ASUNTOS DE FAMILIA

Germán de los Santos y Hernán Lascano profundizan sobre su libro “Los Monos. Historia de la familia narco que transformó a Rosario en un infierno” y sobre la investigación que retrata los años de poder del clan criminal de los Cantero.

Los periodistas Germán de los Santos y Hernán Lascano son los responsables de “Los Monos. Historia de la familia narco que transformó a Rosario en un infierno”, libro que reconstruye la historia del clan Cantero, quienes con astucia y violencia dominaron por años el negocio del narcotráfico en Rosario. Tomando al asesinato de Claudio Pájaro Cantero como acto desencadenante de una sucesión de violencia inaudita para la ciudad y la región, estos dos viejos lobos de las noticias policiales proponen una mirada en detalle a la familia de la zona sur desde su prehistoria, mucho tiempo antes que el mote callejero de Los Monos apareciera, hasta las inversiones millonarias en infraestructura, logística y compra de servicio policial y político. La dupla periodística apunta, además, a las formas con las que la banda fue ganando protagonismo al saber aprovechar con inteligencia las oportunidades que un sistema colapsado presentaba, desde el prolongado ocaso del cordón industrial de maquinarias apagadas, trabajadores olvidados y un Estado que nunca pudo encontrar la forma de reinsertarse como actor responsable.
El trabajo de Lascano y de los Santos retrata también la íntima relación del fútbol con la expansión de las arterias del tráfico en la ciudad. En una urbe donde, aparentemente, la convivencia entre rivales de Rosario Central y Newell’s Old Boys siempre se vive al filo, el negocio de la cocaína une a las camisetas por un lado mientras que por otro genera disputas intestinas que se dirimen con balaceras y sangre salpicada. Para el narcotráfico conquistar a las barras es tener a su disposición un ejército obrero en cada barrio posibilitando venta, distribución y dominio. Los colores o el honor de la camiseta se anulan en un daltonismo inexistente cuando el poder aúna esfuerzos con la empresa narco de los Cantero.

En los últimos días de agosto, a casi un mes del lanzamiento del libro, los autores siguen el desfile de prensa por ciudades y medios de todo el país contando su trabajo y explicando la historia de Los Monos. Historia que, como ellos tienen bien claro, todavía tiene mucho por delante.

Germán de los Santos

– Hace veinte días una nueva aparición mediática de Monchi Cantero demuestra que la historia de Los Monos sigue su curso. Siendo que todavía queda mucho venir, ¿cuál fue la decisión que los llevó a publicar el libro?

De Los Santos: Justamente por eso. Cada uno venía trabajando el tema en su medio: Hernán en La Capital y yo en La Nación y El Litoral, seguimos la historia a la par. Al bucear siempre teníamos la sensación de que daba para profundizar un poco más, para darle una trama más extensa, ahondar en personajes que eran muy atractivos. También queríamos describir un contexto que era importante para entender algunas cosas más, habiendo detalles que se perdían en la lectura diaria de los periódicos.

Lascano: Para mí era interpelador el hecho de que íbamos a terminar el libro sin contar el resultado del juicio pero si Los Monos fueran declarados absueltos o culpables, pero eso no cambia toda la historia, que es una historia periodística. Insistimos en que este es un libro periodístico, nosotros descansamos sobre todo un bagaje de hechos que son múltiples, que ofrecen muchas posibilidades de miradas y análisis pero que han existido, ese es el fundamento del libro. También sirve preguntarse ¿Cuándo termina esta historia? Tampoco va a terminar una vez que se dé a conocer el veredicto en el juicio. Teníamos una idea compartida y creo que unánime, es que la de los Los Monos y su contexto es una historia fascinante y que no había sido contada, sorpresivamente. Mientras escribíamos el libro nos decíamos: “alguien nos va a ganar de mano, alguien lo va a sacar antes”. Lo que ya estaba en el aire era suficientemente atractivo como para encarar una historia que fuera más allá de una o dos crónicas.

– Truman Capote siempre remarcaba que para terminar “A sangre fría” tuvo que esperar a la sentencia definitiva, algo que tras varias apelaciones de los acusados terminó padeciendo porque se estiraba.

Lascano: Acá, lo que importa más, en todo caso, no es el final. A veces lo más importante está en el transcurso de lo que podés observar. A mí, modestamente, me parece que lo más interesante del libro, tal vez, esté en ese mosaico que componen tantos detalles descriptivos y que refieren a las historias de los personajes y de las tramas políticas, judiciales, de gobierno, etcétera.

– Una prehistoria al imperio de Los Monos con el Viejo Cantero cabalgando por Las Flores. Persecuciones de alta velocidad a los tiros. Las apariciones mediáticas de Monchi con la gorra de “El Mabu” (El más buscado). Por supuesto, la violencia inédita para la ciudad. Teniendo tanta información de color, financiera, criminal, política, ¿cómo deciden el tono apropiado para el libro? Se mantiene la rigurosidad periodística pero también hay que saber equilibrar tanta data desde la que se puede abordar el tema.

De Los Santos: Esa descripción tenía un sentido, no era describir por describir sino que era acorde a lo que nosotros queríamos contar en ese momento, sin apartarnos ni un milímetro de esa visión periodística, era una crónica periodística. Allí tuvimos una herramienta invalorable que fueron las escuchas telefónicas. Hubo un laburo y un tratamiento con eso que es algo relativamente nuevo en el periodismo, no es que se esté usando desde hace muchísimo tiempo, por ahí eran diálogos que para la justicia no son importantes porque no tenía ningún tipo de valor pero para nosotros eran riquísimos, porque por el horario en que se daban, si sucedían antes o después de un crimen, tenían una explicación, digamos, resolviendo un problema de la trama con algo que por ahí no lo tienen otras historias. Eran diálogos reales.

Lascano: Un oficio del cronista es tratar de dar cuenta de aquello que se ofrece a la vista. Acá es, como vos dijiste, un contraste entre el mundo de los márgenes de la ciudad y la zona más privilegiada, sobre el aspecto de la violencia y el de cierta opulencia que también viene de la violencia, porque es ese dinero que viaja hacia los emprendimientos de la economía legal, sean concesionarias, sean inmobiliarias, sean honorarios de profesionales, etcétera. Todo eso estaba expuesto, no había que escarbar mucho para poder verlo, está expuesto y está contado, incluso, por muchos periodistas, o gente que se arrimó al fenómeno. Para mí, esto que dice Germán es muy importante porque hay una atmósfera muy fuerte que se produce a partir de los comentarios a veces banales, superficiales, que dicen dos personas que están en un delito, en  el momento que lo están cometiendo, o cuando están hablando de dónde van a ir a comer, eso le ofrece mucha vida a un relato. Nosotros también hicimos muchas entrevistas y ahí surgen miradas muy ricas de personas que conocieron a Los Monos: los que los investigaban, quienes estuvieron en la investigación policial, las personas que fueron sus maestros, y también otra gente que fue víctima de ellos. Ahí lo que hay es pura sangre. Y no sangre fría, ya que mencionaste a Capote. Eso le fue dando una cosa aluvional que fue construyendo climas, texturas y viene del trabajo periodístico, pero también desde los recursos con los que trabaja el periodismo, que es la documentación por un lado y el testimonio por otro.

– En el libro se detienen a explicar lo que sucede en el Gran Rosario desde hace décadas, cómo el cordón industrial fue colapsando. Es importante tener en claro ese proceso histórico para comprender que la violencia no apareció súbitamente de una caja que se abrió de un momento a otro.

Lascano: No hicimos un estudio sociológico sobre eso pero el fenómeno de la pauperización, por un lado, es un hecho concreto. El otro es el cambio del patrón de elaboración y distribución de, concretamente, la mercancía que vendían Los Monos. Esos dos aspectos se entrecruzan porque ese mundo del fin del trabajo formal de manera masiva que se ve, como decimos, con el cierre de talleres, fábricas, el cierre del empleo público masivo, las indemnizaciones efímeras, hizo que se perdiera la idea de que la realización de la vida material pasaba por conseguir un laburo. Y surgen el búnker y las economías criminales, que no son propias de ahora, existieron desde siempre, pero en un montón de gente aparecieron como la instancia más probable de acceder a bienestar, confort, compra de bienes. Eso es algo que también contribuye a explicar.

De Los Santos: El boom de la cocaína no se da tampoco…(se interrumpe) tampoco se me da tan fácil que el tema de los 90 explique todo. El esplendor de Los Monos ocurre cuando hay menor desocupación en Rosario y cuando hay mayor cantidad de dinero dando vueltas. Tiene que ver con lo que dice Hernán, sobre la llegada de estas cocinas de cocaína y que hay más dinero para nutrirse de esa droga que se adaptó a ese mercado popular. Lo que vemos es que ese gueto que se crea en la zona sur está ausente de todo, al margen de todo. Lo más cercano que tiene es el casino, que se construyó enfrente.

Lascano: Eso es verdad. Son procesos complejos y de difícil integración. También es cierto que el pibe de quince años que sirve al búnker como soldadito que despacha desde adentro suele ser tercera generación de desempleado. Eso también está presente.

– Que el momento cumbre de Los Monos haya ocurrido en el tiempo de menor desocupación es algo imprescindible para entender dos cosas puntuales que son muy importantes: primero porqué dijeron “Cocaína sí, paco no”. Segundo, tener en claro que mientras las cocinas estaban en los márgenes esa cocaína se consumía por toda la ciudad, había una demanda desde todas las zonas y todas las clases sociales.

De Los Santos: Exactamente.

Lascano: Sí, sí, ahí realmente no hay disociación.

De Los Santos: Atraviesa todo. Eso también está bueno remarcarlo, hay una especie de pacto tácito con la policía, es decir, el paco genera muchos más problemas que beneficios, aunque sea fácil vender la basura que queda de las cocinas. Acá no entró, a diferencia de otras ciudades del conurbano bonaerense donde el paco se infiltró de forma notable.

Lascano: Además siempre solemos decir que una cuestión de compresión que tuvieron las organizaciones criminales de aquí, y esto lo hemos recibido de gente allegada, de sus abogados, es que entendieron que este tipo de droga basura como el crack, el basuco, el paco, genera una ganancia muy rápida pero al mismo tiempo, es tan fuerte el perjuicio que le genera a quien lo consume, que elimina al consumidor, o sea, a quien elimina es al demandante. No era un negocio a largo plazo.

Hernán Lascano

– El famoso “Follow the money” puede sonar como un cliché cinematográfico pero es una realidad en la investigaciones sobre organizaciones criminales. ¿Perseguir ese rastro es posible en Rosario? ¿Rastrear el dinero es una posibilidad en Argentina?

Lascano: Creo que la única manera de mantener el delito, porque el delito no se va a terminar, como dice Alberto Binder -abogado, profesor de Derecho Procesal Penal de Posgrado, fundador y vicepresidente del Instituto de Estudios Comparados de Ciencias Penales y Sociales (Inecip)- en términos más o menos moderados, tiene que ver con la capacidad de generar investigaciones económicas que pongan a raya  a las organizaciones criminales golpeándola donde generan rentabilidad. Para los investigadores más sagaces la cuestión no es ir a esclarecer cada delito de sangre, sino, ir hacia las confiscaciones, hacia los embargos, hacia los decomisos, para, justamente, quitarle la razón de ser a la organización criminal, que es la rentabilidad, no generar violencia. La violencia es un instrumento para generar plata. Yo creo que hay grandes limitaciones. Primero que no hay una tradición en toda la Argentina de investigaciones económicas, no la hay casi en ningún lado. Los números de la justicia federal en Rosario son, la verdad, absolutamente patéticos al respecto. La otra vez un fiscal de delitos económicos me decía que cuando vos tocás al poder, el poder se defiende. Eso lo estamos viendo hoy en Rosario, a propósito de investigaciones que tocan a empresarios. A propósito de, por ejemplo, esta situación con los senadores ahora, donde más allá de quién tiene la razón y de lo que está planteado periodísticamente –y de una manera apenas insinuada, porque el periodismo también paga ahí los efectos del poder– le salieron a hacer una denuncia a dos fiscales que estaban investigando a senadores por delitos económicos presuntos. Entonces, sí, estamos en este marambo, en esta complejidad.

De Los Santos: Para mi hay algo, una diferencia fundamental de, por ejemplo, lo que se ve en Estados Unidos, es que gran parte de la economía está blanqueada. Entonces si tenés el 95% de la economía blanqueada y vos sos narco, tenés que obligadamente lavar el dinero para ingresar a la economía, si no, es imposible.

Lascano: Acá no hace falta.

De Los Santos: Acá tenés ese beneficio, que el 40% de la economía está en negro y Los Monos, como cualquier otro empresario también, pueden manejarse en esos márgenes.

Lascano: Esto es un concepto central: Los Monos no tenían necesidad de lavar dinero para gastarlo. Iban y lo gastaban. No hay persecución.

De los Santos: No necesitás blanquear. Vos fijate en el resultado de los decomisos. La mayoría de los bienes que a ellos le decomisan son autos, que esos sí, de alguna manera, los tenés que tener en blanco. Para retirarlos de la concesionaria los tenés que registrar. Después hubo algunas viviendas, también. Pero después te movés con una valija llena de plata y te vas a una financiera del centro de Rosario y metés la plata sin problemas. Nadie te pregunta nada, si sos narco, si sos verdulero o boxeador.

Lascano: También en una inmobiliaria. Nos decía un tributarista la vez pasada. Comprás un inmueble, una casa, y hacés un boleto por el 40% del valor. Después llegás con el boleto al momento de la escrituración, rompés el boleto y ese boleto es todo negro, toda plata negra. Después blanqueás lo que la inmobiliaria te dice es el valor escriturario del bien, pero en realidad, sale mucho más y la diferencia es una guita negra que puede venir del bunker o de la venta de artículos reducidos del robo.

De Los Santos: Nosotros contamos que Los Monos tienen una especie de banco propio, que son dos departamentos en el centro de Rosario donde allí acumulan todo su dinero. Me refiero a esto, pueden tener el dinero físico y con una mayor seguridad que el resto, porque ¿quién va a ir a robar a Los Monos?

– Los involucrados de guante blanco, de white collar, en la historia de la familia Cantero siguen ahí, flotando libres en el aire. ¿Cómo se aborda a esos actores involucrados que funcionan en la estructura legal, política y financiera? ¿Es realmente posible llegar a ellos o están demasiados inmersos en el sistema como para engancharlos?

Lascano: Es que además hay una tremenda resistencia. Resistencia que no es pura hipocresía, es mantener el lugar ganado. Ahora hay una causa donde se señala que hay recepción de dinero del narcotráfico de Los Monos de parte de un circuito empresario. Te muestran que hay un enlace de personas que están en el medio que van a visitar a Los Monos, que van a la cárcel, que tienen contacto permanente y que son personas que no tiene ingresos lícitos demostrables. Hay como una gran indignación de decir “¿Cómo nos pegan a Los Monos? Acá no hay indicios, no hay nada” pero, sin embargo, lo que tenés es a estos tipos visitando a Los Monos y que después trasladan plata para emprendimientos económicos de los actores empresariales. Es difícil de decir, porque esto es un proceso en trámite que atraviesa todo, pero insistimos con la idea que lo que genera estremecimiento y conmoción es un asesinato a sangre fría en la calle, que se llenen las baldosas de sangre, pero no que la plata que produce eso viaje a una financiera o a una cueva. En un edificio de Córdoba y Entre Ríos, hay una cueva al lado de la otra, eso lo sabe todo el mundo. La plata que llega ahí ¿de dónde sale?

– Encontré que el libro se complementa muy bien con el documental “Ciudad del Boom, Ciudad del Bang” (2013, realizado por el Club de Investigaciones Urbanas y la Revista Crisis): Contrastes inauditos para la región, negocios inmobiliarios, narcotráfico, consumo, todo se encuentra en ciertos puntos donde no hay mucha luz ni entendimiento sobre lo que está pasando en ese momento justo con la aparición de decenas de torres y edificios.

De los Santos: El hilo conductor sería esa guita negra. No tiene explicación la cantidad de departamentos que hay vacíos.

Lascano: Lo que los tributaristas explican que abre la venta para que los narcotraficantes puedan hacer las inversiones con su plata negra son sectores legales de la economía que también negrean dinero. El agro, claramente. Un productor agropecuario que no declara toda su producción y que destina a inversiones en negro esa parte no declarada de su excedente, lo que hace al invertir en un fideicomiso inmobiliario es meter la plata en un mismo lugar donde puede meter un narco. Eso es el capitalismo. Sin ninguna valoración, eso es el capitalismo (risas).

– En un año de contexto eleccionario, ¿qué lecturas tuvieron desde el ámbito político?

De los Santos: No fue premeditado eso. Iba a salir primero en mayo el libro y hubo demoras hasta que se terminó editando ahora. No fue un libro pre electoral. Me han llegado buenos comentarios de todos los sectores políticos. Desde la izquierda hasta la derecha (risas).

Lascano: Sí. No sé si debemos ponernos para que nos lapiden justamente por eso, pero sí.

De los Santos: Una sensación que me dio respecto a eso es que muchas cosas son irrefutables.

Lascano: Creo que nadie pensó que este fuera un libro, en esos capítulos que aborda la cuestión de política, con una intención chicanera o perniciosa hacia un sector determinado. El gobierno era éste, indudablemente, entonces es evidente que vas a posar más los ojos sobre el gobierno que sobre quien no forma parte del gobierno. Si vos tenés una mirada no conspirativa cuando vas a encarar la lectura de un texto o de un libro y no sos un paranoico, podés darte cuenta que no hay un ánimo de joderle la vida a nadie y que, en todo caso, hay un planteo de los hechos y también de algunas interpretaciones sobre los hechos, lo que en un libro periodístico es algo legítimo.

De los Santos: Me parece que también pasamos la etapa de que la explicación de todo era “a Rosario se la estigmatiza”. Por suerte superamos esa etapa donde desde los sectores políticos se empezó a asumir un poco más el problema y no tanto a defenderse con un término que no tiene absolutamente nada que ver para este problema. Te pueden estigmatizar por otra cosa pero no por esto.

– En el transcurso del libro recordaba patente cada nuevo caso en la escalada de violencia: el ataque al búnker con un soldadito trabajando encerrado adentro al que queman, el asesinato de la madre que había denunciando la connivencia entre policía y narcos, las balaceras contra los concesionarios de autos de alta gama. Es un proceso de naturalización de la violencia que a uno lo afecta sin ser consciente. ¿En algún momento los afecta a ustedes luego de tantos años cubriendo policiales o ya llega un punto en que nada logra conmoverte?

Lascano: El fundamento del libro es que esto fue distinto de todo, por eso hay un libro.

De los Santos: Totalmente.

Lascano: Siempre nos sorprendimos. Al menos yo teniendo contacto cotidiano con los redactores de policiales de La Capital y estando ahí…la semana posterior a la muerte del Pájaro fue algo asombroso, absolutamente estremecedor. Además hemos atravesado procesos en que redactores han venido muy maltrechos de coberturas de hechos, muy conmovidos frente a una situación nueva. Me acuerdo del 2001 cuando fue el incendio de la comisaría 25º de Villa Gobernador Gálvez. Una redactora estaba sentada escribiendo y no podía avanzar, algo extraño porque era una redactora con mucha fluidez, y cuando le pregunté qué le pasaba porque la veía afectada, ella me dijo “tengo el olor de la carne humana en la nariz”. Eso me conmovió porque dije: “Carajo, qué potencia”, pero no era una cosa usual. En cambio, después, se volvió una cosa regular que los redactores vieran cosas tremendas. Como esa foto de cuando lo matan a Javito Monzón.

De los Santos: Es una fotografía de Juan José García que sale en el diario El Ciudadano.

Lascano: Fotografía extraordinaria de un momento en que la novia de un muchacho que acaba de ser asesinado y que está medio cubierto por una sábana, está, digamos, levantándole la mano. Me acuerdo de redactores, y de una redactora en particular, que decía “no doy más” de encontrarse con esas situaciones, con esas escenas.

De los Santos: Eso se ve cuando empezamos a revisar las escuchas telefónicas de la familia de Milton y Nahuel César, uno de los que matan en esa semana, a Nahuel y a la madre que después muere. Ellos saben que los están persiguiendo, saben que Los Monos los están buscando y se van a esconder y llevan a los chicos que después van en esa camioneta. Él le deja los pibes a la novia y ella le dice: “Pero quieren salir al parque a jugar, a la plaza”. César responde: “No, no, no los saques”. Él sabía que los estaban buscando y esa piba que mantiene una comunicación con Nahuel, ellos se celaban, ella lo llama por teléfono y después no él no le atiende más porque está muerto. Esas cosas finitas son impresionantes. Te pone la piel de gallina.

Lascano: En ese mismo hecho ves que hay un policía que vive ahí a dos cuadras del Distrito Sudoeste,  en Francia y Acevedo, y ve a dos chicos llorando, un nene de siete y una de once. Llama a la comisaría 18º, que está ahí a una cuadra, para preguntarle al superior de servicio qué hace con esos nenes que venían en la camioneta en la que acababan de matar a la madre y al tío, y le habían dado un balazo en la cabeza al padre, que luego se recuperó. Entonces la cuestión que queda abierta, la posibilidad de puntos para meditar es ¿qué pasa con esos actores sobrevivientes de semejante violencia? Nosotros en un momento contamos el caso de, esto me lo contó un camillero, cuando lo matan a Roberto Cavalli, que era un tipo que compraba artículos para Los Monos y que lo revientan. Iba con la hija de siete años. Entonces la nena tiene las manchas de sangre del padre y un paramédico le dice a un policía de tránsito que estaba ahí: “Estas manchas no se le van a ir nunca a esta nena”. Son detalles mínimos pero que son de un dramatismo que no está exacerbado, existió, lo vimos, lo cubrimos yendo a los lugares de los hechos donde pasaban cosas en esta Rosario que está ahí contada.

Texto – Lucas Canalda
Corrección: Daniel Rand
Fotografías – Renzo Leonard

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