, doblado sobre su lomo, escribiendo, dibujando, entintando, y por supuesto fumando. Lo hace habitando nuestro mundo, ese enajenado que busca señales de razón mientras corre como una gallina con la cabeza cortada. La sangre salpica por todos lados, al azar, Renzo está presto a la oportunidad, para inspirarse y mojar su pincel en la sangre fresca. Desde su adolescencia hasta hoy, con sus treinta y siete años, el nativo de Rosario es el arquitecto de una obra donde los tótems no pueden ocultar la sarna que moviliza su sed, donde los protagonistas buscan humanidad, donde la violencia es tan catártica como revolucionaria, donde el imaginario del rock alcanza picos imposibles para las canciones.

Desde 1994 hasta el presente, Podestá inventó y se reinventó hasta convertirse en uno de los historietistas más activos de su generación, una verdadera usina que parece no conocer descanso, ni demuestra señales de bajar la velocidad. Prolífico, lúcido, verborrágico, frenético, workaholic, punk rocker. Es un hombre que se ríe de todo y de sí mismo. Es un hombre que crea sin pausa, que construye para resistir. Libros, revistas, newsletter, blog, Facebook, colaboraciones, entrevistas, Podestá parece tener una intimidante contienda con el lado oscuro del aburrimiento, una amenaza que acecha cuando todo luce quieto.

BEAT

Entre el 12 y el 15 de octubre tuvo lugar Crack Bang Boom, la convención internacional de historietas que desde hace ocho años se desarrolla en Rosario. Los cuatro días que dura el encuentro funcionan como un regreso momentáneo de Podestá a la ciudad que lo vio engendrar sus primeras criaturas en formato de fanzine. Esta vez llega con una novedad recién salida de la imprenta: Perro, un libro publicado con dos finales diferentes, un delirio único en la historia del comic nacional. Las tres firmas de ejemplares que hace Podestá durante la convención se corresponde con amplias filas de lectores que tienen la novedad entre sus manos. La segunda de ellas, concurrida hasta el último minuto, transcurre a metros de una charla compartida entre Frank Miller y Brian Azzarelo ante una sala colmada de gente. Cuando el rosarino acaba con la firma, guarda con pulcritud sus elementos y se prepara para la charla. De pie, cigarrillos en mano, sugiere “vamos donde quieras, yo sólo quiero un lugar donde fumar”.

Atravesando el Galpón de la Música, donde Miller y Azzarelo acaban de terminar su encuentro, flota sobre el ambiente el residual de una multitud que acaba de irse. “Qué olor a boliche recién cerrado” comenta el autor de El aneurisma del chico Punk mirando con curiosidad las dimensiones del espacio municipal. Ya junto al Paraná, el encendido del primer cigarrillo le da REC al grabador.

“Tengo una lucha existencial contra el aburrimiento. Me aburro y me meto en problemas entonces trato la historieta como una labor de terapia con cuestiones existenciales que me exceden, es una forma de lidiar con las labores mentales que por ahí no me cierran del todo conmigo mismo” manifiesta Podestá sobre la prolificidad que lo convirtió en unos de los autores jóvenes con mayor producción. Guión, tras guión, publicación tras publicación, Podestá está edificando la mayor parte de la jornada, armando bocetos de todo aquello que está por venir, finiquitando lo que ya casi llega, siempre al borde del deadline, siempre nutrido por nicotina. Lejos está este hombre que viste de negro y luce remera de Ramones de ser un fordista de la historieta que no da respiro a su línea de ensamble. Sus producción está íntimamente relacionada con una cabeza que no parece tener mucha paz y va bajando electricidad al papel cada dos o tres pasos. “¿Cómo encaro cada proyecto? Eso una cuestión azarosa. Tengo un método de guionizar en tanda. No es que guionizo viñeta por viñeta, no escribo absolutamente nada excepto, por ahí, algún diálogo. Después traspaso a la compu, ahí sí hago un laburo de diálogo más concienzudo. Procuro que no se contaminen porque básicamente siempre elijo laburar con cosas que sean, no sé si distintas, siempre laburo temáticamente con premisas muy similares o únicas premisas. No me siento que estoy metiendo cosas de un proyecto en otro porque elijo técnicamente laburar de un modo que cada proyecto tiene su particularidad distintiva, tiene su gancho, su métier, tiene su detalle, tiene su particularidad. En base a esa particularidad, que es lo que me entusiasma para seguirla, que es lo que hace no aburrirme, le voy dando de comer al proyecto. Todo obedece a un monstruo general que es el monstruo del aburrimiento y del hambre creativo. Es un hambre que obliga a laburar de una manera hiper compulsiva”.
Entre la prolificidad y la rabia de Podestá se reconoce un pulso beat. Tanto en su palabra como en su escritura hay un frenesí de verborragia e ideas que reniega de una puntuación tradicional y mediante su fluidez arremeten con todo. Una variante permitida de esa arremetida puede ser el caso de “Shitlist” de L7, donde Donita Sparks canta “When I get mad and I get pissed/I grab my pen and I write out a list/Of all the people who won’t be missed/You’ve made my shitlist”. Ese flujo ininterrumpido deriva en las ideas de sus libros, colaboraciones, descargos, bardeos, aportes para fanzines, blogs, y su newsletter Pañal Peruano que recientemente devino en UNABOMBER. “Sí, definitivamente hay algo beat”, admite para inmediatamente explayarse “Hay una cadencia ahí. Siempre quedé muy flasheado con (William) Burroughs, siempre fue una figura relevante dentro de mi universo mental. La compulsión incluso me lleva a pensar en proyectos que en realidad son cortos, cuarenta páginas, no sé, El aneurisma del chico Punk nació como un proyectivo, lo pensé como un webcomic de cuarenta páginas, algo bien pinino como para lidiar con el vicio, y ahora es una obra monumental de ochocientas páginas, cuatro volúmenes, es una porquería gigantesca y que solamente un idiota como yo puede llegar a pensar en éste país en éste momento (risas). Hay algo de beat en la cadencia jazzística, del bebop, en eso de que tiene que salir, si bien y un proceso y una masticación de la obra, en el momento, en el que sale, en la visceralidad, yo la respeto mucho, respeto mucho lo instintual  que sale justamente cuando laburo bien. Después, por ahí, lo edito, pero hay una premisa básica que queda ahí y se manifiesta ahí. A veces, se manifiesta estilísticamente, a WARPAINT, por ejemplo, lo dibujé en veinte días, veintiún días. WARPAINT tiene una cosa bien vitalista que necesita la historia, que se vea bien todo roto, bien podrido, que la sangre te salpique la cara a vos, que el barro se manifestara, etcétera. Esa cosa vitalista era lo que me pedía la historia y soy consciente de lo que yo le puedo dar a la historia, sino busco otra cosa. Con Steve Ditko, Investigador Privado fue algo completamente distinto lo que pasó, fue algo controlado, es un reloj, es un laburo a pincel mucho más cercano a la estética francesa o al laburo de David Mazzucchelli en La ciudad de cristal las adaptaciones del libro de (Paul) Auster. Siempre hay un tempo y una mierdecilla que es lo que trato de respetar al principio de todo”.

 

PERRO – PERRO

“Perro es desesperanza, es desolación…bienvenidos al nuevo delirium tremens de violencia de Renzo Podestá…cacofonía visual que no hace otra cosa que decirnos que este mundo está roto para siempre”. Esas son algunas de las palabras que acompañan la contratapa del libro publicado por Szama Ediciones hace apenas quince días.  Es una especie de bienvenida descriptiva antes que la historieta enmudezca hasta su final. A través de sus 130 páginas, Perro transcurre entre monoambientes, pasillos de mesías amordazados y la manipulación verticalista de totems que azotan al sistema para moverlo en la dirección que demanden sus perversiones. Cuero, vinilo, pulsión y sangre que se sacuden cuando un guiño imperceptible viene por el hombre del arma. En el mundo quebrado que anticipa la contratapa el protagonista toma una elección que habla más que millones de palabras. Decisiones que no dan lo mismo, elecciones que no suman menos que cero, personajes que se dimensionan por sus matices, a veces, casi imperceptibles. “Perro quizás sea el comic más foucaultiano que me salió hasta ahora, hay dispositivos de poder y una contra, una resistencia, hacia eso” revela el hombre de negro mientras observa a un grupo de pibes pateando un cesto de chapa. “Todo se manifiesta en pequeños detallecitos bien simples. Si bien el personaje se muestra, de algún modo, entre abatido y con su propio convencimiento de que la tele se le cambie y aparezca ese muchacho, al mismo tiempo el tipo personifica o resignifica la idea de la contrahegemonía. Lo hace de una manera un tanto obvia, porque aparte, es una historia muda, en las historias mudas medio que tenés que jugar un poco al Dígalo con Mímica como para que el concepto se refuerce, entonces, esa contrahegemonía implica también un poco de empatía, la contra a las instituciones es eso, la empatía, en sentido de comunidad, aún cuando vos estás solo,  aún cuando tenés la cabeza media podrida, aún cuando vos estás sin saber qué es real y qué no, eso es algo que me pasa a mi me pasa personalmente. Está todo mal, es una gran farsa pero hay empatía, mientras haya empatía es todo controlable, o al menos no cansa tanto”.

– Si bien hay símbolos en Perro, y si bien la historieta es lenguaje por sí mismo, ¿cómo es despojarse del lenguaje escrito? Puede ser tan liberador como jodido.

No, es un perro, te morís de ganas de decir “Pasa ésto” (risas). Es un doble juego, está bueno. Vos diste en el clavo cuando dijiste que es el comic es un lenguaje por sí solo, que se manifiesta mediante signos, el comic es un mapeo, mapa gigante que vos vas recorriendo como se te canta las bolas, por supuesto, pero siempre hay una guía, que es la narrativa, la primer página, la exposición de los personajes que ya te van diciendo algo y te van dando un margen de interpretación. Comúnmente se asoció a la historieta con la literatura, viste que muchas veces escuchamos eso de literatura dibujada y todo ese rollo, está bien, son interpretaciones válidas pero no alcanzan tampoco, ahora ya no alcanzan, se han quedado muy cortas. Es algo que pasa siempre, por ahí mucha gente interpreta que el comic sí o sí tiene que ser escrito, por ejemplo, viene también de una cuestión histórica se trataba de legitimar a la historieta mediante la literatura, (Héctor) Oesterheld escribía choclos de textos, justamente, porque tenía la intención inocente pero bien predispuesta a pensar que si se acercaba la historieta a la literatura podía validarse. No tiene porqué ocurrir ni porqué pasar. Aparte, la idea que la historieta entre más bastarda sea mejor es, a mi me cabe mucho. No se lee una historieta, se observa, se indaga una historieta, así esté escrita, así tengas toda la data lingüística posible la historieta sigue siendo un sistema de signos que va para cada uno. Lo que tiene Perro, complicado y al mismo tiempo simple, que vos para contar una historia lineal, Perro es una de las cosas más lineales que he hecho, podés tener un montón de interpretaciones distintas. Interpretaciones en el sentido de márgenes que van desde la obviedad total, de hecho es una historia bastante obvia en un punto, y me gusta jugar con esos mini clichés que van apareciendo, porque al mismo tiempo te voy contando otra cosa, ahí aparece un segundo layer, eso pasa también en el resto de mis historietas, está el layer obvio, en Ditko pasa lo mismo, tenemos a un viejo ahí, pero también está en el layer ñoño, después está el otro layer sobre quién es este chabón y el porqué de hacer esa historieta en tal contexto de esta realidad loca.

– ¿Cómo surge la idea de Perro con sus dos finales?

Cuando el editor, Juan Angel Szama, se entusiasma con la sinopsis que yo le tiró acerca de Perro, me dice que lo hagamos. Cuando arranco con el guión, en un momento determinado, al personaje le pasa algo que indicaba claramente que tenía dos opciones, las dos eran absolutamente válidas, las dos eran conceptualmente lógicas, al mismo ambas ameritaban bien para la obra, pero eran completamente distintas entre sí, eran como dos vertientes que no tenían nada que ver con la otra. Entonces tuve un dilema bastante importante y ahí tuve que parar el proceso de la historia para pensar bien cuál convenía más, pensar qué podía añadir, si mezclarlas, pero si las mezclaba no quedaba muy bien, era muy choclo todo, en fin, tuve que parar, pasaron unos meses y cuando Juan me dice “¿Y qué onda, loco? Vamos”, le explico que tengo este dilema y se lo planteo, entonces Juan que es un kamikaze absoluto me dice “No, salgamos con dos finales”. Mi pregunta fue “Pero vos querés el típico Elige tu propia aventura?” y Juan tiró “No, es una poronga eso, vamos con dos libros distintos en su final”. Yo me quedé mirándolo porque, a ver, yo me puedo hacer mucho el punketón pero medio que, a veces, me sale lo clasisista y digo “Ay, pero dos finales, che, qué onda, ¿cómo se va a vender?” (risas) . Su respuesta fue clara, se distribuye, se vende, al que le toca, le toca. En las convenciones y festivales decimos que tiene dos finales. Pero cuando se distribuya no decimos nada, que salga y que comiencen los juegos del hambre, al que le tocó, le tocó, a la mierda (risas). Eso le metió un poco más de entusiasmo, incluso, porque estuvimos averiguando y es la primera historieta que existe en Argentina con esa formalidad.

QUIÉN

Podestá nació en abril de 1980 en Rosario. De su vida en la Chicago argentina devenida Opus City se sabe que comenzó en el mundo de la historieta cuando a los catorce años, bajo puro impulso DIY, editó su primer fanzine, Purgatorio. Por el testimonio de sus compañeros se conoce también su paso por Comunicación Social de la Universidad Nacional de Rosario. El pulso de crear y organizarse para construir en esfuerzo colectivo lo llevó a ser uno de los fundadores de la Asociación de Historietistas Independientes de Rosario. Desde el año 2003 trabaja como ilustrador freelance para Francia, Canadá, Inglaterra, Noruega, Holanda, Dinamarca, España, Brasil, Paraguay, México y Estados Unidos. Fue uno de los generadores y editores del sello Dead Pop. Tras esa experiencia llegaría el turno de Le Noise Comix. Su incansable lomo laburante lleva las marcas de títulos como BANG (KOK), El Aneurisma del Chico Punk, 27 – junto a Charles Soule-, Ichabod Jones: Monster Hunter – junto a Russell Nohelty-, solamente por mencionar algunos. Steve Ditko, Investigador Privado, Ruido Negro y Perro, se encuentran entre sus aventuras recientes.

Algún tiempo atrás Podestá abandonó su ciudad natal para instalarse en Córdoba, desde donde conduce todas las actividades que dan vida a su universo de historietas y obligaciones editoriales. “Me fui a Córdoba en el 2009” recuerda mientras promedia el tercer cigarrillo del encuentro. “Fue una época en la que Llantodemudo, la editorial de Diego Cortés, estaba atravesado una diáspora autoral y creativa. Diego había quedado solo editando y laburando. Nosotros ya veníamos laburando desde el 2002, 2003, había editado, había hecho labores de edición, había arrancando a coordinar un fanzine, una antología de historias cortas. Éramos muy amigos, el tipo al mismo tiempo tenía una imprenta, era la época punk de Llantodemundo, antes de su  veta más comercial, y a mi no me costaba nada mudarme, siempre me había atraído Córdoba, la veía como una ciudad copada, cosa que después viviendo, cambia, te das cuenta que es un pozo hediondo lleno de gente bastante execrable” (risas).
Trabajando para el mercado internacional desde hace más de una década Podestá apunta que nunca pensó en irse del país pero deja abierta la posibilidad de probar la experiencia de vivir en el extranjero: Mi hermano vive en Inglaterra, tengo la posibilidad de caer y vivir allá, si bien el mercado inglés es una cosa media oxidada en muchos sentidos. Pero no, no se me ocurrió irme, además no puedo salir, tengo una causa abierta por pegarle a un cana así que no tengo la posibilidad de hacerme un pasaporte, ni ahora, ni en ese momento, aunque me parece que tengo que averiguar (risas). Eventualmente me gustaría probar, a ver qué onda. Igualmente estoy trabajando dentro de Argentina por una cuestión de conveniencia básica del cambio. El cambio conviene, o convenía hasta hace poco, ahora medio que no sirve. Siempre aproveché esa fisurita de que es poca guita para los editores pero mucha para acá.

– ¿Qué fue de la experiencia de la Asociación de Historietistas Independientes de Rosario?

La A.H.I. fue un espacio maravilloso que recuerdo con mucho cariño. Éramos todos postadolescentes con ganas de laburar en una ciudad que era terreno virgen para muchas cosas, y si bien algunos éramos más políticos o militantes de la historieta que otros, en el fondo terminamos siendo amigos y eso, de última, es lo más importante: el apoyarnos en nuestros esfuerzos, en criticar la obra del otro pero más por el lado de compartir que de bajar línea. Fue una experiencia distinta de la A.H.I. Buenos Aires ya que acá la cosa era más horizontal y no nos tomábamos muy en serio todo el rollo pseudo-sindical del asunto. No queríamos “rescatar la historieta”, mucho menos resucitar la industria. Éramos más pobres también, de las publicaciones que contenía la asociación, solo una o dos era con tapa a color o en offset. Yo por ese entonces imprimía en fotoduplicado, que es un mix entre la fotocopia y el offset tradicional de bajo costo pero que no permitía grises o gradients, por ende tenía que pensar bien cómo laburar las historietas sino no se veían bien. Ahí aprendí a tener en cuenta el soporte con el que termina impresa la obra, un aprendizaje que se hizo a puro ensayo y error. En fin, he hecho grandes amigos ahí adentro, así como conocí personas que hoy por hoy me resultan super extrañas en sus actitudes y sus discursos. Supongo que es lo normal de crecer, ¿no? Pero en el contexto que habitábamos, fue lo más necesario que podías encontrar si hacías historietas en Rosario.

– ¿Cómo es el proceso de aprendizaje de ir de ilustrador a editor?

No sé si hay un proceso de aprendizaje. Esto del ensayo y el error que decía recién es inherente cuando querés editar comics, tanto tuyos como de otros, y no tenés ni la más remota idea de cómo hacerlo (risas). De todas formas, al mismo tiempo que empecé a pensarme como historietista también lo hice pensándome como autoeditor. Y eso es algo que nunca separé del todo excepto en la cuestión freelance. Por eso me autodenomino fanzinero, me gusta pensar que soy de la generación que tuvo que aprender a hacer muchas cosas además de sentarse a dibujar, así que hay cosas que las aprendés por la fuerza y otras que devienen en el hacer en sí y en toda esa sopa es donde te parás a decir algo. La gran mayoría de las veces me encontré con que la respuesta a todo está en la simpleza, en mantener las cosas lo más claras posibles. Capaz que haya algo del orden del sentido común, pero tampoco es tan así ya que los tiempos van cambiando y el sentido común que aplicaste en un momento después ya no sirve o hay que replantearlo. Pero esto de la simpleza es crucial porque editar comics te puede quemar la cabeza. Puede hacerte odiar lo que estás haciendo, y eso a la larga no suma. Yo siempre digo que esto del chiste de editor tiende a aburrirme más que agradarme. Entonces si mantenés las cosas simples y no te dejás llevar ni por la ambición al pedo ni por la pedantería de creer que sos capaz de resolver el mundo, las cosas se vuelven más disfrutables. Y yo he estado en proyectos modestos pero también más ambiciosos. Desde los sellitos que tuve en Rosario a trabajar en ese monstruo llamado Dead Pop, pasando por la experiencia gigante de Llantodemudo, intuyo que he pasado por muchas instancias que me hacen concluir en que no hay un método, no hay una fórmula y no hay una solución a nada. Y menos en este país, que tiene la costumbre de resetearse cada diez o quince años. Así que supongo que el truco está en eso que dijo Fabián Carreras: armonía en el desorden y equilibrio en el borde.

– ¿Hasta dónde llega la ética del fanzine? La estética parece acompañar hasta cierto punto pero la ética permanece.

Hay que contemplar dos cosas: primero, la cuestión ética que vos mencionaste que me parece muy importante pero también el contexto. Estamos viviendo en un país donde historietísticamente hablando la autogestión es la norma y no la excepción, hoy por hoy todos los sellos tienen rangos de autogestión o tienen un pensamiento que tiene su raíz en el fanzinismo. Partiendo de esa base, los criterios, las actitudes y las éticas cambian o se manifiestan de mayor o menor grado. Por ejemplo la gente de Hotel de las Ideas tiene un cierto criterio determinado a la hora de abordar sus obras pero se fijan mucho en la gente nueva, se fijan mucho en la cuestión independiente, ellos mismos son independientes. También tenés la gente de Big Sur, entre los cuales me incluyo, donde es más variopinta la cosa, Bruno Chiroleu de Terminus tiene un perfil más clásico, si se quiere, o quiere aferrarse a ciertas nociones industriales para bien, gente como Szama o como yo somos más quema libros, en el sentido que decimos siempre que venimos del fanzine, nos hacemos cargo, está buenísimo, queremos el barrio donde fuimos criados, no tenemos ningún problema en definirnos como fanzineros, yo mismo me defino como fanzinero, no digo que soy dibujante o historietista. Parte de una actitud, de una postura, ante esa farsa de la que hablábamos al principio, esa contrahegemonía otra vez. Hay mucha categorización en la historieta, mucho machismo, es todo una mierda, existe la cuestión de castas y de segregación entre los que son de la A, los que son los profesionales, los que publican Francia y Estados Unidos, y está la cuestión emergente, esa palabra tan bonita que te dan ganas de patear todo (risas), los emergentes que emergen no sé de dónde, está esa categorización, esa falsa premisa, choca con lo que es la producción historietística, por eso hablaba del contexto, por ejemplo el on demand, sí, tiene ISBN y BINDER , pero son en esencia gente que se la facilitado los accesos de productividad, ¿hasta dónde llega?, y sí, está en todos lados, es inherente. Muchos tratan decir “No, porque yo he cobrado, porque yo fui editado y mi editor, bla bla bla, mi agente” (risas) No, papá, ¿qué te pasa? (risas). Yo mismo como freelance me cago mucho de risa de eso. He laburado para Estados Unidos, he laburado para editoriales copadas, he hecho Ditko porque Loris (Z) me dijo “Ey, tenemos que hacer un fanzine”, bueno, dale, “pero tiene que ser un fanzine con tapa a color y que esté bien editado”, sí, obvio, “que no sea vea como fanzine pero que sea un fanzine”, pero acaso ya no lo estamos vaciando? (risas) “No, bueno, pero hay que obviarlo, hay que subrayarlo” (risas). Entonces desde ahí surge la colección 100% de donde está Ditko. Hay una especie de burbuja donde la ética persiste. Tiene mucho que ver con el documental Punk: Attitude (Don Letts, 2005), está bien, el punk es un verso, es un invento de (Malcolm) McLaren, perfecto, pero gracias al punk tenemos al DIY, tenemos la actitud proactiva, tenemos el comunitarismo, la empatía.

GUERRA

Podestá es un representante de los hijos de los 90, jóvenes que fueron apaleados por el vaciamiento institucional hasta casi ser condenados al escepticismo total. El casi es porque la obra de Podestá y sus convicciones prueban que una condena completa no fue posible por la propia capacidad de resistencia y reconstrucción de esa generación. A priori la cosmogonía de Podestá puede parecer integrada por un sistema de mundos astillados y desangrantes pero no está completamente drenada de corazón, sus protagonistas no están vaciados de empatía, aún en el barro y en la sangre son capaces de decisiones que resuenan con elocuencia, que manifiestan humanidad por sobre deshumanización.

En agosto de 2016 el rosarino publicó WARPAINT, una épica solitaria que está dedicada a todos aquellos que no se rinden. En una realidad donde la pasión se ahoga a borbotones de frustraciones, miedos y explotaciones, WARPAINT encuentra su lugar como el grito/afirmación/declaración de corazones que cotidianamente renacen para luchar por la convicción de un camino, de una elección. Las preguntas de esa lucha diaria, ¿Por qué?,¿Para qué?,¿Hasta cuándo?,¿Para quién?, visten de atavíos al Sísifo de Camus y lo pintan para actuar, empoderando su figura para dar un paso adelante e intentar romper el ciclo.  “El mismo nombre implica la actitud que pelaban al momento de salir a pelear. Una persona de civil, digamos, pero que se manejaba con una actitud bien de arenga y la pintura tenía mucho que ver con eso” precisa entusiasmado el autor. “Hay un truquito pequeñito, una forma de leer WARPAINT, es leerlo como un tratado sobre la depresión. Yo sufro de depresión, bah, sí, viste cómo es la depresión, es una especie de amigo que está ahí, es un amigo que te toma la birra, es un plomo total al que vos le decís “¿En serio vas a venir y te vas a instalar? Deja de hinchar pelotas, boludo”. Hablando en serio, es un tratado de la depresión. En el momento en que yo lo hice, cómo lo escupí, cómo lo largué, fue un momento de exorcismo bastante importante porque venía frustrado, no sé si una midlife crisis pero ponele (Risas). Venía bastante desencantado. Yo siempre considero que la historieta a niveles más particulares, dentro de la Argentina, es una completa farsa, es un chiste, un simulacro. Tengo como consideraciones muy generales de hartazgo con muchas cosas pero es una reincidencia, entendes, hago historietas porque no puedo dejar de hacerlas, es así de corta. Entonces utilizo la historieta, utilizo el lenguaje, los modos, las formas, las particularidades, porque me sirven primero para mi, despues si algún otro se sienta y completa esa comunicación que se establece con el objeto, genial, vamos, aguante, pero primero estoy yo y después están los demás (risas). Desgraciadamente he lidiado por mucho tiempo con eso pero bueno, entonces hice WARPAINT bien para manifestarme a mi, para darme ánimo, para hacerme así como un apachucho (risas). Me pasó algo muy loco, mucha gente lo vio del código vos mencionas, de arenga, de decir “Vamos, loco”. Hace tiempo cité el ejemplo de un lector que trabaja para Cablevisión y que el año pasado estaba en una lucha bastante particular con Buenos Aires y el tipo venía con todo el proceso de la lucha sindical que es largo, tedioso, tenés que dejar mucho, comprometerte demasiado, y el tipo venía también con esa carga de agotamiento, de extenuación, lee WARPAINT y fue como una especie de espinaca de Popeye, lo loco del asunto es que el tipo hasta lo pasó entre sus compañeros sindicales y todos se pintaron la cara y salieron (risas). Recibir esa clase de cosas es “OK, perfecto, vamos por ahí” (risas). WARPAINT implica eso, una especie de demostración que es todo una farsa, no hay final feliz acá pero mientras tanto hay que seguir.

– ¿Por qué es una farsa la historieta?

Porque hay muchos lugares comunes que ya están sobreentendidos, digamos, hay mucha post verdad en la historieta argentina (risas). El ejemplo que doy siempre y con el que mis amigos se cagan de risa es el siguiente: la historieta argentina es un burro muerto en el medio de la fiesta. Estamos todos de caravana pero hay un burro podrido del que nadie se hace cargo. Huele, hiede, alguien dice “Che, hay un olorcito pero bueno, que no decaiga” (risas). Eso es, para mi, la historieta argentina de un tiempo a esta parte, somos constructores de una larga odisea de compromisos. ¿Viste el autor Jhonen Vásquez, el creador de Johnny the Homicidal Maniac y de Invader Zim? El viene del palo del fanzine, hizo la historia de Jonnny Homicidal Maniac que es un asesino serial, muy en joda, muy en cualquiera, la premisa es que el tipo vive en una casa y la quiere pintar de rojo, le gusta el color y quiere pintar las paredes de rojo, pero quiere un rojo en particular del cual emana la sangre humana, entonces mata gente, pinta la pared pero al secarse vuelve al color ocre, obviamente eso lo obliga a seguir necesitando sangre, la historieta es eso, es ese loop permanente de decir yo quiero la pared de ese rojo imposible de conseguir en esos términos. Hay otros términos para llegar que quizás sean más comerciales, tal vez sean más filosóficamente, o políticamente, transables en el sentido que por ahí hay una metodología de laburo, una forma, en el resto del mundo pero acá no, acá el vaciamiento fue demasiado importante y no hubo un recambio de lo que era la gerencia administrativa. Para toda una generación le sacaron las patas de la mesa y quedó ahí, tambaleando. La farsa se manifiesta en que todos los actores y los gestores de la historieta, sea de los creadores hasta los difusores, compran un discurso, por ejemplo, que la historieta argentina generó escuela en el exterior y eso es un verso, eso sí fue real pero ahora hay que reverlo, otro ejemplo es que tenemos una industria, un mercado, cuando no es así, que hay formatos que todavía sirven cuando en realidad ya no sirven como el formato revista o la revista en los kioskos, hay una postura que tiene que adoptar el dibujante de ser el obrero del plumín y ¡no somos obreros, boludo! A ver, si vos levantás un ladrillo se te rompe la ciática, no me vengas a romper las bolas, no somos obreros, no somos médicos, no hacemos nada altruista por el otro.

– Obrero del plumín contrasta con el multitasking del presente donde cada artista tiene que ilustrar, entintar, editar, publicar, vender, distribuir, hacer redes, prensa.

Sí, somos malabaristas chinos que vamos sosteniendo los platitos. Mientras más tengamos la premisa de que seamos eso, mejor. Por suerte las nuevas generaciones, lo que llamo “El Planeta Cerita” está entendiéndolo y se caga mucho en eso, se caga en eso principios  y en esos valedores de esos principios, figuras, críticos o pseudo periodistas, difusores, formadores de opinión sobre historietas que no hicieron otra cosa que quedarse anquilosados con pensamientos ochentosos que es re válido, servía en ese entonces, ahora ya no. Hay que formatear todo, hay que destruirlo para construirlo de vuelta.

– Las nuevas generaciones a través de las redes han encontrando un espacio de crecimiento desde donde pudieron saltar hacia otros frentes, en algunos casos, hacia propuestas muy buenas.

Han resignificado todo. Nosotros, los que superamos los treinta largos, sabemos cómo es una sociedad sin Internet, sin Simpsons, ¡sin Tinelli! (risas). Nosotros hemos conocido el antes de todo eso, las nuevas generaciones no, se han criado con una laptop entonces es natural que adopten lo digital como una cuestión. Mi generación sobrevivió el 2001, se incendió todo, no se podía editar un carajo. No quedó otra que decir “Vamos, veamos que es ese chiche de la Internet”. “¿A ver qué onda el Fotolog?”, “Uh, voy a hacer un comic por Fotolog” (risas). La interfase era horrible, era un cuadrito de mierda que no se podía ver, pero se hacían comics ahí. Blogger también, etcétera,  etcétera. Nosotros usamos como una especie de ruta paralela, las nuevas generaciones no. Ésta gente se apropió de lo digital de una forma absolutamente natural porque se crió así. Está bien, está perfecto. Hay un problema, por ahí, quizás, no asumen la responsabilidad de decir “Yo creo cosas”, no una responsabilidad entendida con saco y corbata, no una responsabilidad académica, es una responsabilidad con el otro, una responsabilidad donde yo estoy transmitiendo un mensaje y ese mensaje va a ser interpretado de una manera completamente distinta por cada persona que mire eso. Lo que pasa con Alegría y muchos espacios digitales es que, por ahí, pecan de una cierta soberbia a la hora de no pensar bien quién puede llegar a leer eso e Internet, afortunada y desgraciadamente, es para todos, es democrática la red y está genial eso, pero existe eso de que un gran poder conlleva una gran responsabilidad (risas) Está bien peeeeero podría laburarse mejor, no sé, yo brego por el libre albedrío, brego por la libertad de pensamiento, brego por la imaginación, Internet es una herramienta que brega por la imaginación y te da herramientas para que vos desarrolles esa imaginación, te da herramientas para que vos tengas el conocimiento, el tema es que hay un desarrollo de imaginación un poco pobre, muchas de las cosas que hace la nueva generación ya están hechas, ya están vistas. Hay muchas cosas que ya están y ésta gente las resignificó como la novedad cuando por ahí no sé si es tan novedoso pero bueno, para ellos es novedoso, bueno, bárbaro, vamos con la novedad entonces. Hay cosas que a mi me gustan mucho porque hay un desenfado, un adolecer bien entendido de decir “bueno, es lo que me sale y a la concha de su madre, supongo que eventualmente me saldrá mejor” pero, al mismo tiempo, hay una especie de quemazón rápida, están manejando un Fórmula 1 y revientan el motor a la segunda vuelta, éste es un laburo de resistencia. Hay que tener en cuenta que si vos querés comprometerte realmente con lo que estás haciendo tenés que tener primero un compromiso con vos mismo, hay que tener una energía interior para acarrear eso todo el tiempo que puedas. Me parece que éstas generaciones y la Internet, lo digital, lo multimedial, llega un punto en que tienen esas fisuras, tienen esas fluctuaciones, esas goteras, en que vos decís “Ey, che, eso se puede corregir rápido”. Como decía el Chavo del 8, “A mi se me quita comiendo” (risas). Anda, leé más comics. Todos se vanaglorian de no leer comics, “No, yo no leo comics”. Bueno, fijate, me encanta ese grado de oda a la ignorancia, está buenísima pero fijate qué podés hacer con eso. Para un comic te va a servir, para cinco, no. Se te va a agotar el discurso. Creo que va por ahí el discurso, capaz que mañana te digo otra cosa (risas).

ES

Posteriormente al encuentro de sábado por la tarde con Podestá suceden dos hechos significativos que demandan una segunda vuelta con el verborrágico historietista. El primero tiene lugar en la misma convención, cuando Frank Miller recibe un ejemplar de Perro como regalo y tras investigarlo con curiosidad pide conocer al artista responsable. Minutos más tarde Podestá se entrevista cara a cara con el norteamericano y antes de terminar el cálido encuentro el creador de Ronin le pide al rosarino que le firme su Perro.
“Ese momento fue muy loco. Estaba cansadísimo por los cuatro días de ajetreo y no entendía muy bien qué era lo que estaba pasando” recuerda Podestá desde La Docta una semana después. “Durante esos días había escuchado el apellido Miller hasta el hartazgo, hasta que se volvió un abstracto. Pero ahí estaba nomás, felicitándome. Fue medio surrealista, aparte, ya que estaba rodeado de gente de seguridad toda trajeada y todo eso. En un punto fue como encontrarme a un capo del cartel de Cali” (risas). “Además, siendo sinceros, está todo bien con Miller pero no estaba con la actitud ni con las ganas puestas en conocerlo o en sacarme una foto con él o perseguirlo para una firmita. No soy muy fanboy de los “grandes autores” y si bien respeto la obra del tipo, yo no estaba tan entusiasmado como otros. Es más, veía que la invitación a Miller a Crack Bang Boom iba a traccionar un montón de gente al evento, y eso siempre viene bien para vender tus cosas. Pero por lo demás, la verdad es que no me interesaba tanto ya que Miller no es una piedra fundante ni una influencia ni nada. Antes de la convención  tonteaba con mis amigos diciéndole que si le llevaba algo para que me firmara iba a ser Hard Boiled, el comic donde menos colabora ya que es un libro ciento por ciento Geof Darrow. Pero una cosa es el boludeo y otra distinta es que venga el tipo y te diga que lo tuyo es excepcional y que entendiste cómo hacer comics. Ahí hubo algo que estuvo buenísimo y que recién ahora lo dimensiono: una persona que no tenía por qué decirme nada viene y me dice algo hermoso. Ese gesto me pareció muy copado de su parte, me sorprendió. El mito de que el tipo es una basura o un facho recalcitrante medio como que no tuvo mucho asidero cuando me encontré con una persona amable prestándome atención a mi inglés medio bobalicón. Eso no descarta ni anula el hecho que sea de extrema derecha, pero ya aprendí a separar autor de obra hace rato y reconozco que si bien capaz que nunca coincida con él, hay otra serie de aspectos que hacen que le preste atención. Bah, digo, nunca me dejo llevar por la univocidad en una persona. Somos un manojo de porquerías contradictorias y plagadas de defectos, pero si no tenemos ninguna virtud para contrabalancear eso entonces ahí sí voy a dejar de prestarte atención”.

El segundo hecho toma lugar lejos del ámbito de la historieta, en los caminos más ríspidos de la vida real y la actualidad nacional. El martes sobre el mediodía trasciende la noticia del hallazgo de un cuerpo en el río Chubut. A días de las elecciones legislativas, desde el encuentro del cuerpo hasta su identificación por parte de la familia Maldonado con el “Es Santiago” que ya se tatuó en la memoria de cientos de miles, todo es oscuro. Entre escepticismo, desconfianza, ministros guardados, prime time de candidatos que vomitan palabras pero dicen nada, todo es mala sangre y rabia. Un ejercito de trolls disemina cinismo barato que se replica sacando a relucir el pequeño facho que muchos llevan dentro del pecho. Todo es rabia. A través de descargos, pseudo editoriales catárticas individuales, mensajes de solidaridad, dolor y de unión se multiplica una palabra: empatía. Al igual que la conversación junto a Podestá al lado del Paraná, todo parece devenir en empatía. En un nítido llamado que atraviesa el viciado aire la palabra empatía reaparece una y otra vez como el último espacio de resistencia, aquello que no se puede quitar, una última trinchera que unifica ante el horror.
En una semana de dolor y tensión, con un cinismo imperante que derrama del Estado hacia los medios adictos y la miserabilidad invasiva de los trolls, el diálogo de días atrás con Podestá vuelve, oportuno y alentador, marcando el camino de la última pregunta.

– La empatía es un refugio que no nos quitaron cuando nos cagaron a palos, en todo sentido, durante los 90 hasta convertirnos casi en fundamentalistas del escepticismo. ¿Por qué te parece que como generación nunca perdimos el sentido empático?

Porque nacimos cascoteados, supongo. Nacimos con padres ausentes y sin nada que perder. Veo la generación de los mayores de treinta como una generación que se tuvo que rearmar a los ponchazos en muchos sentidos, pero siempre lidiando con el cinismo y el nihilismo de que las cosas nunca van a cambiar, que ya nacieron rotas. Y cuando está todo roto, lo primero que hace que se sostengan las cosas es la empatía. Otra de las palabras que me surgen por estos días es ese término gramsciano llamado contrahegemonía. Y ante la hegemonía del nihilismo, la contrahegemonía está en la empatía. Es una instancia de resistencia, en un punto. De sana resistencia, porque no es una cosa individual sino apoyada siempre en un otro.Ese es el pegamento que unió a los que formábamos la A.H.I. y ese es el pegamento que une al colectivo Big Sur, por ejemplo. Y también es la materia prima de Le Noise. El otro es, además, el que va a leer tus cosas y va a flashear para cualquier lado. Si hay algo fascinante que descubrí con la gente que lee mis libros es que siempre interpretaron cosas distintas de las que yo quizá proponía de modo más o menos explícito. Pero la historieta es un mapa, como dije antes. Y ese mapa lo podés recorrer como se te cante, ningún comic viene con un manual, bueno, a excepción de los mangas (risas). Y ese otro es el que termina recorriendo el mapa, el que completa el ciclo que se inició cuando se te ocurrió una idea o una imagen o lo que sea. Por eso no le tenés que dar las historias tan masticadas, no lo tenés que guiar tanto porque le acortás la experiencia, anulás su aporte. En un punto, la historieta es un proceso de feedback ontológicamente empático.Pero déjame volver a lo anterior. Si ya nacemos sabiendo que todo es una mierda, de lo que se trata es de contrahegemonizar la mierda. Siempre. Y soy un convencido de que la historieta te salva. Es la causa y la solución a todos los problemas, parafraseando a Homero (risas). Te puede volver loco, te puede matar, te puede dejar con una surmenage y alucinando estupideces. Por eso el otro y el ponerse en el lugar del otro, es lo que te salva. Y al final del día es lo que vengo diciendo durante toda la entrevista: sí, está todo mal. Sí, no hay respuesta. Sí, el estado es responsable. Pero mientras avanza toda esa montaña de guano, en algún lugar del país hay un muchacho escribiendo “Página 1, Viñeta 1”. Y a eso no lo vas a poder matar jamás.

 

Texto – Lucas Canalda

Fotografías – Renzo Leonard

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