HACIA UN BLANCO PROFUNDO

Santiago Mitre y Dolores Fonzi se adentran profundo en La Cordillera, la producción más importante del cine nacional en 2017.

La Cordillera es el nuevo film del realizador Santiago Mitre, responsable de El estudiante (2011) y La patota (2015). En la cinta Ricardo Darín encarna al recién asumido presidente argentino Hernán Blanco quien busca construir su poder mientras lidia con una inesperada situación familiar que le presenta su hija Marina, interpretada por Fonzi.
La historia, escrita por el propio Mitre y Mariano Llinás, se desarrolla durante una cumbre de presidentes latinoamericanos en Chile, donde se definen las estrategias y alianzas geopolíticas de la región. Mitre narra un thriller desde las entrañas de la construcción de poder de un mandatario que fue elegido bajo el lema de “Un hombre común” y que representa un misterio para la ortodoxia política de Capital Federal y los intereses extranjeros. Blanco es un caudillo del interior forjado en La Pampa que alcanza la cima cediendo a los silencios y siendo etiquetado de endeble por medios concentrados que se preguntan quién es realmente. La construcción de su autoridad absoluta en medio de un ajedrez geopolítico es la perspectiva desde la cual Mitre elige mostrar la intimidad del poder y su armado vertical erigido sobre secretos ocultos y confesiones apagadas. La irrupción de Marina cataliza una inesperada vuelta de tuerca que lleva a Mitre a jugar con algunos ribetes propios del cine de género y así disparar interrogantes metafísicos acerca del control absoluto.

La película

Sobre las 18 horas, ante una formación de teléfonos celulares y dos grabadores digitales, Dolores Fonzi y Santiago Mitre toman asiento secundados por un rutilante trueno que estimula un “Uhhhh” de parte del director. Tanto Fonzi como el realizador se muestran divertidos y entusiasmados de responder sobre su nuevo trabajo. Desde el arranque bromean ante los periodistas tomando la posta introductoria. “Dolores, bienvenida a Rosario”, comenta él. “Bueno, Santiago, contanos cómo se te ocurrió la historia sobre este presidente, ¿en qué cabeza cabe algo semejante?”, devuelve ella. Sin vuelta alguna, se divierten declarando “Queremos hacer público que somos pareja, ya está confirmado”. Luego de romper el hielo, la rueda se sucede con dinamismo.
“La Cordillera se estrena el jueves 17 de agosto en Argentina. En septiembre se estrena en España, en noviembre en Francia. Después tiene distribución en toda Latinoamérica, afortunadamente. Como la película trata sobre una cumbre latinoamericana va a tener estreno en varios de los países involucrados gracias a Warner”, señala Mitre que inmediatamente describe al equipo de actores que integran la cinta: “El elenco es muy impactante y potente, empezando por Ricardo, Dolores, Erica Rivas, Gerardo Romano, los actores argentinos. Al mismo tiempo hay una particularidad, había que armar un elenco con actores de todo el continente encarnando a presidentes de distintos países. Fue un desafío armar ese elenco. Fuimos contactando a nuestros actores preferidos de los distintos países. Pudimos congeniar a todos en la fecha de rodaje. Paulina García, Alfredo Castro, Christian Slater, digo Christian Slater y me río, todavía es raro hablar de un actor así en nuestra película. Estoy contento con la calidad de actuaciones que tiene La Cordillera. Eso es parte del interés que tiene la película, el trabajo de Ricardo, Dolores y todo el elenco. Hay una potencia y una sutileza en sus trabajos”. Cuando un periodista le pregunta acerca del desempeño de la actriz, el director replica, “es genial lo que hizo Dolores. Dirigirla es muy fácil. Es una actriz muy buena, ella tiene tanta conciencia y conocimiento de la película como un director”. “¿Qué otra cosa puede decir teniéndome sentada al lado?” remata Fonzi.
Mitre destaca que el precoz interés de Ricardo Darín en la historia fue esencial para desarrollar el guión y que la iniciativa tuviera una evolución positiva hacia una producción concreta. “Para mi fue fundamental su presencia y confianza con el proyecto. Desde el primer momento que le conté sobre la historia Ricardo se entusiasmó y le pareció un desafío interesante como actor, le interesó el desafío de componer a un presidente. Su presencia como actor fue importante para construir el argumento de esta película y fue muy importante durante todo el proceso de hacerla”. Finalmente, precisa, “De no haberse querido meter en el proyecto o de no haber querido meterse en política no creo que me habría dedicado a escribir el guión”.
Sobre su rol como Marina Blanco, hija del presidente, Fonzi explica que “me despertó muchas preguntas ese vínculo familiar dentro del poder. ¿Cómo sería ser hija de un presidente? Debería ser algo bastante feo de transitar. Por suerte no soy hija de un presidente, todo el mundo habla bien o mal de tu padre y tu familia. Todas las críticas y cosas negativas te deben causar algo feo. No debe ser para nada fácil  lidiar con un poder de semejante tamaño y que no te corresponde. ¿Qué hacés con eso? Me parece compleja la figura de los hijos de los poderosos”.
La filmación, que se extendió durante ocho semanas, recorrió locaciones de Buenos Aires, Bariloche, Santiago de Chile y el centro de esquí Valle Nevado, en el país vecino. “La historia transcurre toda en Chile. Todos los exteriores están filmados en Valle Nevado. Los interiores los hicimos en Hotel Llao Llao de Bariloche y parte en Buenos Aires, en un estudio y otros hoteles”  índica Fonzi. Acerca del majestuoso escenario natural el director explica que “el contexto tiene muchas significaciones. En un principio me gustaba la idea de ubicar la cumbre en la Cordillera por la geografía y porque le aportaba cierto extrañamiento a la película. Yo quería que la película se fuese alejando del realismo de a poco y creo que el contexto del hotel y las montañas, con los blancos y los negros que son tan importantes en la película, eran un símbolo visual importante. Me gustaba la idea de ubicar la cumbre en la significación de la Cordillera de los Andes, que atraviesa todo el continente y es un símbolo de unidad, y al mismo tiempo, un límite entre los países. Asimismo significa estar en la cumbre. Hay una soledad y un aislamiento que produce la altura geográfica como también la cima del poder. La película trabaja la construcción de poder de Hernán Blanco, alguien que llega a la presidencia bajo el lema de “Un hombre común”. Qué implica ese poder y qué consecuencias tiene ese poder que construye es lo que se narra en La Cordillera”.
La producción tuvo su paso por el Festival de Cannes, en el mes de mayo, adonde fue estrenada dentro de la sección Un Certain Regard y según reportaron los medios latinoamericanos presentes en la costa azul, fue aplaudida de pie. “La película fuera de Argentina se lee en clave ciento por ciento ficcional, no se establecen tantas relaciones con el presente argentino porque obviamente hay menos conocimiento. En un sentido, se lee de un modo más lineal, como un thriller político con ciertas dosis de suspenso o de género fantástico” precisa Mitre sobre el análisis que hizo el público que pudo ver su filme en el certamen francés. Además agrega: “Lo que a mí siempre me interesó, y era una de mis preocupaciones, era ver cómo iba a ser recibida por los países hermanos. Me di cuenta que generó mucho interés. Me preocupaba que a  los mexicanos no le guste cómo retratamos a su presidente, o lo mismo a los brasileños, pero no pasó eso. Los mexicanos son muy críticos con su clase política y entonces le gustaba ver ese presidente tan canallesco, y a los brasileños les daba cierta nostalgia de que su país vuelva a tener un presidente con cierto, qué sé yo, poder y con relevancia internacional, no que se hable sólo de los escándalos de los que se habla últimamente”.
Ante la inminente llegada de La Cordillera a las salas nacionales los responsables de la misma se predisponen a recibir y descubrir las teorías suspicaces y el hilado fino sobre quién es quién de la política latinoamericana dentro de la trama. Mitre parece ya estar preparado para lo que se viene y admite hasta sentir una genuina curiosidad por las teorías que pueden llegar a desplegarse. “Es algo que vamos a descubrir ahora con el estreno” señala. “Es una película de ficción que trata con ideas de ficción pero tiene la particularidad de estar protagonizada por un presidente ficcional que habita nuestra época, por ende, hay determinados ecos y cuestiones que se pueden parecer a cuestiones de la realidad” explica el realizador porteño  que, ante cierto escepticismo de los periodistas, enfatiza,  “igual, es una película ciento por ciento ficcional y nunca voy a decir de quien tomé algo”. “Podría ser cualquiera”, agrega la protagonista.

Marina Blanco

Más temprano en esa misma tarde, en la altura del Hotel Savoy escapa al ruido invasivo del microcentro como también pesadumbre de la siesta invernal, Mitre se escabulle al balcón para prender un cigarrillo, un pequeño descanso en medio de las entrevistas individuales para medios gráficos.
Dentro del salón Dolores Fonzi pasea amistosamente y explica que tiene que maquillarse antes que arranquen las fotos. Mientras camina a encontrarse con la maquilladora, algunos trabajadores del hotel le piden una selfie que ella misma termina tomando.
Algunos minutos después, la protagonista de La Cordillera está lista para adentrarse en la película y explayarse sobre el trabajo que realizó con Marina Blanco.

– El cine siempre es un ejercicio colectivo, frente y detrás de cámaras, en lo que respecta al elenco tuviste una oportunidad de medirte con gente muy talentosa.

El elenco para mi es increíble, en todo sentido, son todos actores que admiro. Tenemos a Christian Slater en una escena memorable, después está Daniel Giménez Cacho, uno de los mejores actores mexicanos que hay. Paulina García que la pudimos ver en Gloria (2013, Sebastián Lelio), donde está increíble. Alfredo Castro que es un psicólogo y es muy bueno su desempeño. Esa base actoral hace que el código de la película se eleve, que todos como actores levantemos mucho, nos potenciamos entre todos. De todos había visto películas y ya conocía algunos. Lo que siempre importa es poder trabajar de manera relajada y divertida, eso pasó con todo el elenco. Había una calidad humana en cada uno. Poder trabajar con colegas de tantos países fue muy enriquecedor. Que haya un encuentro pluricultural entre los actores le da a la película mucho interés.

– ¿Cómo trabajaron esa especie de familia disfuncional formada por Ricardo, Érica y vos?

Más que nada el trabajo lo hicimos entre Santiago, Ricardo y yo. Después con Érica, otra parte, pero más que nada con el padre de Marina, con el presidente, trabajando el vínculo en las escenas, la demanda emocional de cada escena.

– Hernán Blanco parece tener todo controlado salvo a su propia hija, a su propia carne, es una vuelta metafísica que se plantea dentro del entramado político.

Lo cierto es que nadie puede controlar a su propia carne. Los hijos, en general, siempre se nos van de las manos y en este caso se nota. La hija viene a irrumpir ese orden o control que él tiene sobre todas las cosas, de hecho, la trae a la cordillera para controlarla y ella se descontrola de cualquier manera. A mi me gusta esa vuelta metafísica. Uno empieza a ver la película y se encuentra con una historia sobre política con un armado inédito en el cine argentino sobre cómo se tratan las esferas del alto poder y, de repente, vira hacia algo más fantástico y enrarecido porque Marina, la hija del presidente, trae en el inconsciente otras cuestiones que lo ponen en problemas al mandatario.

– Marina y su padre pasan muy rápidamente de la distancia desconfiada y evasiva al amor y la complicidad, de las risas al terror.

Las relaciones íntimas tienen eso. Cuando uno tiene mucha intimidad, mucha confianza, cuando el vínculo es tan cercano, se puede pelear terriblemente y al segundo estar hablando de cualquier cosa. Hay algo en el ida y vuelta íntimo de padre e hija o entre amigas que hace que cuando tenés mucha intimidad con alguien, de repente está todo bien y saltan cosas del pasado, es algo muy común.

– ¿Esa demanda emocional que mencionaste previamente se encuentra trabajando sola o se construye junto al director?

Santiago es un director siempre abierto a las propuestas entonces el trabajo de mesa es fundamental. Eso lo fuimos trabajando con Ricardo y con él. Yo todo con lo consulto con Santiago. Me gusta ir viendo cada escena, texto a texto. Después, el estado de cada escena que yo necesitaba, ya son técnicas mías. Me gusta tener un director en quien confiar y en el que me pueda apoyar para preguntar cualquier cosa. Después, hay una parte del proceso que es personal porque tiene que ver con cómo alcanzas un estado emocional determinado para cada escena. Como por ejemplo, las escenas de la hipnosis, eso ya es técnica.

– Mitre con sus historias propone un territorio de discusión, no hay una bajada de línea patética y obvia, eso también es un territorio donde los actores pueden construir mucho.

Exacto. Son escenas de diálogo. Escenas largas de construcción de diálogos con personas que hacen que los actores se puedan desplegar y transitar las escenas con un recorrido más generoso. Son escenas de mucho texto y desarrollo. Es cierto que el cine de Santiago es de debate, que te deja preguntas, que te deja pensando, siempre. Eso es algo que me gusta del cine.

– Siempre es interesante ver qué genera ese ruido que va resonando de a poco en uno luego de una película o un libro. Ver cómo termina repercutiendo en el otro.

No necesariamente uno va a ver una película para salir con todo sabido. Cuando la película te queda en el cuerpo y vuelve, vuelve y vuelve, es de las que a mi me gustan, las que te dejan movilizados. Esas son las que valen la pena. Las otras también porque te entretienen esas dos horas, después te olvidaste y no hay problemas. Pero este tipo de películas exigen más de uno, son más interactivas.

– ¿Cómo se encuentran guiones relevantes que dialoguen con un contexto social?

No es fácil y no sé por qué (risas) No es que todo el mundo tiene el mismo talento. Algunos se enfocan en cierto tipo de cine, otros se enfocan en cosas diferentes. Hay una necesidad personal de contar según tu universo.

– En los últimos cinco años lograste una regularidad para trabajar en el cine, ¿te ves dedicada exclusivamente a las películas?

No. Me gusta todo. Me gusta actuar, me gusta gestionar proyectos, pueden ser de cine, de teatro, o de televisión. Me gustan las películas, el cine es parte de mi vida diaria, por supuesto, estando de novia con un director de cine, el tema es todo el tiempo eso, nos apasiona lo mismo pero también tiene que ver con el arte interpretativo visual como las obras de teatro, vamos a muchas obras, nos gusta eso. No me limitaría a hacer solo cine, de hecho, ahora a fin de año voy a hacer teatro.

El Director

Las primeras palabras que Santiago Mitre emite frente al grabador para describirse son “neurótico” e “hiperquinético” algo que se evidencia apenas entabla una conversación en la que participa respondiendo de manera vertiginosa. Es una verborragia a la que secunda con ojos y manos expresivas ante cada respuesta y explicación. El joven realizador de treinta y seis años, responsable de dirigir títulos como El Amor (Primera parte), El Estudiante y La Patota, comenta que ya casi está finalizada la gira de promoción, que sólo restan unas entrevistas radiales en Capital Federal antes del estreno del filme. Mitre se entusiasma conversando sobre cine de género y también sobre el proyecto que está por venir. Ya lo tiene, dice. Siempre, como mecanismo de supervivencia ante al estrés de un nuevo lanzamiento, se pone a escribir y preparar su guión venidero.

– ¿Cuándo nace este proyecto sobre la cumbre latinoamericana?

Soy medio neurótico e hiperquinético y siempre que estoy terminando una película ya me pongo a escribir la siguiente. Fue tanto el tiempo que pasó que ya no me acuerdo cuál fue el germen de La Cordillera. Creo que empezó un poco en broma cuando terminé El Estudiante, mi primera película. Nos pusimos a pensar con Esteban Lamothe, qué iba a ser de ese personaje. En ese momento nos imaginamos que podía llegar a presidente y ahí se configuró por primera la idea de hacer un presidente de ficción, algo que no existía en el cine argentino o de lo que no hay antecedentes muy notorios: hacer una película sobre un presidente de ficción, en un contexto político de ficción y trabajar sobre la intimidad de un presidente. Cuando empezamos a indagar en la intimidad del poder y el ejercicio del poder apareció una cosa que a mí siempre me pareció interesante, el control que tienen los políticos de sus entornos, incluso de sus familiares. Entonces apareció esta idea del personaje que interpreta Dolores, el de Marina, hija del presidente, personaje que trae ciertos desórdenes y desequilibrios emocionales que viene como a romper esa búsqueda de control que tiene el padre, un personaje que es casi una amenaza para él y su entorno.

– La película es sobre la intimidad del poder pero también sobre el control: El control de un gabinete, el control de una imagen proyectada ante los votantes y ante los medios, el control de una negociación. Sin embargo, este presidente Blanco parece tener todo controlado salvo a su propia hija, a su propia carne, hay una vuelta metafísica, un elemento casi fáustico en eso.

Esa es la clave, la política es un ámbito de control y simulación constante, y si hay algo que el personaje de Dolores no quiere, ni puede hacer, es eso, es ser controlada o fingir, entonces ella, cuando llega, viene a romper con ese ámbito de simulación donde todo es cáscara; ella viene a traer cosas que aún en su locura, y aún si se puede dudar si son ciertas o falsas, está expresando una especie de confrontación con respecto al poder y al control que tiene el padre y que rompe en la película. Ahí fue cuando nosotros vimos que había una película  mucho más interesante que la que teníamos, cuando apareció por primera vez el germen de lo que vos llamaste metafísico y nosotros llamábamos fantástico, nos dimos cuenta que teníamos una película que podía indagar sobre la intimidad del poder de un modo original, ir yendo cada vez más profundo, e inclusive, empezar a coquetear  y jugar con otros géneros, aparecieron elementos del cine de terror, más allá que no se explicitan del todo.

– Manejaste un equilibrio para no bandearte ante las insinuaciones de género que claramente hay en la película.

Yo me di cuenta cuánto realmente me gusta el cine de género. Creo que con La Cordillera lo terminé de descubrir. Es cierto que El Estudiante tenía un cierto pulso de thriller y La Patota trabajaba en torno al melodrama, a la vez un melodrama vertiginoso. La Cordillera es un thriller político que bebe de zonas más oscuras, de tradiciones más oscuras de relato como pueden ser el terror o el suspenso. Me di cuenta, mientras preparábamos la película con el equipo, el director de arte, el fotógrafo, nos empezamos a referenciar de las películas de terror de los 70 y 80. De golpe fuimos a ver películas de (Roman) Polanski, vimos El Bebé de Rosemary, que a priori no tiene nada que ver, pero nos servía para determinados procedimientos de la película. Incluso, El Exorcista (1974, William Friedkin), películas que son de otro mundo pero que nos sirvieron para articular la puesta en escena con mayor nitidez. Lo mismo con El Resplandor de (Stanley) Kubrick.

– Además era imposible dejar de lado El Resplandor con una película que transcurre en un hotel en medio de un universo de nieve.

Sí, claro. Además creo que The Shinning fue una referencia desde la escritura. Creo que el hotel en medio de la montaña lo tuvimos que salir a buscar, encontrar el hotel de The Shinning (risas).

¿Estás preparado para que a partir de ahora se vengan títulos rutilantes como “La Trilogía sobre el poder de Santiago Mitre?

Ufff. No sé. En ese sentido yo fui haciendo películas distintas pero que trabajan sobre ámbitos políticos de manera más o menos explícita, entonces, yo no sé si forman una trilogía. El otro día alguien me la señaló así, yo no diría que es una trilogía, lo que pasa es que uno hace una película y se empieza a preguntar cosas sobre el tema que uno trabaja. En general, la propia película es la que hace despertar una idea de continuarla de otra manera, por necesidad de seguir profundizando o por necesidad de corregir cosas o por lo que fuera. Es lógico que los temas se continúen. Después, indagar sobre cuestiones políticas o sobre problemas contemporáneos, como me parece que tratan mis películas, me parece que es algo que tiene que ver con mis intereses, que es algo, supongo, que voy a seguir haciendo. Aunque…miento (risas) la película que voy a hacer ahora, nada que ver (risas). Estoy adaptando la novela “Pequeña flor” de un escritor que se llama Iosi Havilio, trata sobre unos padres primerizos, es una película más de género.

– La Patota llegó en un tiempo en que el pedido de discusión por la despenalización del aborto cobraba mucha fuerza, algo que sigue hasta hoy. En ese contexto la película tuvo un impacto importante así como también relevantes lecturas en medio de las primeras movilizaciones de #NiUnaMenos ¿Cómo llegaste a desarrollar ese proyecto que llegó en ese momento preciso? ¿Fue algo que viste venir a través de un eco callejero? Este nuevo proyecto también tiene una lectura relevante sobre sucesos de la política regional.

Son películas sobre nuestra época, películas sobre ésta época, entonces de algún modo tienen rebotes sobre la realidad. El Estudiante, cuando se estrenó, apareció un discurso articulado desde determinados espacios, sobre revalorización de la militancia o de relación entre la juventud y la política y demás. Pero yo a esa historia política la estuve filmando antes y la estuve escribiendo en los años anteriores. Con La Patota me pasó lo mismo, fue un proyecto que me trajeron en el 2012 y que empecé a desarrollar. Después fui posponiendo hasta que se estrenó dos semanas después de la primera marcha de #NiUnaMenos. No había forma de prever eso. A La Cordillera la empecé a escribir hace un tiempo. La primera idea apareció en época de El Estudiante y cuando empezamos a escribir el guión era tiempo del gobierno anterior y la interna estaba muy abierta, uno no sabía quién iba a ser el próximo presidente. Ahora se estrena y veo que hay muchísimos más vínculos de los que yo hubiese previsto. ¿Eso por qué pasa? No lo sé. Tal vez un poco por azar y por trabajar obsesivamente por los problemas de esta época, que hace que las películas sean ciento por ciento ficcionales pero que a la vez estén reflejando los interrogantes y las cuestiones importantes de nuestro tiempo.

– ¿Hubo un trabajo previo de tu parte, algo off the record, para vislumbrar el entramado de una cumbre semejante?

No. Te diría que es más invención y suposición que otra cosa. Trabajamos con Mariano llinás, con quien escribí mis otras películas y además es un director del carajo, sobre parámetros de ficción y sobre personajes complejos, y todo lo ambiguos que podamos, y desde esa construcción de los personajes es la que va dando la lógica de los diálogos, incluso en el caso del devenir de la trama. Por supuesto que al trabajar sobre la intimidad de la política había que investigar, sobre todo las cuestiones de protocolo, en ese tipo de cosas siempre está todo muy pautado. Cuando una comitiva presidencial viaja al exterior hay una serie de reglas, por ejemplo, en qué orden se baja del avión, en dónde se sientan los ministros, dónde se ubica el presidente, en qué auto viaja, quién puede estar sentado a la izquierda de un presidente, quién a la derecha, todo es protocolo y simulación. Todo eso sí investigamos para que la película refleje algo real. Viajamos a cumbres, no tanto para ver cómo debatían pero sí para ver cómo funcionaba el detrás de bambalinas. Tuvimos asesores y consultores que nos supervisaron para decirnos “acá está bien, acá no” pero el cuerpo de la película es invención de la escritura.

– La Cordillera recibió aportes de Francia y España y el presupuesto más importante del año para una película nacional. ¿Cómo se hace para manejar la responsabilidad que conlleva semejante coste?

Mi miedo al hacer una película de alto presupuesto como es La Cordillera era perder libertad y, por suerte, no sucedió. Los productores leyeron el guión y le gustó mucho. Fueron entrando los coproductores que traían cosas, o la gente, de Warner, en función de este guión y con ganas de participar y sumarle cosas a la película. Trabajamos en mucha horizontalidad y de una manera muy buena. Estoy muy contento con el modo en que trabajaron y en cómo están lanzando la película ahora. Me parece que para mi es un salto enorme, es la primera vez que hago una película con cierta masividad o aspiraciones a cierta masividad, pero a la vez, siento que es una película que me refleja completamente como cineasta y que tiene una continuidad con relación a las cosas que venía haciendo. En eso estoy tranquilo y contento.

– ¿Un mayor presupuesto presupone perder la intimidad con la obra?

Me parece que empiezan a aparecer condicionamientos, ¿no? Necesitás un grado de previsión de que el dinero que se invierte va a volver y cuando tenés que prever eso, bueno, es cuando se cae en formatos de guión medios convencionales, o abuso de las caras famosas, que bueno, esta película tiene caras famosas (risas).

 

Texto – Lucas Canalda
Fotografías – Renzo Leonard

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