CANCIONES SON OBSESIONES

Carolina Taffoni revisitada

Presente en los medios rosarinos desde hace más de veinte años su firma es indivisible del mundo del cine y la música rock. Curiosa desde pequeña, Carolina Taffoni encontró en el periodismo el camino que la haría brillar hasta transformarse – sin que ella tuviera idea- en referente de una generación y en sinónimo perdurable de la época dorada de la blogosfera.

Más allá de las páginas de La Capital, El Ciudadano y Rolling Stone la figura de Taffoni se hace carne en Contra las cuerdas, blog que llevó adelante desde noviembre de 2003 a enero de 2008, logrando cautivar a lectores de varias latitudes. Hoy,  a nueve años de su final, Contra las cuerdas se sostiene mejor que nunca gracias a la cohesión que el tiempo le otorgó con la razón de los hechos y con la contundencia de gestos epocales que hoy se cuentan como certezas de una generación.
Según una descripción breve Contra las cuerdas era -es- sobre cine, música y literatura. Una vez que se cruzaba el umbral de ingreso se revelaban otras texturas: noche, relaciones, sexo, trabajo, endogamia, fantasía, negación, realización y frustración. Como las creaciones de los Hermanos Coen, los personajes que pululan por las entradas de C.L.C. hacen gala de una patética crueldad que sus creadores le otorgan, la diferencia radica en que la misantropía que soportan los pobladores del blog son creaciones de la vida real que Taffoni supo transcribir en cientos de oraciones. Contra las cuerdas fue una bitácora que disparaba y mordía, que contagiaba una fiebre pasional mientras las oraciones se desenvolvían sólas en sorpresas inesperadas para el lector y, tal vez, hasta su propia autora.

Taffoni siempre se caracterizó por su bajo perfil, desconfiando de la exposición, tratando de conservar su punto observación, lease, mantenerse a una distancia amable y cortés sobre quiénes tendrá que escribir más tarde. Silenciosa y concentrada en su trabajo, evitó morder el anzuelo de vanidad y canchereada que prometía el pseudo estrellado de twitter al que muchos de sus compañeros de generación tragaron con el mejor deleite.
Desde un costado del camino, Taffoni observó con agudeza sabiendo cultivar lucidez, honestidad, humor corrosivo, así como también un especial romanticismo por mucho de lo que se ve extraviado en tanto tire y empuje de paradigmas.
Ahora la periodista se adentra en el cuadrilátero que supo construir con palabras lúcidas e incalculables horas repasando su carrera y volviendo a sus años formativos.

Ambiente climatizado

Es verano y se derrite el microcentro rosarino. Temprano a la mañana el termómetro marca 29º y por la tarde es mejor no chequear la temperatura si uno no quiere capitular y abandonar todo intento de acción productiva. Llegando unos minutos antes a la cita programada suena el teléfono:

– Lucas, soy Carolina. Mirá, estoy en el bar y la chica me dice que ellos están cerrando.

– OK, aguantame que ya estoy llegando. Estoy a unos pocos metros.

De jeans y remera blanca, Carolina Taffoni espera refugiada bajo un semicírculo de sombra que regala la esquina en cuestión. Es menuda y no aparenta tener más de 35 años. Bajo un sol despiadado vemos las limitadas opciones que el horario estival nos presenta. Estamos de acuerdo que tiene que ser un bar tranquilo que provea lo imprescindible: aire acondicionado. Caminamos unos metros y nos metemos un café con ambiente climatizado. El único parroquiano presente está acovachado en un rincón de sombra justo debajo del ansiado aparato.
Taffoni se encuentra de vacaciones de La Capital, periódico donde trabaja desde hace dieciocho años. En los próximos días parte, junto a su familia, por primera vez hacia el sur argentino. Me cuenta sobre sus viajes a San Francisco, Los Ángeles y otras capitales musicales del mundo. Algunos minutos después estamos conversando sobre las ciudades de David Bowie y el peregrinaje de sus fans. Nos detenemos en cómo Brixton, su lugar de nacimiento, se convirtió en una de las zonas más caras de Londres y nos reímos de cómo los vecinos del edificio berlinés en el que vivió algunos años tuvieron que enrejar la puerta para que sus fans dejen de meterse a investigar y tomar fotos. Ambos finalizamos el tema antes de tener que, inevitablemente, mencionar en voz alta que Bowie está muerto.

Buy the ticket, take the ride

Carolina Taffoni es tan clara como concisa, expresando con sinceridad sus ideas y respuestas. Tiene una mirada atenta, curiosa sobre todo lo que pasa y suena a su alrededor. Responde con generosidad y espontaneidad. Cuando recuerda algo divertido o tiene oportunidad de contestar con humor endiablado se manifiesta en su cara algo bien diferente. Pura picardía latente. “Difícil cerrar la sonrisa” diría Onetti.
Hoy casada y madre de Julia de ocho años, Taffoni nació en San Lorenzo en 1971, “el año de Hunky Dory y Sticky Fingersaclara. Desde muy chica el amor por el cine y la música estaba declarado y en las primeras incursiones con su madre al centro rosarino la pequeña Carolina comienza a comprar discos. Ya en su adolescencia los viajes al centro serían una costumbre impostergable, siempre en colectivo y por sí sola. Su devoción por el séptimo arte y las canciones impulsaba la misión de buscar videos, discos y libros. También revistas con los contenidos deseados. Publicaciones en castellano era lo más frecuente pero si había algo de importación, todo bien con el inglés. Entre idas y venidas de su ciudad natal a Rosario Taffoni irá cimentando su pasión y curiosidad. Películas, libros, salas de cine, cassettes, revistas, conciertos, LPs, un proceso estimulante que no parecía tener final e iba perfilando lo que habría de venir luego de la secundaria.

– ¿Cómo conseguías información por aquellos días de juventud?

Era muy difícil. Yo viviendo en San Lorenzo no conseguía nada, me venía para acá en colectivo e iba a las librerías para buscar esos libros con letras. Me acuerdo de esas pequeñas biografías que escribían los españoles llenos de galleguismos. Esos pequeños libros se conseguían en la galería de La Favorita; me acuerdo que ahí también tenían la Rolling Stone americana. Eso era lo poco que había. Las biografías eran la biblia. Leía “Gritar” la biografía de los Beatles por Phillip Norman, después leí la suya sobre los Rolling Stones también. Me acuerdo que era información básica y fuente de consulta permanente. Después estaban las enciclopedias de rock, que eran algo muy bizarro (risas)  y ahora ya no existen más, las de Salvat o  que venían con La Nación y se coleccionaba por fascículo. Yo todo eso lo devoraba. Los gallegos que escribían ahí son todos los periodistas que ahora escriben en El País, como por ejemplo, Diego Manrique. En inglés lo único que leía era la Rolling Stone americana, era la única revista que yo veía siempre que llegaba de manera asidua.

– ¿Y cuáles fueron los libros o periodistas encaminaron a Carolina a ser una rock writer?

Leía biografías, básicamente. Me gustaban mucho las biografías, no leía libros de críticos de rock porque eso no estaba tan difundido en los 80 y los 90 como en los 2000 entonces leía revistas. La Rolling Stone americana, era una. De acá, como todo el mundo, leía la Pelo, La Rock & Pop. Leía a Sergio Marchi, a Claudio Kleiman, que ahora no me gustan más. Mis amigos me cargan cuando yo lo defiendo a Marchi, yo siempre digo que es parte de mi formación. Después la Rock & Pop tuvo una etapa interesantísima, que desgraciadamente, fue la última, en donde escribían (Alfredo) Rosso, (Norberto) Cambiasso, (Pablo) Schanton, (Daniel) Riera, todos los que después escribieron en dos revistas fundamentales que fueron Esculpiendo Milagros y Revolver. Todos lo que escribieron en esa revista son parte de mi formación. Me encanta Pablo Schanton. Me gusta Ernesto Martelli que fue jefe de redacción de Rolling Stone, todos los que escribían me gustaban muchísimo. Todos ellos forman parte de mi formación más que los críticos de afuera a los que leí esporádicamente. A Simon Reynolds, que está tan apegado a mi generación, lo leí, leí artículos, me parece un gran analista de rock pero no me gusta como prosista, es un pésimo prosista, todo mal redactado, me hace ruido leer algo tan mal escrito.

– Vos fuiste parte de la primera generación de TEA en Rosario, por entonces el panorama era diferente para la comunicación en la ciudad.

Sí, de la primera promoción de TEA. Una promoción privilegiada, digo yo, porque fue todo jugado, fue un experimento en ese momento, no sabíamos cómo iba a resultar, era una escuela que habían puesto acá en nuestra ciudad, tenía toda la chapa de Buenos Aires pero no sabíamos cómo iba a resultar en Rosario. Pasaron los tres años, nos recibimos, creo que no éramos muy conscientes de lo que estábamos haciendo pero justo se dio la coyuntura de que, al menos un grupo afortunado, pudo entrar a trabajar a El Ciudadano que recién había abierto. Los que hacíamos gráfica nos metimos ahí, otros entraron a Canal 3 o al 5. Los que realmente querían hacer periodismo pudieron conseguir laburo y , siempre digo, eso fue una cosa bastante extraña para lo que es esta profesión.

Fundado en octubre de 1998, el periódico El Ciudadano ganaría, con su mixtura de trabajadores de prensa experimentados y unos cuantos jóvenes talentos recién llegados al campo laboral, un espacio de nuevos aires en una ciudad de atmósfera viciada por los mismos medios, voces y plumas. Por esos primeros años, El Ciudadano sería un espacio para incorporar nuevas ideas y que tomaría el desafío de darle otro color a la pálidez informativa rosarina. Taffoni recuerda que “Fue un espacio medio de experimentación porque era un diario nuevo. Se estaban probando cosas. Me acuerdo que había una hoja de discos extensísima. Se hacían muchas columnas sobre discos y cine”. Diego Giordano, hoy uno de los periodistas de rock más importantes de Argentina y por entonces joven compañero de Taffoni en la sección Espectáculos del matutino, detalla el trabajo que realizaban en la redacción: “Caro estaba a cargo de la página semanal de reseñas de discos del diario. Era una página doble que salía los martes o los jueves, ahora no lo recuerdo con exactitud. Una página estaba dedicada al disco de la semana, y la otra tenía dos reseñas más breves, y un texto sobre un disco “rescatado”, un clásico, que se llevaba la mitad de esa segunda página. Escribíamos sobre los discos que salían a la venta en esos días, principalmente rock, pero también aparecía algo de folclore o tango”. Acerca de aquellos auspiciosos días -aún faltaba algún tiempo para los telegramas, los trabajadores en la calle, los aportes que nunca habrían de llegar- Giordano apunta que “teníamos un empuje bestial: éramos muy jóvenes y creíamos que cada nota que escribíamos era una suerte de declaración de principios. Y había algo que en la sección Espectáculos estaba muy claro, y que era privilegiar la cobertura de la producción local, y eso se daba en tanto en la música como en el teatro, el cine y la literatura. Cuando aparecía el nuevo disco de una banda local, le dedicábamos una página entera, y entrevistábamos a todos los músicos de la ciudad que estuvieran haciendo algo”.

En el periodo de El Ciudadano Taffoni empieza a mostrar su agudeza para las entrevistas y al criticar discos. Una pluma de precisión quirúrgica demostraba que sencillez y lucidez eran poderío suficiente para escapar a los formatos restrictivos de un periódico y así lograr entregar algo más al lector, un material que escape del olvido diario, líneas que estimulen la curiosidad y que movilicen. También por entonces Taffoni se lanza a un territorio casi inhóspito: la honestidad brutal como virtud de sus artículos. Taffoni es certera en sus líneas, directa al grano. No desperdicia palabras ni espacio edulcorando sus observaciones ni esbozando eufemismos. En Rosario, hasta la fecha, pocos periodistas han sido tan puntuales para lo bueno y para lo malo. “De Caro siempre admiré el filo de su bisturí. Yo venía de tocar en bandas locales como Mortadela Rancia y los Killer Burritos y me costaba escribir algo desfavorable sobre tal o cual disco o músico. Hasta el día de hoy lucho contra ese mambo. Caro no tenía ningún problema en incinerar a quien lo mereciera” señala Giordano, en quien conviven la música y el periodismo desde una temprana adolescencia. El baterista/periodista puntualiza sobre un episodio: “Me acuerdo de una nota que escribió sobre un recital medio pedorro de Fabián Gallardo. El día que salió publicada, los organizadores llamaron para quejarse, hasta la madre de Gallardo llamó al diario“. Por último, el autor de Inédito, añade, “Caro tenía, y tiene, incorporada la idea de Lester Bangs de ser absolutamente inmisericorde a la hora de escribir. En ese punto, me gustaría ser como ella”.
Mirando hacia esos lejanos tiempos del primer Ciudadano, Taffoni señala que “había mucho sobre discos. Era un poco la época de eso, eran los años 90 donde la crítica tenía más espacio” y asimismo agrega puntualmente que “No era solamente porque el diario era diferente, la crítica y el periodismo eran distintos. La parte de espectáculos era diferente ahí y en todos los diarios. La crítica tenía más espacio, el texto tenía más espacio, había más respeto por el texto que ahora”.

– ¿Importaba más la crítica por entonces?

La crítica perdió terreno. En parte porque la misma crítica se volvió muy complaciente. Entonces cuando el público descubre que la crítica es complaciente, obviamente, va perdiendo interés. Si vos abrís una revista y ves que a todos los discos le ponen de tres estrellas para arriba, vos decís “esto no me rinde”. Algo pasa si vos ves que eso se repite y se repite. Pasa mucho en la crítica de música, en la de cine no tanto, me parece que sigue más viva porque a las películas si hay que darles con un hacha se les da con un hacha. Parece que la crítica de cine tuviese más criterio, más libertad, más cuidado. En cambio la crítica musical está como medio precarizada, parece que la hiciera cualquiera, gente que tiene poco background, gente que parece que tiene escuchado un número importante de discos en los años 90, alguno de los 80 y ahí se acabó todo el background. Eso fue precarizando a la crítica de música en general. La crítica de cine, me parece, sigue bastante viva. No solamente pasa acá, afuera también. Si vos mirás los promedios que tienen los discos en Metacritic, son altísimos, entonces parece que todos los discos que salen son buenos y eso es imposible. Después, por otro lado, decimos que el rock está en crisis, que hay crisis creativa, nos quejamos, entonces hay algo que no funciona: por un lado la crítica está diciendo que todos los discos son buenos y por el otro hay gente quejándose con respecto al rock y a la calidad que estamos escuchando.

– La web revolucionó el acceso a la información y se multiplicaron los espacios para escribir pero esos contenidos, esos textos, se fueron acotando hasta lo mínimo e indispensable. Casi que redefinieron lo que entendemos como “lo básico”.

Sí, lo de internet tiene un pro y un contra. Por un lado toda la época en que surgieron los blogs, me parece que eso enriqueció en cuanto a encontrar un nuevo lenguaje para la crítica, nuevos espacios, más extensos, otro nivel de escritura más original para salir de ese corset que tiene la crítica en los medios que son tantas líneas y tantos caracteres en los que se termina todo. Los blogs fueron otro espacio de reflexión. Por otro lado, sí, hay como una sobreoferta de críticas, podés encontrar crítica o reseñas. Ni siquiera crítica, la palabra crítica también está bastardeada. Hay gente que pega una gacetilla le pone dos o tres adjetivos y le llama a eso crítica o reseña. Eso se ve tanto en los medios impresos como online. Le llaman crítica a cualquier cosa.  Le ponen las estrellitas, le ponen la calificación, escriben cinco líneas. Hay cada vez menos espacio porque se supone, se supone, que la gente lee cada vez menos, yo me pregunto por qué si se  lee cada vez menos en su momento los blogs generaron tanto interés teniendo textos mucho más largos y más desarrollados. Entonces por un lado la red aportó y por el otro quitó. Quitó desde la sobreoferta y  también quitando la identidad de la crítica.

– También desde la premisa de que todo tiene que ser rápido, de “damelo en diez líneas antes de que expiren los supuestos quince minutos de mi atención” se fue desvalorizando la firma del periodista, el nombre ya no importa, y no hablo de egos, hablo de ir haciendo un camino, de un periodista que es seguido por sus lectores.

Claro, lectores que iban a leer al crítico. Entonces porque el crítico tenía su espacio y a las revistas les interesaba tener un staff de críticos y ahora eso se perdió ya que ganó la figura del colaborador, el colaborador va y viene, hace lo suyo, se va, prueba otra cosa  y se cansa.Se debería cuidar y defender al staff de críticos, eso se perdió, y junto con eso, también la crítica. Hace poco leía por twitter que cerró la revista El Amante, que había empezado a salir exclusivamente online. Es una pena porque El Amante era un estandarte de crítica. Es un síntoma de lo que está pasando en general con la crítica.

– Muchos periodistas creen que no se puede hacer crítica en nuestra ciudad debido a una cuestión de cercanía. Piensan que no da hacerla porque, básicamente, nos conocemos entre todos y también nos estamos viendo siempre.

En este momento no veo crítica en ninguna parte, ni acá en Rosario, ni en ninguna otra parte. Con respecto a música yo hace tiempo que dejé de hacer crítica en sí. De cine sigo haciendo pero de música, no. Ha sido siempre complicado porque es un ambiente muy pequeño y se generan muchas fricciones y los músicos son muy celosos de su laburo. Si les hace una crítica negativa van contra el periodista, van contra el medio, se generan hasta situaciones violentas, te diría. Es una pena porque la falta de crítica siempre va en contra de una escena. La falta de crítica empobrece a una escena, ciertamente la empobrece. Yo he tratado siempre de mantenerme alejada de los músicos, más allá de que haga crítica o no, si no mismo para hacer una entrevista, yo prefiero no ser amiga de los músicos. Tener un trato cordial con ellos pero no ser amiga. ¿Por qué? Porque me interesa la posición crítica aunque sea  desde una entrevista. Aunque que yo tenga que escribir dos líneas sobre el disco tengo que hacer una apreciación en la cabeza de la entrevista yo quiero que esa distancia esté. A veces está la tentación de hacerme amiga de algún músico porque hay algunos que son muy copados, tipos divinos, pero yo prefiero mantener siempre cierta distancia para conservar ese pequeño espacio para la crítica que puede haber a lo mejor en algún momento.

Habla, observa, recuerda

Encuentros de industrias culturales, muestras; recitales, festivales, presentaciones de discos, eventos de aquello que todavía quiere definirse como Industria Discográfica.  La Plata, Córdoba, Buenos Aires, Mendoza, Paraná. No importa dónde, cuándo, quién, en cualquiera de estos lugares de encuentro para periodistas, contar que uno viene de la otrora Chicago argentina terminaba en una pregunta de rigor “¿La conocés a Carolina Taffoni?”. Su trabajo en El Ciudadano y La Capital era conocido y leído pero su blog, Contra las cuerdas, aparecía como una señal de encuentro para entendidos. Nombre y apellido de la sanlorecina era invocando como una señal -no hablemos de una Caro-Señal porque ella desconfía de los comics- dentro del universo de la blogosfera, llegando uno hasta afirmar que leer C.L.C. era un guiño de acercamiento, un código de amistad entre desconocidos.
Hace algunos años la desaparecida y cuasi secreta cuenta de Twitter de Taffoni rezaba en su perfil, “Escribiendo para cuatro freaks desde los 90. El tiempo no cambiará”. Si para algo sirve la internet es para multiplicar los freaks y cimentar su unión, desestimando distancias y latitudes. Federico Anzardi, periodista entrerriano -con un CV incluye el semanario Cuarto de Poder de la ciudad de Salta, La Agenda BA, Página/12, Rolling Stone, Hecho en Buenos Aires y ser editor de la revista RockSalta- es uno de esos freaks que supo disfrutar el esplendor de la blogosfera y se cuenta entre los tantos que en la actualidad ponen en tela de juicio el mencionado perfil. “Llegué a Contra las cuerdas linkeando desde otro de los blogs que leía en esos años. Mal Elemento, probablemente. Era 2005. Lo leía siempre. Cada tanto entraba y cuando veía una actualización me alegraba mucho. También fue una tristeza leer el posteo del final” rememora. De manera vehemente Anzardi explica que “En el blog encontraba un conocimiento profundo y también una escritura apasionada y visceral que me hacía preguntar cómo mierda esa mujer no firmaba notas en las revistas especializadas de difusión nacional. Cada tanto vuelvo al texto que escribió después de la muerte de Pappo, hace ya ¡doce años! Ese texto es el que más me gusta de su blog. Supongo que cada vez que escribo algo desde las entrañas intento imitar el párrafo en el que ella dijo que “el que no tiene en su discoteca a un buen guitarrista de blues no sabe nada de música”. Eso no es una bestialidad tirada así nomás sino que tiene sustento. No habla al pedo, digamos”. Desde Capital Federal, ciudad en la que reside desde hace años, el periodista concluye, divertido y sentido,“una vez la busqué por Facebook y le mandé un mensaje diciéndole que me parecía una grosa. Pero no sé si era ella, calculo que sí porque stalkeo bastante bien, además nunca me respondió. Aprovecho la oportunidad para mandarle un saludo y pedirle lo mismo que le pido al Indio y a Skay: que vuelva”.

Contra las cuerdas es la postal de un tiempo distante: aquel esplendor de la blogosfera que se nutría por su extensión libertaria gestada por el febril bombeo de sangre sobre los teclados e alumbrada por los monitores de tubo. La inmediata cercanía con alguien que se salía de lo constrictivo de los medios tradicionales.Tiempos en que las voces disidentes estaban a un click de distancia y donde los latidos se profundizaban hasta sincronizarse.
Taffoni o Hunter (su pseudónimo en el blog) presenta una urgencia constructiva en cada entrega. El desfile era plena versatilidad: Replacements, Woody Allen, Ryan Adams, Richard Linklater, Cromañón, Pappo, Springsteen, Nacho Vegas, Pavement, Hunter Thompson, Oasis. Con el correr de los meses también se presentarían algunas obsesiones: Trent Reznor, Bowie, Mick Jagger, Stephen Malkmus y Shaun Ryder. Cielo e infierno y los interminables escalones grises esbozados en cuatro años de pura inquietud y sangre, mucha.
Hunter dispara flashbacks que echan luz sobre su vida y se evidencian como signos de los tiempos para más de una generación: la adolescencia de los 80; los ritos de pasaje de los 90; el sexo que estalla como una bomba de paranoia retroactiva; las instituciones que se van derrumbando; el desempleo. Algunos ídolos muriendo y otros sobreviviendo en formas inciertas. La consagración de los anti héroes y su posterior estrabismo. Protagonistas que pierden máscaras y encuentran su rumbo genuino. Encanto, desencanto y la belleza que engendra la fricción de esos elementos.
El de Taffoni fue -es- un blog que supo capturar a una ciudad que nunca pudo quitarse el traje de satélite y  que lentamente va mutando en tiempos post-cromañón y de socialismo en oxidación. C.L.C. retrata el patetismo de personajes luchando contra sus propias limitaciones y obnubilados por su ego.  Taffoni va deconstruyendo vanidades con una certeza quirúrgica. El resultado plasmado en cada nueva entrega es devorado por lectorxs cautivxs que semana tras semana esperan con ansiedad cada novedad. Los mismos protagonistas – o quienes se creían retratados  o inspiradores del blog- esperaban cada nuevo posteo buscando validar sus íntimos anhelos de marquesina; severos casos de Toda publicidad es buena publicidad. Al referirse a las pequeñas miserias el circuito local conviene citar a un músico rosarino que en los 2000 se vio inmortalizado entre sus publicaciones: Acá hace falta un blog como el de Carolina, que nos baje a todos un poco el nivel de pelotudismo. Ahí todo se descomprimía. Las declaraciones fueron formuladas durante una noche recitalera, entre canciones y sobre un pasillo de luces agonizantes. A Hunter le gustaría eso.
Los periodistas siempre fueron parte de la constelación bloguera y mientras C.L.C se desarrollaba una generación creció cautiva a las entradas así como también fueron muchxs quelxs llegaron más tarde. ¿Cuántos colegas estaban atentos a su trabajo como si fueron los mejores suscriptores? Muchos lo admiten, otros lo confiesan a regañadientes. Semejante logro dentro del vanidoso y receloso mundillo de periodistas debe ser uno de los mayores triunfos que Taffoni conquistó.

¿Por qué dejé de hacer el blog? Lo hice durante cuatro años pero después llevaba un ritmo que era una locura”, responde Taffoni tomando la delantera ante la pregunta que muchos y muchas habrán esbozado desde el 4 enero del 2008, fecha de la última entrada. “Yo estaba de lunes a viernes encerrada el diario escribiendo y después sábado y domingo encerrada en casa escribiendo. Llegó un momento de saturación total en que lo tuve que dejar porque me dolía la espalda, me dolía todo. Llega un momento en que ya ni el cuerpo te responde. Eran textos muy largos y siendo yo muy obsesiva los editaba, los leía, los corregía. Llegó un momento en que ya estaba.

– Siempre pensé que había algo catártico en los textos. Arrancaban tímidos y rápidamente te agarraban mientras empezaban a fluir con potencia.

No, los posteos estan re pensados. Al principio hacía pequeñas anotaciones en una pequeña libreta, así como tenés vos -señala el anotador- a la que se sumaban después servilletas que escribía en bares o lugares así. Después yo pasaba todo esas anotaciones al word e iba armando. Cuando lo iba armando se daba el verdadero nacimiento del texto, es cuando vos te sentás in situ en la máquina y empezás a escribir. Lo que vos escribiste en un montón de papelitos ahí se transforma en un texto en dos horas; frente a la máquina se transforma en otra cosa. Ahí lo trabajaba. Estaban super trabajados, re pensandos en cómo iban a comenzar y a terminar, si tenían ritmo, cómo lo iba a rematar. No era que yo le daba el punto final y lo mataba, no, no, por ahí estaban varios días porque no le encontraba la vuelta a un párrafo. Por eso tardaba en postear, hacía un posteo por mes porque trabajaba el texto.

– Hay posteos que son muy íntimos y también otros donde Hunter empatiza con sentimientos que no comparte pero los toma como punto de partida. Un ejemplo sería la entrada sobre Cerati: tomando los lugares comunes que se decían sobre él fuiste desarmando hasta llegar a su verdadero atractivo.

Cuando recién arrancaba el blog yo era completamente inconsciente de que había gente leyendo (risas). Mostraba mucho y me metía mucho. Me pasó con un texto sobre Oasis, siempre lo recuerdo, al escribirlo me agarró una especie de crisis de llanto al recordar algunas cosas y lo que fueron los 90 en Argentina. Eso me pasaba en varios posteos debido al texto vertiginoso. Ese posteo de Cerati me encantó escribirlo. Cuando murió Cerati quise volver a verlo.

– Entonces por eso hubo que terminarlo bien

Cuándo yo lo dejé, lo hice convencida. No lo hice pensando “bueno, tal vez algún día lo retomo”. Si algún día se me ocurre hacer algo o empezar algo será otra cosa y ni siquiera sé si en formato de blog. Lo que se escribió ahí estuvo bien y no tengo ganas de intención de hacer otro blog o de escribir algo similar que sea para papel.

– ¿Y qué pasa cuando alguien te apunta algo textual de Contra las cuerdas?

¡Muchas de las cosas que escribí me las olvidé! Por ahí reviso y digo ¿Escribí sobre fulanito? Hace poco me encontré con que escribí sobre Morrissey. Viene gente y cita frases completas y mi reacción es “¿Yo escribí eso?”. Hay gente que encuentra un posteo en particular sobre una banda específica que le gusta y se lo queda, se lo apropia. El que lo escribió se olvida. Uno se lo olvida por completo, casi nada recuerda. Yo cuando escribo algo ya se terminó, ya estoy pensando en el texto siguiente.

– Ya desde los tiempos del primer Ciudadano vos fuiste tomando un perfil más personal. Lograr que se asome algo casi de autor en un diario no debe ser fácil.

Eso se puede hacer con total libertad. El tema es cuando uno hace algo contra reloj bajo la presión del trabajo diario es más difícil desarrollar eso. Porque además uno está haciendo varias cosas a la vez. La gente se piensa que en el diario vos estás escribiendo solamente una entrevista, no, vos estás escribiendo una entrevista, la crítica de una película y al mismo tiempo pensando cómo contactar a tal entrevistado y el cuestionario de mañana o el horario en que tenés que ir al cine. Estás en mil cosas. No estás concentrado solamente en ese texto como yo en el blog que me encerraba en mi casa y estaba sólo metida en ese texto. En el diario hay libertad, el tema es que lo hacés de forma diaria y a veces llegás medio cansado. Eso siempre le va a quitar un poco de creatividad al laburo.

– En Contra las cuerdas te metiste de lleno a ser una prosista vertiginosa, incorporando algo más sanguíneo, un pulso propio del nuevo periodismo.

Sí, yo siempre fui muy fan del nuevo periodismo. Al mismo tiempo que leía las revistas leía a Tom Wolfe, me gustaba muchísimo ese estilo de narrar en primera persona contando sus vivencias. Ese estilo un poco yo lo traigo de la vena de Rolling Stone por donde pasaron todos estos tipos. Todos los nuevos periodistas, incluido Hunter Thompson, pasaron por ahí. Tanto Wolfe como Thompson me marcaron un montón. Cuando yo los leía no podía creer que existiera un periodismo así. A mí, sinceramente, me interesa más leer a ese tipo de periodistas que a críticos. Ellos dos son una influencia grandísima. Ellos son muy diferentes en estampa y estilo de vida pero para mí son una cosa revolucionaria, cambiaron la historia del periodismo.

– Habiendo párrafos muy personales en el blog, ¿la gente que te conocía te vio de otra forma una vez que te leyeron?¿Cómo fue tu relación con los demás una vez que lo comenzaste?

El blog por ahí contaba cosas muy personales y que a veces no sabía ni siquiera mi misma familia, entonces por ahí quedaban medio sorprendidos. Yo siempre escribía pensando que nadie estaba leyendo eso. Tenía la gran fantasía de que nadie lo estaba leyendo entonces escribía con una libertad impresionante. Para el final del blog sí me daba cuenta que lo estaban leyendo pero yo seguía con esa fantasía “Naah, lo están leyendo dos o tres tipos y nada más”. Eran los que dejaban comentarios y un grupito más. Después, con el tiempo, descubrí que había gente que no dejaba comentarios pero leía. Me sorprendí con la cantidad de gente que lo leía. Fue fabuloso no ser consciente de los que estaban leyendo. Esa cuota de inconsciencia la tenés que tener siempre, hasta en el mismo diario hay un momento en que uno se tiene que dejar ir un poco porque si no todo se vuelve…Sentís mucho el control y la presión del que te está leyendo y te paraliza. En el blog yo sentía una libertad total para escribir, era genial.

– Uno encontraba en Hunter una libertad que iba fluyendo paulatinamente. Había algo como de  ir tomando velocidad de a poco pero después ya no te soltaba. Eso que fluía no parecía ser algo muy cerebral ni calculado.

No, no, para nada. Ni siquiera lo hice yo al blog, fue Franco, a quien adoro y es responsable del blog. Un dia me dijo “Vos deberías tener un blog”. Y yo sabía más o menos lo que era la cosa así que me mostró un par de blogs que me iban a gustar: Mal Elemento, Lunes Felices, Go Pop. Esos blogs me gustaron y entusiasmaron pero yo pensaba que no tenía nada que decir. “Yo escribo un diario y ya está. Estoy todo el día escribiendo ¿Para qué voy a escribir más? No tengo tiempo ”. Pero Franco lo creó igual y una vez fui a recital de Babasónicos acá en Rosario y me acuerdo que hice la reseña para el diario pero me quedaron algunas cosas que no pude decir en la reseña porque no entraban en su estructura. Entonces yo pensaba en cómo poner eso que eran unos diálogos que yo había tenido con unos amigos en el recital y entonces me acordé que tenía el blog que había hecho Franco y que estaba en blanco y lo escribí ahí. Puse ese texto ahí y así empezó. Nació de pura casualidad, fui escribiendo pero nunca planifiqué nada, nunca pensé en que iba a ser en primera persona, o que no va a tener fotos. Después me preguntaban “¿Vos no incluís imágenes por una cuestión de elegir sólo la palabra?” No, no hay fotos porque no me gustan, no me gusta sacarlas, no me saco, ni las subo. Así se me fueron ocurriendo más cosas. Cuando vi que estaba bueno poner cosas que quedaban afuera de las reseñas entonces empecé a elaborar textos que eran un poquito más complejos y autobiográficos.
Franco, el amigo que menciona Taffoni, es Franco Ingrassia alias Audiodelica, hombre del núcleo primigenio del colectivo Planeta X y uno de los integrantes de Sumergido, agrupación emblemática del rock subterráneo rosarino sobre finales de los 90. Ingrassia, testigo privilegiado del camino de Carolina y responsable directo de la creación del blog, es un hombre cálido, siempre dispuesto a una rica conversación, especialmente cuando se trata de su amiga Carolina. “Crearle el blog no fue una decisión meditada. Era el “momento” de los blogs”. Un quiebre importante, porque hasta ese momento la relación con la web reproducía el formato mediático más tradicional: uno era un lector de contenidos digitales producidos por muy pocos, igual que en los medios pre digitales. Así que los blogs implicaron una inmediatez inusitada. Y a mí me pareció que las cosas que ella escribía y que por lo general no publicaba (reseñas, reflexiones sobre determinados músicos, crítica de rock en general) iban a funcionar muy bien en ese nuevo formato”  explica el hombre a cargo de los sintes en Sumergido y rápidamente agrega que “además, la bitácora que la lógica del blog implica, iba a permitir que esos textos tan breves como precisos se pudieran empezar a sostener juntos, que adquiriesen “cuerpo de obra”. Siempre me gustó la consigna de Osvaldo Lamborghini: “primero publicar, después escribir”. Igual en esta respuesta hay mucho de racionalización retroactiva. Posiblemente en el momento haya sido más simple: vos escribís. Apareció esta forma de autopublicación ultra sencilla en la web. Tenés que abrir un blog”.

A fines de los 70 los lectores y todo el equipo de redacción de Expreso Imaginario se quedaron boquiabiertos al descubrir que Laura Ponte, la mujer de Ramos Mejía que asiduamente escribía al correo de lectores de la mítica publicación estimulando fantasías sexuales, musicales y artísticas,  era un personaje creado por un joven Roberto Pettinatto que simplemente quería jugar con la mente de los involucrados. En los 2000 el universo propulsado por los gigantes WordPress y Blogspot  tendría una especie de homólogo moderno mientras los lectores de Contra las cuerdas iban cayendo en cuenta que tras la firma de Hunter había una mujer, si bien Taffoni nunca buscó jugar con la cabeza ni las fantasías de nadie, ni tampoco quiso crear un misterio sobre la persona que fluía en cada posteo del blog. Había gente que mandaba mensajes diciendo “Qué buen texto, chabón” y después me pasó lo mismo en twitter. Y eso que escribo cosas que son muy patentes que son de una mujer” cuenta Taffoni entre risas sobre aquellos momentos de confusión. Sin perder tiempo alguno se extiende, “me preguntaron muchas veces sobre la mujer periodista de rock y toda esa historia que ahora está mucho más abierta, hay varias que escriben, más que antes, más que los 90 cuando era algo bastante extraño. Sigue siendo algo medio observado como de reojo, o por los menos los hombres del ambiente de rock lo miran con algo de curiosidad , como si fuese algo medio exótico. Me parece que eso lo llevaba hacia la confusión. “¿Cómo puede ser que una mujer hable así en primera persona de tal banda?”. No sé, hay gente que te dice “Sos la primera mujer que conozco que escucha Nine Inch Nails”. Eso es muy loco. Cómo no voy a escuchar Nine Inch Nails si es una música muy sensual y debería ser muy femenina (risas) Te encontrás con gente que te dice eso. Con los Stones es igual. Hay muchas mujeres que escuchan los Stones pero de ahí a que se pongan a escribir. Ahora está todo más abierto, hay muchas mujeres escribiendo sobre rock, no sé si escribiendo en primera persona vivencialmente pero hay más que en los años 90, seguro”.

Contra las cuerdas propone una expedición a la intimidad en cada texto de largo aliento. No se trata de acumulación de información. Lejos está de una regurgitación enciclopédica. Hunter corre a fondo metiéndose en la propia inercia de la obra y el contexto al que están atados tanto el oyente/lector/espectador como el artista en cuestión. Muchas entradas capturan vivencias, instantáneas, rumores y entredichos. Taffoni estaba en plena acción, buceando, anotando, grabando con su mirada. Entre el material más rico de C.LC. se cuentan las entradas sobre el colectivo rosarino Planeta X en sus distintas casas durante noches que se repiten con constancia. Son vistazos privilegiados al esfuerzo en formación del sello independiente más importante del interior del país y que hoy cuenta con un catálogo de más de cien discos editados. Taffoni presencia la performance de muchxs artistas que con el tiempo se contarían entre los más relevantes de la ciudad como Juani Favre, Matilda y Aguas Tónicas.
“De los Planeta X hay bastante, sí” dice la sanlorencina sonriendo con una complicidad que tiende a recordar algo divertido y dejando saber que el tema no está cerrado. Inmediatamente termina su café y vuelve sobre aquellas noches: Yo tengo una relación medio rara con los Planeta X. Si bien yo iba seguido nunca encajé en el ambiente. Hay gente a la quiero muchísimo ahí, aparte hay gente claramente talentosa. Es una relación media ambivalente la que tengo con ellos. Por un lado comparto con ellos un montón de gustos musicales, intereses e inquietudes pero por otra parte, son músicos ellos, entonces quise conservar esa distancia. Después nunca me sentí…bueno, yo nunca encajé en ninguna parte básicamente (risas) soy la típica persona que nunca se siente cómoda en ningún lado. Ahí no encajaba porque estaba en las fiestas de Planeta X pero yo iba a los recitales porque tocaba Sumergido que era la banda que realmente me gustaba, siempre me gustó mucho. Con las fiestas y demás eventos no me pasaba lo mismo, sentía que las mujeres iban ahí acompañar a los novios y no formaban parte. Yo quería estar con los hombres y hablar de Brian Eno o de David Bowie, de Nine Inch Nails, de Kraftwerk y Krautrock. Tenían un círculo cerrado al que no dejaban entrar a una mujer para hablar de eso. Para colmo yo era una extraterrestre total que hablaba de eso con unos jeans rotos y una remera de los Rolling Stones, no tenía nada que ver con nada. Me miraban y no entendían nada los tipos. Por eso siempre fue raro. Hay unos personajes adorables. Charly Egg es divino, alucinante. Con Martim Arce siempre tuve una relación re conflictiva (risas). Me acuerdo que una vez, en El Ciudadano, hice una reseña sobre algo suyo y lo maté, se armó un quilombo terrible. De la única persona de Planeta X de la que soy realmente amiga es de Franco, con quien mantengo una amistad desde hace veinte años pero nunca opiné ni nada de que estuviese involucrado. También yo conservé esa distancia para eventualmente hacer una crítica como periodista si es que me tocaba. Lo que hacen es interesante y con la cercanía se pierde realmente, se pierde el análisis y eso es una pena.  Con el tiempo persistieron artistas como Juani y otros músicos interesantes.

– ¿En la actualidad qué ves en Rosario?

Poco. De lo poco que veo escribo porque tengo poco de qué agarrarme. Hace poco hice una columna sobre Jubany en el diario y me gusta mucho Juani. Coki me encanta. Juani siempre me gustó. Es importante que Juani ha sabido sostener una obra. Uno o dos discos, el disco debut, de eso salen muchos pero después hay que sostener una obra en el tiempo algo que es difícil desde una ciudad más bien satélite como es Rosario al lado del monstruo que es Buenos Aires, eso es muy difícil y él fue muy perseverante en eso. Después tengo un problema, no me pasa nada con las bandas, con las bandas en sí. Yo puedo escuchar un disco y decirte “está bueno”. Te puedo hacer un comentario del último disco de Alucinaria o Mi Nave, que, por ejemplo, el disco anterior no me gustó para nada y éste último me gustó. Yo podría objetivamente hacer una buena reseña de esos discos pero a mi con las bandas, particularmente, no me pasa nada. Te escucho el disco una vez y te digo que está bueno pero no me pasa nada con las bandas, no me moviliza escuchar el disco varias veces, no me emocionan, no me llevan a querer verlas en vivo, no me interpelan, no me generan preguntas, no me generan la curiosidad que me podrían generar otras bandas. En el under de Buenos Aires hay algunas bandas que sí me gustan, una es El Perrodiablo, banda de La Plata que me encanta. Después están Los SUB. Hay una banda que en Uruguay no es under pero acá sí, La Hermana Menor. Esa banda me fascina. Eso es de lo poco que te podría contar. Otras cosas que he escuchado me pasan de largo. Hay mucha oferta para escuchar, todo el mundo tiene su bandcamp, todo el mundo graba, todos tienen su disquito, todo el mundo está en spotify, todos hacen plataformas para escuchar música, eso es lo que sobra. Sin embargo no hay ninguna banda que me interpele, como dicen ahora, viste que queda bien decir esa palabra. No hay ninguna banda que me conmueva, salvo, como te conté, El Perrodiablo o La Hermana Menor. De acá de Rosario solamente Jubany, Coki y Juani. En su momento también comenté el disco de El Berna y sus Compadres (Mostrando la hilacha, 2005) para Rolling Stone. Me gustan mucho, tienen una trayectoria muy a la deriva, estuvieron colgados, pero también me gusta mucho lo que hace El Berna como compositor y como cantante. Hay pocas voces en Rosario, por eso Jubany se destaca tanto. Hay pocas voces con personalidad, hay pocos frontmen, pocos showmen, pero eso falta en Buenos Aires también, por eso El Perrodiablo también llama la atención, una banda con un tipo que sale en cuero revoleando el micrófono.

– Coincido con la sequía de frontmen. Hace falta histrionismo sobre el escenario pero no es algo estrictamente del presente creo que ya viene desde hace unos años. A veces cuando surge alguien así el propio entorno trata de bajarle el copete, marcandole que el histrionismo que es algo demodé.

Eso nace un poco del ambiente indie, del low fi, del que va con su guitarrita, toca mal y dice “yo escuché un disco de Sonic Youth” y con eso parece que tiene la banda hecha. No va eso. Hay bandas en ese sentido que son bastante emblemáticas, no los quiero ni nombrar (risas) Están infladas y son un desastre. Son bandas que se transformaron en un modelo, un modelo de éxito pero no modelo musical.

Cambios

Verano, vacaciones y viaje a Bariloche de por medio, por algo más de un mes nos escribimos vía sms con Carolina viendo si decidimos una locación para las fotos. En nuestro primer y único encuentro me había comentado que “tengo un tema con las fotos” pero finalmente todo se decide rápido, concretando día y horario en la disquería Music Shop.
Llegado el día, el microcentro es un caos entre calles en obras, máquinas ruidosas, carriles únicos, manifestaciones y adolescentes que festejan el último primer día. Dentro de la disquería y entre fotos conversamos de manera breve, nos reímos sobre buscar compactos de Whitesnake en la sección Heavy. Taffoni pregunta en la caja por un compacto de  Chris Thile & Brad Mehldau el cual, según le responden, sólo se consigue importado porque lo que tiene un costo de algo más de $800, precio que intimida. De regreso frente al lente del fotógrafo, nos acercamos al sector de vinilos, donde Hunky Dory parece recibirla con toda su belleza andrógina y el magnetismo propio de escucharlo por décadas que ahora está fundido en su propio ADN. “Sos una belleza. Mi disco favorito”. Casi imperceptiblemente, Carolina, acaricia al David de cabellera rubia, paseando los dedos por su rostro. Detrás aparecen Space Oditty, Lodger y Heathen. Con todos los discos se repite ese minúsculo gesto de amor. De la B a la D hay poco material por lo que Taffoni también se detiene ante los discos de Depeche Mode, sin embargo, ninguno recibe el roce de sus dedos. Igual lanza un “Ah, mi adolescencia” señalando ViolatorMe invade una curiosidad enorme al observar la manera en la que Taffoni acaricia los LPs. ¿Cómo es compartir semejante pasión musical con su hija? ¿Escuchan juntas en casa? Tengo ganas de preguntarle pero no hay tiempo para una emboscada espontánea, la sesión de fotos se termina pronto y Carolina tiene que volver al diario.
Al día siguiente me saco – un poco- las ganas.

– ¿Viste Trainspotting 2?

– No vi Trainspotting 2. No es una película que me interese especialmente.

– En la disquería dijiste que Hunky Dory es tu disco favorito ¿Es en general o entre los de Bowie?

-Hunky Dory es uno de mis discos favoritos en general. Me marcó mucho. Lo mismo me pasa con Aftermath, con Beggars Banquet o con Born To Run.

– ¿Cómo vivís la música junto a Julia? ¿Comparten algún gusto ya?

– A mi hija le encanta la música, pero está más influenciada por el padre, que es más fan del pop. Los dos escuchan a Taylor Swift (risas). En ese contexto me es difícil meter a los Stones, por ejemplo. El rock que escucho yo es más para adolescentes o adultos.

– No te parece que el tiempo sí cambió eso de “Escribiendo para cuatro freaks desde los 90”

-No. Fuera del diario, que es de consumo masivo, yo siempre he escrito para cuatro freaks. Es un grupo reducido de gente al que le gusta leer algo por fuera de las fórmulas más conocidas.

En un mes la estoy llamando para ver si el freakometro marcó más de cuatro. Apuesto todos mis discos de Bowie que sí.

TXT – Lucas Canalda
PH – Renzo Leonard

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